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NotaPublicado: Dom Jul 08, 2012 3:02 pm 
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Dragonet
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Se me había olvidado comentarte los dos últimos capítulos :D Me han gustado mucho, te está quedando una historia preciosa, Gisso :D

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:101: RECUENTO 2017 :101:


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NotaPublicado: Dom Jul 08, 2012 4:25 pm 
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- Capítulo noveno


Aris se acercó lentamente, temerosa. Ya había sido atacada por un ave, quien sabía que podía ocurrir ahora. Tampoco podía mantenerse callada, necesitaba hablar mientras se aproximaba.

—Hola... lo siento por molestar. Acabo de escapar de un terrible ave que me ha atacado. Estoy perdida y asustada. Me he escondido aquí, el primer sitio que he encontrado. Como ya he dicho, no me gustaría molestar y tenía una duda... ¿es usted el Ave de la Tejedora? ¿Vive aquí? ¿Perdone?

El ave no reaccionaba, ¿estaría durmiendo? El hada siguió acercándose con cautela. Algo en el ala del pájaro llamó su atención y se fijó mejor, una mancha de color carmesí la cubría en parte. El desconcierto se apoderó de la pequeña, ¿estaría herido? Sí, sí que lo estaba, aunque la sangre se encontraba ya reseca. Empezó a rodearlo y cuando lo tuvo de frente, un grito de lástima se ahogó en su garganta mientras se llevaba una mano a la boca para cubrirla. Era una lechuza, plateada como la luna, respiraba con dificultad y parecía inconsciente. Aparte del ala, tenía una horrible herida, tal vez de garras, que le cruzaba los ojos. Estaban hinchados e infectados, tenía muy mal aspecto y no los podía abrir. “Tal vez los ha perdido”, pensó Aris con preocupación.

—Pobrecita lechuza, ¿qué te habrá pasado? Es terrible... —Entonces le vino a la mente la Sombra, seguro que había sido ella. La Sombra. Una sensación de lástima recorrió todo su cuerpo. Aris empezó a acariciarla con ternura.

—A... yu... —La pequeña se sobresaltó, había escuchado un susurro. La lechuza estaba moviendo el pico, intentando decir algo—... mmm...

—No entiendo —dijo angustiada. Se acercó más para intentar entenderla mejor.

—Ayúdame...

A Aris se le erizó todo el cuerpo al escuchar esa palabra. La lechuza seguía consciente y pedía ayuda. Lágrimas cayeron por el rostro de la pequeña, recorriendo sus mejillas. Pero enseguida se recompuso, no era momento de llorar, tenía que hacer algo urgente y mientras se enjugaba, tomó una decisión.

—Aguanta, por favor. Volveré.

La noche no tardó en caer y se puso en marcha. Salió al exterior en silencio con mucha precaución, temía que Sombra (como la había apodado) fuese un ave nocturna, pero no vio ni escuchó nada durante toda la noche. Aris estuvo muy atareada, poniendo a prueba todo lo que le habían enseñado. Lo primero fue buscar agua para poder limpiar a la lechuza y por suerte, encontró un riachuelo cerca. Lo más difícil fue trasladarla, pero encontró varios trozos de corcho de un alcornoque caído y con un poco de maña, fabricó un cubo. En la cueva hizo un agujero y lo impermeabilizó con unas hojas, para que no se perdiera el agua o se ensuciara de barro. Tuvo que hacer varios viajes para llenarlo.

Luego sin detenerse, cansada por el esfuerzo, fue en busca de ciertas plantas medicinales que ella conocía, un trabajo difícil para hacerlo durante la noche a oscuras, pero eso no la detuvo. Los animales nocturnos del bosque la miraban con atención a su paso. Unas luciérnagas, al ver a la pequeña tan preocupada, se le acercaron sin preguntar y la iluminaron suavemente en su búsqueda. Aris se lo agradeció en silencio con la mirada. Después de recolectar lo necesario, volvió a la cueva, seguida por un par de luciérnagas, que la estuvieron alumbrando en su interior.

No podía disponer de nada para calentar el agua y eso le complicó un poco para hacer el remedio. Trituró y mezcló las hojas y flores. Hizo un ungüento y un brebaje, y lo dejó reposar. Aris se rasgó el vestido, se acercó a la lechuza y la empezó a limpiar el ala y la herida de los ojos con él. Cuando acabó, comenzó a extenderle el ungüento por las heridas. La pobre lechuza, de vez en cuando se estremecía al notar el contacto, aunque Aris iba con el mayor cuidado posible. Lo más difícil fue hacerle tomar el brebaje, pero con paciencia y delicadeza, la pequeña consiguió que se lo bebiera. Así continuó durante toda la noche, cuidándola. Poco a poco, parecía que la lechuza iba tranquilizándose y que respiraba mejor.

La luz del alba asomaba tímidamente por la entrada de la cueva. Aris, extenuada, había caído profundamente dormida recostada al lado del ave herida. Había vuelto en sí, aunque con muchas molestias y no podía abrir los ojos. Alguien lo había estado cuidando durante la noche, aunque en un principio había pensado que todo era un sueño producto de su febril imaginación. Ese alguien se encontraba durmiendo, agotada, a su lado. Notó como se estremecía, tal vez por el frescor del amanecer, tal vez por el cansancio, así que desplegó el ala sana y la cubrió. Con dificultad y en un susurro, la lechuza sólo pudo dedicarle con afecto una palabra.

—Gra... cias...

Aris, dormida, se acomodó entre sus plumas. Ambos cayeron en un tranquilo y reponedor sueño. Mientras, fuera volaba en círculos una Sombra acechante. Pero eso ya no les preocupaba.

