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NotaPublicado: Mar Jun 05, 2012 7:34 pm 
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- Capítulo cuarto

El sol estaba a punto de asomar tímidamente por encima de los picos coronados de nieves eternas entre unas pocas nubes matinales. Las pequeñas se habían reunido a escondidas en una de las ramas más altas de Annor. Silvén masticaba con tranquilidad su tercer pastelito doble de miel y manzana, mientras observaba con curiosidad al resto de hadas. Tánir se encontraba a su lado, no se atrevía a acercarse por si hacía alguna de las suyas.

—Ya tenemos todo preparado. ¿Estás lista, Aris? —dijo Zaría con voz de mando mientras hacía un saludo al estilo militar.

Aris asintió, aunque estaba bastante asustada. Se encontraba al borde de la rama con el invento de Zaría y que habían construido entre todas (menos Silvén y Tánir por motivos evidentes). Por medio de unos tronquitos, cuerdas y un par de hojas, le habían hecho un par de alas sujetas desde la espalda, pasando por los brazos hasta las manos y que mediante unas abrazaderas, las tenía sujetas a ellas para darles movimiento. Una tercera hoja con otro tronquito hacía de cola, que según Zaría, era para darle estabilidad en el vuelo como en los pájaros. Tenía el aspecto de una cometa y que recordaba al perfil de una golondrina.

—Prueba a moverlas. —Aris hizo caso a Zaría y empezó a mover los brazos. Aunque tenía que hacer algo de esfuerzo, las alas artificiales se movían bastante bien. “Tal vez funcione”, pensó.

Ladis se acercó y le dio un beso en la mejilla—. ¡Mucha suerte!

Aris se lo agradeció con la mirada y una gran sonrisa. Ólanis también se acercó y empezó a avasallarle con consejos, ánimos, opiniones personales de cómo lo tenía que hacer. Le apretaba una cuerda aquí, alisaba un trozo de hoja acá, mientras detrás de ella Prins asentía a todo lo que decía.

Zaría empezó a bostezar y como vio que Ólanis no se daba por aludida, al fin la cortó hablando poéticamente—. Llegó el momento, es hora de dar el gran salto y navegar por el cielo azul.

—O estamparse estrepitosamente contra la fina hierba verde cubierta por el rocío matinal —contradijo poéticamente Míril, que no lo veía nada claro y estaba totalmente en contra.

—Venga Míril, no seas tan derrotista. No queremos asustar a Aris, ¿verdad? Ahora sí, llegó el momento. Aris, coge carrerilla y luego te lanzas batiendo las alas, ¿de acuerdo? Nosotras estaremos cerca de ti —y dicho esto, Zaría empezó a revolotear, seguida del resto de hadas menos de Silvén, que había empezado con unas magdalenas de semillas de anís, y de Tánir, que estaba ocupada tapándose los ojos con las manos, pero observando por los huecos que dejaba entre los dedos.

Aris cogió aire y lo soltó, repitiendo el proceso varias veces más para tranquilizarse. Miró al cielo, suspiró. Sí, podía hacerlo, tenía que hacerlo. Retrocedió, cogió carrerilla... ¡y saltó!

—Está volando... ¡Está volando! —gritaron varias hadas con asombro. Aris batía las alas acompasadamente. Notó como la brisa le acariciaba suavemente el rostro, por fin conocía la sensación de libertad que daba el volar. Un cosquilleo le subió por el estómago y que fue apoderándose del resto de su cuerpo. Una gran sonrisa se le empezó a dibujar en el rostro, mientras aspiraba una bocanada de aire profundamente. Pero su alegría duró poco...

—Oh, no... Está cayendo, ¡está cayendo! —gritó Míril.

Y era cierto. Aris había empezado a planear, que no a volar, y cuando la inercia del salto la abandonó, el invento de Zaría empezó a caer por mucho que el hada moviera las alas desesperadamente. Rápidamente Zaría y Ladis volaron en su ayuda para sujetarla e intentar acercarla a alguna rama de nuevo. Cogieron cada una de un ala, pero pesaba demasiado para las pequeñas. Al final, las cuerdas desgarraron las hojas antes de que llegaran el resto de hadas y Aris cayó al vacío mientras gritaba. Sus hermanas miraban con horror como caía.

