El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

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jilguero
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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por jilguero » 25 Ene 2019 11:16


Memorias inconexas de un anciano amnésico



A modo de prólogo: Debido a mi edad y a mis incipientes demencias aún no bien diagnosticadas, puedo llegar a mantener opiniones descabelladas, confusas, olvidar evidencias, y aparentemente emplear palabras dictadas desde el otro lado del hexágono, tan confuso como una biblia traducida al chino.

Ruego al amado lector que tenga en cuenta que esto se debe al progresivo deterioro orgánico de un alma en pena, y que opte por el salto de longitud si la erradura, como diría el inefable JoseW, es garrafal.



El recuncho familiar
Yo nací el mismo día que Van Gogh, pero cien años después. Esta, llamemos, casualidad mi padre la veía como una señal de un futuro gran pintor. Vivíamos con mis abuelos maternos; mi madre trabajaba fuera de casa, y mi abuela Maria, que era de Alameda de la Sagra (Toledo), además de cocinar muy bien, nos contaba, porque a ella le gustaban, muchas adivinanzas, refranes, dichos ... Llevaba moño postizo de su propio pelo y vestía de colores muy oscuros con lunares blancos.

Mi abuela tenía un carácter firme, diplomático y amable. Vivíamos en un piso alquilado cerca del Rastro de Madrid, con lo que yo también tuve suerte, porque podía jugar libre en la calle y rebuscar y romper o quemar, era algo pirómano, los restos abandonados, ropa vieja, cartones, muebles, fluorescentes .....

Lo que pasaba era que mi padre estaba algo desubicado: vamos, que no estaba en casa si podía evitarlo. No le gustaba y eso me llevó a pensar, que ojalá hubiera tenido una familia normal (padres e hijos) con más intimidad.

Casi llegué a tener un hermano, pero por complicaciones en el parto —nació con el cordón umbilical enrollado— murió; lo que dejó a mis padres muy asustados. Habría sido un año mayor que yo, y también explica la sobreprotección y el mimo que me dispensaron.

He tenido una hermana, Susana, pero ha fallecido. Me llevaba 7 años y yo era el mayor.

He visto enorme cantidad de ganado en Gredos: en Villaredonda se celebraba una feria y bajaban de monte sin parar enormes toros, caballos, mulas, ...; los veía tumbado encima de una valla y me encantaba ver pasar sus enormes lomos lustrosos.

También he visto cerdos en cochiqueras y me avisaron que tuviera cuidado con las manitas.

La Feria se celebraba en una inmensa campa a las afueras. Nosotros estábamos en la aldea de arriba, Barajas de la Sierra, y fue ahí donde ocurrió un suceso por el me estuvieron llamando el niño perdido durante años.

Afortunadamente este relato acabó bien, por lo que yace en el olvido.

En una aldea de la sierra de Ávila, mis padres alquilaban una habitación con derecho a cocina, a la Señora Justa, en los meses de verano. Era una casa muy pequeña con dos plantas: el hogar en la chimenea a la antigua usanza y el wc estaba fuera en un cobertizo.

Una tarde, después de algún enfado con mi madre (mi padre en realidad se quedaba en Madrid trabajando e iba a recogernos), me escondí en un cama muy estrecha y baja, casi al ras del suelo, en el piso de arriba; y empecé a oír cómo me buscaban, pero me callé por venganza y luego me dormí, con lo cual no recuerdo nada de lo que debió de acontecer; que sería, más o menos, que, según pasaban las horas, todo el pueblo, con las campanas a rebato, buscando a un niño por los pozos, los campos, por todos lados.

Al final me desperté y bajé, con gran alivio de mi madre y de la señora Justa y también del pueblo, encantados todos de que el niño perdido no fuera tal.

Pero después de eso y pasando los años, cuando volvía por allí, le preguntaban a mi madre o a mí: "¿Este es el niño perdido, verdad?" Cosa que a mí me daba mucha vergüenza.

El isótopo, su prima y su tío.jpg

Al ver la foto de arriba, con tío Manolo y la prima rica, me acordé de la época en que empecé a contactar con las batas blancas. Como se puede ver, estaba delgado y mis padres estaban preocupados porque fuera tuberculosis; luego se pasó y acabó con operación de anginas "in vivo".

Me hacía análisis de sangre regularmente con Don Joaquín, en la calle Bailén, cerca del Viaducto y de la iglesia de San Francisco el Grande. Era al estilo antiguo: jeringuilla de múltiples usos con estuche metálico, y se esterilizaba la aguja quemando un poco de alcohol en el recipiente. Luego, siempre me acompañaba mi madre a desayunar a un bar, café o eko con churros y porras empapuzados en azúcar: ¡cómo me gustaban!

(Yo soy) el pertinaz y escuchimizado niño perdido. Mi prima era más pijita que yo. Estudiaba en el liceo Francés y tenía un tocadiscos donde oí por primera vez a Francoise Hardy y a la yenka. Tenía su familia un restaurante muy afamado, llamado Aroca, donde iban gerifaltes franquistas, toreros y actores. La foto la hizo Ángel, mi padrino y padre de Amelia, mi prima, con la que actualmente estamos en estado de desconexión: no nos hablamos; bueno, soy yo mas bien quien no quiere.

