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NotaPublicado: Dom Jun 17, 2012 4:03 pm 
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Sinkim escribió:
Habrá que ver que se le ha ocurrido ahora a Aris :D

lucia escribió:
Mientras no sea arrancarle las alas a la mariposa :grinno:


Bueno, tal vez si dejara libre mi vena “cruel” :roll: , podría ocurrir :twisted: , pero he dicho que sería una historia tierna y lo mantengo :cunao: .

Sinkim, me alegra que te haya gustado “La Llamada”. Me pareció interesante poner como era el triste final en la vida de un hada. Y lo de la biblioteca, es un secreto :448: .

Muchísimas gracias Alice, me alegra que te guste :wink: . Como ves, es diferente a lo que suelo escribir. Por cierto, si te gustan estas dos haditas, no te pierdas el próximo capítulo :lista: .

Alice Brandon escribió:
Si el cuento sigue en plan flower power (que espero que así sea :lol:), con tu permiso me lo iré guardando para leérselo a mi primita.


Joo, esto me ha emocionado y todo :icon_smile_blush: . Espero que se lo puedas leer al final a tu primita y que le guste también :o . Ya me contaras. Abrazote de oso (tierno) también para ti :60: .

Lo siento si tardo en continuar la historia, pero me lo quiero tomar con calma. Estoy acabando un nuevo capítulo y espero tenerlo antes de que acabe el día. Es un poquito larguito, y tiene un momento bastante emotivo :boese040: . Espero que os guste...


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NotaPublicado: Dom Jun 17, 2012 5:09 pm 
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- Capítulo sexto

En un primer momento, algo asustada, la mariposa intentó huir cuando vio que la pequeña hada la atrapaba. Entonces Aris se dio cuenta que no había empezado con buen pie y de una forma más suave la empezó a acariciar, sin soltarla, para que la mariposa se tranquilizara y dejara de forcejear. Luego comenzó a contarle su idea, pidiéndole disculpas primero por sus malas maneras. Las hadas tenían una afinidad para entender y ser entendidas por los seres vivos que cohabitaban con ellas en el bosque. Pero esta aptitud no era cuestión de unos meses, sino que llevaba años de aprendizaje y Aris aún era muy joven.

—Bueno, pues ya está todo listo. ¿Me ha entendido usted bien, señorita mariposa? —dijo Aris mirando hacia atrás.

La pequeña hada se hallaba al borde del saliente, donde momentos antes había estado sentada. Con suaves palabras, convenció a la mariposa para que se posara en su espalda, rodeándola por la cintura y el pecho con sus seis patitas para sujetarla. A una orden suya, la mariposa debía aletear y así, poder volar las dos juntas. Si así lo hacía, le había prometido cuidarla y protegerla. La mariposa le prestaba sus alas, Aris se ponía a su servicio para lo que necesitara.

—A la de tres, ¿de acuerdo, señorita mariposa? —A Aris le había parecido que asentía y comenzó con la cuenta—. Uno... dos... y ¡tres!

La mariposa empezó a aletear y Aris saltó. Pero nada más hacerlo la patitas se abrieron, dejando caer a la pequeña mientras pegaba un gritito. Aunque no había cerca ningún hada para salvarla, esta vez tuvo suerte, si se podía llamar suerte a caerse de cara en un charco embarrado. Al menos, esto amortiguó la caída e impidió que se hiciera daño, aunque acabara bastante manchada. Aris levantó el rostro del charco y escupió un poco de barro, luego se sentó y empezó a limpiarse la cara y los ojos. Miró al cielo y allí vio como la mariposa se alejaba lentamente revoloteando.

—Muchas gracias, señorita mariposa. Creo que nuestro pacto se da por incumplido y terminado —dijo en un tono algo enfadado, pero enseguida se le pasó ya que no podía culpar a la mariposa de nada. ¿Cómo se le podían ocurrir esas ideas, hada tonta? Suspiró y agachó la mirada. En ese momento, una voz la sobresalto.