La pequeña hada continuó cuidando a la lechuza sin descanso, perdiendo la noción del tiempo que pasaba. Dormía de día, salía por la noche, ya que a la luz del sol notaba como la Sombra los vigilaba. Pero ya no se encontraba sola, muchos animalillos del bosque la ayudaban en su tarea. La lechuza mejoraba y ya había empezado a comer piezas de fruta que le llevaba. Aunque seguía en silencio y sin poder abrir los ojos. Una noche, Aris se cruzó con una mariposa que revoloteaba sobre ella, le sonaba de algo y enseguida recordó de qué.

—Vaya, Señorita Mariposa, nos volvemos a encontrar, pero que sepa que ya la he perdonado. Ahora no puedo detenerme a hablar con usted, ya que tengo prisa. ¡Hasta la próxima! —La mariposa la siguió con la mirada y cuando la vio desaparecer, cambió de rumbo y se dirigió presurosa hacia el este.

Una noche, mientras Aris curaba los ojos de la lechuza, que tenían muchísimo mejor aspecto, por fin habló, ya que hasta entonces no había tenido fuerzas suficientes para hacerlo.

—Muchísimas gracias... por todo lo que estás haciendo por mí. No sé quién eres, no puedo verte, pero gracias a ti, es seguro que sigo vivo. Gracias...

El hada dio un salto hacia atrás sobresaltada. Era la primera vez que lo escuchaba hablar y la había pillado por sorpresa. Pero sobre todo, nunca antes había escuchado la voz de ningún animal tan claramente.

—Vaya... gra... gra... cias. —comenzó a balbucear—. Yo, lo he encontré mal herido por casualidad, mientras huía de la Sombra y no me pude marchar sin hacer algo por usted. Estaba tan mal...

—¿A ti también te atacó ese terrible ser? —interrumpió la lechuza mientras intentaba reincorporarse un poco—. ¡Maldito sea! Yo estaba tranquilamente sobrevolando mi nido, cuando bajó esa Sombra del cielo y se abalanzó sobre mí. Intenté defenderme, pero era demasiado fuerte. Luego me hirió en los ojos y a ciegas, no sé cómo, conseguí esconderme en este lugar. A partir de ahí, sólo guardo recuerdos de dolor y tinieblas... hasta que llegaste tú. Por cierto ¿quién eres? Y tutéame por favor, me llamo Mirion. Alguien que ha hecho tanto por mí, no debe hablarme de usted.

—¡Oh! Encantada, Mirion —dijo mientras se sonrojaba, había visto por primera vez un atisbo de sonrisa en él—. Yo soy Aris, una pequeña hada de Annor. Salí en busca de la Tejedora, cuando fui atrapada por la Sombra y conseguí escapar, escondiéndome aquí...

—¿Un hada de Annor? ¿La Tejedora? ¿Escapaste de la Sombra? ¡Cuántas aventuras para un ser tan pequeño! Y veo que vienes desde muy lejos. Me gustaría que me lo contaras todo con más tranquilidad. Pero, para ser un hada, hay algo raro en ti. Lo noté cuando te recostabas a mi lado...

—Sí, tienes razón. Veo que lo has notado. Nací sin alas, por eso iba en busca de la Tejedora... Por cierto, ¿no la conocerás? ¿no serás tú su mensajero?

—Cuanto lo siento, pequeña —habló Mirion con aflicción en su voz—. Debe ser triste haber nacido sin alas, pero noto que eres un hada bondadosa y de una gran entereza. Pero no soy ningún mensajero, ni conozco a ninguna Tejedora por estos lugares.

Aris se entristeció profundamente al oír esas palabras, ¿la Tejedora no existía? ¿Le había mentido Édhal? Al notar Mirion como se quedaba en silencio, abrumada, continuó—. Lo siento mucho, Aris, que hayas hecho este largo viaje para no encontrar lo que buscas. Pero tal vez aún haya alguna esperanza. Primero, recuéstate a mi lado, ponte cómoda entre mis plumas. Descansa, que te hace falta y cuéntamelo todo.

Aris comenzó su historia, mientras Mirion se iba asombrando cada vez más. Cuando acabó su relato, empezó a hablar.

—Tal vez, la historia de la Tejedora no sea cierta, pero si ha mentido, no creo que lo haya hecho para hacerte ningún daño. Te vio triste y quiso ayudarte. Ahora lo estará pasando mal al ver que has desaparecido, sin saber dónde te encuentras. Pero algo hay que hacer, deberías regresar.

—¿Dejándote aquí solo? No podría y si me obligaras, nunca me lo perdonaría —Aris se quedó pensativa—. Pero tal vez, podríamos volver los dos juntos. Allí te curarían mejor y podrías volver a ver. Iliria seguro que conoce algún remedio.

—Sería una pesada carga para ti, irías muy lenta y tal vez, por mi culpa, la Sombra nos descubriría y nos atacaría. Y yo, no podría defenderte. No, mejor dejarme aquí. Podría esperar, seguro que aguantaría...

—¡No! —Aris esta vez fue la que lo interrumpió—. Tú te vienes conmigo, cuando estés mejor. Caminaremos por la noche, yo te guiaré. No hay más que hablar.

Mirion se quedó un momento serio, traspuesto, luego comenzó a reír. Aris se abalanzó sobre él y lo abrazó, con cuidado. —Tú vendrás conmigo...