Recuerdo también que a veces llevaban a casa los pescuezos de pollo que les sobraban en Casa Aroca, en cantidades industriales, y mi agüela, muy apañada, los hacía con caldo y arroz: era entretenido comer los pescuezos y no tragarte los huesecillos.

También es cierto que otras veces eran exquisitas viandas las que nos donaban.

La doña del Aroca no te la puedes imaginar: una señora alta con un moño; una tirana que imponía a base de paellas, lenguados y langostinos. A mi me daba un poco de respeto cuando era pequeño; luego, ya más mayor, tuvo dos ictus y la mujer cambió totalmente: se dulcificó y era cariñosa.

Me he acordado ahora de que mi abuela (María Herrera) me ponía un amuleto, o como se diga en cristiano, metido dentro de una bolsita pequeñita de tela, escondida dentro de la funda de la almohada (cosía muy bien y aparentemente le gustaba), y dentro supongo que habría una estampita en tamaño micro.

Mi madre era creyente y, no sé si lo he contado, pero, antes de morir, estando ya en coma, nos avisó la enfermera que, a su vez, llamó al Pater, el cual se dio cuenta del poco tiempo que le quedaba y eso le hizo abreviar la extremaunción; y fue decir las palabras rituales y hacerle las cruces con aceite y expirar, y para nosotros también fue muy tranquilizante; los ritos ceremoniales tiene a veces ese papel de llenar un vacío que, si no, se produciría; eso no quita para que luego no quisiera hacerle un funeral y no se lo hice.

Rebeldía radical vitalicia
Después de ocurrir (ciertos) sucesos a uno le queda una rebeldía radical vitalicia o RRV.

En mi caso lo que aconteció fue el nacimiento de mi hermana Susana cuando yo tenía siete años, y pasé de ser el rey de la casa a un exiliado apestoso.

Ese verano, alquilaron un caserón junto a la vía en Torrelodones y fue cuando me di cuenta de que ser bueno no sirve para nada, y que los adultos mienten; vamos, que el andamiaje idealizado se vino abajo, y juré que sería un pirata malo y mi venganza eterna; mientras tanto, me entretenía con un arco de piorno, y cazando y cocinando saltamontes en una lata vieja, y correteando por la gran parcela silvestre, con picaduras de avispa y heridas y rozaduras en las piernas y las rodillas.


El barrio
Estuve viviendo, hasta los 14 o 15 (que más da, si ya sabemos que nos inventamos lo recuerdos), en la calle Santa Ana 25, al lado del rastro.

En mi barrio, el único que puedo llamar realmente así y que ya no existe, había muchas iglesias antiguas: San Francisco, San Andrés, La Paloma y más.

Recuerdo que hace poco pasé por allí y entré en una que se llama San Nicolás: por la calle Segovia, subes unas escaleras como es menester, atraviesas grandes puertas y te encuentras con lo que parece una tienda de antigüedades del Rastro: Nazarenos con cuero cabelludo natural, cuadros de vírgenes y santos, un pandemonium de calidades diversas y malsanas; pues bien, allí, como si hubiera aterrizado una nave espacial, un par de confesionarios herméticos con calefacción, supongo, y asiento mullido para las posaderas del cura, hecho de madera barnizada y cristal, sin ninguna adorno: un espanto enorme; y me ha venido a la memoria porque, cuando el cura está esperando algún alma en pena que le cuente sus inexistentes pecados, tiene una luz encendida para atraerle lo mismo que una luciérnaga.

Recuerdo que aquí en Semana Santa, a mediados del siglo pasado, había vendedores delante de San Isidro que ofertaban carracas y unas tiras de papel que se podían doblar, en cuadrado con imaginería variada, y abrir como un acordeón.

San Isidro es una iglesia barroca con una gran cúpula y llena de dorados ornamentos, y una reja enorme en la calle Toledo. Era la antigua Catedral de Madrid, donde se conserva la momia del santo, y el día del patrono se puede pasar por detrás de la urna acristalada y magnetizar una estampita, para los creyentes. Algo parecido al timo de la estampita pero gratis total.

Ahora la catedral de la capital del reino es La Almudena, un engendro por dentro que ha estado inacabado durante decenios y cuyo ambiente parece el de un piso deshabitado; no tiene obras artísticas y, para más INRI, las vidrieras las hizo Quico Arguello, capo de los Kikos, temible secta ultracatólica, y por fuera una ofensa a la vista; y ahí es donde quieren llevar los restos, pocos, del Generalísimo.

El paisaje de mi infancia ya no existe: el viento del tiempo lo ha barrido como una hoja seca y muerta.