—Vaya, que he encontrado aquí ¿un Hada del Lodo? ¡Oh! No... Si es la pequeña Aris disfrutando de un baño de barro. Dicen que es bueno para dejar tersa la piel, aunque aún eres un hada demasiado joven para necesitarlo, ¿no crees? ¿Te ayudo a levantarte, pequeña?

—¡Ah! Hola Édhal. Te lo agradecería mucho, creo que se me ha quedado pegado el trasero y que necesitaré ayuda para desatascarlo del barro.

Édhal se posó a su lado con cuidado. La situación le parecía cómica, aunque intentó guardar las maneras ya que veía que la pequeña no estaba de muy buen humor. Pero la imagen del hada rebozada de arriba abajo, hacía que le costara contenerse. Le ofreció sus manos para ayudarla a ponerse en pie y que Aris aceptó cortésmente. Pero el exceso de confianza hizo que al intentar levantarla, perdiera pie y resbalara, cayendo ambas esta vez al charco. Édhal levantó la mirada y vio a Aris con los ojos muy abiertos, observándola atónita.

—¡Vaya! Ahora somos dos las Hadas del Lodo —dijo al final. Entonces, ambas explotaron en una fuerte y sonora carcajada.

El sol empezaba a ocultarse entre la níveas cimas de las montañas, creando un hermoso fulgor mientras descendía. Las dos hadas, ahora limpias, miraban embelesadas el fenómeno, acrecentado aún más por su reflejo en el lago.

—¿Qué es lo que se siente? —Édhal había roto el silencio sin apartar la mirada al frente, dejando la pregunta flotando en el aire crepuscular.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Aris volviéndose hacia su compañera.

—¿Qué es lo que se siente al no tener alas, al no poder volar? —volvió a decir Édhal, esta vez girándose y mirándola directamente a los ojos.

La pregunta la pilló por sorpresa, igual que el semblante de su compañera y amiga. Por primera vez había visto seriedad en el rostro y tristeza en los ojos de Édhal. Aris bajó la mirada y empezó a hablar en un susurro.

—Es como si me faltara algo, como una sensación de vacío. Pero esa impresión no es tangible, no es porque no tenga alas. La tengo en mi interior, aquí mismo —dijo mientras ponía una mano en el pecho, cerca del corazón—. A veces me entristece, otras me oprime. Y en esos momentos es cuando me gusta venir aquí en soledad, este lugar me ayuda a superarlo. De vez en cuando siento envidia sana al veros volar, de no poder rozar con mis manos una nube. Pero entonces pienso en los demás seres vivos que tampoco tienen alas. En los peces, ellos son felices nadando en el interior del lago, desinteresados totalmente del cielo; o en las ardillas, corriendo, saltando y jugando entre los árboles. Pero... ¿por qué? ¿Por qué he nacido sin alas?

Entonces notó como el cuerpo de Édhal se acercaba al de ella y la empezaba a envolver en un cálido abrazo. Percibió un pequeño sollozo en su amiga. Aris se dejó hacer y una lágrima recorrió su rostro. Suavemente, Édhal se separó con ojos enrojecidos. Entonces una idea pasó por su cabeza, tal vez animara a Aris. Comenzó a hablar.

—¿Sabes qué? Según he oído decir, allá, cerca de las montañas por donde se oculta el sol —dijo mientras señalaba hacia esa dirección—, vive la Tejedora de Alas. Es la que se encarga de tejer con amor y seda mágica, nuestras alas por pedido de Annor. La noche antes del Florecimiento, un pájaro plateado como la luna llena, las trae depositándolas en nuestro Padre, que se encarga de entregárnoslas antes del amanecer. Tal vez se les haya olvidado o perdido las tuyas. Pero no te preocupes, a lo mejor la Tejedora ya lo sabe y en el próximo Florecimiento te las entregue.

—¿Eso es verdad? —preguntó sorprendida por la historia que le acababa de contar.