Desde la desaparición de Aris y sin saber que aún seguía con vida, una gran pesadumbre se había apoderado de la comunidad. Édhal, deprimida y sintiéndose culpable de todo, ya no hablaba ni hacía ninguna de sus bromas. Se encontraba totalmente apagada y Alin estaba muy intranquila por ella y por su salud. También había tenido que tomar las riendas en cuanto al liderazgo, ya que Iliria no estaba mucho mejor, igual que Ladis y el resto de pequeñas. Habían buscado sin descanso dentro de sus posibilidades, pero no encontraron ninguna señal o pista. Al final, la dieron por desaparecida e iliria se había venido abajo. Alin estaba muy preocupada por ella, ya que temía que eso precipitara su Llamada.

Édhal era ahora quien iba todos los días al lugar secreto donde descubrió a Aris, repleta de barro, aquel fatídico día en el que le había contado la historia de la Tejedora para animarla; con la esperanza de encontrarla allí, como si nada hubiera pasado. Sentada en el saliente, se pasaba desde que amanecía hasta el anochecer. Muchas veces, Alin tenía que ir a buscarla para que volviera y obligarla a que comiera algo.

—¿Por qué? ¿Por qué me hiciste caso y tuviste que ir en su búsqueda? ¡Tonta, tonta, tonta de mí! ¿Por qué te conté eso? ¿Por qué te dije una mentira? —Édhal sollozaba continuamente, tenía los ojos hinchados y enrojecidos, mientras se culpaba una y otra vez, preguntándose balbuceante porqué. Con la mirada turbia por las lágrimas, levantó la vista al cielo, mirando al oeste. Entonces vio como algo se acercaba volando desde el horizonte

—¿Aris? —desconcertada, se enjugó las lágrimas. Le había parecido por un momento que quien venía volando era la pequeña, pero una vez con la mirada clara, descubrió con desilusión que lo que se acercaba era una mariposa. Édhal bajó la vista de nuevo, las lágrimas comenzaron a caer de nuevo. Momentos después algo la rozó suavemente. Con sorpresa, vio como la mariposa se había posado a su lado y la estaba tocando con las antenas, llamando su atención. Entonces la recién llegada se acercó al oído de Édhal y un murmullo salió de su boca. La pequeña entendió con claridad todo lo que le estaba contando y con cada palabra, la sorpresa, la esperanza y una inmensa alegría crecía en su corazón.

Iliria se encontraba sentada en una rama de Annor, con la mirada perdida en el horizonte cuando vio aproximándose a gran velocidad a Édhal, que no paraba de gritar algo. Se puso en pie, entonces la joven la vio y se acercó apresuradamente hacia ella.

—Es..tá... vi... va... —dijo casi sin respiración y muy alterada cuando llegó al lado de la anciana hada.

—Tranquila, tranquila pequeña. Respira, no vayas a ahogarte. ¿Qué ha ocurrido? Cuenta, cuenta....

—Señorita Iliria.... —contestó como pudo, muy excitada, sin poder esperar a coger aire y calmarse—. Está viva. ¡Aris está viva y sé dónde se encuentra!


* * * * * Imagen


Última edición por Gisso el Lun Sep 10, 2012 2:47 pm, editado 2 veces en total

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Bien continuado :D


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NotaPublicado: Lun Jul 09, 2012 12:09 am 
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Dragonet
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Genial, Gisso, este capítulo ha sido precioso, el último trozo es muy tierno, casi se me saltan las lagrimas con la pobre Édhal :D

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NotaPublicado: Lun Jul 09, 2012 2:20 pm 
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Lucia, Sinkim, :60: gracias por seguirme y me alegra que os haya gustado como está continuando la historia :o .

La verdad es que a mi también me emocionó la parte de Édhal :15: (y soy el que lo escribe :cunao: ), pero como sabéis, me pongo música para hacerlo y en ese momento estaba sonando esta. Probar a leerlo mientras la escucháis:



Le estoy cogiendo mucho cariño a esta historia y me va a dar pena acabarla, ya que tan solo queda un capitulo, pero me cuesta terminarla :( .

Y es verdad que Édhal, para ser un personaje secundario, está ganando protagonismo. Es el secundario ese de todas las series al cual se le coge cariño :risa: . Creo que se merece un Spin-off :lista: . Pero hay que ver cómo ha cambiado este personaje desde la primera vez que pensé en ella, a como es ahora... Cuando acabe la historia, para quien esté interesad@, voy a hacer un resumen de cómo la iba a escribir en un principio, para que veías como a cambiado todo.

¿Acabaré hoy el último capitulo? :roll:


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NotaPublicado: Mié Jul 11, 2012 8:37 pm 
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Bueno :roll: ... No sé si los seguidores de esta historia me van a matar :silbando: , pero... Resulta que el último capítulo, me está quedando algo larguito, así que he decidido dividirlo en tan solo tres partes más :user: . Sorry :oops: . Lo único que espero, es que no se esté haciendo largo...

Hoy he intentado escribir algo, pero parece que no estoy muy inspirado :| . En breve un nuevo capítulo.


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NotaPublicado: Mié Jul 11, 2012 8:57 pm 
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- Capítulo décimo


Desde aquella primera conversación, los días (y noches) pasaban más agradables, sobre todo por la gran mejoría en la salud de Mirion. Sus heridas se recuperaban rápidamente gracias a los mimosos cuidados nocturnos de la pequeña y aunque todavía no podía abrir los ojos a causa de la cicatriz, que no había curado del todo, comprobaron que no tenía ningún daño en ellos. Todo sería cuestión de tiempo para que los pudiera volver a abrir, pero necesitaba unas manos mas expertas. Mientras, no paraban de contarse historias, aprendían, se emocionaban, reían. Una hermosa y tierna amistad estaba empezando a fraguarse entre los dos. Pero incluso en ese reconfortante ambiente, la Sombra nunca llegaba a desaparecer del todo. Y ellos lo sabían, ya que algún día debían de partir.

