El rey de los imbéciles

Espacio en el que encontrar los relatos de los foreros, y pistas para quien quiera publicar.

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JANGEL
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Mensaje por JANGEL » 12 Ene 2006 14:35

Lo entiendo. Eso en Cuba sí que era algo diferente. Allí los habitantes tienen opción a aprovechar los recursos que pueden proporcionarles los turistas, hablan con ellos, les ofrecen sus servicios -ilegales-, y se ganan dignamente unos cuantos pesos de más. Lo que no impide que sepas que su situación es incomparable a la nuestra, claro.
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Fin, de David Monteagudo

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Mensaje por JANGEL » 12 Ene 2006 15:19

8

En la República Democrática del Congo habían muerto unos cuatro millones de personas desde 1998 a causa del hambre, las enfermedades y las atrocidades de la guerra. A finales de 2002, el Movimiento para la Liberación del Congo lanzó una terrible ofensiva en el bosque del Ituri, un afluente del Congo. Las fuerzas insurgentes saquearon poblaciones, violaron a mujeres y niñas, y ejecutaron a los lugareños. Se rumoreó incluso que despedazaron a los pigmeos y asaron su carne en una fogata para devorarla, aunque los altos gerifaltes protestaron alegando que, a lo sumo, decapitaban a un enemigo para exhibir su cabeza como símbolo de victoria.

Pero la teoría más difundida era que se comían a los pigmeos, a quienes los congoleños calificaban como criaturas infrahumanas, para absorber sus excepcionales cualidades forestales, como la buena visión y las excelentes dotes de rastreo. Era aquí donde intervenía el “yuyu”, la magia africana, que podía ser buena o mala según la pureza del soldado. Por ejemplo, a algunos se les consideraba “combatientes líquidos”, pues se convertían en agua para que las balas les atravesaran sin herirles.

Los rebeldes que asaltaron la selva del Ituri estaban dirigidos, entre otros, por un caudillo apodado el “Rey de los Imbéciles”, una especie de monarca para un grupo de bandidos que empuñaban las armas para satisfacer sus propias ansias. Mediante la antropofagia hacía que todos formaran parte de los muertos; así todos mataban, lo quisieran o no, y se repartía la culpa. Yo diría que era el sujeto con peor “yuyu” de todo el Congo.

Alfredo era como el Rey de los Imbéciles. Era el Rey de los Imbéciles de mi existencia.
Última edición por JANGEL el 13 Ene 2006 19:30, editado 1 vez en total.
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Mensaje por lucia » 12 Ene 2006 16:34

¿No será yuyu? Por lo menos así es como lo pronuncio yo :roll:

Por cierto, que según un amigo dominicano, el problema de allí es que una vez que han ganado suficiente dinero para comer y beber un día, la mayoría de los hombres deja de trabajar y se dedica a rumbear. Es decir, que deben andar a la par Cuba y Santo Domingo.
Creo que te estás confundiendo con Haití.

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Mensaje por JANGEL » 12 Ene 2006 16:50

¿Te refieres a la pobreza? La gente que visita República Dominicana sólo encuentra miseria si sale de la zona hotelera. Lo de Haití aun es peor.

En cuanto a "juju", fonéticamente debería haberlo transcrito como "yuyu", en efecto, pero el vocablo original parece ser que existe como "juju", claro que siempre puede ser una transcripción del inglés. La verdad es que tengo mis dudas al respecto y no sé qué sería más correcto.

Bueno, ¿qué os va pareciendo el relato?
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Mensaje por lucia » 12 Ene 2006 17:01

Yo solo repito lo que me dijo él, que allí trabajan los haitianos haciendo lo que no quieren los dominicanos (¿no os suena de nada?) y la gente como él, responsable. Que la mayoría prefiere vivir al día y divertirse.

En cuanto a yuyu, ¿tú escribes London o Londres?

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Mensaje por JANGEL » 12 Ene 2006 17:13

Lucía escribió:En cuanto a yuyu, ¿tú escribes London o Londres?

Pues sí. De todas formas temo que "juju" proceda de otro idioma que no es el de los congoleños. Voy a investigar un poco, pero seguramente termine poniendo "yuyu".

Curioso lo que comentas de Haití, sí.
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Mensaje por JANGEL » 12 Ene 2006 17:47

El Ministerio de Educación y Ciencia dice lo siguiente en redELE:

"También es frecuente la exclamación "¡Yuyu!", aunque es una expresión que se emplea normalmente con el verbo "dar" ("dar yuyu"). Esta palabra parece ser la consecuencia de la repetición de la interjección "¡Uy!" ("Uy, uy, uy"). Esta exclamación se profiere cuando se espera o se produce algún suceso positivo o negativo. También se usa cuando un acontecimiento está a punto de ocurrir y se frustra en el último instante, por ejemplo, cuando el balón, durante un partido de fútbol, no entra después de un lance en la portería. Cuando aparece en compañía del verbo "dar" significa miedo, repeluz y temor supersticioso. En otros casos, equivale a gafe y a mal de ojo, llegando incluso a tener el valor de depresión y melancolía."