—Bueno, no es seguro, ya que es un secreto y no lo suelen contar abiertamente. Pero parece ser que sí —dijo mientras afirmaba con la cabeza en un movimiento.

Édhal vio como la mirada de la pequeña se iluminaba con un rayo de esperanza y luego se giró hacia las montañas, como si quisiera ver la casa de la Tejedora. La historia se le acababa de ocurrir, pero pensó que tal vez una mentirijilla piadosa sin importancia no le haría daño. Ahora que Aris aún era tan pequeña, si le daba algo en que creer y aferrarse, tal vez lo pasara menos angustiada hasta que creciera y se resignara. O tal vez ocurriera el milagro, quién lo podía saber. Pero para quitar importancia a lo que acababa de contar, cambió de tema con un rumor que había escuchado.

—¿Sabes también? Dicen que una sombra ha cruzado las montañas volando. He oído que tal vez sea peligrosa y que deberíamos ir en cuidado. Aún no han dicho nada, porque primero quieren confirmarlo para que no cunda el pánico. Pero pienso que deberías ir en cuidado en tus desapariciones.

Aris entonces miró al cielo donde empezaba a verse titilar tímidamente las primeras estrellas. Un escalofrió recorrió su cuerpo.

—¿Regresamos?

La pequeña hada se quedó pensativa con lo que le había contado Édhal. Sabía que era un hada con mucha imaginación y siempre estaba inventando historias, pero esta vez quiso creerla. Tal vez ayudó también, que en su regreso había escuchado sin querer una conversación entre Iliria y Alin. Hablaban sobre la sombra que había dicho Édhal en voz muy baja. Si esta vez había dicho la verdad, ¿por qué no también sobre la Tejedora?

Esa noche no probó casi bocado y cuando se acostó, no podía dormir. La historia no paraba de darle vueltas en la cabeza. De eso se dio cuenta Ladis y preocupada, le preguntó.

—¿Te pasa algo, Aris?

—Sabes Ladis, por conseguir un sueño, ¿tú serías capaz de cualquier cosa?

—Bueno... —Ladis se quedó pensativa un momento y luego continuó—. Si ese sueño fuera muy importante para mí y no tuviera que hacer algo malo o peligroso... yo creo que sí. ¿Por qué lo preguntas?

Aris se quedó en silencio, mientras observaba el cielo estrellado a través de la ventanita, luego habló—. Por nada, Ladis. Pero muchas gracias. Buenas noches querida amiga.
Ladis se quedó algo desconcertada por lo misteriosa que estaba, pero no quiso entrometerse más en ese momento y la deseó también buenas noches. Tal vez al día siguiente estuviera más receptiva.

En mitad de la noche, cuando el resto de hadas dormían, Aris se levantó en silencio. Se preparó un hatillo con cosas que pudiera necesitar y algo de comida, aunque en el bosque podía conseguir más sin problemas. Se acercó a Ladis con mucho cuidado. Dormía profundamente y en su rostro se reflejaba la luz de la luna. Emanaba paz y tranquilidad. Aris se aproximó despacio y le dio un delicado beso en la frente. Ladis se agitó intranquila.

—Muchas gracias, amiga.

Aris abandonó la habitación y salió al exterior. No podía esperar al próximo Florecimiento, había decidido ir al encuentro de la Tejedora de Alas.


* * * * * Imagen


Última edición por Gisso el Lun Sep 10, 2012 2:33 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Dom Jun 17, 2012 8:10 pm 
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La parte de peligrosa no la oyó, ¿no? :comp punch:


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Te está quedando una historia preciosa, Gisso, tengo muchas ganas de ver como sigue :D

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Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.

:101: RECUENTO 2017 :101:


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NotaPublicado: Mié Jun 20, 2012 11:21 am 
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Bueno, Gisso, me tienes embobada leyendo. Sigue, por favor :D

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NotaPublicado: Sab Jun 23, 2012 2:29 pm 
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Gracias como siempre, Lucia y Sinkim :wink: , ya falta poco. Y Lucía, es cuando somos pequeñitos, conocemos la palabra “peligroso” solo de oídas y no entendemos en su totalidad su significado. Así acabamos siempre con algún chichón :cunao: .