Y ese día llegó. La noche cayó lentamente, las estrellas brillaban claras en el firmamento, ninguna Sombra las cubría. En silencio, Aris y Mirion se pusieron en marcha, abandonando lo que había sido su refugio. Incluso hasta el último momento, la lechuza no paró de poner pegas. La pequeña había descubierto que su compañero tenía una personalidad bastante cómica, pero también una parte muy tozuda. Pero por suerte ella aun lo era más, así que, con un resoplido final dejó el tema zanjado.

Como su amigo no podía ver aún, Aris había hecho con una enredadera una correa con la cual lo guiaría. Como siempre, la lechuza empezó a protestar, pero el hada se puso con los brazos en jarras y en ese momento la discusión acabó. También habían preparado una señales, por medio de ruiditos, para avisar de los peligros durante el camino. Antes de comenzar el viaje, la pequeña estuvo vigilante por si aparecía la Sombra, pero no vio señales de ella. Aun así, no se fiaba y extremó las precauciones.

Aris iba delante, guiándolo con suavidad. De vez en cuando se giraba para ver cómo iba. Le parecía extraño y gracioso ver a una lechuza andar, ya que lo hacía de una forma muy singular, a veces a saltitos, otras tambaleándose estirando una pata, luego la otra. Cuando encontraba alguna dificultad, Aris hacía una señal: “ñeck, ñeck” piedra en el camino, “uh, uuh” agáchate un poquito no te pegues en la cabezota con la rama, “cric, cric” ánimo que viene cuesta.

La noche pasaba tranquilamente sin incidencias. Durante el camino, unas luciérnagas los acompañaron a oscuras, para no llamar la atención, un tramo como despedida. Aris las saludo y dijo en silencio “muchas gracias”. De vez en cuando hacían un alto en el camino para descansar y que Aris aprovechaba para curar a Mirion. En una de las paradas, una pareja de ardillas se acercaron y les ofrecieron unos frutos para que comieran algo. Ambos se lo agradecieron y las ardillas volvieron al árbol. Aris recordó una conversación que tuvo al principio con su amigo. Conocía el “Ciclo de la Naturaleza” y de cómo algunos animales se alimentaban de otros. A veces la entristecía pensarlo, pero como le dijo Iliria, era ley de vida. Pero todo en Mirion era diferente, empezando por su plumaje plateado, y se sorprendió gratamente cuando descubrió que sólo comía fruta. El resto de animales del bosque percibían que no corrían ningún peligro y se aproximaban tranquilamente, como en el caso de las ardillas.

El amanecer se acercaba y pronto tendrían que buscar un lugar donde esconderse. Aris encontró un agujero por donde entraba Mirion y que resultó ser una madriguera de conejos donde vivía una pareja. Muy amablemente pidieron permiso, el cual se lo concedieron sin ningún problema. Cuando entraron, descubrieron que hacía poco habían sido padres de cuatro pequeños conejillos. Ese día poco durmió Aris, ya que no dejó de jugar con las crías, tres pequeñas y un pequeño. También les contaba historias con moraleja para que no se metieran en líos, como le había pasado a ella. Mirion la escuchaba atentamente y pensaba cómo un hada tan pequeña, podía parecer tan responsable. ¿Cómo de desesperada se debía de haber sentido para emprender ese viaje? Pero si no llega a ser por eso, él habría... Un escalofrió recorrió su cuerpo y después dio gracias al destino por haberla llevado hasta él.

A la hora de partir, al caer la noche, los conejos les ofrecieron unas zanahorias de su despensa y Aris se despidió efusivamente de los pequeños. La noche transcurrió sin problemas, sin contar cuando al intentar cruzar un riachuelo, la pequeña subida encima de Mirion, éste se resbaló y ambos se mojaron de arriba abajo. El hada no pudo contener la risa cuando vio la pinta cómica de su amigo enojado y con las plumas húmedas pegadas al cuerpo. Mirion al final también acabó riendo gracias a la contagiosa risa de Aris. Un nuevo amanecer llegó, esta vez se escondieron en el hueco de un tronco, el cual estaba deshabitado.

—Cuéntame más cosas sobre el lugar donde habitas y las demás hadas que conviven contigo, pequeña —dijo Mirion, ya que sentía cierta curiosidad sobre el lugar donde lo llevaba. El hada ya le había explicado algo, pero quería saber más. Aris empezó a contarle cosas sobre Annor, el Día del Florecimiento, sus hermanas entre ellas Ladis, Iliria, Alin, la historia de la Mariposa o como habían intentado construirle unas alas...

—Aris.... ¡Aris! —la voz asombrada de Mirion cortó la charla sobre el día a día en el Gran Árbol.

—¿Qué te pasa? ¿Te ocurre algo? —dijo la pequeña sobresaltada.

—Aris... —repitió emocionado—. Te veo... ¡Te estoy viendo! —La pequeña se fijó en sus ojos y vio como los tenía un poco entreabiertos, pero lo suficiente para que sus llorosas pupilas negras asomaran por el hueco. —Tan sólo eres una mancha oscura borrosa, pero... ¡Distingo tu silueta! ¡Oh! Pequeña. ¡Muchísimas gracias! Gracias por todos tus cuidados... —acabó con voz temblorosa, sollozando de felicidad.

