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Transcurrieron seis meses de tu partida, el comienzo había sido difícil, los chicos a menudo me hacían la vida imposible con peleas entre ellos en la que uno de los dos terminaba llorando. Ahora luego de medio año, nos estábamos acostumbrando a tu ausencia, al menos los chicos no estaban tan insoportables, pero yo sentía un vacío tan grande que nada por más maravilloso que fuera me sacaba una sonrisa. Por supuesto que venían tus cartas, pero sólo lograban arrancarme lágrimas de dolor por no tenerte y leer lo mismo en ellas, ya no lo soportaba más. Por otra parte, los ejércitos no daban señales de replegarse o terminar con esa guerra tan sin sentido que habían comenzado y eso me desesperaba, no sabía cuándo volverías, cuándo te tendría conmigo. Mis noches eran fatídicas, tenía arranques de llanto que duraban horas y al levantarme en la mañana, debía hacer lo que fuera para que no lo notaran los chicos ni mis compañeros de la oficina en donde trabajaba. Además de todo eso, se rumoreaba que podrían haber ofensivas hacia nuestra ciudad, que si bien hasta ese momento eran nada más que rumores, calaron fuerte en los habitantes que se aprontaban para superar un bombardeo del enemigo. En mi caso, nos esconderíamos en el sótano, sólo me limité a llevar una gran caja y llenarla de comestibles por si acaso. Me sentía terriblemente sola y tenía pavor de que esa fuera mi vida si tú no volvías, en las cartas me decías "cuando estemos juntos haremos ..." tal o cual cosa y yo sentía una opresión en el pecho porque no sabía si habría de concretarse todo eso que soñabas hacer. Aunque parezca extraño mis cartas eran frías, te contaba de los chicos, lo que hacían, cómo les iba en el colegio, sus juegos y peleas, pero no te hablaba de mi, no te contaba cómo iba mi trabajo, cómo estaba viviendo tu ausencia, no lo sé, pero no podía, me dolía tanto que prefería decirte "yo estoy bien" y esperaba que con eso entendieras que me estaba muriendo por dentro. Solía prender la radio para escuchar música, pero cuando cortaban para dar los partes de guerra, los nombres de los caídos en combate, la apagaba y disimuladamente me encerraba en el baño a llorar. Pensaba en tí, en cómo estarías pasando, en el horror de la guerra, en las bombas, en los cañones de los barcos, en lo cansado que estarías, pensaba en el miedo que sentías cuando el enemigo se acercaba y desplegaba sus armas contra tu barco. Los fines de semana llevaba a los chicos a ver a sus abuelos, los sábados mis padres, los domingos tu madre, de esa forma nos despejábamos bastante, ya que ellos eran muy discretos al momento de hablar de lo que estaba sucediendo. Con quien podía desahogarme era con mi madre, lloraba en su hombro y ella me decía muchas cosas, y siempre terminaba su aliento con "querida mía, ésto también pasará", a lo que yo respondía "lo sé mamá" ...
Continuará ...
_________________ by CorrieLee, sorpréndete y comenta en Los Foreros Escriben
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