El aprendiz de artista
De niño me gustaba mucho (pintar), luego seguí de adolescente y después me preparé para Bellas Artes y aprobé el examen de ingreso en Valencia en la antigua escuela del barrio del Carmé, y luego un par de años aquí en Madrid antes de irme a la mili. Después he pintado, pero muy poco.

En la época adolescente, soñaba con llegar ser como Van Gogh y Gauguin: eran mis pintores preferidos y sus vidas, tan trágicas, me hacían sufrir al asociarlos con la indiferencia y maltrato de la sociedad que les tocó vivir.

(Ahora), si voy por la acera y pasa una monjita, más bien la miro con curiosidad entomológica y no me cruzo de acera ni la miro con odio. Y además, qué hagan lo que dios quiera para eso son sus siervos.

Yo venía a contar que, estudiando en Artes y Oficios, había una monja muy maja que tenía que sacarse la titulación para dar clases; y recuerdo que en un examen copió sin problemas, lo cual la hizo más simpática.

Y también antes, conocí bastante más a Carlos, un claretiano, cuando nos preparábamos en el estudio de Amadeo Roca para el Ingreso en la escuela de Bellas Artes: aún no era Facultad. Luego nos fuimos casi todos a examinarnos en Valencia, que era mas fácil el examen. Vivía en Portal de Valldigna, en el barrio del Carme, cuando (allí) había casas en ruinas habitadas solo por gatos, tabernas, casas de comidas muy económicas, y gente muy curiosa. Como las calles son tan estrechas, la basura la recogía un carro tirado por un caballo, que se sabía de memoria cuando tenía que parar y luego volver a andar.

Podías ir a un horno de pan a las tres de la mañana y comprar una empanadilla de espinacas con piñones, eran muy amables, a pesar de estar ellos trabajando.

La escuela, ahora restaurada, se caía a pedazos pero tenía un claustro con un jardín con algún naranjo trasquilao.

Luego nos seguimos viendo con otros compañeros, en Madrid, y me dijeron que (Carlos) había renunciado a ser cura, y que se había casado o estaba con una chica.

Carlos era de la zona de Valladolid y entró muy joven en el seminario. Ver mujeres había visto, ya que Dibujo y Pintura del natural era con modelos desnudas y desnudos, pero yo creo más bien que se dio cuenta que no era su vocación el ser cura.




Entre Collado Mediano y Alpedrete
A mi tambien me encanta ver y escuchar los pájaros; en una casa de campo, que tenemos en el término municipal de Collado Mediano, y que está en en un camino no asfaltado (Camino de los Barrizales, 10), osea lejos del centro del pueblo (en realidad está más cerca de Alpedrete), se puede disfrutar de bastante variedad. Yo distingo algunos [...] este año no hemos ido apenas por el mal tiempo.

En el camino de los barrizales no hay barro, es un terreno en pendiente y cuando llueve drena rápidamente a los arroyos; polvo, sí porque el camino lo arreglan con áridos reciclados.

Hay mucho granito y los suelos son poco profundos, fresnos, encinas, enebros, jara... Frío y calor, en un clima seco y duro; y viento, mucho viento: cuando sopla de la sierra el viento serrano acaba con cualquiera.

Lo mejor es que esta al lado de suelo rústico: un prado de una finca, en la que suele haber ganado vacuno, que está al otro lado de la valla.

Lo peor, la cantidad de perros ladradores de los alrededores; y en concreto, un perro loco que no para de ladrar (me parece que le tendrían que castrar).

Alguna vez he puesto la música alta, pero el equipo que tengo allí no da para más, es una microcadena.

Cuando me canso mucho del griterío ladrillero, que son bastantes veces, me pongo los cascos y me aislo del medio ambiente.

También he de decir que hay muchos más perros cerca: estos solo ladran si por el camino pasan jinetes o personas paseantes con perro incluido; y luego, por la noche veraniega, empieza uno, si ha olido a un gato o un zorro, y los demás acompañan.

Y es muy normal tener perros como seguridad ante los ladrones, algunos de razas agresivas; y también que muchos dueños no los saquen nunca de la parcela y así los pobres canes acaban histéricos y furiosos.

Tuve una época de niño en la cual los perros me paralizaban de miedo, pero ahora sé que la única manera de parar a un perro agresivo es chillarle o tirarle una piedra: si el chucho huele tú miedo estás perdido.

De todas maneras, por aquí los paisanos hacen lo que les da la gana, tienen gallinas sueltas, algunos cabras... Es como el salvaje oeste, pero en la Comunidad de Madrid.

En la zona, cada vez hay más humanos, casas, coches, bicis, caballos, césped..., y esa presencia se va notando en el campo, si comparamos con hace 40 años.

En el camino de los barrizales vimos, hace poco, un precioso lagarto verde escabulléndose; también hay culebras de escalera, que no pican y se esconden; pero el año pasado vi una pequeña víbora, y son fieras: se enfrentan sin dudarlo.

De las peludas, mejor ni nombrarlas: me dan auténtica fobia, miedo.

Hace tiempo, había bastantes (santateresas), y era un bicho que me aterrorizaba profundamente; hace poco vimos una.