La pequeña hada se quedó sin palabras de la emoción. Solamente pudo acercarse a Mirion y fundirse en un cálido abrazo. Aris también rompió a llorar de alegría. Así se quedaron, esperanzados y felizmente dormidos, juntos, hasta que el sol se hundió por el horizonte. Pero no sospechaban que una Sombra se acercaba atraída por una maravillosa risa contagiosa.


* * * * * Imagen


Última edición por Gisso el Lun Sep 10, 2012 2:51 pm, editado 1 vez en total

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Gisso, tranquilo, no pasa nada, lo importante es que la historia quede completamente a tu gusto :D

Puedes estar seguro de que nosotros estaremos encantados de leer todo lo que pongas :lol:

Aunque espero que no hagas como George R. R. Martin y nos tengas años esperando el final :cunao: :cunao:

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Dragonet
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Gisso, creo que he encontrado una imagen de Aris :lol: :lol:

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Y si tarda años, ya me encargaré yo de que no pueda comentar mas libros hasta que termine la historia :twisted:


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¡Que Cruela, Lucía! :cunao: :cunao: :cunao:

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Jolin, me ha dado hasta miedo :noooo: . Si nos ponemos así, entonces habrá que finiquitar la historia antes de hacer otras cosas. No quiero ser merecedor del primer baneo de la historia por no acabar un relato :lengua: . Y bueno... Me he puesto manos a la obra :user: y estoy a puntito de acabar el penúltimo capítulo (y esta vez, en serio que es el penúltimo ¿o no?). Pero ahora ya toca cenar, asi que después lo termino, le hago un repasito y lo subo. Ya aviso que es más largo de lo normal :lista: . Hemos tenido momentos tiernos, momentos tristes, cómicos... creo que solo faltaba una cosilla :roll: ... Una cosa es segura, sabremos que pasa al final con las aventuras de Aris ¿o no? Paciencia :wink: .

Actualización: Parece que después de cenar me abandonaron la musas (se fueron a dormir pronto) y estuve a punto a terminarlo, pero no me convenció como estaba quedando :noooo: . Así que hoy, hasta que no acabe la quedada :roll: ...


Última edición por Gisso el Sab Jul 14, 2012 8:26 am, editado 1 vez en total

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Gisso escribió:
Paciencia

¿O no? :cunao:
Yo soy muy impaciente, ya lo sabes, así que date alegría :lol: :60:

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Era una romántica incurable, era intransigente, cínica y, dicho con un eufemismo, una ingenua.
Haruki Murakami


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Así me gusta, metiendo presión :mrgreen:


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- Capítulo undécimo


Los dos continuaron su camino hacia el este al caer la noche. Aris, aunque se sentía muy feliz por la mejoría de su amigo, le recomendó que por el momento aún no abriese los ojos, no fuera que se hiciese daño en la herida que todavía tenía. También habían bajado la guardia, ya que pensaban que se habían alejado lo suficiente y ya se atrevían a hablar, aunque en voz muy baja. Después de varias horas de marcha, llegaron a un pequeño claro donde el camino se cortaba por los matorrales y zarzas. Pero esta vez no había ningún paso con telarañas por donde cruzar al otro lado. Estaban en un callejón sin salida.

—Parece que el camino se pierde, ¿y ahora qué? —se preguntó en voz alta Aris.

—Bueno... Podrías montar sobre mí y pasar este tramo volando.

—¡Oh Mirion! Sería una buena idea, pero no tienes los ojos del todo curados y también estás herido en el ala. Podrías hacerte daño y entonces, lo más seguro que no pudiéramos continuar. Déjame buscar entre los matorrales primero, a ver si existe un paso y si no lo hay, entonces, tal vez, sólo tal vez crucemos este tramo volando. ¿De acuerdo?

—De acuerdo, pequeña. Pero si no hay un paso, habrá que arriesgarse.

Aris se despidió dándole un abrazo y se internó entre los matorrales. Al principio la maleza era muy espesa, pero poco a poco se iba aclarando. Ya estaba pensando como limpiarlo para crear un camino para su compañero, cuando de repente el suelo desapareció abruptamente para dejar paso a un profundo precipicio, por el cual casi se despeña. Justo enfrente de ella, apareció la imagen de la luna proyectando su reflejo sobre el Lago de Nymphrel. Se encontraban ya tan cerca y a la vez tan lejos. ¿Cómo podían salvar esa dificultad? Volando... Pero la pequeña tenía miedo que pudiera hacerse daño. Abatida, comenzó el regreso. Cuando llegó al claro, no vio a su amigo, eso la extrañó.

—¿Mirion? —llamó la pequeña en voz baja—. ¿Mirion, donde estás?

De súbito, una sombra descendió del cielo a gran velocidad hacia ella. Aris levantó la mirada y vio como unas aterradoras garras se acercaban a ella. Sorprendida, no pudo gritar, tan sólo encogerse sobre sí misma y observar cómo se aproximaba posiblemente el final. Cuando creía que todo estaba ya perdido, un rayo de luz plateada pasó por encima de la pequeña. El encuentro y el choque entre Mirion y Sombra fue terrible, igual que la lucha que comenzó en ese momento.

—Mirion, no. ¡Mirion! —gritaba, ahora sí, Aris mientras se acercaba a las dos aves corriendo. Intentó abalanzarse sobre Sombra, pero un fuerte golpe la alejó de la batalla dejándola desorientada.

