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Capítulo 30: Metamorphosis - Parte 2
Una semana después. Austin. Texas
Habían elegido la casa de Tilford para celebrar aquella reunión inesperada con la tal Alice. Normalmente se hubiesen juntado en el cuartel general de los hombres – lobo, pero teniendo en cuenta por lo que había pasado la humana (y ellos) en aquel lugar, prefirieron ahorrarse sufrimiento gratuito. Además, el hogar del policía era un lugar bastante amplio donde cabrían sin problemas.
Cuando Albin terminó de encadenar a su malhumorado prisionero en una de las habitaciones de invitados de la planta superior, bajó para reunirse con el resto en el salón. Además de Tilford y Mamaje, también estaban Gabriel y Edgar, así como los padres de éste último. La petición que habían recibido podría llegar a afectarles a todos, así que lo mejor sería tomar una decisión unánimemente.
- Llega tarde –bufó Albin reprobadoramente mirando su reloj. - No me extrañaría que se hubiese arrepentido –dijo Gabriel acomodándose en su asiento. - A mí me pareció muy convencida por teléfono –Mamaje se sirvió una taza de té mientras hablaba.
No tuvo tiempo de rellenar su taza, cuando alguien llamó a la puerta. Todos se agitaron nerviosos, esperando a que Tilford se levantase para abrir la puerta. Al fin y al cabo, aquella era su casa. Éste se hizo el remolón unos segundos, pero un par de codazos de Mamaje bastaron para que recibiese a la recién llegada. Alice entró al salón amarrando con fuerza su bolso y saludando a todos con timidez. No se esperaba tanta gente…
- ¿Te podemos ofrecer algo de beber? –preguntó Sophie con una sonrisa. - No, gracias. Preferiría que nos centrásemos en el motivo por el que estoy aquí. - En ese caso nos gustaría que nos lo explicases de nuevo, porque no estoy seguro de haberlo entendido bien por teléfono –Tilford se enderezo en su asiento, clavando la mirada en la nerviosa humana. - Me gustaría que liberaseis a Mack.
Se miraron entre ellos, como si se estuviesen confirmando mutuamente que de verdad habían entendido bien. Alice no necesitaba ser una experta en lenguaje corporal para saber que no iban a aceptar su propuesta tan fácilmente.
- Hay una buena razón para tenerle encerrado –dijo Albin solemnemente. - ¿Por qué no está en la cárcel, entonces? - Para explicar sus crímenes tendríamos que sacar a la luz nuestra doble natura –explicó Edgar- Y eso no va a pasar. - Queda claro entonces que está retenido de manera ilegal –Alice se hizo la valiente.
Albin apretaba la mandíbula con fuerza. Un tic nervioso se hizo patente en su mejilla. Al parecer, Alice había golpeado en un punto sensible del policía. Estaba claro que le costaba lidiar su afamada rectitud con algunas de las cosas que tenía que hacer para proteger a su raza.
- Es lo mejor para todos que esté bajo custodia –dijo Albin al ver que Alice no le quitaba la mirada de encima. - ¿Lo mejor para quién? - Lo mejor para todos –gruñó Gabriel. - Pero no para Mack –varios de los presentes suspiraron hastiados ante esa respuesta.
Tilford volvió a tomar la palabra con una sonrisa en la boca para calmar la tensión de la situación. Dijo que no había más que decir al respecto y que esperaba que lo comprendiese. Pues bien, Alice no lo hacía. No quería. No debía entenderlo. Es lo que hubiese hecho Ashton, pelear hasta el final por lo que parecía lo correcto.
- Estoy en posición de ofrecerle un trabajo en Shreveport. Puedo conseguir que se forje una vida honrada. Al menos se merece la oportunidad. - ¿Y si pasa de tu propuesta? - El empleo empieza dentro de un par de semanas. Si no aparece el primer día… Bueno, no pondré ningún impedimento para que os lo llevéis. - ¡¡Eso es si lo encontramos!! –estalló Albin- No, es un no. - ¡Pues espero que sepas convencer a mi abogado si es que me obligas a llegar a ese extremo! –replicó Alice, en absoluto intimidada por el tamaño del policía.
Un silencio mortal se hizo en la sala, todos claramente incomodados por la declaración de Alice. Obviamente no se podían permitir el lujo de ser denunciados por algo así. Husmearían demasiado en sus vidas y acabarían descubriendo el pequeño secretito que tanto se esmeraban en ocultar.