Tres sombras pasaron presurosas a través de ellas, eran Édhal y Alin seguidas de Iliria. Las dos primeras consiguieron llegar hasta Aris antes de que tocara suelo, deteniendo su caída con suavidad y posándola en la hierba. Iliria tuvo que volverse para ayudar a Silvén, ya que se había atragantado del susto y no podía respirar. Tánir se había desmayado entre sollozos. El resto gritaba mientras se acercaban a Aris, que temblorosa, estaba acurrucada en la hierba cubriéndose el rostro con las manos. Hasta Prins había perdido su sonrisa.

—¡Ay! ¡Ay! —gritaba Míril—. Os lo dije, esto no podía acabar bien...

—¡Aris! —gritaba Ladis también, mientras se echaba presurosa encima de su amiga abrazándola asustada, apartando a Édhal—. ¿Estás bien? ¿Cómo te encuentras?

Alin iba a empezar a hablar, cuando una voz resonó con firmeza detrás de las pequeñas —. Bueno, bueno. ¿Qué está ocurriendo aquí? ¿Qué está ocurriendo? Y no quiero que me mintáis. Édhal, sube a ayudar a Tánir, que parece que está despertando y no quiero que se nos precipite al vacío también. No quiero. ¿Quién va a contármelo? ¿Quién?

Las pequeñas se dieron la vuelta, mientras Édhal obedecía con una sonrisita dibujada en el rostro y sacaba un poco la lengua como diciendo “os habéis metido en un buen lio y esta vez, no es culpa mía”, mientras emprendía el vuelo. Era Iliria la que había hablado. Detrás de ella estaba Silvén con la cara aún enrojecida y los ojos llorosos por el atragantamiento.

—Yo creo que tengo cierta idea de quién puede haber sido la instigadora de todo esto —comentó Alin mientras observaba con el ceño fruncido a Zaría. Ésta tan sólo pudo que desviar la mirada avergonzada.

—¿Alguien va hablar? ¿Alguien? —continuó Iliria mientras ponía los brazos en cruz. Al final, tragando saliva, Zaría comenzó a relatar la historia, siendo interrumpida continuamente por Ólanis y recriminada en ocasiones por Míril. Al acabar, Alin e Iliria quedaron en silencio y con el semblante muy serio. Esta vez todas las pequeñas tragaron saliva, incluida Tánir, que había bajado acompañada de Édhal y que aún hacía pucheros.

—No las castigue ni les haga nada señorita Iliria, por favor —comenzó a decir Aris, que ya se había tranquilizado y se estaba poniendo en pie con la ayuda de Ladis. Hablaba cabizbaja, sin cruzar su mirada con la de Iliria o Alin—. Aunque la idea ha sido de Zaría y todas han trabajado en esto, no lo han hecho con mala intención. Han querido ayudarme, para que me sintiera mejor —y ahora levantando el rostro y mirando directamente a los ojos de la anciana hada, continuó—. Gracias a ellas, por un momento he apreciado lo que es la sensación de volar, de sentirme libre, de percibir la brisa en mi rostro. Y aunque ha sido peligroso, al final no ha ocurrido nada grave (si bien podría haber ocurrido). Y nada de esto habría pasado si yo no hubiera aceptado. Así que no las castigue, por favor, ellas sólo me han querido ayudar.

Tal como iba hablando Aris, Iliria iba suavizando su semblante. Había notado que la voz de la pequeña vibraba de la emoción y una luz nueva le iluminaba la mirada. Había sido peligroso, sí, pero por un momento había sido feliz. Aunque tenía que zanjar el asunto para que no volvieran a hacer nada parecido.

—Bueno, bueno pequeñas, por esta vez os vais a librar. Pero a la próxima que se os ocurra hacer algo fuera de lo común, mejor buscáis nuestra aprobación y consejo. ¿Queda entendido? ¿Entendido?

Poco a poco, a las pequeñas se les iba pasando el susto y respondieron al unísono un “sí, señorita Iliria”.

—Sobre todo, esto va por ti, Zaría. Lo has entendido, ¿verdad? —continuó Alin, posándole la mano sobre el hombro de forma amistosa. Zaría bajó la mirada ruborizada.
Édhal soltó una risita traviesa. Alin se giró hacia ella y le propinó un suave coscorrón—. Y esto no sólo va por las más pequeñas. ¿Ha quedado claro, Édhal?

Entonces fue ella la que se sonrojó y bajó la mirada, mientras el resto de hadas reían.

Esa noche tuvieron doble postre después de la cena, menos Silvén, que lo tuvo triple. Aris pasó el resto del día abstraída, algo había cambiado en su corazón y su pensamiento. Su deseo por volar hasta las estrellas había aumentado.