El combate continuó y la pequeña tan sólo pudo que observar. Aunque Sombra lo doblaba en tamaño, nunca había visto contraatacar y defenderse de una forma tan valiente y audaz. Pero las heridas en ese momento le pasaron factura, un golpe de dolor en el ala dejó aturdido a Mirion y Sombra lo aprovechó, dejándolo tumbado y posándose sobre él. Un mueca grotesca se dibujó en el pico de Sombra, disfrutando de la victoria, preparando el golpe de gracia. Aris intentó ponerse en pie, pero enseguida cayó de nuevo mareada. Esta vez sí era el fin...

Unas piedras golpearon el rostro de Sombra justo cuando comenzaba el ataque final. Antes de que se pudiera reponer del golpe, más proyectiles chocaron contra él apartándolo de Mirion. Colérico, intentó descubrir de donde provenían. Para su sorpresa, unas ardillas tiraban piedras desde lo alto de un árbol. Sombra emprendió el vuelo hacia ellas. Mirion aprovechó el momento y se puso en pie, corriendo hacia la pequeña.

—Corre Aris. ¡Corre!

—Pero... las ardillas, están en peligro —contestó alarmada.

—No te preocupes por ellas, seguro que sabrán como escapar. ¡Corre hacia los matorrales!

—Pero no hay salid...

—¡Corre! —cortó tajantemente. Ambos se introdujeron entre la maleza por donde había vuelto la pequeña momentos antes. Mirion, luchaba por cruzar los matorrales, arañándose y cortándose. Detrás de ellos, un gran golpe y un movimiento brusco llamó su atención. Era Sombra, que había vuelto tras escapársele las ardillas. Intentaba llegar hasta ellos y atraparlos, para acabar con lo que había empezado. Al final llegaron al precipicio.

—¡No hay salida! —gritó con desesperación Mirion.

—Eso es lo que te estaba intentado decir, pero no me has dejado acabar... ¡Oh, no! Tus ojos, Mirion, están sangrando —contestó asustada y entre sollozos Aris. La herida del rostro se había vuelto a abrir. Sombra estaba cada vez más cerca. El tiempo parecía detenerse, mientras su amigo se había quedado inmóvil, indeciso.

—No hay más remedio. ¡Deprisa, monta sobre mí!

—Pero Mirion, aún no te ves bien, estás sangrando y muy malherido. ijo Aris azorada.

—Ahora no te preocupes por eso, pequeña. ¡Monta rápido! Tú serás mis ojos, yo seré tus alas.

Sombra estaba a punto de alcanzarles. Las miradas de ambos se cruzaron, una herida, sangrante y casi cerrada, la otra turbia por las lágrimas. Aris decidida, al fin montó sobre él, abrazándolo. —De acuerdo, tú serás mis alas y yo tus ojos.

Justo en el momento que daban el salto, el pico afilado de Sombra escapaba de entre los matorrales para alcanzar su cola, arrancándole varias plumas. Pero no logró atraparlo. Ambos caían ahora al vacío. Mirion abrió sus alas pero una fuerte punzada de dolor hizo que se quedara paralizado. La rocas cada vez estaban más cerca.

—Mirion, vuela por favor, no puedes darte por vencido. Eres fuerte. Esto no puede acabar así. Ánimo, tienes que venir conmigo, conocer mi casa y al resto de la comunidad. Yo te curaré y te cuidaré, pero primero debemos escapar, tienes que volar —Aris lo animaba dulcemente con la voz entrecortada, mientras lo acariciaba. Al fin reaccionó en el último momento, casi rozando las rocas y tras un terrible ululato de dolor, pero de triunfo, logró emprender el vuelo. La pequeña también chilló emocionada.

—Aris, podemos lograrlo y lo lograremos, pero me tienes que ayudar. Estoy casi ciego y tan sólo veo sombras ensangrentadas. Entre los dos saldremos de ésta, pero necesito que me guíes, ¿de acuerdo pequeña?

—De acuerdo, Mirion —contestó Aris cariñosamente en un momento de respiro. Estaba volando de nuevo, pero esta vez tenía una sensación distinta, cautivante, acogedora, como si fuera ella misma la que volara libre. Dos seres distintos, almas gemelas.

Comenzaban ya a sobrevolar el Lago Nymphrel. El reflejo de la lechuza y la luna se fundieron en una sobre sus aguas. Aris se giró hacia atrás. No pudo contener el grito cuando vio que Sombra se acercaba a ellos peligrosamente.

—¡Oh, no! Si sigue así nos alcanzará pronto, es más rápido que nosotros. —La pequeña observó como los árboles pasaban por su derecha a gran velocidad. En tan sólo unos segundos, tuvo una idea. —Gira a la derecha, tenemos que internarnos en el bosque. Somos más pequeños que él y si volamos entre las ramas tal vez lo perdamos.

—Pero Aris, mi visión es casi nula y...

—Me acabas de decir que sí te ayudaba y te guiaba, lo lograríamos. Entonces, ¿confías en mí?

Mirion no dudó ni un momento y viró hacia el bosque. Entonces ocurrió algo mágico y misterioso, sus mentes y pensamientos se fundieron creando un solo ser. Mirion veía a través de los ojos de la pequeña; Aris sentía, guiaba y daba fuerza a sus alas. Empezaron a atravesar los árboles, esquivando las ramas a gran velocidad. Poco a poco iban dejando atrás a Sombra, que no podía seguir su ritmo.

—¡Lo estamos dejando atrás! Ánimo Mirion, lo vamos a lograr. —Volvió a mirar hacia atrás justo en el momento en que Sombra no pudo esquivar una rama y se desplomaba hacia el suelo.