De todas formas, yo tampoco mato a ningún bichito: solo si es un araña y esta dentro de la casa, lo hago por miedo, y me queda un regusto culpable.

Y me encanta ver a los diferentes insectos de cerca: ¡son maravillosos!, como también los pajarillos ... No quiero parecer el malo de la peli.

Por aquí, en Alp, mucho trabajo: al haber llovido mucho, las plantas están desaforadas y ahora toca expurgar.

Algo cansado por la cantidad de faenas que habría que hacer. Este verano está siendo muy, pero que muy, agotador.

No sé si es lo normal o tienen algún hongo los arbustos: durillos, laureles y un madroño. En cuanto a los árboles, la arañuela es endémica y, aun siendo diminuta, es capaz de zamparse un árbol: de momento solo algunas ramas amarillean.

Ayer hizo un día de viento serrano, peeeero este año la climatología parece más variable y menos calurosa; osea, más benigna, por lo que la vegetación está bastante más verde.

Por aquí, álamos temblones no hay, pero si un mochuelo que se posa en un predrusco, al amanecer y atardecer, oteando todo el seco prado, y buscando el desayuno-merienda. Lo vemos desde aquí: es muy cachondo y hace unos estiramientos de cuello muy curiosos.

El año pasado había dos. En una ocasión, pude ver como una bandada de urracas tenían acorralado a uno; les tiré piedras, pero no conseguí espantar a los pajarracos: terminó mal, seguramente.

El otro día vi buitres: varios, al principio, y luego, con los prismáticos, más de treinta girando en un remolino de aparente inmovilidad; y luego, incluso unos cuantos estaban frente a la parada del bus: un sitio insólito.

El atardecer anterior, estando en la terraza, un mochuelo dio varias pasadas emitiendo su grito premonitorio. Tampoco había visto una conducta parecida; normalmente están vigilando el prado para merendar, subidos en algún alto.

Yo los he visto (los buitres) un par de veces en años distintos: vienen de las montañas cuando hace calor, o quizá cuando las corrientes del aire les son propicias.

Samuel, mi hijo, me contó que una vez, en una de las raras veces que se acercan por las fincas del valle, fue hasta donde estaban, y que estaban devorando una vaca muerta haciendo un ruido estremecedor y horripilante; y que luego vio algunos posados en una encina, y que parecían enormes y la encina enana.

Los buitres serranos de aquí son marrón oscuro, o negro, con algunas plumas más claras; parecen enormes: tienen gran envergadura y las alas muy anchas.

A mi no me producen miedo, más bien una sensación de grandeza o de plenitud, claro que tampoco he estado al lado.

Por la zona van muy pocas veces; y cuando lo hacen, no sé si será porque detectan el olor a carroña a mucha distancia o porque les gusta cambiar de aires.

También se estaban reuniendo las grandes bandadas de tordos, supongo que antes de migrar; después de una pequeña tormenta, se pusieron a cantar y era impresionante.

Yo ahora lo hago en la sierra (mirar debajo de la cama) por si hay escondido algún bicho tipo araña; e incluso echo insecticida. Ahora recuerdo que este verano encontré un bichejo no identificado debajo de la almohada... Algunos, según el tamaño, llego a aplastarlos con mis dedos.

Y las polillas negras y grandotas también las aplasto sin piedad, desde que tuvimos una plaga y habían puesto huevos dentro del armario de la cocina, del que luego salían unas polinillas que, a su vez, ponían huevos de los que salían unas larvas que colgaban de un hilo del techo.

Este año hay muchas avispas. Han hecho un nido en el suelo de 3 o 4 cm; bueno, hay varios avisperos más. La manera de acabar con ellas es esperar a que mueran en invierno, y luego echar insecticida y taparlo. Una vez en el pasado, se me ocurrió tirar piedras al agujero hasta que una avispa me detectó y me picó en el párpado; si lo hubiera hecho en el ojo o en la lengua o en mucosas, habría sido más peligroso porque el veneno va a la sangre rápidamente.

En mi campiña hay un madroño y algunos años, pocos, el fruto madura. A mi me gusta y me recuerda a mis estancia militar en Ceuta y al campamento en Camposoto (San Fernando, Cadiz): adobo y medias lunas de coco.

(Me lo recuerda) porque compré a una mora, en Ceuta, un cucurucho de madroños, y creo que fue la primera vez que los probé y, además, eran baratísimos. Los vendía una bella mujer bereber, supongo que oculta bajo su velo. En aquella época, no daban DNI a los ceutíes o caballas de origen marroquí, y apenas se los veía por la calle, solo en El príncipe o en un cafetin de Hadou.


En la capital del reino
Desde que los vecinos no me dejan leer en silencio, desde hace ya unos añitos, he cogido la costumbre de leer con música y cascos: a veces me paro y solo escucho, y se me va el santo al cielo; otras leo, escucho y pienso.