* * * * * Imagen


Última edición por Gisso el Lun Sep 10, 2012 2:23 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Mar Jun 05, 2012 8:02 pm 
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He leído los cuatro capítulos de un tirón. No recuerdo cuándo fue la última vez que leí algo sobre hadas, pero esta historia me está gustando. Esta parte es la que me dio más pena:

Gisso escribió:
Aris apareció corriendo y se abrazó a las faldas de su anciana tutora.

- ¿Por fin podre volar hoy, señorita Iliria? – Dijo melodiosa y alegremente, así era su voz.


Pobre Aris, y luego casi se mata con ese invento que sólo la hizo planear en el aire por unos segundos.

Te iré siguiendo. :) Un saludo.

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«Soy un investigador del Mal, ¿y cómo podría investigarse el Mal sin hundirse hasta el cuello en la basura?» Informe sobre ciegos.

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NotaPublicado: Mar Jun 05, 2012 11:57 pm 
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Gisso, la historia te está quedando muy bien y todas las haditas son muy simpáticas y caen genial :D Espero que todo les vaya bien :D

Una duda que me ha surgido es
¿cuál es la vida media de las hadas? Si nacen cada año no pueden vivir demasiado o habría muchísimas hadas en el árbol, ¿no? Aunque con lo poco que ocupan quien sabe :lol: :lol:

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Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.

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NotaPublicado: Mié Jun 06, 2012 3:06 pm 
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Gracias Fernando por tu comentario y me alegra que te guste :402: . Yo ni sé cuando he leído algo sobre hadas, pero esta historia me vino a la mente sobre todo por mi hermana, que tiene la casa repleta de hadas y también por un lugar que conozco de la montaña. Y una cosa llevó a la otra...

Gracias Sinkim de nuevo, me gustaría que las haditas fueran algo entrañables :icon_smile_blush: . En cuanto a tu duda, resulta que pensaba explicarlo un poco en el próximo capítulo por medio de Iliria :blahblah: . Pero te puedo adelantar que suelen ser unas cien hadas conviviendo y son pequeñitas, no más de 5/10cm. La vida media, lo explicaré en el próximo, junto a algo que se conoce como “La Llamada” :| . Tampoco he hablado sobre como es Annor, pero es que en un principio iba a ser un relato corto :roll:

...ya, ya... :cunao:

¡Saludos :60: !


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NotaPublicado: Mié Jun 06, 2012 7:32 pm 
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Genial Gisso :P Me está gustando, aunque sea pelín tierna. Yo es que también lo soy :lengua:

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-¿Dónde vas tan raudo, circunspecto y asaz atribulado?
-Pues iba a cagar, pero ahora voy a por un diccionario.


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NotaPublicado: Mié Jun 06, 2012 7:36 pm 
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Gavalia escribió:
Me está gustando, aunque sea pelín tierna.

No le digas eso, que pronto coge la motosierra Imagen :cunao:

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Era una romántica incurable, era intransigente, cínica y, dicho con un eufemismo, una ingenua.
Haruki Murakami


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NotaPublicado: Sab Jun 09, 2012 7:56 am 
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:hola: Gisso :D
Muy buen relato. Me gustan mucho las hadas, duendes...,etc. Seguire leyendo la continuación :?:
Cariños y :60:

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¨Justifica tus limitaciones, y ciertamente las tendrás¨ Richard Bach


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NotaPublicado: Sab Jun 09, 2012 11:26 am 
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Gavalia, gracias compi por el comentario :402: (por cierto, que se sabe de Yawelin :lista: ). Y para una vez que me pongo tierno :oops: ¿verdad Alice :cunao: ? Mira que saco la primera versión de la historia y :twisted: ...

Shimoda, gracias a ti también por comentar y me alegra que te guste :wink: . Y si, el cuento continúa aun algunos capítulos más. Espero hoy sacar uno nuevo y poder empezar otro. Que yo soy un poquito lento al escribir :comp punch: y el domingo lo tengo saturado. Saludos :60: !


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NotaPublicado: Dom Jun 10, 2012 12:27 am 
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Creo que el nuevo capítulo me está costando más de lo que yo pensaba y hoy no he tenido mucho tiempo, aparte de que ya estoy cansado :sleepy: . Pero ya aviso que viene con un poco de “paja” :blahblah: , aunque pienso que es una información que debe de estar.