—¡Se ha golpeado y ha caído! —gritó triunfalmente Aris—. Lo estamos perdiendo. Sigue así, amigo.

Ambos continuaron volando a gran velocidad entre las ramas sin detenerse, durante un tiempo que les pareció eterno. Ya hacía bastante que no veían ni rastro de Sombra, ¿tal vez hubiera abandonado la persecución? Aun así no aflojaron la marcha. El cobijo de los árboles acabó de súbito, la luz plateada de la luna los iluminó, dándose un baño con ella.

Todo parecía tranquilo, cuando se hizo la oscuridad. Un horripilante graznido desgarró la noche, bajando hacia ellos sin darles tiempo a reaccionar. Sombra los había seguido por encima de los árboles y ahora los atacaba. La colisión fue terrible y ambos cayeron al suelo golpeándose fuertemente en él, aunque la hierba amortiguó la caída.

Mirion, abrió dolorido y como pudo los ojos. Cerca de él se encontraba Aris tumbada. No se movía, había perdido el conocimiento. Miró al cielo y vio con terror como Sombra se elevaba y se preparaba para atacarles de nuevo. En un último intento desesperado por protegerla, se arrastró hacia la pequeña para cubrirla con su cuerpo. Ya no le quedaban fuerzas para nada más. Tal vez se conformara con él y la dejara en paz...

La sombra se hacía cada vez más grande, cubriéndolos de oscuridad y desesperación tal como descendía. Mirion se preparó para el impacto, pero este nunca llegó. Todo se quedó en silencio, nada se movía, tan sólo dos aleteos por encima de ellos: uno feroz, lento y pausado; el otro casi imperceptible, como una suave brisa musical. Se atrevió a mirar hacia el cielo y lo que vio, lo dejó asombrado, ¿estaría soñando?

Sombra se encontraba paralizado en el aire a pocos metros, alarmado, inseguro. En frente de él, una pequeña criatura alada se había interpuesto en su camino con los brazos abiertos de par en par.

Iliria no podía dormir esa noche y se había levantado para dar una vuelta. Llevaba dos días de camino en la dirección que le había contado la mariposa. También le advirtió de un peligro alado que había llegado de más allá de la montañas nevadas, así que hicieron un grupo de búsqueda y rescate, tardando varios días en prepararse. Con ella le habían seguido Alin, Édhal, Ladis y Zaría, entre otras muchas hadas. Al resto de pequeñas no las habían dejado ir con ellas. Estaba en un claro observando la luna, mientras sus pensamientos iban en busca de Aris. Notaba en su corazón que algo no iba bien, que la pequeña estaba en peligro y esa desazón no la dejaba conciliar el sueño.

—Sé que estás cerca, estás muy cerca pequeña. ¿Dónde te encuentras? ¿Estás bien? ¿Estás bien, pequeña?

Los rápidos acontecimientos que siguieron después la dejaron desconcertada. Una lechuza plateada, apareció de improviso volando con urgencia. Intentaba escapar de algo y pronto descubrió de qué. Un graznido en el cielo le heló la sangre. Una sombra bajó de él y atacó a la lechuza, lanzándola contra el suelo. En ese momento la vio, no podía ser... ¿acababa de ver como Aris caía de su lomo junto a él, golpeando la hierba? Iliria reaccionó en ese momento, sí, era Aris y había quedado extendida en tierra sin moverse. Iliria se lanzó hacia ella, alarmada, al mismo tiempo que la lechuza. Entonces vio como la Sombra descendía hacia ellos de nuevo y sin pensárselo, voló rápidamente y se interpuso entre ellos para protegerlos. Sombra se detuvo en seco, turbado por el inesperado encuentro. Las miradas de ambos se cruzaron. Iliria se fijó en su único ojo de color rojizo, perverso y lleno de malicia. Pero no se amedrentó ante él, había encontrado a Aris, no la iba a volver a perder ahora. Iliria se envalentonó, parecía crecer en tamaño.

—Vete de aquí, criatura perversa. En este bosque no hay sitio para ti ni para tus maldades. Vuelve por dónde has venido y deja regresar la paz que ha huido atemorizada ante tu llegada. Aún estas a tiempo, tú no perteneces a este lugar. Márchate y déjanos vivir en paz y armonía como hasta ahora.

Sombra, abrumado por la enérgica y valerosa voz de la anciana hada, empezó a vacilar. La indecisión se apoderó de él y comenzó a volar en círculos. De nuevo se detuvo y miró fijamente a Iliria, con energías renovadas. Sus voluntades colisionaron, comenzando una dura lucha. Pero esta vez fue Iliria quien empezó a flaquear, cansada por la avanzada edad. Lentamente fue empequeñeciendo ante Sombra, perdiendo su fortaleza. Todo parecía perdido, cuando una voz resonó detrás de la anciana hada.

—¡Márchate criatura! Como ya ha dicho nuestra matriarca, no perteneces a Nymphrel. Y no está sola en esta lucha, ¿te enfrentaras conmigo también? —la voz era la de Alin, que alarmada por el graznido, se había acercado al lugar y ahora se encontraba al lado de Iliria de una forma protectora.

—¿O conmigo? —detrás de ellas, apareció Édhal.

—¡O con nosotras! —Ladis y Zaría también habían llegado, uniéndose a Iliria, Alin y Édhal.
Poco a poco, el resto de hadas fueron apareciendo y comenzaron a rodearlo. Y no sólo ellas, también otros habitantes del bosque como roedores, pájaros e insectos, todos se unieron frente a un enemigo común. Sombra miraba de un lado a otro desconcertado, mientras iba perdiendo su entereza. Temblaba de furia, pero no se atrevía a atacar, un temor hasta ahora desconocido para él lo paralizaba.