Estoy, pues, mucho tiempo oyendo música, pero no solo estoy dedicado a ello: suelo leer mientras la escucho, e incluso dormitar, en mi recuncho particular que tiene forma de sillón orejero.

El hábito de oír un tipo de música, en mi caso electrónica, New age (sin letra) hace que sea la primera opción, y cuando me canso, vuelvo a los orígenes, los setenta...

El vecino de al lado de aquí tiene un mesón abajo. Y como seguro que sabes, el horario de los mesoneros rufianescos es bastante peculiar y no coincide con el resto de la gente de buen vivir; amén de que se ha separado y aprovecha los días que no vienen sus hijos para retozar y hablar con sus múltiples amantes y amigos: ¡un desastre!

Y recuerdo la plaga de cucarachas: a cualquier hora de la noche que entraras en la cocina, podías ver cómo escapaban; venían del piso de arriba, y una señora que lo alquiló tuvo encendida la luz de la cocina hasta que se fue.

Fue terrible, lo colonizaron masivamente. Nos costó mucho erradicarlas. Tuvimos que cambiar la encimera y mover todos los muebles; estaban hasta dentro de los enchufes. ¡Un asquito!, pero qué le vamos a hacer: al principio te molestan, pero luego se convierten en una obsesiva pesadilla.

Por cierto, lo de los gallos subidos a las ramas de los árboles es curioso, y me recuerda a los pavos que hay en el Retiro, y que también son arborícolas; llevan mucho tiempo en celo, pero las pavas pasan de ellos, y graznan fuerte. Parecen macacos aulladores: es algo insólito, y que yo atribuyo a que este año es raro de narices.

Y ayer, que estuve en el Retiro, en la esquina a la que suelo ir, me parece que a alguien le dio una buena vomitona de pavos reales. No los conté, pero había muchos: ¡muchísimos!

Este sitio, que te comentaba, es agradable; y a primera hora, no hay demasiada gente: el resto del Retiro está petao.

He estado en el jardín y estaba barrido y regado; lo deben hacer a horas tempraneras, más o menos cuando se levanta el pajarito.

El olor del boj mojado es una fuente de recuerdos para mi.


La virgen de Lourdes
En mi habitación hay una estantería y, en uno de los estantes, alineados al fondo, tengo unos cacharros de cerámica, velas, unos prismas de cuarzo y un sabio taoísta de piedra verde, y una figura de plástico fluorescente de la virgen de Lourdes. Creo recordar, aunque no sé si seré la misma, que la utilizaba para asustar a mi hermana pequeña por la noche: cuando todo estaba a oscuras, movía la figura como si fuera volando.

He notado que, a veces, la figura de la virgen se adelanta a la fila que, como digo, está al fondo del estante. Pensaba que era una broma de Nines, pero le he preguntado y me ha contestado que sí creo que no tiene otra cosa que hacer que mover figuritas.

La estantería está horizontal y mi casa no trepita con el tráfico, gracias a dios, hoy estaba otra vez en posición adelantada y me he acordado de toda la historia. El cumpleaños de Susana era el 13 de este mes. Mi hermana murió hace ya un tiempo.

La veo (desplazada) por el día y la frecuencia es muy insidiosa. Pueden pasar un par de meses y se me olvida, pero ya ha ocurrido varias veces. La he vuelto a poner en su sitio, no adelantada. Se lo he puesto más difícil: le he puesto un objeto delante. Osea que ahora tendría que saltar.

Si vuelve a ocurrir os lo cuento.

Sabores recios
Con la venia de la santa, del alter ego y de la adjunta, voy a hablar de los alimentos que llamo antiguos. Sabores recios seguramente no aptos para gentes norteñas: nada de melindres, ni retrogustos con sabor a castaña. Sabores rotundos, que te hacen echar mano a la bota, si sabes beber, claro, que no es mi caso. En este breve apunte señalaré algunos:

Berenjenas de Almagro
Callos
Caracoles
Morcillas variadas
Sangre estofada
Tortilla en salsa
Sardinas escabechadas
Higadillos de pollo, con su corazoncillo tierno, encebollados
Besugos escabechados
Zarajos
Pajaritos fritos crujientes: sé que esto último horrorizará a la Santa, pero en época de mi niñez se vendían en los bares de la capital.
Gallinejas y entresijos de cordero, fritos en su grasa y con un olor repugnante.
Cabezas de Cordero (mitad), que vendían en las tabernas y me llamaban la atención, pero no se si llegué a comer alguna
Lengua estofada a la jardinera.

Y no quiero aburriros más, que es la hora de comer una ensalada y una loncha de jamón de york. Las habas, con jamón o en menestra de carne, mucho mejor...


De los sueños
Me parecen muy pocos los sueños que recuerdas; en mi caso, desde la infancia, creo que se podrían contar por miles, aunque no guardo registro.