También quería decir que he hecho un pequeño cambio en el capitulo primero y es que se me había olvidado decir que Iliria es la Matriarca de la hadas. A ver si mañana lo subo. Buenas noches :hola: !


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NotaPublicado: Dom Jun 10, 2012 10:42 am 
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Deliciosa historia :D Está hecha de modo ilusionante, con entusiasmo, se nota :wink: Felicidades :D

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La amabilidad sólo puede esperarse de los fuertes, son los débiles los que son crueles (Leo Rosten)

Lee mi novela El colisionador de hadrones

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NotaPublicado: Dom Jun 10, 2012 9:44 pm 
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Gracias Katia :402: , la verdad es que le estoy sacando mas jugo de lo que esperaba a este relato, pero espero no andarme mucho por las ramas y acabe quedándose algo largo :silbando: .

He terminado el quinto capítulo, después de cenar lo repaso y subo :hola: .


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NotaPublicado: Dom Jun 10, 2012 10:48 pm 
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- Capítulo quinto

El verano seguía su curso, igual que el aprendizaje de las pequeñas junto a sus tutoras. Zaría se había convertido en una excelente voladora, mientras que Míril y Ólanis tenían una particular rivalidad en cuanto a la enseñanza teórica. Tánir, la pobre, llevaba en esos momentos el brazo entablillado después tener uno de sus despistes. Su tutora no ganaba para sustos.

En cuanto a Aris, seguía sin crecerle las alas. Iliria ya había perdido toda esperanza de que lo hicieran. Aunque no podía seguir a sus hermanas en las clases de vuelo, se había convertido en una rápida y ágil trepadora. En las enseñanzas que en algún momento era necesario volar para llegar a cierto punto, sus compañeras siempre la ayudaban, esperaban pacientemente o la acompañaban.

Después del incidente, a Aris ya no se le veía triste al observar a sus compañeras volar, pero si abstraída. En sus ratos libres, desaparecía. Esto no había pasado desapercibido, sobre todo para su tutora y Ladis, aunque no se entrometían. La pequeña buscaba unos momentos de soledad en un lugar escondido, tranquilo y bastante frondoso, junto a una pequeña cascada cerca del lago. Ahí dejaba volar su imaginación, nunca mejor dicho. Pasaba el rato fantaseando que surcaba los cielos o intentaba mejorar el invento que le había construido Zaría, haciendo esbozos en su diario y que toda hada tenía.

Iliria siempre estaba atenta, nunca un hada se había volcado así con su pequeña aprendiz. No era cotilla, pero la especial condición de Aris había hecho que en ocasiones echara una ojeada a su diario, descubriendo los dibujos y sus pensamientos más profundos. Esto la apenaba profundamente, aunque no lo demostrara cara hacia ella. En él había descubierto que tanto ella como Ladis eran sus principales pilares y eso la entristecía todavía más. Había vivido ya veintidós primaveras convirtiéndola en un hada de muy avanzada edad, incluso para lo que solía ser normal entre ellas, ya que vivían de dieciséis a veinte años. Temía que pronto le llegara la hora de “La Llamada” y tuviera que abandonar a Aris. Muchas veces pensaba porqué el destino había reunido a dos hadas tan especiales, ya que Iliria había sido la única nacida en su Florecimiento, después de que Annor pasara tres años sin traer al mundo hada alguna.

La Llamada era el momento más triste y enigmático en la vida de un hada. Nadie sabía que era lo que realmente pasaba, tan sólo rumores, ya que este hecho ocurría en la madrugada mientras el resto de hadas dormían profundamente, tal vez por voluntad de Annor. Se decía que al final de su vida, el hada despertaba en mitad de la noche atraída por una llamada interior que le hacía el Gran Árbol. No se despedía de ninguna compañera, tan sólo dejaba su diario (que pasaba a formar parte de la Gran Biblioteca Oculta de las Hadas) y una carta de despedida. Si el hada era la matriarca, dejaba otra nombrando a su sucesora. Entonces abandonaba su aposento en silencio y salía al exterior en busca de una entrada oculta que solamente se descubría durante la noche de La Llamada. Se introducía por ella para llegar a una pequeña estancia. Allí se recostaba para empezar su sueño eterno mientras la entrada secreta se volvía a cerrar. El Alma del hada en ese momento retornaba a la Savia de Annor, fusionándose de nuevo con él. Así contaban las habladurías como era el final de la vida de las hadas, pero si esto era cierto, nadie lo sabía con certeza.