Lifen bienvenida a mi mundo de hadas :60: , me alegra que te este gustando :D . Espero que disfrutes con la historia de la pobre Aris.

Y gracias por tu consejo :60:


Bueno, acabo de terminar uno nuevo :user: . Después de comer le doy un repaso y lo subo. Si no me equivoco, a partir de este, ya solo faltan dos capítulos más. A no ser que se alargue mucho y decida dividir el último :P . A ver si me da tiempo de acabar la historia este finde.

¿Cómo continuará la historia? :|


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NotaPublicado: Sab Jun 23, 2012 4:09 pm 
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- Capítulo séptimo


La comunidad empezó a preocuparse, sobre todo Iliria y Ladis, cuando Aris no apareció a la clase matinal. Al levantarse, su amiga descubrió que no estaba en la cama, pero pensó que sería una de sus típicas desapariciones, un tanto temprana. Aun así se lo comentó a Iliria. Pero cuando faltó a la clase, pensaron que algo raro estaba ocurriendo.

Aris nunca se saltaba las enseñanzas, incluso era una de la primeras en llegar siempre. Édhal fue entonces cuando mencionó que el día anterior había estado con ella en un lugar cerca del lago, donde solía ir la pequeña cuando estaba triste. Ladis lo confirmó, ya que también conocía aquel lugar, pero un pacto la impedía hablar de él. Ambas hadas fueron en su búsqueda, mientras una sombra de preocupación se apoderaba de la cara de Iliria. Alin, que se encontraba a su lado, le cogió de la mano. No tardaron en regresar inquietas, con la mala noticia de que no la habían encontrado.

Alrededor de Iliria se habían congregado ya un buen numero de hadas. Entonces llegó Prins corriendo y hablando sofocada—. Parece que faltan objetos personales de Aris.

Todas la miraron sorprendidas, ya que pocas veces decía algo, a no ser que fuera importante. Y esto lo era, y mucho.

Tras ella llegó Silvén, todavía más sofocada—. ¡Y a mí me faltan pastelitos!

El grupo salió hacia su cuarto y Ladis confirmó lo que había dicho Prins. Faltaban varias mudas de ropa de la pequeña. Esto sólo podía significar una cosa: que Aris se había marchado, pero... ¿a dónde?

—¡Ay! —exclamó alarmada Édhal después de recordar la conversación del día anterior—. ¡Ay! No puede ser. Creo... que es por mi culpa.

—Cuéntanos, cuéntanos pequeña. Dinos lo que ha ocurrido por favor. Por favor —dijo temerosa Iliria.

—Eso, cuéntanos. ¿Qué es lo que has hecho esta vez, Édhal? —interrogó también Alin, su tutora, mientras ponía los brazos en jarra.

Empezó a explicarles que había encontrado a Aris el día anterior algo triste y llena de barro, de cómo le preguntó qué es lo que sentía e inventó la historia sobre la Tejedora de Alas para ver si se animaba. Entonces comprendieron lo que había hecho Aris: ir en búsqueda de la ficticia Tejedora para que le hiciera unas alas.

—Édhal, cabeza de chorlito, ¿cómo se te ocurre inventar una cosa así? —la recriminó Alin enfadada.

Édhal, entre sollozos, comenzó a decir que no lo había hecho por mal, que no se imaginaba que se lo iba a tomar así, pero sobre todo, que iba a salir en su búsqueda. Alin, al verla tan apenada por lo ocurrido, se le ablandó el corazón y se acercó a ella, abrazándola y acariciándola con ternura.

—Tranquila pequeña, tienes razón. La verdad es que fue un acto de bondad por tu parte, aunque no saliera como te lo imaginabas. Pero decir mentiras, aunque sean piadosas, no suelen salir bien. Espero que hayas aprendido la lección, pequeña —después de decir esto, Alin la besó en la frente y le limpió las lágrimas.