En Cádiz, "yuyu" se utiliza como sinónimo de soponcio, desmayo o grima, que es la acepción más reconocida por Andalucía. Y los montañeros llaman "yu-yu" al extraño nerviosismo que entra durante los ascensos, en situaciones de estrés. Aunque todo parece estar relacionado, no estoy seguro de que realmente sean las mismas referencias.

Por similitud, tal como proponías, Lucía, he decidido cambiar a "yuyu".
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Mensaje por JANGEL » 13 Ene 2006 19:36

9

Aquella vez, cuando Alfredo entró en el despacho del director, despacio, como tenía por costumbre, yo ya estaba dentro, sentado frente al escritorio. Si Alfredo asomaba su nariz aguileña en una reunión era señal de peligro. Por eso empezaba a alarmarme. No es broma. De pronto, sentía un sudor frío resbalando por las sienes y un nudo en la garganta. Con él, todo se convertía en un problema para mí.

Se pasó los dedos por la frente, como si los pelos que rodeaban sus pronunciadas entradas hubieran podido despeinarse, y fijó la mirada de sus pequeños ojos grises en Sebastián, nuestro jefe, que, como una esfinge esculpida en roca, mantenía firmemente apostados los brazos sobre la mesa y adelantaba la cabeza esperando con impaciencia que aparecieran todos los convocados. Ernesto, el responsable de los sistemas de información, fue el último en aparecer.

-A ver –comenzó Sebastián, frotándose los labios con la mano nerviosamente-, ¿por qué no podemos facturar nuestra principal cuenta?

-El cliente tiene varios contratos retenidos…

-Se le ha interrumpido el servicio –traduje para Sebastián, en medio de la elocuente explicación de Alfredo.

-…por pagos no resueltos en los plazos previstos. Es un problema informático.

-No es un problema informático –protestó Ernesto, con mansedumbre-. Según he averiguado hace un momento, nadie ha hecho caso a la funcionalidad añadida tras la última actualización de la aplicación. Había que rellenar la información de una serie de campos nuevos dentro de la ficha del cliente. Avisamos de ello con tiempo.

-¿Con tiempo? Fue hace sólo dos semanas y media –se quejó Alfredo, buscando posiciones-. Y tenemos unos cinco mil clientes. Mil doscientos en activo.

-¿De qué estáis hablando? –murmuré yo, que era el mayor afectado y quien había propuesto celebrar una reunión urgente-. ¿Qué es eso de una actualización con campos nuevos en la ficha de los clientes?

-Enviamos un mensaje a vuestro departamento advirtiendo de los cambios que se iban a producir –afirmó Ernesto, resoplando como si aquella escena se hubiera repetido en innumerables ocasiones.

-¿Cómo?

-Por correo electrónico, Toni.

-No sería a todo el departamento. Yo no tengo copia. Si era tan importante, ¿por qué no os cerciorasteis de que estábamos enterados?

-Lo recibí yo –terció Alfredo, contradiciéndome-. Y te envié copia.

-No –rezongué pertinaz, empezando a enfadarme, pues sólo encontraba contrincantes entre mis colegas de la oficina-. No tengo copia. Estoy seguro. Pero te digo lo mismo, tenías que haberlo hablado conmigo si sabías que era importante. Nosotros hemos actuado como siempre. Desgraciadamente las primeras facturas que generamos son las de nuestro cliente más importante, precisamente para evitar la acumulación de incidencias a principios del mes siguiente.

-El procedimiento ha cambiado –articuló el jefe, más excitado que yo, ya que no estaba dispuesto a oír tantos pormenores. Naturalmente, estaba enfocando su enojo hacia mí, porque era quien, objetivamente, estaba buscando más excusas. No presagiaban nada bueno su mirada aviesa ni la manera en que estaba aumentando el volumen de su voz-. Me importa un carajo quién tenía que haber avisado a quién. ¿No es tu responsabilidad que esas facturas estén listas el veinticinco de cada mes? ¡Pues ya llevas un día de demora!

-Sabías que iba a cambiar el procedimiento –me reprochó Alfredo, retorciendo las manos en torno a las rodillas, como si la preocupación le estuviera consumiendo. Confirmando las palabras del jefe, empleaba otra de sus dotes, la adulación, lo que le garantizaba el éxito en la asamblea-. Lo decidimos hace tres meses.

-En tal caso, lo decidisteis en una reunión en la que yo no pude estar –deduje receloso, recordando que por entonces estaba de vacaciones en Cuba, detalle que no quería resaltar delante de Sebastián. Si estabas de vacaciones cuando quedaba determinado algo crucial, parecía que no estabas cumpliendo con tus obligaciones-. ¿Dónde está el acta?

-Yo qué sé dónde está el acta. ¿Dónde están las facturas?

-Está bien, está bien –resolví dócilmente, después de una breve pausa en la que todos me miraban de hito en hito-. ¿Alguien puede explicarme qué tenemos que hacer para sacar el trabajo? ¿Ernesto?

-Claro, le pediré a Javier que os lo cuente… de nuevo.

