Discurso antes de la Muerte (relato)

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CarlosSerrano
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Discurso antes de la Muerte (relato)

Mensaje por CarlosSerrano » 08 Jul 2014 10:22

Hola amigos, por fin me decido a escribir en el foro y os traigo un relato, a ver si os interesa:


DISCURSO ANTES DE LA MUERTE

En el horror extremo está la verdad. Cuando el asesino atraviesa la piel, la carne, el
músculo y el hueso nos arroja la verdad. La verdad es la materia de la que estamos
hechos. Somos carne, huesos y sangre. La consciencia es una entelequia. El
pensamiento una abstracción y como toda abstracción (el amor, los celos, el odio) es un
invento del hombre. Rezando no iba a llegar a ninguna conclusión, salvo el autoengaño
de que existe un Dios y un Cielo y no sé cuantas cosas más. En la realidad, nuestro
mundo, la suciedad, el sudor y la saliva tienen poco de místico. La nobleza del trabajo
es el infierno del hombre. Hechos para el ocio y el placer, los hombres, somos infelices
en una sociedad obrera, industrial y tecnológica.

A los doce años leí el Cándido de Voltaire pero no por ello me apasioné por las
aventuras. El morbo y el sexo siempre fueron mis más crudas influencias. Porque aparte
de las necesidades de comer, beber y dormir uno necesita el sexo, el más reprimido de
nuestros instintos básicos (la violencia hasta tiene más libertad y justificación, creo yo)
De niño ya amaba la alta literatura y la bajura de las pasiones prohibidas. Fotos,
revistas prohibidas, hasta libros llenos de un sexo caliente, sucio y excitante. ¿Había
más verdad en la vida que la búsqueda del feliz orgasmo? En mis primeras lecturas
filosóficas caí fascinado por los empíricos británicos. Sobre todo por el valiente David
Hume. ¿Hay algo más radical que negar todo incluso a uno mismo?¿De qué tenemos
pruebas en esta vida?¿Existe algo más que vivir para morir y mientras tanto distraernos
y olvidar que somos mortales porque sería insoportable ser constantemente conscientes
de nuestra absurda existencia?

El existencialismo, el nihilismo y el método empírico calaron hondo en mí. Puede
que no fueran la verdad absoluta pero al menos desenmascaraba la farsa de la vida, los
engaños que la religión, sociedad e ideologías nos proporcionaban para vivir en una
falsa esperanza de que la vida no es tan horrible como en realidad es. Una vez que nos
damos cuenta que no hay un Dios (o Dioses) ni un cielo o infierno en el que refugiarse
podemos caer en la más absoluta de las locuras, dominados por el miedo que nos inunda
al saber que solo somos mortales que pasan sus días contando las horas que nos quedan
de vida. Y una vez nos llega la muerte nada queda, todo se olvida. Amores, placeres,
pasado y futuro. Nada queda, todo se destruye, se pudre y se olvida. El horror de los
horrores, el desaparecer sin poder evitarlo.

Desesperado ante ese horror al que llegué con mis lecturas y experiencias, a la edad
de veinticuatro años, decidí caer en el vicio y la perversión. Pues si haciendo el bien y
pensando en positivo no llegabas a ningún lado quizá el camino del mal diera con
nuevos territorios dignos de explorar. Agredir, vejar, violar, matar. Sembrar el horror en
el prójimo puede ser muy excitante, una experiencia extrema. No obstante ya lo
hacemos a diario, casi sin darnos cuenta (o no queriéndonos dar cuenta). La falta de
educación, los celos y envidias, los insultos, las discusiones, las trampas y engaños,...a
diario lidiamos con estas y otras barbaridades que nos hacen daño, ya sea en nuestro
trabajo, nuestro hogar o con nuestros amigos. Solo varía el nivel de crueldad y
consciencia. Podemos ser malos sin darnos cuenta, podemos ser malos a propósito.
Podemos destruir barreras y arrasar con la moralidad y la conciencia. Pero hay un precio
mental que hay que pagar. Cruzar los límites y no perder la cabeza. De nada sirve
convertirse uno en un criminal loco, en un demente, en un psicópata.