También tuvieron que animar a Tánir, que era otro mar de lágrimas, cosa que ayudó el pastelito de frutas del bosque que compartió Silvén con ella. Iliria, presurosa y muy preocupada, comenzó a hablar.

—Chicas, no podemos perder más tiempo, tenemos que ir en su búsqueda. Es muy pequeña aún y puede que se haya perdido. Según ha dicho Édhal, su camino la llevaría hacia el oeste, con lo cual tendrá que rodear el lago. Como no sabemos cuál de las dos orillas ha tomado, nos dividiremos en dos grupos y luego iremos en parejas para buscarla mejor. Y si veis una sombra desconocida en el cielo, por favor ir en cuidado, aún no estamos seguras de lo que es, pero mejor que vayáis con cautela. ¿En marcha?

Las hadas miraron a Iliria extrañadas. Era la primera vez que la escuchaban hablar sin que repitiera una sola vez ni una palabra.

—¿En marcha? —repitió de nuevo la anciana hada, quedándose más tranquilas el resto mientras comenzaban a preparase para la búsqueda. Aunque las últimas palabras sobre la sombra, las habían atemorizado un poco, pero sus pensamientos y preocupaciones iban hacia Aris ahora.

El mediodía estaba llegando a su fin para dar paso a la tarde. Iliria y Ladis, que iban en pareja, habían llegado al lugar secreto de Aris. Junto a ellas estaban Alin y Édhal, Silvén y Álvilin, Zaría y su tutora Trishia. Estaban buscando alguna huella o pista que las llevaran por el buen camino, hacia Aris.

—¡Aquí! He encontrado una migas y parecen que son de hoy. ¡Incluso podría asegurar que son de mis pastelitos! —exclamó Silvén emocionada. Las había encontrado justo debajo del saliente donde se solía sentar Aris.

—Y aquí hay unas huellas recientes que se introducen en el bosque —corroboró Alin, afirmando así que la pequeña había estado no hace mucho por aquel lugar.

Iliria suspiró un poco más tranquila al saber que su pequeña había pasado por allí. Por primera vez pensó que el no tener alas las estaba ayudando, ya que tenía que ir caminando y no podía ir igual de rápidas que ellas. Pero por otro lado, si las hubiera tenido, no habría emprendido ese viaje.

—Vamos, vamos. Sigamos cada pareja por un sitio para buscarla mejor, mucho mejor. Álvilin y Silvén, regresar y avisar al resto de que es por aquí. Deprisa. ¡Deprisa!

Iliria y Ladis continuaron solas por el medio del bosque. Aris tenía que haber tomado ese camino, ya que recorrer la orilla andando era casi imposible. Había momentos que el lugar se hacía tan frondoso que no podían volar. De vez en cuando, gritaban el nombre de la pequeña por si las escuchaba. El camino se cerró, ocupado por los matorrales y no podían continuar. Pero encontraron un hueco cubierto por una telaraña, ahora rota. Iliria se acercó y vio que nacía una minúscula senda. La pequeña debía de haber pasado por ahí, hecho que confirmó a Iliria una enojada araña, dueña de la tela.

Al final de ese estrecho paso, se veía una luz. Estaban llegando al final del camino, cuando oyeron un grito. Las dos hadas se miraron. ¡Era la voz de Aris! Empezaron correr. La luz del sol las deslumbró al salir del paso. Una extensa llanura, dominada por un altísimo montículo de piedra, se abrió ante ellas. Una sombra cruzó por delante del sol, cubriendo su luz fugazmente. Ambas hadas miraron al cielo, para observar cómo se alejaba una enorme y aterradora ave negra. Iliria nunca había visto nada igual.