Pero así, sin concretar, pues los típicos de caídas al vacío, andar en calzoncillos o en pijama o desnudo por la calle y sentir mucha vergüenza; o ahora recuerdo uno, porque ese lo he tenido bastantes veces, que ocurría en la mili: yo intentaba explicar que ya la había hecho y que no tenía que repetirla, sin éxito, por supuesto; o la de vagar sin rumbo, al principio con una euforia agradable, que se va transformado en pánico, cuando te das cuenta que no puedes volver a tu casa, aun preguntando a la gente que, o no te entiende, o no hace caso.

Creo que al final son tan largos y extenuantes que despertamos por pura tensión de angustia o de placer, cuando algo avisa al consciente.

Hay sueños que están relacionados con la biografía del soñante: sucesos que producen estrés y quedan marcados; otros, como volar me parecen más generales: mucha gente sueña que vuela.

En la niñez pienso que es muy común tener pesadillas y miedos nocturnos. Yo recuerdo despertarme y meterme debajo de la cama, inmóvil para no hacer ningún ruido; y a veces, al rato, arrastrarme sigilosamente por el pasillo para meterme debajo de la cama de mis abuelos, que me pillaba más cerca, o de la de mis padres, intentando hacer el mínimo sonido.

Lo que no recuerdo es lo que me producía tal terror. ¿Qué sería lo que acechaba en la oscuridad? Pero, fuera lo que fuera, para mí era real estando ya despierto, y me producía mucha angustia.


¿Impertinencias? ¿Genialidades?
Con la venia, yo es que soy muy quejica: un quejica profesional; asín que no hacedme caso y viviréis mejor, sufriendo y macerando el dolor en vuestro silencio o en orujo o en manzanilla, según gustos.

Conmigo no cuentes para la historia sagrada: ya tragué demasiado en mi niñez. No más santos, ni santas, ni niños jesuses.

Oye, Jilguero, ¿la Cata es ágrafa por naturaleza o es que no tiene tiempo de escribir?

Y digo yo, ¿tanto secretismo no puede acabar en un contraclimax, cuando no lleguemos a ver, como dijo Santo Tomás si no lo veo no lo creo, y nos tengamos que conformar con unas palabrejas del pájaro, dicho, esto último, con el máximo respeto del que soy capaz, y sin ánimo de ofender?

Y si el tema es muy complejo, pues adelante: la complejidad me fascina. De ahí viene lo de acomplejarse ¿no?.
No soy imprescindible y, si llegado el caso el tema os interesa tanto, tanto, y a mi molestara tanto, tanto, pues hibernaría hasta la siguiente primavera. Por eso os animo: ¡adelante chicos y que los dioses os sean propicios demostrar al mundo actual vuestra voluntad de cambio!

Los prejuicios propios son una piel superadaptada a lo que te haya ocurrido en tu pequeña vida. Digamos que lo prejuicios que tenemos son como un traje a medida que nos ha hecho un buen sastre.

No, no quiero ser ombligo de nadie: prefiero ser libre; y no me gustan los recunchos: huelen a ballena muerta.

A mi los esqueletos mondos y lirondos, vistos en imagen, no me causan pena ni risa: me parecen parientes lejanos; otra cuestión sería verlos in situ. Lo que si me causa yuyu y pesar son las vísceras: los órganos blandos, los tejidos fibrosos y goteantes.

Este mundo es un pimiento de Padrón.

Fueron felices y comieron altramuces.


Pensamientos abismales
Si me desdoblo hasta el infinito, es más difícil de mantener la cohesión del yo, el mío; y aunque esté mal hablar de uno, siempre a punto de caerse, y siempre a punto del brote de dos poderosas alas, que nunca llegan.

Que se pueda establecer una relación entre el libre albedrío y los tildes es sin duda un gran consuelo.

Una composición tan simétrica creo que solo se puede interpretarse como el hermanamiento de las dos santas y su especial relación. Lo único que difiere del lado derecho e izquierdo son las caras, aunque esto último también podría interpretarse como hecho para resaltar las diferentes identidades. O sea, significa una cosa y la contraria, paradoja, yin y yang. Quizá las generaciones venideras logren saber más sobre el oculto significado de estos dos cuadros que parecen uno.

Que leer es un sucedáneo de vivir no lo creo: cuando la vida no es vida, leer es vivir plenamente. A partir de una época de mi vida, la lectura se ha convertido en un salvavidas, en el sentido más literal.

Quien dice cueva, dice tumba, nicho, féretro, agujero; seguro que has sentido, en algún momento, la ansiedad por fundirte con la madre tierra y desaparecer; y que tu consciencia se diluya, como un terrón de azúcar, con la del mundo mineral y descansar en paz para siempre.

Debemos conocer algunas de nuestras limitaciones para no repetir el intento vano de llegar a ningún sitio, y repetir el intento indefinidamente. El problema es cuando no las conocemos y nos empeñamos en querer ser algo para lo que no tenemos capacidades, ni nunca las hemos tenido ni las tendremos.

La experiencia no es ni siquiera aprovechable para el mismo sujeto que la ha vivido. Pienso que el deterioro de la ancianidad es un estado bastante poco compatible con la riqueza de los sabios consejos; salvo casos especiales, que los hay, y muchos, y que tienen un valor incalculable. Pero, desde luego, no son la mayoría.