El mal por lo tanto debía efectuarse desde la conciencia y el análisis exhaustivo. Que
la pasión no ciegue nuestra razón. Pero ¿se puede ser apasionado y racional? Se puede.
Cuando uno no cree en nada, no tiene futuro ni pasado y solo es un mortal más que
está de paso por esta existencia vacía y sin objetivo, es fácil cometer la mayor de las
atrocidades (para la moral común) con la más fría actitud. Uno puede amordazar a ese
niño pequeño que conoció en un parque, atarle las manos a la espalda y dejarlo desnudo
tan solo con unos calcetines puestos para metódicamente azotarlo, sodomizarlo con un
objeto punzante y finalmente degollarlo, beber su sangre y descuartizarlo para oler su
belleza interior. No hay Dios que castigue ni el mundo se detiene ante el horror. La vida
sigue, las miserias y riquezas continúan, el cielo y el infierno viven en nuestra mente y
el sol sigue calentando en los días despejados.

He matado, violado, agredido, descuartizado, degollado, quemado y magullado a
miles de niños, miles de ancianos, mujeres embarazadas, retrasados mentales, tullidos,
discapacitados, enanos, obesos, recién nacidos, hombres buenos y hombres malos,
poderosos y mendigos. Y nada ha cambiado. Sigo duchándome por las mañanas,
acudiendo a mi trabajo, saludo al cartero y leo el periódico en la cafetería.

Nada cambia y todo fluye. El bien es un invento y yo la prueba de la amoralidad de la
vida. La vida continúa y no importa si eres bueno o malo, si eres rico o pobre. El mundo
morirá y nacerá y vuelta a empezar. Y los reinos caerán y se crearán. Y los poderosos
nacerán y morirán. Y lo malos matarán y violarán.

Nada de lo que tú o yo hagamos cambiará las cosas. Nada de lo que recemos será
atendido y ninguna catedral, por alta que sea, nos llevará más cerca de Dios. No hay
políticos que solucionen la problemática de la vida ni ideales que sirvan para
consolarnos. Tú morirás, en soledad, y en la fría oscuridad tus recuerdos se perderán, se
borrarán y tu cuerpo de descompondrá hasta que no seas más que polvo. Tú y yo
estamos condenados, sentenciados desde que nacemos. No hay nada que hacer por los
demás porque ellos también morirán y de nada habrá servido sus sacrificios, sus amores,
sus hijos, sus nobles actos. Al final moriremos, nada es para siempre, ni los Dioses, ni
los imperios ni las naciones ni aquel beso que te enamoró.

No quedará ni el polvo de los miles de libros escritos por eruditos que nos hablaban
de supuestas cosas importantes.

Por eso, amigo mío, debo ahora degollarte y beber tu sangre en este oscuro y sucio
garaje. Te meteré en una bañera y desharé tu piel, tus músculos y tus tendones. Puliré
tus huesos y comeré de tu cráneo. Convertiré tu esqueleto en un trono y en él me sentaré
a esperar la verdad. La verdad de la vida. El sentido de nuestra existencia. Y mientras
espero soñaré que fui un hombre, un hombre bueno que un día decidió que la vida es
solo un pasatiempo. Hago esto porque no sé hacer otra cosa. Hago esto porque no hay
nada mejor que hacer. Quizá con cada muerte, con cada aliento perdido entre mis manos
espero que algo suceda, que una revelación terrible me abra los ojos y vea por fin la luz
de la verdad.

Vivir no tiene sentido pero la muerte nos aterroriza. He ahí el absurdo de nuestra
existencia. Pero da igual. Todo da igual.

Muere pues.

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lucia
Cruela de vil
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Re: Discurso antes de la Muerte (relato)

Mensaje por lucia » 21 Jul 2014 18:54

El tío es un psicópata hipócrita que no sé porqué busca justificación o algo parecido a la inmortalidad.

Por lo demás, bien escrito y contado.

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