Entonces, primero con estupor, luego con desesperación, vio como aquel ave que se marchaba a gran velocidad, imposible de seguir, llevaba algo entre las garras que se debatía por escapar. Iliria, derrotada, cayó de rodillas al suelo y comenzó a sollozar. Un grito desgarró su garganta. Ladis solo pudo agacharse a su lado, abrazándola. Con impotencia y la vista nublada por la lágrimas, veía como la sombra negra se alejaba llevándose a Aris, mientras el resto de hadas llegaban al claro.


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Última edición por Gisso el Lun Sep 10, 2012 2:37 pm, editado 4 veces en total

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NotaPublicado: Sab Jun 23, 2012 4:29 pm 
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Le he leído a mi prima pequeña algunas partes y le ha encantado.

Sigue así, son muy buenos.

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Oh, Maister de verdad que lo que acabas de decir, me ha ilusionado bastante :o . Me alegra mucho que te guste a ti y también a tu primita :60: . Espero que esta última parte no sea muy triste :oops: ...


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NotaPublicado: Dom Jun 24, 2012 11:36 am 
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Cruela de vil
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Con lo que le gustan estas partes de miedo a los niños :grinno: Siempre que luego escapen con bien, claro :cunao:


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NotaPublicado: Dom Jun 24, 2012 4:30 pm 
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Lucia, la verdad es que pensándolo bien y viendo películas como “Bambi”, “El Rey León” o “La Sirenita” (nunca olvidare cuando le crecen las piernas, ¡terrible :noooo: !), tampoco me he pasado mucho :P .

Bueno, y tal vez escape, aunque sea “por partes” :roll: . Siempre he querido hacer un relato sobre hadas zombies :lol: .

A lo mejor nos enteramos que le ocurre a Aris al final de la tarde :user: . Y ya solo quedaría la conclusión...


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NotaPublicado: Dom Jun 24, 2012 8:26 pm 
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- Capítulo octavo


Aris caminaba tranquilamente, disfrutando del frescor de un nuevo día mientras el cielo clareaba. El sol empezaba a asomar entre las montañas que tenía a su espalda. Caminar hacia el oeste, esa era la dirección correcta si quería llegar donde vivía la Tejedora, según le había dicho Édhal. Llegó a su lugar secreto, donde había pensado hacer una parada para desayunar.

Subió al saliente y ahí se quedó sentada mirando hacia las montañas, soñando como sería la Tejedora de Alas y como le pediría que le hiciera unas para ella. Abrió el hatillo y sacó unos pastelitos. “Espero que Silvén no se enfade mucho cuando se dé cuenta que le he cogido unos cuantos”, pensó la pequeña mientras se los comía. Luego se limpió las migas, “no sé como lo hace para no mancharse, nunca se le quedan migas”, volvió a pensar mientras se le escapaba un risita.

Se quedó un rato mas sentada observando el horizonte, hasta que decidió continuar. Bajó, tomó un trago de agua de la cascada y se acercó al lago para caminar por su orilla. Pero enseguida desistió en su intento, ya que por ahí no podía seguir. Las cañas y la tierra mojada dificultaban mucho el camino y tuvo que darse la vuelta para buscar uno alternativo. Lo encontró. Era una senda que se internaba en el bosque, entre medio del lago y la cascada. Para llegar a él, pasó por una zona donde el suelo estaba húmedo, dejando marcadas sus huellas.

Caminó durante toda la mañana y parte del mediodía, sin prisas. El bosque se cerraba cada vez más, creciendo en frondosidad. Aris andaba cautivada por la majestuosidad de todo lo que la rodeaba, por la infinidad de colores, olores, sonidos, plantas, flores y arboles que descubría a cada paso. De vez en cuando se cruzaba con algún animalillo, que la observaba curioso, para luego continuar con sus quehaceres. Después de mucho andar, el camino terminó obstaculizado por una impenetrable maleza, sin salida. “Y ahora, ¿qué hago?”, pensó frustrada la pequeña.