Hay retóricos, que les gusta dar vueltas y revueltas, y que duda cabe que cualquier argumento bien narrado es un plus, pero sin ideas nuevas llegan a ser como un laberinto sin minotauro ni salida, cuyas paredes se van estrechando dolorosamente sobre la mente del retórico, eso sin hablar del ataque de las arañas de dos cabezas y que una solo tiene culo...

El hombre prefiere vivir en el engaño que conocer la verdad, lo cual nos lleva a estados de ánimo bastante oscuros, no busca la luz, prefiere la penumbra, es un ser muy poco heroico.

Un estado iridiscente es cuando un isótopo radiactivo está a punto de caramelo.


Brochazos personales
Los insectos somos muy duros de mollera, será por el caparazón.

No tengo partes racionales separadas de mi cuerpo animal.

Amo desaprender y ser otro.

Soy un ególatra pesado.

Hoy tengo la cabeza aquijotada y me flojea el discurso.

Me encantan las cuevas, me da sensación de protección cuando estoy dentro.

Ojalá se pudiera, a voluntad, volver a sentir olores pasados: sería una llave maestra para recorrer los laberintos de la memoria.

Desde siempre me ha gustado el antiguo Egipto y su ambientillo de misterios y enigmas: no todos al descubierto.

Yo soy muy clásico en esta cuestión y creo que lo que distingue a un caballero del vulgo llano, el que ve Gran Hermano, es su exacto y eficiente uso de esta herramienta tan versátil y potente que es el lenguaje.

Y soy negado, en grado excepcional, para elegir o concretar una selección coherente, de lo que sea, para intentar divulgarlo: mi mente es un caos, sin criterios y llena de fantasmas con cadenas (osea sin libertad).

También he de decir que estoy algo preocupado por unas pruebas médicas que me están haciendo y que me echan fuera de los hilos tan queridos por mí: el miedo es libre.

Soy muy reacio a desayunar en bares. Después del pinchacito, vuelvo a casa, aunque tenga que coger el metro antes: rarito que es uno. Vamos, ¡qué soy un esaborío!.

Odio las explicaciones, que no dejan de ser opiniones, antes de leer un libro, ver una película o mirar una pintura. Mi orgullo, mal entendido, y mi soberbia me pueden en este caso, y siempre prefiero llegar a pelo, en blanco. Y para ver un cuadro, solo necesito vagar sobre su superficie plana hasta que encuentro un agujerito por donde colarse dentro y evadirme luego.

Me gusta casi cualquier cosa y, por supuesto, la pintura figurativa; tengo mis preferidos: por ejemplo, me encantan las miniaturas mogolas.

Los tejidos recamados en oro y su disposición y color son una maravilla: ¡qué gran belleza y disfrute para la vista! [...]¡Ah, el barroco y su teatralidad! (de Santa Catalina de Caravaggio)

En general, me pueden gustar los estilos de cualquier época; y como Ernst Gombrich dice, o quizá dijo otra cosa, el arte no progresa como las ciencias: todo periodo tiene sus comienzos, plenitud y declive; y suele haber un hilo que lleva a momentos anteriores, sea para estar en contra, sea para seguir la tradición. ¿Y por qué me enrollo tanto? Pues puede ser porque, cuando sale y toma la palabra el isótopo hexagono96 y sus ortodoxias caducadas, me deja con esa mala imagen.

Y no soy un erudito, evidentemente, lo digo para los que piensan mal y rápido y te cuelgan el sambenito en nano segundos.

Soy de la opinión de que las cosas de los muertos deben de desaparecer con ellos […] Por eso era tan magnífica la antigua costumbre de enterrar a los reyes con sus sirvientes y parientes cercanos. [...] El peso del pasado no debe enterrar a los vivos.


Epitafio

Al final no te conoces a ti mismo, ni sabes las razones de tu conducta; al final desconoces el argumento y el título; al final no hay final, solo miedo...


A modo de epílogo: Permitidme un egotrip; por si alguien tiene curiosidad, ese de las gafas soy yo: ¡menos mal que no me dejaron hablar!

https://videos.cervantes.es/legado-de-manuel-alexandre/


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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por hexagono69 » 25 Ene 2019 12:25

jilguero escribió:Memorias inconexas de un anciano amnésico
(Para ir apilando material)
:


:icon_mutis:

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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por jilguero » 25 Ene 2019 15:18

hexagono69 escribió:
jilguero escribió:Memorias inconexas de un anciano amnésico
(Para ir apilando material)
:


:icon_mutis:
No te preocupes, estando en baja forma, cuando empiece a colocar material ya habremos pasado página. Eso sí, lo he puesto ya en, índice para que no se nos pierda.
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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por hexagono69 » 25 Ene 2019 20:48

Este gallo está triste este gallo no canta,
este gallo algo tiene en la garganta.