Aris había acabado la clase del día, que trataba sobre que frutos pequeños eran venenosos y cuáles no. En esta clase de lecciones hacían bastante hincapié con Silvén, ya que para ella todo le parecía comestible. Ya habían tenido algún que otro susto y un buen dolor de barriga de por medio, seguido de un “te lo dije” por parte de Míril.

La pequeña había comenzado su camino hacia su lugar secreto. Hoy tenía varias ideas en mente y quería dibujarlas. También le apetecía darse un baño en el Nymphrel, ya que era un día bastante caluroso. Aunque aún no había dicho nada, había aprendido por su cuenta a nadar, cosa que hacía bastante bien. Pocas hadas sabían hacerlo aceptablemente, ya que en el agua se sentían torpes y muy vulnerables, porque al mojárseles las alas no podían volar. Les daban clases, claro, para prevenir sobre todo accidentes, pero aún no había llegado el momento y eran muy breves.

Llegó a la pequeña cascada y trepó hasta un pequeño saliente donde solía sentarse. Allí le llegaba el frescor del agua y unas hojas la cubrían del sol. Era un lugar apacible, tenía buenas vistas y el murmullo del agua deslizándose por la roca la tranquilizaba. Sacó su diario, pero cuando iba a ponerse a dibujar sus ideas se empezaron a diluir como el agua de la cascada cuando llegaba al lago. Suspirando, levantó su mirada. En ese momento una bandada de pájaros cruzaba el cielo. Ella los observó hasta que desaparecieron de su vista. Tras otro suspiro, bajó su rostro mientras se frotaba los ojos con las palmas de las manos.

Un ruido a su lado la sobresaltó. Apartó las manos para poder ver que había sido eso, descubriendo con sorpresa que una enorme mariposa se había posado cerca de ella.

—Buenos días, señorita mariposa —saludó educadamente Aris con una sonrisa en el rostro, aunque aún tenía los ojos algo enrojecidos—. Hoy hace un maravilloso día, ¿verdad?

La mariposa abría y cerraba las alas lentamente, mientras observaba a Aris con curiosidad. La pequeña miraba encandilada el hipnótico aleteo.

—Que suerte tiene usted al tener unas alas tan bonitas y poder volar. Yo también debería tener, pero... —dijo, mientras le enseñaba la espalda— ...nací sin ellas. Mi tutora aún tiene esperanzas que algún día me crezcan, aunque creo que lo dice para que no me desilusione. Es tan buena conmigo. Dice que soy un hadita especial y que si he nacido sin ellas, será por alguna razón. Pero me gustaría tanto poder volar —terminó mientras suspiraba y levantaba la vista hacia el cielo de nuevo.

Entonces una idea cruzó por la mente de Aris y se asentó en ella, mientras observaba de nuevo a la mariposa y se le iluminaba la mirada. Una sonrisita se le dibujo en su agraciado rostro. De pronto, empezó a hablar clara y concisa.

—Señorita mariposa, ¿me presta sus alas?

La mariposa ladeó la cabeza, como intentando adivinar las intenciones de la joven hada mientras encogía y alargaba las antenas. Aris se levantó acercándose a ella despacio y con cuidado.


* * * * * Imagen


Última edición por Gisso el Lun Sep 10, 2012 2:27 pm, editado 2 veces en total

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NotaPublicado: Lun Jun 11, 2012 1:43 am 
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Dragonet
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Me ha gustado mucho la idea de "La Llamada" y de la "Gran Biblioteca Oculta de las Hadas" :D

Habrá que ver que se le ha ocurrido ahora a Aris :D

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:101: RECUENTO 2017 :101:


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NotaPublicado: Lun Jun 11, 2012 8:06 pm 
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Ubicación: Saharabbey Road
He leídos los dos primeros capítulos y me está encantando. ¡Qué chulo te está quedando, Gissito! :D
Tengo mi haditas preferidas: Édhal :mrgreen: y Aris, ésta última es una cucada, pobrecita.

Si el cuento sigue en plan flower power (que espero que así sea :lol:), con tu permiso me lo iré guardando para leérselo a mi primita.

Seguiré comentando...

Ahora toca un achuchón, bien grande, de los de oso Imagen

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NotaPublicado: Mar Jun 12, 2012 8:31 pm 
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Cruela de vil
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Registrado: Vie Dic 26, 2003 7:50 pm
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Mientras no sea arrancarle las alas a la mariposa :grinno:


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