Se sentó y sacó un par de pastelillos más, mientras decidía que hacía. Sus pensamientos volaron hacia Annor, ¿estarían preocupadas? Tal vez debería de haber dejado alguna nota de aviso, pero salió tan apresurada... Miró al cielo, oculto por las ramas de los árboles que tan sólo dejaban pasar un poco los rayos del sol. Pensó que hacía rato que no sabía muy bien para donde se dirigía, ya que no se podía guiar bien. Tal vez, fuera en la dirección incorrecta.

Estaba reflexionando sobre si debería volver a casa, cuando se fijó en una tela de araña. Parecía estar cubriendo un hueco entre el matorral. Se acercó y observó que había como un túnel, y al final, claridad. “Tal vez sea un paso”, pensó Aris. Una araña apareció por uno de los bordes, intuyendo la presencia de la pequeña y que algo estaba a punto de ocurrir. Aris dudó unos momentos.

—Lo siento, señorita Araña. Pero me parece que voy a tener que pasar a través de su tela. Pero le prometo que voy a intentar romper lo menos posible y que algún día se lo pagaré de alguna forma —empezó a decir con dulzura y educación.

Aris, con muchísimo cuidado, empezó a hacer un hueco para poder cruzar. La araña soltó unos gruñidos de desaprobación, mientras meneaba la patas delanteras airada. Ya en el otro lado, se detuvo y sacó un pastelito, colocándolo en la tela.

—Es el último que me queda. Espero que le guste y que sepa perdonarme, ¡hasta la vista! —La araña se acercó y aunque no se le pasó del todo el enfado, al menos se quedó saciada y algo agradecida por ese dulce manjar.

Recorrió el paso con fuerzas renovadas. A mitad camino se detuvo, ¿le había parecido que alguien gritaba su nombre? No, no era posible, serían imaginaciones suyas. Llegó al final, la luz del sol la cegó durante unos momentos. Aris posó una mano en su frente para protegerse los ojos. Ante ella, una hermosa y amplia llanura, aunque rodeada de árboles que le impedía una visión clara de donde se encontraba y hacia dónde ir. Pero justo en el centro, se elevaba un alto montículo de piedra. Aris decidió subir por él, para tener una mejor visión.

Comenzó a escalar, cosa que hacía bastante bien, hasta llegar a su cima. Desde ahí pudo observar perfectamente, ya que el montículo era más alto que los árboles que lo rodeaban. Muy a lo lejos observó las montañas de su destino. La pequeña soltó un resoplido, parecía que no hubiera recorrido nada. Pero eso no la desanimó. Entonces escuchó de nuevo como gritaban su nombre, esta vez sí que lo había oído perfectamente, ¡y parecía la voz de Ladis! Pero, ¿qué hacía allí? Seguro que había ido en su búsqueda. Cuando iba a responderle, una sombra oscureció el sol. Aris levantó la vista y vio como una figura negra se abalanzaba sobre ella. Tan sólo pudo agacharse en un intento por protegerse mientras chillaba de pánico. Pero no le sirvió de nada, unas fuertes garras la apresaron y la elevaron por el aire. La pequeña se quedó unos momentos sin respiración, sin poder gritar. Mientras se debatía por escapar, no vio como dos figuras aparecían en la llanura y la miraban desesperadas como se alejaba.

Al final dejó de luchar, comprendiendo que no podía hacer nada para que la soltara. Y aun si lo consiguiera, ¿se dejaría caer desde esa altura? Por el momento decidió tranquilizarse y pensar, aunque le costaba por culpa del miedo y el dolor que sentía. La tenía fuertemente aferrada. Aris se fijó en su captor: de garras poderosas y plumaje negro como el de un cuervo, tenía la forma de un gran águila, pero su cabeza le recordaba al de un buitre y tenía un ojo cerrado, cruzado por una gran cicatriz. Era una criatura extraña y le causaba mucho temor.

Pero incluso en esa situación tan complicada, la pequeña se dio cuenta de que estaba volando y por unos momentos, su miedo dio paso a una sensación de libertad y felicidad. Tal vez fuera la única (y última) vez que surcara el cielo de esa forma y quería disfrutarlo. Cerró los ojos y se dejó llevar. A su mente acudió el recuerdo de sus compañeras y amigas, pero sobre todo de Ladis y su querida tutora, Iliria. Entonces comprendió que esa no sería la última vez, que iba a escapar y volvería con ellas.