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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por jilguero » 26 Ene 2019 11:02

hexagono69 escribió:Este gallo está triste este gallo no canta,
este gallo algo tiene en la garganta.

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:victoria: Pues esta noche he escuchado una canción de Santana que me ha gustado mucho y no logro recordar ahora el nombre. A ver si la encuentro. :roll:

No era esta, pero buscándola he escuchado esta otra que me resulta muy apropiada para hoy. Así que aquí la dejo.

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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por jilguero » 26 Ene 2019 20:04

He retomado, Cata, la tarea, como negro de Usía, de recolectar material para colocarlo en en zurroncillo del anciano, que no es tal, pero sí amnésico, o a lo mejor tampoco lo sea :roll:. Y tengo una rebujina de material que luego, cuando acabe, organizarlo va a ser un verdadero reto.

Y me he encontrado con esta frasecita que mi abuela diría que tiene tres bemoles, y servidora diría que tiene sus caireles :D:

Si me desdoblo hasta el infinito, es más difícil de mantener la cohesión del yo, el mío, y aunque este mal hablar de uno, siempre a punto de caerse y siempre a punto del brote de dos poderosas alas, que nunca llegan.

O esta otra:

...mi mente es un caos, sin criterios y llena de fantasmas con cadenas (o sea, sin libertad)
Hexa, esa metáfora de la mente llena de fantasmas con cadenaspara expresar la falta de libertad :chino:

Habremos de abrirle un subapartado de "pensamientos" para colocar cositas como estas. :mrgreen:
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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por hexagono69 » 26 Ene 2019 20:14

Bueno bueno esos son pensamientos o figuras que nacen en momentos muy raros y escasos vamos que si me preguntaras si he escrito esa frase aquí en el foro te diría rotundamente que no, y no estaría mintiendo, digamos que son desbordamientos o goterones de universos para-lelos de los cuales no me hago responsable, válgame dios, lo que puede encontrar este pajarito tan ordenado.

:hola:

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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por jilguero » 26 Ene 2019 20:18

hexagono69 escribió:Bueno bueno esos son pensamientos o figuras que nacen en momentos muy raros y escasos vamos que si me preguntaras si he escrito esa frase aquí en el foro te diría rotundamente que no, y no estaría mintiendo, digamos que son desbordamientos o goterones de universos para-lelos de los cuales no me hago responsable, válgame dios, lo que puede encontrar este pajarito tan ordenado.

:hola:
Mientras escribías este mensaje, he editado para añadir otra joyita :wink:.

Creo que estas cosas no las escribe Hexagono69, sino Hexagono 96, tu isótopo más racional :D.
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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por hexagono69 » 26 Ene 2019 20:19

Hala y le añade otra frasecita con unos paréntesis muy arriesgados, los fantasmas que vagan por las mazmorras de los castillos llevan una cadena con bola de fierro antiguo. :cunao:

¿Cual es la libertad de un fantasma? limitada me temo debido a su ubicación dimensional, pero son libres de vagar eternamente por los infinitos pasadizos, en su dimensión fantasmal.

¿Algo parecido a los personajes de un libro son totalmente libres o el destino acaba cegandoles como a Edipo y les conduce a un destino del que es imposible zafarse.?

Fragmento inconexo; perdido y recobrado por Hx96
Última edición por hexagono69 el 26 Ene 2019 20:54, editado 2 veces en total.

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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por hexagono69 » 26 Ene 2019 20:23

No tengo partes racionales separadas de mi cuerpo animal.

puedes añadir esta frase, quien sabe a lo mejor se convierte el compendio en un Best Seller :meparto:

Luego se puede vender aparte un apéndice con las instrucciones para los que no entienden que no hay nada que entender.

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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por hexagono69 » 26 Ene 2019 20:32

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me gusta el tema de Santana, no lo conocía.

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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por hexagono69 » 26 Ene 2019 20:40

Perdona jilguero los desvaríos, es que estoy ahora en un estado iridiscente.
:hola:

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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por jilguero » 26 Ene 2019 20:49

hexagono69 escribió:Perdona jilguero los desvaríos, es que estoy ahora en un estado iridiscente.
:hola:
Pues ya he dado de mano de recolectar las joyitas de Usía :P (voy por la página 222)

¿Me podrías definir en qué consiste el estado iridiscente?

Que se pueda establecer una relación entre el libre albedrío y los tildes es sin duda un gran consuelo.
¿Crees que esto lo dijiste estando también en ese estado? :meparto:
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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por hexagono69 » 26 Ene 2019 21:01

Seguro porque no me suena nada.

Un estado iridiscente es cuando un isótopo radiactivo está a punto de caramelo. :wink:

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Re: El bujío de Santa Catalina (Bordeando la realidad)

Mensaje por hexagono69 » 27 Ene 2019 11:37

Casi llegue a tener un hermano pero por complicaciones en el parto murió; lo que dejó a mis padres muy asustados, habría sido un año mayor que yo, y también explica la sobreprotección y el mimo que me dispensaron.

Fragmentos versiculo I, 49.

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