- Preferiríamos dejar a la ley de lado –expresó Niklas en el nombre de todos- Yo voto por concederla esas dos semanas. ¿Quién sabe? Igual hasta consigue algo y todo. - Posiblemente un tiro entre ceja y ceja –espetó Albin. - No es el estilo de Mack –dijo Edgar con una sonrisita torcida- A él le va más lo de romper huesos. - ¿Queréis dejar de intentar asustarla? –pidió Mamaje mientras mojaba una pasta en el té. - ¡No tengo miedo!
No se podía asegurar quién estaba más sorprendido por aquella bravuconada. La propia Alice tardó varios segundos en darse cuenta que aquellas palabras habían salido de su boca. Pero suponía que eran verdad. O al menos lo eran metafóricamente hablando, porque su cuerpo estaba pidiendo a gritos salir corriendo de allí. Había conocido a Mack y sabía de sobras que no era la persona más agradable del mundo. Pero tampoco era el monstruo del que todo el mundo hablaba.
- No creo que tengamos otra opción –Tilford suspiró- No va a cambiar de idea y, yo no sé vosotros, pero no me apetece meterme en un lío por culpa de Mack. Lo soltamos y cruzamos los dedos por Alice durante dos semanas. - Sigue sin gustarme la idea –gruñó Albin, fulminando con la mirada a Alice- Espero que sepas lo que estás haciendo.
El policía sacó unas llaves de su bolsillo y se encaminó al piso de arriba subiendo las escaleras a grandes zancadas.
- ¿Lo vais a soltar ya? –preguntó Alice intentado no parecer asustada. - Mack es como una tirita. Cuanto antes te la quites de encima, mejor –dijo Gabriel en respuesta.
Alice asintió pensativa. Estaba 100% preparada para el encuentro, pero la verdad es que se esperaba que la hubiesen dado largas durante más tiempo. Repasó mentalmente todo lo que quería decir a Mack, esperando que fuese suficiente para convencerle. Levantó la mirada al escuchar insultos provenientes del piso de arriba y acercándose a las escaleras. No cabía duda de quién provenían… Albin prácticamente le bajó a empujones hasta el salón, donde se dispuso a retirarle las últimas esposas.
- Hola, Mack. ¿Te acuerdas de mí?
El aludido se frotó las muñecas al verse liberado y la miró con desdén durante un buen rato. Bufó sardónicamente ante la pregunta, a la vez que meditaba que respuesta dar.
- No soy yo el que debería chequearse la salud mental, Princesa –era de las pocas personas capaz de dar a ese adjetivo un tono despectivo. - Te preguntarás a qué viene todo esto. Pues bien, tengo buenas noticias… - ¡No me pregunto una mierda! –se encaminó hacia la salida- ¡Que os den a todos! –dio un portazo. - ¡¡Espera!!
Alice salió corriendo detrás de él. ¿Cómo era posible que ya le hubiese sacado tanta distancia? Ese hombre debía de estar constantemente con una sobredosis de adrenalina… Tras varias agresivas zancadas y un bendito semáforo, consiguió darle alcance. Aunque Mack ni se molestó en girarse.
- ¿Puedo hablar contigo un minuto? - Nada te lo impide. - ¡Oh, bien! –dijo inocentemente- En ese caso…
El semáforo se puso en verde y Mack volvió a caminar estirando la máximo sus largas piernas. Alice comprendió en ese momento que podía hablar con él siempre y cuando fuese capaz de seguir el ritmo. No se podía decir que eso era tarea fácil. Tenía que esforzarse tanto por mantenerse a su lado que las palabras casi ni se entendían entre jadeos. Como vio que eso no iba a ningún lado, contó hasta tres y tuvo la osadía de agarrarle del brazo para detenerle.
- Me has pillado de buen humor. Así que te doy la oportunidad de que me sueltes antes de que te disloque todos tus bonitos dedos, Princesa. - Creo que asumo el riesgo.
Alice se pensaba que se estaba marcando un farol, pero cuando gruñó y atrapó la mano que le sujetaba en una fuerte presa toda la sangre se le fue de la cara. Mack comenzó a reírse, regocijándose en el miedo de la humana; pero al menos se había parado a escucharla.
- Tienes un minuto. - Sólo quería saber qué te parecería ser conductor de autobús escolar en Shreveport –Mack levantó una ceja- Si la residencia supondría un problema, podrías quedarte en mi piso como una medida temporal. - ¿Quieres saber mi opinión de verdad? - ¡Claro! –dijo Alice tontamente ilusionada. - Preferiría comerme la diarrea de un enfermo a cucharadas –dijo con toda la crueldad que pudo acercándose para decírselo a la cara. - ¡Oh, cielos! –tuvo que contener una náusea ante la imagen mental de ese acto- ¿No te lo vas a pensar? - No. - ¿Hay algo que pueda hacer yo para conseguir que cambies de idea? - No –Alice le dio una tarjeta de contacto- ¿Qué demonios es esto? - Por si cambias de idea –Mack se dedicó a doblarla ligeramente delante de sus ojos. - Esta mierda no sirve ni para forzar cerraduras.