—Esta es la fuerza de vivir en una sociedad en paz y armonía, del poder de la amistad, el amor y la ternura, que para ti es tan desconocido. ¿Lucharás contra ese poder? ¿Lucharás contra todos? ¿Contra mí también? —como una última estocada fueron las palabras de Mirion, resquebrajando completamente el aplomo de Sombra. Se había puesto en pie y con ojos heridos, pero ahora abiertos de par en par, miraba fijamente a su enemigo que tanto daño le había causado. La luz de la luna se reflejaba en él, proyectándola hacia Sombra. Por fin, dándose cuenta de la situación, humillado, herido por resplandor de Mirion, se dio por vencido y retomando el vuelo, se alejó cruzando las montañas por donde había llegado para nunca más volver.

Cuando desapareció por el horizonte, la tensión palpable en el ambiente fue cambiada por una sensación de júbilo. Lo vítores y gritos de alegría, fueron llenando los huecos de silencio en el bosque, haciendo que la noticia de que Sombra había huido se expandiera rápidamente. Pero la alegría duró poco.

—Señorita Iliria. Corra por favor. Aris está muy mal herida y no responde. Por favor, venga —la voz de Ladis, casi más un gemido de dolor, rompió la felicidad del momento alarmando al resto de hadas. Iliria corrió hasta donde se encontraba tendida. Estaba lívida y respiraba con dificultad, parecía dormir en una pesadilla. Un corro se hizo a su alrededor.

—¡Apartad, apartad! —gritó Iliria—. No debemos atosigarla. Volver al campamento, ir a preparar una tienda para acomodarla y traer una camilla para trasladarla. También tenéis que recolectar plantas medicinales, eso lo dejo a tu cargo, Alin. Y calentar agua.

Todas las hadas se pusieron en marcha enseguida, quedándose junto a Aris, Mirion, Iliria, Édhal y Ladis con caras de preocupación.

—Pequeña, resiste por favor. Por favor. Ahora no te puedes ir, ahora no —comenzó a murmurar la anciana hada. Édhal y Ladis empezaron a sollozar. Entonces la pequeña entreabrió los ojos con dificultad, sorprendiéndose al ver caras conocidas.

—Señorita Iliria, ¿está aquí conmigo, de verdad? ¿No es un sueño? Queridísimas Ladis y Édhal, ¿también vosotras? Habéis venido a por mí, a buscarme, que buenas sois... Mirion, ¿tú también estás en mi sueño?

—Oh Aris, ¡Aris! —empezó a hablar Édhal terriblemente apenada—. ¿Por qué me hiciste caso? ¿Acaso no conoces mi estúpida imaginación? Nada de lo que te dije era verdad, pero no lo hice para hacerte ningún mal, tan sólo quería animarte. Cabeza hueca, porqué tuviste que hacerme caso. Perdóname, por favor. Lo siento, lo siento... —sin parar de repetir estas últimas palabras, se tumbó y la abrazó con ternura, mientras sus lágrimas caían sobre el pecho de la pequeña.

Aris posó lentamente su mano sobre la cabeza de Édhal y empezó a acariciarle el pelo.

—¿Por qué pides perdón? No has hecho nada malo, tan sólo intentaste ayudarme. Si no fuera por ti, no hubiera conocido y sentido tantas cosas. En todo caso, la que tiene que pedir perdón soy yo. Lo siento, siento mucho que hayáis tenido que pasar tan malos momentos por un hada tan imprudente. Ladis, lo siento por no decirte nada aquella noche, que mal lo debiste pasar al no encontrarme por la mañana. Y por favor, pídele también disculpas a Silvén por haberle robado sus pastelitos.

Ladis no contestó por el nudo que tenía en la garganta, tan sólo pudo que asentir. La pequeña se giró hacia su amigo. –Mirion, ¿estás bien? Aún estás sangrando, pobrecito. ¿Dónde está Sombra?

—Ahora no te preocupes por mí, pequeña, yo estoy bien. Sombra... se ha ido para no volver...

Aris suspiró de tranquilidad tras la noticia. Luego continuó hablando—. Amigas, no os he presentado. Él es Mirion. Estaba herido por Sombra cuando lo encontré, espero que lo acojáis y lo curéis como se merece. Ha hecho tanto por mí enseñándome tantas cosas. Él me ha hecho sentir lo que es verdaderamente volar... ¿Has visto Iliria? ¡Ya tengo alas! Mirion me las presta...

Los ojos se le cerraron con esas últimas palabras. Su rostro, feliz y apaciguado, parecía dormir en un sueño eterno. Todos ahogaron un grito al verla. Ladis empezó a hablarle, cogiéndole dulcemente de la mano.

—¿Aris? ¡Aris! Despierta, por favor. No te duermas, no te puedes dormir ahora...

—¡No! No puede ser verdad... —continuó Édhal, fijándose en el rostro de la pequeña y luego girándose hacia Iliria con cara de incredulidad—. No puede estar muerta, ¿verdad Iliria? No puede estarlo.

Iliria se quedó en silencio, sus ojos empezaron a humedecerse, brillantes por las lagrimas. Se acercó hacia Ladis y Édhal y posando suavemente sus manos sobre los hombros de ambas, las apartó lentamente. Mirion levantó la mirada hacia la luna y ululó cara a ella con aflicción y amargura.


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Última edición por Gisso el Lun Sep 10, 2012 3:28 pm, editado 1 vez en total

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Traducción al español por Huan Manwë para phpBB España