El ave negra voló rápidamente hacia las montañas del oeste, justo la dirección que quería tomar Aris. Se acercó a una pared rocosa, donde había un saliente un poco por encima de los árboles. Ahí se encontraba su nido. Fue deteniendo su vuelo lentamente, para posarse tranquilamente sobre él. Antes de hacerlo, tuvo que soltar a la pequeña hada, ese era el momento que había esperado. Rápidamente, y ante la sorpresa del ave, Aris rodó sobre sí misma, alejándose un poco y recogiendo un palo del nido antes de ponerse en pie. El ave intentó agarrarla de nuevo con el pico, pero se defendió con el palo, golpeándole en diversas ocasiones. En una de ellas, le arrebató el arma dejándola indefensa. Aris no se lo pensó y justo cuando estuvo a punto de atraparla, saltó fuera del nido.

Las ramas de un árbol y un arbusto antes de tocar suelo, detuvieron su caída sin que se hiciera ningún daño, tan sólo rasguños. Aris empezó a correr, buscando un lugar donde esconderse. Notaba que el ave negra no la iba a dejar escapar fácilmente. Ocultándose entre las plantas, se fue alejando, pero la sombra seguía sobre ella. Ante la joven hada apareció una pared rocosa con una pequeña entrada, tal vez a una cueva. No podía dar la vuelta, así que decidió esconderse en aquel lugar. Pero antes tenía que correr por un claro, y así lo hizo. Justo cuando entraba por el agujero rodando, un pico se cerraba detrás de ella. El ave graznaba impotente en la entrada, ya que no cabía por el agujero. Su presa había escapado.

Aris respiró profundamente, intentando tranquilizarse. Aunque tal vez se encontrara atrapada, por el momento estaba a salvo. La sombra se apartó de la entrada, dejando pasar un poco de luz. El lugar no era muy grande, pero parecía profundo. La pequeña se adentró lentamente, buscando una salida. Pero al poco, un ruido en el interior, no muy lejos, la asustó. Notaba un movimiento y una respiración entrecortada.

—Hola, ¿hay alguien ahí? —Sabía que era una pregunta tonta, pero el miedo no la dejaba pensar con claridad y necesitaba decir algo. Un reflejo plateado llamó su atención. Su visión se fue acostumbrando a la oscuridad y tal como lo hacía, su desconcierto y asombro iba en aumento. En el fondo de la cueva había un ave recostada de espaldas a ella, con el plumaje del color de la luna llena. ¿Había llegado al lugar donde vivía la Tejedora y ese era el pájaro que transportaba las alas hasta Annor?


* * * * * Imagen


Última edición por Gisso el Lun Sep 10, 2012 2:42 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Dom Jun 24, 2012 9:37 pm 
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Cruela de vil
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Pues mira que sería casualidad :grinno:


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NotaPublicado: Lun Jul 02, 2012 2:01 pm 
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Que abandonaditas tengo a mis hadas :oops: ...

Quien sabe Lucia si es una casualidad o no, ¿realmente existe la Tejedora :roll: ?

Este fin de semana entre que he estado poco en casa y he estado pensando más en los incendios, no he terminado el relato :| . A ver si poco a poco, entre semana, lo hago. Gracias por seguirme :402: .


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NotaPublicado: Dom Jul 08, 2012 1:59 pm 
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Bueno, ya he acabado el penúltimo capitulo (ahora en serio :cunao: ) a falta de hacerle un repaso. Pero ahora toca ver la fórmula 1. Así que hasta que no acabe :roll: ...

¿Sera el pájaroel mensajero de la Tejedora? ¿Existirá realmente? Y ¿cómo estarán el resto de hadas? ¿Buscaran a la pequeña? No se pierdan el próximo capitulo :lista: .


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