Sin decir ni una palabra más, se guardó la tarjeta en el bolsillo y se fue de allí dejando a Alice tirada. Teniendo en cuenta cómo se había desarrollado la conversación, el hecho de que conservase la tarjeta sólo se podía considerar una victoria. A no ser que hablase en serio y tratase de forzar alguna cerradura con ella. Le vio alejarse, temiendo que esa iba a ser la última vez que volvería a posar sus ojos sobre él.
Mientras tanto, los invitados en la casa de Tilford seguían comentando lo que sin duda debía de considerarse la locura de Alice. Mack aceptando un trabajo no parecía probable, pero tenían que aceptar que la posibilidad estaba ahí.
- El hecho de que trabaje honradamente no significa que sea un peligro menor –dijo Albin- Alice no sabe dónde se ha metido. - Pero tampoco podríamos ir allí y arrastrar a Mack de vuelta a una celda. Romperíamos nuestra promesa. - Simplemente hay que asegurarse de que la humana esté bien –dijo Gabriel pensativo. - Supongo que podría ir a Shreveport de vez en cuando y espiarles sutilmente –se ofreció Mamaje- No se puede decir que la agenda de esta detective se esté colapsando en Austin… - ¡¡Pero Shreveport está muy lejos!! –se lamentó Tilford con algo próximo a unos pucheros. - Lo sé, cielo. Pero serán pocos días cada vez. - Aún así te echaré de menos… -cogió a Mamaje para sentarla en sus piernas y darla un abrazo.
Edgar se metió un par de dedos en la boca para hacer el gesto internacional de una arcada, asegurándose de que sólo le viese Gabriel. Éste sonrió de manera cómplice ante el ataque infantil de su chico. Sin embargo, Niklas apareció en escena en ese momento de regreso de la cocina y propinó a su hijo una buena colleja sonora.
- ¡¡Ey!! –dijo frotándose la parte dolorida. - Entonces queda decidido. Echaré un vistazo a Alice de vez en cuando sin que ella se entere para ver qué tal van las cosas con Mack. Eso suponiendo que éste acepte la oferta, claro.
Todos asintieron y dieron por finalizada la reunión. Antes de marcharse, Gabriel cogió de la mano a Edgar y se encaminó hacia Tilford y Mamaje. A pesar de todo lo que había ocurrido en el pasado, el hombre – lobo parecía haberlo perdonado y aceptado como uno de sus amigos. El líder de los hombres – hiena no estaba seguro de que pudiese pagar tanta generosidad en su vida. Al menos intentaría dar pequeños pasos hacia delante.
- Edgar y yo nos preguntábamos si nos dejáis invitaros a cenar el día de nuestro aniversario dentro de unos meses. - Nunca digo que no a comida gratuita –aseguró Tilford frotándose el estómago a la vez que éste rugía- La dieta es una tortura. - Muchas gracias por la invitación –Mamaje se despidió de ellos con un abrazo. - Ya os diremos el sitio y la hora.
Todos los hombres – hiena se marcharon, quedándose sólo ellos dos con Albin. Tilford miró a su compañero con el ceño fruncido, preguntándose por qué tardaba tanto en decir algo. Al ver que éste seguía callado, decidió dar el primer paso.
- Al parecer me voy a saltar la dieta ese día.
Como Albin era su supervisor durante un periodo de tiempo indefinido, tenía que aceptar sin rechistar demasiado todo lo que se le imponía con el objetivo de recibir un buen informe final. Una de esas condiciones era la horrible dieta a base de verduras con la que tenía que lidiar todos los días.
- Es sólo un día.
Eso fue lo único que sacó de Albin, junto con un encogimiento de hombros, antes de que él mismo se fuese rumbo a la comisaría.
- ¿Qué le pasa? –preguntó Mamaje sorprendida por no haber visto la típica reacción exagerada del compañero de Tilford. - Está así desde lo de Persephone. Cuando se despidió de Mapycall. - Ya, pero... ¡¡Es Albin!! Es inmune a los sentimientos, ¿no? - Eso pensábamos todos. Si nosotros estamos sorprendidos… imagínate cómo se sentirá él…
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