A pesar de haberme gustado este libro me dejó sensación de desasosiego, bueno no, no me explico bien, sería más bien de carencia, como si me debiesen algo

Y esta sensación no es por la historia ni por el estilo del autor, creo, sino por mi falta de conocimientos sobre la cultura y la forma de ser de los japoneses. Por los libros que he leído hasta ahora películas y dibujos que he visto, tengo la sensación que para los japoneses, por lo menos para los más apegados a sus tradiciones, ser impulsivo, enérgico es una incorrección del carácter, no haber pulido el carácter, y es por esto que los libros están llenos de silencios de los personajes, de cosas a medio decir que supuestamente el personaje y yo como lectora tenemos que meditar, y esa meditación para llegar a una solución nos educa en ser pacientes, tranquilos... pero a mi como occidental de hoy en día me ralentizaba la novela, quería que el sensei ¡¡¡hablase!!! ¡¡contase!! ¡¡le enseñase!! y me enervaba los nervios y hacía que me subiese por los paredes

Creo que para un japonés debo ser una persona con mucha falta de urbanidad y muy irritante ¡con lo tranquila que me creía! jejejjejejeje Y una cosa curiosa, éste libro me ha ayudado a entender un poco más a otro personaje de otro libro de este autor, a Botchan, el imprudente alocado, si ya a mis ojos occidentales tenía una muy mala actitud ante todo, no quiero imaginar como sería para un japonés que entiende como correcta la forma de actuar de los protagonistas de este libro ¡debía ser una persona horrorosa!
Y otra cosa que nunca me acaba de cuajar tanto de las películas, dibujos y literatura japonesa ¡los finales! para ellos no tiene importancia si hay o no hay final, y acostumbrada al
nudo, desarrollo y desenlace esa falta de conclusión me deja descolocada. Parece que para ellos el viaje sea lo primordial y en cambio para nosotros la meta es igual o más importante que el viaje. Me he quedado sin saber que impresión o enseñanza sacó el protagonista de la
carta de su sensei. Y también saber algo de él, su familia, su futuro... La historia del sensei sea quizás la parte menos lenta del libro, pero a cambio es la más dramática y la que te hace pensar más en la complejidad del ser humano y los entresijos de la mente... y las consecuencias inesperadas que tiene cualquier acto. En fin, no somos una isla.  |
Y a pesar de todas estas quejas creo que es un gran libro, eso sí, leído quizás con más calma que la que yo tenía en el momento que lo leí