Ese “de nuevo” en el que había puesto especial énfasis no me gustó nada. Los informáticos eran propensos a recordar a sus usuarios que repetían su trabajo por culpa de la falta de atención de los demás. Todas sus gestiones resultaban intangibles y, por tanto, nadie era capaz de recopilar argumentos para decirles las cosas claramente: si lo repetían era porque no acometían correctamente sus funciones la primera vez. Pero, ¿cómo demostrarlo?

En cualquier caso, mi problema no era Ernesto, un tipo cabal con quien, al fin y al cabo, me podía entender; sabía que podía contar con su ayuda. Quien me importunaba era Alfredo, que debería haber abogado conmigo por los intereses de nuestro departamento, al unánime, pero, en lugar de eso, procuraba hacer todo lo posible para inculpar a alguien y salir inmune, tácitamente, del lance.

-Antonio –pronunció el jefe, en un tono severo y amenazante-, quiero esas facturas listas esta misma tarde. ¿Lo entiendes?

-Sí. Lo entiendo perfectamente –asumí sonrojado, acatando sus órdenes sin más dilación y reservándome los resentimientos hacia Alfredo.
Esto sólo sirve de ejemplo. Arrastrado por las circunstancias, tuve que consentir su intolerable actitud y terminaba vapuleado. Fue una de las muchas jugarretas que me hizo. De este modo, paso a paso, Alfredo iba destruyéndome. Por muy eficaces que fueran mis métodos, por muy eficiente que resultara en mi cargo, él siempre lograba demostrar que tenía puntos débiles, que podía actuar con incompetencia.

Al levantarme para volver a mi sitio, vi a través de la pared de cristal del despacho a Rocío, que caminaba de un extremo al otro de la sala. Me hizo un gesto con la cabeza a modo de saludo. Seguramente presentía que no me estaba yendo muy bien allí dentro. Ella tampoco entendía por qué había tanta rivalidad entre Alfredo y yo, pero confiaba mucho más en mis facultades y siempre me apoyaba. Al menos tenía un aliado en la empresa.

Alguien dijo: “Los extraños son amigos que aún no conozco”. Me alegro de que existiera una persona tan optimista, pero esa regla no se cumple con todos los seres humanos. Yo hubiera preferido mil veces no conocer jamás a Alfredo.
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Mensaje por JANGEL » 18 Ene 2006 14:00

Me he quedado esperando vuestros comentarios... ¡que son muy importantes para mí! ¡Mis lectores! Venga, que tengo más que publicar, pero necesito esas opiniones... :roll:
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Mensaje por bblanco » 18 Ene 2006 14:10

Pues no tengo ni idea de por dónde va a ir la historia, pero me está gustando! Pobre Alfredo, usar su nombre para el malo.... :twisted: :lol: :lol: :lol:

Saludos,
Begoña

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Mensaje por JANGEL » 18 Ene 2006 16:25

Anda, pues no me había fijado en eso. Ha sido casualidad, lo prometo. :roll: Y gracias, Bego.
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Mensaje por Alfredo Rueda » 18 Ene 2006 16:43

bblanco escribió:Pues no tengo ni idea de por dónde va a ir la historia, pero me está gustando! Pobre Alfredo, usar su nombre para el malo.... :twisted: :lol: :lol: :lol:

Saludos,
Begoña


jajaja :D ni modo... no hay nombres apartados, ¿que sería de todos los que llevan nombres de villanos en los libros?
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Mensaje por bblanco » 18 Ene 2006 16:45

De nada, hombre, el relato merece la pena! :D

Saludos,
Begoña

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Mensaje por sedna » 18 Ene 2006 17:23

Yo he notado un cambio quizás un poco brusco con las dos últimas entregas (la nº 8 y la 9)...

Me explico:
Pasamos de la apacible estancia en un lugar apartado, a la República del Congo y luego a la borágine del mundo laboral, con sus trepas y malas artes incluidas...

Siento ser tan sincera...pero habrá que ver como se sigue desarrollando la historia y opinaré mejor...

No soy una entendida ni mucho menos...y quizás tengas tus razones para dar este ritmo y no otro a tu novela.
Espero que no te parezca mal mi comentrio...Si es así, no me hagas ni caso y tu sigue adelante.
Ánimo.
Imagen"Si cerca de la biblioteca tenéis un jardín ya no os faltará de nada": CICERON

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Mensaje por JANGEL » 18 Ene 2006 18:12

Lo del Congo es un inciso pensado expresamente para justificar el título. El brusco giro del relato es intencionado. Otra cosa es que guste o no.

El capítulo siguiente, en la oficina, es retroactivo, para dar más argumentos a esa relación difícil con Alfredo.

Estoy de acuerdo. El cambio es brusco. Pero es intencionado. ¿Qué decís los demás?

Tus comentarios nunca me parecerán mal. :wink: Como ya te he dicho, vuestras observaciones me pueden ayudar. Es lo que quería. Y todos somos lectores, ¿no? No a todos tiene por qué gustarnos lo mismo.
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