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Abretelibro   

Manuel Azaña, símbolo del ideal republicano


    En una carta que Frances Maciá dirigió a Manuel Azaña el 21 de octubre de 1933, le decía estar seguro de que él, Azaña, era el hombre que había sabido encarnar en sí el verdadero espíritu de la primera etapa republicana. Era una convicción sentida unánimemente por los españoles, los de derechas y los de izquierdas: para todos Azaña estaba tan identificado con el ideario republicano, que se había convertido en su personificación. Es el tema que desarrolla Arturo del Villar en su ensayo Manuel Azaña, símbolo del ideal republicano, que ha editado el Colectivo Republicano Tercer Milenio (Madrid, 2005, 64 páginas).
   Comienza recordando algunos testimonios del momento, debidos tanto a los correligionarios como a los adversarios políticos. Unos llegan en ocasiones al panegírico, y otros al insulto. La figura de Manuel Azaña no dejaba indiferente a nadie. Durante la guerra y la posguerra, su nombre fue identificado por los sublevados con todas las abominaciones y errores posibles en un ser humano, porque así pretendían denigrar la institución republicana, encarnada en él.
   Después el ensayo se centra especialmente en las opiniones que Azaña dejó escritas sobre él  mismo en sus diarios, con algunas referencias a comentarios ajenos. En realidad este recorrido por los escritos de Azaña  con carácter de autorretrato, constituye un repaso a la vida española durante la etapa republicana, esos ocho años que significaron una renovación de todas sus estructuras.
   Manuel Azaña sabía que las campañas lanzadas contra él por las fuerzas de derechas tenían como finalidad desbaratar a la República. Así lo manifestó en un mitin celebrado en el Frontón Euskalduna de Bilbao, el 16 de noviembre de 1933, confesando que eso le causaba gran alegría. Pero no toleró nunca que las insidias y calumnias pudieran alcanzar a la República: todo lo que quisieran decir contra él lo escuchaba con una sonrisa de desprecio, pero cualquier intento de descrédito contra la institución que él representaba lo impedía por todos los medios legales.
   Recuerda Arturo del Villar que reiteradamente se opuso Azaña a aceptar que hubiera un "partido azañista", porque decía que el único azañista era él. Sin embargo, el pueblo que acudía en masa a escuchar sus mítines, identificaba con él a los partidos que lideró, primero Acción Republicana, y después Izquierda Republicana tras la fusión del primero con otros dos.
   Este libro está escrito con apasionamiento. El autor demuestra conocer muy bien los textos de Azaña, que le sirven para ir organizando su tesis: Azaña es el símbolo del ideal republicano. Esta tesis no es nada original, desde luego, puesto que fue compartida por sus partidarios y sus adversarios. Lo que tiene de novedad es precisamente que se demuestra con las confidencias hechas por el propio Azaña a la intimidad de sus diarios. La intención de Arturo del Villar consiste en ordenar esos escritos con carácter de autorretrato, para exponer los pensamientos de Azaña acerca de su papel en aquel momento histórico trascendental para España. Sus comentarios son partidistas, pero probablemente sea imposible estudiar figura de Azaña todavía hoy sin tomar partido, en una de las dos opciones permitidas. Se propuso demostrar lo que el título afirma, y lo ha hecho, con un buen acopio de testimonios, para justificar la tesis anunciada.

   El precio de cada ejemplar es de seis euros. Pueden solicitarse al autor, en el apartado de Correos 53.301 – 28080 Madrid, o al Colectivo Republicano Tercer Milenio, en el correo electrónico info@crepublicano3m.com.