Elegí el libro por lo que se explicaba en la contraportada. Parecía atractivo ya que el protagonista es un psicoanalista y pensaba que la narración podría tener una perspectiva interesante. Cuando lo empecé a leer reconozco que tuve que dejar un margen bastante grande de crédito para continuar, ya que en las primeras cien páginas estuve tentado de abandonar la lectura dado que la historia me parecía una suma de hechos intrascendentes (o mejor dicho, pretendidamente trascendentes) en un marco típicamente esnob: un psicoanalista de Nueva York tiene que resolver su relación con su padre, su hermana escritora, de carácter quebradizo, es una viuda de un escritor famosísimo que teme descubrir las infidelidades de éste, una vecina ilustradora misteriosa asediada por su ex (que resulta ser también un artista
| inmerso su nueva creación)… |
Empezaba a pensar que todos estaban aquejados por la misma neurosis que mantiene a Woody Allen aferrado a los rascacielos de la Gran Manzana y al diván de su terapeuta, pero en este relato sin una pizca de su humor. Sin embargo, una vez aclimatado al ambiente y a los personajes reconozco que ha sido una lectura más que agradable, un descubrimiento. Sin tramas sensacionalistas ni personajes excesivamente incómodos (a pesar del mencionado esnobismo), con lo trágico mostrado a un nivel accesible y humano
| (la asimilación de la muerte de seres queridos) |
y con una técnica narrativa de la conciencia del protagonista que integra con normalidad la asociación libre, reconozco que la novela me ha enganchado. Sobre todo porque incide en algo en lo que muchos no llegamos a profundizar: el descubrimiento de aquello que desconocemos de nuestros seres queridos, que no queremos saber (una supuesta infidelidad, una supuesta huida, el desreconocimiento puntual de la otra persona) pero que debemos integrar como propio de ellos.
| Más si cabe porque en la mayor parte de casos lo que no queremos (o no querríamos) saber de ellos son proyecciones de nuestra parte, ya que los hechos que se nos ocultan, una vez destapados, son mucho más normales y humanos de lo que parecían. Y supongo que todo es debido a que muchas veces necesitamos rodear a esas personas de un halo de misterio y simbolismo: por ejemplo en la novela el padre del protagonista y el marido de su hermana desaparecidos son ahora cuasi omnipotentes en la mente de los que los sobreviven, ya que les atenaza el temor (y el deseo) de descubrir su otro lado. Este error de enfoque a la hora de retratar a esas personas especiales lo hacemos porque no queremos reconocer en ellas sólo lo humano o incluso lo banal; sin ir más lejos, el padre misterioso no fue infiel y el marido genial utilizó a su amante sólo como objeto de su idealización de un personaje. Tal vez pensamos de este modo porque no queremos ver en nosotros facetas que nos encargamos de ocultar, precisamente como las que pretendemos descubrir en esas personas cargadas de simbolismo. Como si ellos fueran los guardianes de lo correcto, lo monolítico, las apariencias unidimensionales. Y es que es más fácil buscar la paja en el ojo ajeno que la biga en el propio |
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La autora reconoce al final del libro que en el relato hay una mezcla de hechos, personajes y escritos reales y ficticios (sin ir más lejos, los fragmentos de las memorias del padre del protagonista son fragmentos de las propias memorias del padre de Siri Hustvedt, muerto en 2003). Incluso la madre de la escritora ha reconocido en los personajes principales las diversas facetas de la personalidad de su hija. No es de extrañar por tanto que su marido Paul Auster parezca estar presente en uno de los personajes del libro
| el difunto marido de Inga, la hermana del protagonista, que es a la vez un gran escritor y director de cine |
, de ahí el comentario que ha hecho Saga sobre el argumento de la película explicado en la novela, que le ha recordado al autor neoyorkino.
Por lo demás coincido con Fley en la dificultad de asimilar autor femenino/narrador en primera persona masculino: en un principio creía que el protagonista era una mujer, aunque sólo me ocurrió en las primeras páginas. Además creo que la perspectiva masculina está muy bien conseguida.
Tengo que decir que no he leído nada de Auster (es mi asignatura pendiente), pero si ello me ahorra tener que comparar o hacer el juego de las diferencias con una novela que me parece brillante, tanto mejor. Tal vez la sombra que le hace su marido es injusta.
P.D.: Por cierto, no me ha parecido una historia tierna.
Y paro ya de escribir porque mi ordenador está protestando:
