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¡¡Ábrete libro!! - Foro sobre libros y autores

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NotaPublicado: Mar Ene 23, 2018 10:37 pm 
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Bueno, ahora voy a cambiar de tercio y voy a empezar a subir una historia que hice en el Nanowrimmo de 2014 en otro foro. Es una historia que se me ocurrió aquel verano y desde entones se ha convertido un poco en unos de mis buques insignias en Internet.
Espero que os guste y como siempre todos los comentarios son bienvenidos.

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NotaPublicado: Mar Ene 23, 2018 10:41 pm 
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CAPÍTULO 1

En el año 5025 los recursos naturales de la Tierra se habían acabado. Ahora los humanos tenían que recurrir a una forma altamente concentrada de gasolina para hacer que funcionaran las máquinas.

A esto había que sumar que la capa de ozono estaba cada vez más debilitada por los gases que nosotros, los estúpidos humanos, lanzamos en el pasado. Sin embargo, el problema de hoy no eran los estúpidos humanos del pasado, sino los estúpidos humanos del presente, quienes seguían contaminando. Aunque por lo menos las personas de hoy necesitaban esa energía para que todo funcionara, al contrario que nuestros antecesores que pudiendo reducir la contaminación, no lo hicieron.

A pesar de usar esa energía con bastante regularidad se sabía que no era recomendable desde que se inventó, pero los humanos entendían que era eso o la muerte, sobre todo porque el humano medio normal de ese año no podía vivir sin tecnología.

Por la gran contaminación que añadía esa gasolina, a un planeta casi moribundo, se empezó a enviar sondas a otros planetas del sistema en busca de alguno que contuviera una fuente de energía interesante para nosotros.

Llevaban años buscando pero no habían tenido suerte, no obstante, un día una sonda volvió con una información muy valiosa y la comandancia se dispuso a analizarla.

—Señor, ha llegado una sonda con información sobre una posible fuente de energía —informó uno de los técnicos ocupados de transmisiones espaciales y recepción de datos.

—¿De dónde viene? —Preguntó Roger, el comandante al mando de la estación situada en el cielo.

—Según los datos, de más allá de nuestra galaxia —se sorprendió el técnico.

Roger e Irvin asintieron satisfechos y los técnicos se apresuraron a decodificar los datos que guardaba la sonda en su interior. Era común codificarlos por si el ingenio caía en manos de cualquier extraño para que así no pudieran averiguar las intenciones de los habitantes de la Tierra.

Los técnicos quitaron la sobrecubierta de la sonda y se encontraron con una gran cantidad de cables, pernos y conmutadores, y al fondo estaba el USBNAT.

Esa conexión era nueva y la habían creado en la Tierra porque no se fiaban de otros pueblos, y hacían bien, porque casi toda la galaxia conocida odiaba a los humanos, ya que eran los únicos que aún seguían cometiendo barbaries como matar a sus semejantes.

Conectaron el cable especial al puerto y esperaron que cargara. Era un buen sistema para evitar que los foráneos descubrieran lo que hacían los humanos, pero era muy lento, de hecho, tuvieron que esperar más de dos horas para que reconociera el primer archivo, que no era ni mucho menos el más importante.

Los datos cargaron al fin y empezaron a navegar por archivos, la mayoría de ellos inútiles. La sonda estaba programada para recoger cualquier fragmento de información, por nimio que fuera, y por eso tuvieron que buscar por una lista interminable de archivos. No obstante, uno de ellos llamó la atención de todos los presentes porque poseía información clara sobre una posible fuente de energía que, según el análisis, no era contaminante. También se descubrió que existía de manera copiosa en un planeta remoto y que, además, éste estaba formado por ese material. Sin embargo, no había más información que esa y esto no gustó a los técnicos, porque significaba que tendrían que ir a ese planeta con una información muy pobre, algo poco recomendable. El inconveniente que planteaba eso era que la sonda no había registrado los detalles del planeta y eso suponía un gran problema a la hora de preparar el viaje. Además no era seguro mandar a nadie a lo desconocido.

—Bueno, ¿a qué estamos esperando? Mandaremos enseguida una nave hacia ese planeta —gritó el comandante.

—Señor, no deberíamos hacer eso, la sonda no ha registrado datos vitales sobre posibles criaturas.

—Llamen enseguida a Nijhalem —dijo Roger ignorando al técnico, quien se fue de allí y no insistió.

—Sí, señor —respondió el general Irvin.

Nijhalem era un sargento cuyos méritos habían logrado que fuera condecorado en varias ocasiones. Era un hombre muy conocido, sobre todo entre los generales, pero que tenía bastante mal carácter.

A esas alturas de su vida ya debería ser comandante, pero este hombre decía que el grado de sargento le gustaba y que, para llevar a cabo servicios a su planeta, era indiferente la graduación que tuviera, algo que nadie entendía porque, a parte de la graduación un comandante ganaba mucho más dinero que un sargento.

Había estado presente en la mayoría de guerras espaciales y rondaba ya los cuarenta y nueve años, pero a todo el mundo le sorprendía que tuviera un aspecto tan juvenil. Según él, la guerra era el mejor ejercicio que cualquier persona podría llevar a cabo y, como llevaba combatiendo treinta años, ya no conocía otro tipo de vida. Además de esto, fue reconocido en otros planetas amigos donde le otorgaron numerosas medallas y menciones que ningún otro soldado, de cualquier graduación, hubiera soñado jamás. Incluso los comandantes se preguntaban cómo lo hacía y llegaron a la conclusión de que debía tener algún tipo de encanto personal, aunque su comportamiento en la estación era rígido y frío.

Era un hombre muy exigente a la hora de elegir su tropa de asalto, compuesta siempre por cuatro miembros. Sin embargo, estas personas tenían que ser como él o no le merecía la pena hacerles una prueba.

El general Irvin llegó al cuarto de Nijhalem, abrió la puerta y el bravo sargento estaba leyendo un periódico que decía toda la verdad acerca de la desesperada situación que había en la Tierra. Como contraposición, el gobierno intentaba hacer campañas de publicidad de choque donde decían lo opuesto a la prensa: que todo iba bien y que los periódicos intentaban ser catastrofistas.

Supuestamente se decía esto para no alarmar a la población que vivía en la superficie, pero estaba claro que era mentira porque la contaminación era tan espesa que se podía cortar con un cuchillo.

De cualquier forma le parecía curioso que los periódicos siguieran diciendo la verdad, a pesar de las amenazas de muerte recibidas por parte del gobierno.

—¿Qué haces leyendo ese periódico? —Preguntó Irvin, contrariado.

Irvin no era muy partidario de dar demasiado crédito a lo que publicaban los diarios, y no es que no supiera de la situación que atravesaba la Tierra, sino que creía que los periódicos sólo exageraban los hechos. A Nijhalem, un sargento que siempre había afrontado todo tipo de situaciones reales, le gustaba leer palabras sinceras de personas que habían tenido el valor suficiente como para no dar la espalda a la realidad.

—Me gusta leer una opinión distinta, y más creíble, que las ridículas campañas de choque del gobierno que intentan tranquilizar a los humanos —respondió sin apartar la vista de su periódico.

—Bueno, ¿no va a hacer nada? Un superior acaba de entrar en su cuarto —dijo Irvin ignorando las palabras del sargento.

El sargento no apartó la vista del periódico y se hizo el silencio hasta que respondió:

—Hola, Irvin, ¿cómo estás, viejo?

El general se molestó porque él era un oficial superior y se suponía que, ante su presencia, debía mostrar el respeto suficiente como para levantarse y cuadrarse, no obstante, aquel sargento siguió allí sentado leyendo su periódico.

—Soldado, cuádrese enseguida —ordenó el general Irvin.

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NotaPublicado: Dom Ene 28, 2018 11:08 am 
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Nijhalem apartó la vista de su periódico un momento, le dedicó una mirada socarrona y luego escondió los ojos detrás del diario.

—¡Que se cuadre he dicho! —Gritó el general.

—Cállese, Irvin, ya sabe que yo podría tener más graduación a estas alturas que usted ¿verdad? —Dijo algo molesto.

—Y nadie lo entiende.

—A mí no me importa que lo entiendan o no, yo no vivo para los demás; vivo para mí mismo, y si eso le supone un problema a alguien lo siento mucho.

Irvin se estaba desesperando pero sabía que no iba a conseguir nada discutiendo con ese tozudo sargento, que había alcanzado tal popularidad y méritos que podría haber sido nombrado comandante, el rango militar más alto que podía alcanzar un Soldado Espacial. Aunque bien era verdad que los comandantes no iban al espacio, no entraban en combate y se dedicaban a coordinar todo lo que pasaba en la estación.

—Bueno, ¿podría al menos apartar el periódico? Tengo algo muy importante que decirle.

El hombre cerró el diario con desgana y dijo:

—La verdad es que me gusta mucho contrastar la realidad con las paparruchas que se inventa el gobierno —se rió el sargento.

—No tiene nada de divertido reírse con eso, sólo se intenta que la población no entre en un pánico tremendo —reprobó Irvin severo.

—Es tremendo, por lo que se ve el gobierno ha pensado que la población es idiota —Nijhalem se puso muy serio.

—Bueno, ya está bien, tengo que hablarle de algo muy importante —Irvin trató de centrarse en el asunto que lo había llevado allí.

—¿Sabe que hubo un tiempo en que la hierba era verde y el cielo podía distinguirse azul en la lejanía —

Comentó Nijhalem sin echarle cuenta al general.

Irvin se estaba desesperando cada vez más porque hablar con aquel hombre a veces se le antojaba tan inútil como hablar con una pared. Por la inexpresión de su cara él hubiera dicho que la tenía hecha de granito, y por la rudeza de sus palabras habría pensado que estaba hablando con un ser incivilizado.

—Una sonda ha descubierto la posible ubicación de una posible fuente de energía —declaró Irvin bastante molesto.

Esa noticia pareció sacar al sargento de su estado permanente de inacción, porque Irvin lo vio levantarse ansioso de la silla, aunque luego se volvió a sentar, incrédulo.

—¿De dónde ha regresado esa sonda? —Preguntó muy interesado.

—De un planeta remoto que, según el aparato, está formado por un material que podría ser la salvación del planeta Tierra.

Nijhalem sabía de los problemas de los humanos por la cada vez más notable falta de recursos naturales. El hombre había explotado tanto el planeta en el pasado que ahora nuestro mundo ya no era capaz de mantener a la población, que hoy vivía entre gases y humos asfixiantes. Algunos no querían irse de la superficie con el débil argumento, en su opinión, de que estaban en su hogar.

Sin embargo, ante la buena noticia del regreso de la sonda, volvió a abrirse una esperanza para el ser humano.

De cualquiera de las maneras, él siempre fue de la opinión de que nadie en el año actual tenía la culpa del hecho de que los recursos naturales se acabaran. Toda la culpa recaía sobre los antecesores de los humanos, quienes entusiasmados por su condición de raza dominante hicieron del mundo un lugar peor a cada día que pasaba.

—Eso es muy interesante —dijo al fin.

—Por eso he venido, el comandante quiere verle.

Al oír eso el sargento se levantó de la silla, se abrochó su camisa, se puso los pantalones y una gorra, todo ello color verde aceituna, y se apresuró a salir del cuarto junto al general.

—Pareces muy emocionado.

—Y lo estoy —respondió Nijhalem— hace mucho tiempo que no entro en combate y estaba empezando a pensar que se me olvidaría cómo disparar.

—Debes estar de broma, disparar es como montar en una nave uniplaza y navegar por una ruta preestablecida por el espacio —se rió levemente Irvin.

—Es verdad pero hace tanto tiempo que no lo hago que no puedo ocultar mi emoción.

—Parece que estás muy seguro de que irás a ese nuevo planeta.

—Irvin, a veces pareces tonto, ya sabes cómo funciona esto: el comandante recibe una información muy interesante y luego son los soldados los que van a hacer el trabajo sucio —respondió el sargento con sorna.

A Irvin le habría gustado poder negar esa afirmación, pero no podía porque era una verdad tan grande como que el Sol no era más que una gigantesca bola de fuego que tarde o temprano explotaría, dejando a todos los planetas de nuestra galaxia desprotegidos de sus rayos ultravioletas, los cuales, quemarían nuestros cuerpos en cuestión de décimas de segundo.

Cuando llegaron ante Roger, éste se cuadró y saludó al siempre distante Nijhalem, un hombre al que admiraba como soldado, aunque no podía decir lo mismo de su nefasto comportamiento y sus muchas insubordinaciones, por no hablar el haber rechazado repetidas veces el ascenso a comandante que sin duda se había ganado.

El bravo sargento le saludó por devolverle el gesto, no porque sintiera ningún tipo de respeto por ese hombre, ya que él se quedaba allí coordinándolo todo, mientras los soldados eran los que arriesgaban sus vidas por un objetivo que muchas veces ni siquiera entendían.

—¿Me ha llamado, comandante?

—Sí, supongo que ya te has enterado de la obtención de unas pruebas de vital importancia para nuestra supervivencia.

—Sí, el general me ha informado de que una sonda podría contener la ubicación de un nuevo combustible que nos libraría de toda esta contaminación para siempre —contestó sin poder ocultar su emoción.

El comandante se sentía algo incómodo, ahora que lo tenía allí delante, porque se acercaba el momento de decirle que no se tenían detalles acerca de aquel planeta; sabía que Nijhalem tenía la suficiente experiencia para apreciar lo que eso significaba.

Sin embargo, también le incomodó el tener enfrente a una persona que parecía hecha de granito puro, porque nunca se alteraba y a Roger le producía cierta desconfianza ese hecho.

—¿Qué datos ha registrado la sonda?

—Lo único que sabemos es la localización aproximada del planeta —respondió el comandante con fastidio.

—¿No sabemos nada acerca de la vegetación, la fauna y otros factores externos que nos puedan afectar?

— Se sorprendió el sargento.

—Sí sabemos un detalle referente a sus dos lunas y su extraña influencia sobre el planeta, pero por lo demás la sonda tuvo el suficiente combustible como para descubrirlo y regresar.

—Y es un decir porque el ingenio llegó casi estropeado —dijo uno de los técnicos de repente.

El comandante lo miró con rudeza y el técnico supo que debía callarse.

—De modo que no sabemos nada de ese planeta —constató Nijhalem para estar seguro.

—Nada relevante —afirmó el comandante desagradado por la expresión de su hombre.

El sargento sabía que lo habían llamado para que solucionara los problemas, sin embargo, le emocionó y aterró al mismo tiempo no tener datos sobre el destino al que estaba seguro que tendría que ir.

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NotaPublicado: Dom Feb 04, 2018 7:27 pm 
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CAPÍTULO 2

—Supongo que pronto iré de turismo a ese planeta ¿verdad? —Se rió Nijhalem.

—No queda más remedio, sargento, nuestra fórmula concentrada de gasolina nos acabará matando y no podemos seguir así mucho más tiempo —respondió el comandante Roger con urgencia.

El bravo sargento se estaba riendo por lo bajo y los dos hombres lo miraron desconcertados.

—¿De qué se ríe, soldado? —Preguntó Irvin.

—Sólo estaba pensando que siempre somos nosotros los que tenemos que luchar por el futuro de la Tierra mientras que los comandantes… —puso cara de desagrado.

—Sé lo que está pensando —intervino Roger— pero un comandante también tiene que cumplir un trabajo muy duro.

—Sí, como no —le dio la espalda riéndose aún más fuerte.

—¿A dónde cree que va? —Preguntó el general.

—Mi presencia aquí no es necesaria. Si no me equivoco todavía tendrán que averiguar la ubicación exacta del planeta en cuestión.

—Así es —contestó otro de los técnicos.

—Puesto que eso es así —dijo mirando a Roger e Irvin— iré a reclamar una tropa de asalto a mi completo agrado.

—Tendrá que instruirlos en viajes espaciales.

—Por supuesto, Irvin, no me trate como a un novato —le dirigió una mirada socarrona al general.

Cuando Nijhalem se fue, ambos hombres se quedaron allí, callados, sin saber que pensar de aquel tipo. Lo único bueno que podía decirse de él era que tenía una buena disposición a la hora de ofrecerse para las misiones porque, por lo demás, era la persona más fría que conocieron nunca.

—¿Está seguro de que es buena idea mandar a ese hombre, comandante?

—Por supuesto que sí, es el mejor soldado que tenemos con diferencia.

—Puede que sí pero su carácter no ayuda.

—Bueno, hombre, ni usted ni yo nos vamos a casar con su carácter. Lo que necesitamos es una persona fuerte para llevar a cabo la misión —explicó el comandante Roger.

—¿Cree que lo conseguirá? —Preguntó Irvin, inseguro.

—Claro que sí, él no se caracteriza por fracasar en las misiones.

—Eso es cierto, pero teniendo en cuenta que van a un planeta desconocido es como para preocuparse.

El comandante le hizo un gesto con la cabeza para tranquilizarlo y luego se acercó a uno de los técnicos que había allí.

—Muy bien, quiero saber la ubicación exacta de ese planeta.

—Sí, señor —respondió el técnico.

Nijhalem iba por el pasillo pensando en que pronto su mundo volvería a ser como había leído en los libros de historia humana, la única ventana que daba justo a un pasado que sin duda fue mejor.

No le gustaba que los soldados arriesgaran sus vidas en las misiones, y menos aún sabiendo que los comandantes no hacían nada por ayudarlos, pero era un hombre demasiado curtido como para pensar en eso durante más de diez segundos.

Ahora tenía cosas más importantes que hacer que coger un berrinche con sus superiores, debía encontrar un grupo de tres hombres fuertes, decididos, intrépidos como él, y con ganas de salvar el planeta Tierra. Sabía por experiencia que encontrar personas así no era fácil y por eso preveía un proceso de selección muy largo, pero si querían que fuera al planeta sus superiores tendrían que esperar mal que les pesara.

El sargento llegó a su cuarto y allí se puso su uniforme de Soldado Espacial, recubierto con unas láminas de biodensiométrico, un material muy resistente y flexible inventado por los seres humanos. Se suponía que un Soldado Espacial tendría que moverse mucho en el campo de batalla y esa protección se diseñó especialmente para el ejército.

El traje, una vez puesto, dejaba entre su material y el cuerpo del portador un espacio de una cuarta y su estructura estaba recubierta de poliestileno, un material que aislaba al portador de cualquier circunstancia externa. Lo único que no se puso fue el casco para estar más cómodo durante la selección, ya que todavía no iba a entrar en combate.

Salió de su cuarto y fue a la sala de conferencias del cuartel donde habían sido convocados todos los soldados de la base. Al verlo, se levantaron de sus sillas y se cuadraron mostrando su respeto. Nijhalem los saludó de manera protocolaria y luego empezó a hablar por el micrófono:

—Descansen, soldados —el curtido hombre vio que cruzaban sus manos por detrás de su espalda—. Acaba de surgir una misión importantísima —se dirigió a la muchedumbre con una voz bastante grave.

Lo miraron emocionados por la noticia pero la mayoría eran demasiado jóvenes a sus ojos y no quería tener que recurrir a gente tan joven, porque a menudo eran mucho más inconscientes que las personas mayores, pero su deber era informar a cada uno de ellos.

—He recibido noticias de una posible fuente de energía situada en un planeta remoto.

Al oír eso se emocionaron mucho y no siguieron escuchando a Nijhalem, sin embargo, éste les ordenó que se callaran y se hizo el silencio en el gran cuartel donde estaban congregados los efectivos de la base.

—No sabemos nada acerca de las condiciones de ese planeta, ni de la fauna, ni de la posible vegetación —dijo en un tono algo más calmado.

Los soldados ya no parecían tan entusiasmados y sin duda el número de voluntarios se redujo después de que su valeroso sargento dijera eso.

—Como todos sabréis, quiero hombres decididos, intrépidos y de carácter fuerte. El que no se sienta preparado que ni se le ocurra presentarse ante mí en la intendencia, porque le aseguro que no tendrá un hueco en mi tripulación, ¿ha quedado claro?

—¡Sí, sargento! —Respondieron al unísono.

—No les oigo —dijo Nijhalem con una pequeña sonrisa.

—¡Sí, sargento! —Gritaron esta vez más fuerte.

Nijhalem se fue de allí y los soldados se quedaron hablando, y sólo un pequeño número muy reducido de ellos decidió ir a la intendencia para pasar la prueba, aunque la mayoría había decidido esto con mucha reticencia.

El sargento llegó a su despacho, se sentó en una silla tras una mesa y esperó allí.
Al poco tiempo apareció un joven vestido como un mamarracho, sin ningún tipo de armadura, y le dijo con muchas ínfulas:

—¿Es usted el viejo que pone a prueba a los cadetes?

Nijhalem lo miró de arriba abajo y le pareció que ese niño debía estar loco para presentarse así ante él, porque apenas llevaba una camiseta y unos pantalones cortos. Además de eso también pensó que era un niñato insolente, por cómo se había referido a su persona, aunque por un brevísimo momento sí se le pasó por la cabeza que ese imbécil podría haber sido su hijo.

—No, soy Nijhalem, el sargento más condecorado de todo este maldito planeta —respondió orgulloso.

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NotaPublicado: Lun Feb 05, 2018 12:27 pm 
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Deberías reescribir el comienzo para contarlo en presente y unificar un poco los tiempos verbales. También se nota bastante que lo escribiste antes que el de los abanicos.

Y como space opera pinta bien :cunao:

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NotaPublicado: Lun Feb 12, 2018 11:10 am 
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Muchas gracias por los comentarios :alegria: , pues mira, este libro lo escribí después del de los abanicos. Lo que pasa es que este no lo corregí tanto porque pasaba un mal momento de escritor, pero por suerte ya pasó de sobra. El de los abanicos lo corregí tantas veces que, de haberlo tenido en físico, lo habría tirado a la papelera. Fueron años de corrección y el libro no era así en un principio, porque le quité más cosas, una de ellas la posesión demoníaca de Kioko.
En fin, de cualquier manera ambos libros debería reescribirlos porque no representan mi nivel de escritura actual.
Muchas gracias por la ayuda :alegria:

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NotaPublicado: Lun Feb 12, 2018 3:27 pm 
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Vas a tener que contar más de esa posesión demoníaca :lista:

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NotaPublicado: Mié Feb 14, 2018 2:04 am 
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:mrgreen: Pues básicamente después de que su marido muriera fue poseída por un demonio de nivel alto y eso le daba poder. Cada vez que la enfadaban se le ponían los ojos amarillos y se volvía mucho más violenta, sus facultades aumentaban todavía más gracias al demonio. Después de lo que ocurre en el libro que estoy poniendo aquí, Akori se revela como el hermano de Miya y busca a Kioko.
Mucho más tarde Kioko decide ir a un remoto lugar donde dicen que está la puerta del infierno para intentar curarse de su posesión. Para ello buscará a una anciana chamán que, si no recuerdo mal (esta línea hace mil años que no la veo) la crió desde pequeña. La vieja la libera de la posesión pero le dice que el demonio de alto nivel amenaza con subir al mundo para destruirlo, de modo que Kioko y Riada deben viajar al infierno (sé que suena un poco Dantesco, y con esa intención lo hice) para derrotar al demonio de alto nivel que poseyó el cuerpo de Kioko. La geisha, después de ser liberada de su posesión, descubrirá que sus poderes se han aumentado porque una parte de su alma estaba dormida a causa del demonio y lograrán vencer al demonio.
En fin, y tengo el esquema para que sea una trilogía pero nunca me siento a escribirlo porque en mi portátil tengo un lío de historias que no te haces una idea.

Gracias por comentar :alegria:

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NotaPublicado: Mié Feb 14, 2018 12:36 pm 
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Oye, pues tampoco queda mal, pero más para después de que venzan a Miya. Y ahora esperaremos a que continúes la historia del sargento :cunao:

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NotaPublicado: Mié Feb 14, 2018 3:45 pm 
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:cunao: De hecho, todo lo que he contado es para después de que derroten a Miya, pero quité toda esa línea de la posesión porque no sabía muy bien si pegaba con el resto del libro, el que estoy colgando aquí. ¿Tú crees que después de la derrota de Miya vaya bien todo lo que he contado? Pregunto porque realmente no lo sé. Aunque para ser sinceros el personaje de Kioko incluía la posesión desde que se me ocurrió en 2012.
Para ser más exactos me da la impresión de que después de la derrota de Miya es casi como si empezara a tener otro libro en el mismo, es decir, que no casa una parte con la otra (como si se cerrara demasiado fuerte esa parte con la derrota de Miya y no admitiera más trama). Aunque también te digo que Miya sigue saliendo a pesar de lo que le ocurre :cunao: , me inventé una forma para que siguiera dando por culo :lol:
En fin, agradecería tu consejo :alegria:

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NotaPublicado: Mié Feb 14, 2018 9:38 pm 
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Registrado: Vie Dic 26, 2003 7:50 pm
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Es fantasí, utilizan el qui de una forma un tanto fantasiosa, así que la posesión no desentona :lol:

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NotaPublicado: Jue Feb 15, 2018 12:03 am 
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Bueno, pues creo que retomaré esa historia completa; hace mucho tiempo que la aparqué y me gustaba más con la posesión demoníaca. Sigo ahora con la historia del sargento :cunao:

—Lo que sea, viejo —respondió el jovencillo sentándose y apoyando las botas sobre la mesa.

—¿Sabes para qué necesito una nueva tropa de asalto? —Lo miró con cara de pocos amigos.

—Sí, para no sé que rollo de salvar el planeta.

Nijhalem creyó que le iba a explotar la cabeza por la forma de hablar del jovencillo, y no le hacía falta hablar más con él para saber que aquel era un pobre loco que, por lo que a él respectaba, había acabado su carrera en el ejército mucho antes de haberla empezado.

—Está bien, creo que no necesitaré tus servicios —dijo Nijhalem apoyándose en los reposabrazos.

—Espere, comete un error, yo soy su hombre. Yo voy a salvar el mundo. Si no me lleva con usted la humanidad está perdida —rogó el muchacho en tono suplicante y desesperado.

Por las palabras del niñato, el sargento habría dicho que se trataba de un auténtico loco.

—Está bien, vas a salvar el mundo pero ahora te voy a llevar a una habitación de color blanco desde donde te será más fácil hacerlo —dijo Nijhalem en tono casi melodioso.

La mirada del joven cambió y echó mano de su cinturón, extrajo de él una pistola y Nijhalem, que se había dado cuenta, se tiró a uno de los lados y un fichero cubrió su fornido cuerpo. Para él habría sido muy fácil matarlo pero prefirió no hacer nada ya que, después de todo, estaba haciendo tal ruido que otros soldados ya se habían percatado de la presencia del joven en su despacho.

—Maldito loco, has estropeado mi fichero —gritó Nijhalem sin darle importancia al torpe intento de asesinato del que estaba siendo victima.

—No estoy loco —volvió a disparar sobre el fichero que le servía de trinchera al sargento.

Nijhalem se estaba empezando a sentir furioso y esto no solía ser bueno en absoluto, sin embargo, y ante el problema evidente del muchacho, optó por ser diplomático.

—Mira, chico, si sueltas esa arma ahora mismo haré todo lo que pueda para que no te sometan a un consejo de guerra.

—Soy un civil, los civiles no podemos ser sometidos a consejos de guerra.

—Según el nuevo reglamento es posible —aseveró Nijhalem.

—No, me estás diciendo eso para confundirme —volvió a disparar una vez más.

—Es cierto, no te estoy engañando.

—¡Cállate! —gritó el chico.

El sargento ya estaba harto de tener tanta diplomacia con aquel niño, así que cogió su arma y se asomó un
momento por el fichero y vio donde estaba. Fue tan profesional que el muchacho no lo notó, pero aún notó menos cómo le disparaba una bala que fue a impactar en uno de los pies del muchacho, lo que provocó que se lo arrancara de cuajo. Cuando eso sucedió el chico cayó al suelo y pulsó el gatillo de su arma, la cual, empezó a disparar en todas direcciones, mientras no dejaba de gritar por la dolorosa herida.

Al poco llegaron otros Soldados Espaciales y, cuando el arma se quedó sin balas, lo detuvieron y le leyeron los derechos espaciales, según los cuales podía ser sometido a un consejo de guerra.

—Soldados —dijo Nijhalem aproximándose a ellos—. Este niño ha atacado a un Soldado Espacial, según las nuevas reglas puede ser sometido a un consejo de guerra.

—¡Señor! —respondió uno de ellos con energía.

—Llévenlo a la planta de regeneración biocorporal y luego pónganlo a disposición de las autoridades militares correspondientes.

—¡Señor! —Repitió el soldado con ímpetu.

Mientras se llevaban a ese pobre desgraciado, apareció un hombre de unos diez años menos que él. Llevaba puesto su uniforme reglamentario y le gustó desde que lo vio. Además, parecía haber cuidado muy bien su traje, algo que le decía al sargento que era un hombre meticuloso.

El aguerrido sargento vio que el hombre miraba hacia los agujeros de bala de su despacho, y habría apostado su rifle a que se moría de ganas por preguntar qué había pasado allí, pero no lo hizo y en cambio se dirigió a él:

—¿Es usted Nijhalem?

—¿Ha venido por lo de la misión?

—Sí, me informaron de que buscaba una nueva tropa de asalto y quería presentar mi candidatura.

El hombre siguió de pie delante de Nijhalem y eso le indicaba a su examinador que estaba dispuesto a seguir órdenes, aunque para trabajar con él todavía debería superar algunas pruebas.

—Puede sentarse, soldado.

—Muchas gracias, señor.

—Como le habrán informado, hemos descubierto un planeta en el que se supone que hay un material desconocido para nosotros que puede ser la salvación del ser humano.

—Sí, estoy enterado de los detalles.

—No tan rápido, debo decirle que no sabemos nada acerca de…

—Sí, ya lo sé —le cortó el hombre.

Nijhalem se quedó mirándolo muy sorprendido y esperó a que su interlocutor volviera a hablar.

—No sabemos nada acerca de la fauna, ni de la vegetación ni tan siquiera su ubicación exacta.

—¿Y aún así quiere ir?

—Por supuesto, sé que con mi pequeña contribución la raza humana estaría salvada y no imagino un placer mayor que ese.

El bravo sargento se quedó observándolo y vio a un hombre con cicatrices en su rostro, de mediana altura, con pelo y ojos negros, y de mandíbula angulosa. Por su aspecto, Nijhalem habría dicho que ese hombre ya había servido en otros destinos, y se sintió contento por tener tanta suerte de haber encontrado a alguien así para su equipo.

—Está bien, soldado, veo que su disposición es muy buena.

—Es mi deber para con mi raza —respondió con solemnidad.

El sargento lo miró y se empezó a reír porque estaba muy satisfecho de haber encontrado un hombre así, además le gustaba incluso su voz; rasgada y profunda.

—Me encanta que hable de esa forma, soldado, si todos fueran como usted habríamos ganado las guerras pasadas.

—Se lo agradezco, señor, ¿quiere eso decir que me ha escogido?

—Aún no, ahora tendrá que superar una prueba conmigo en el campo de entrenamiento.

—¿Por qué? —preguntó el soldado, nervioso.

—Ah, no se preocupe, es simple rutina —lo tranquilizó Nijhalem.

—No, si lo digo porque nunca podría vencer a un sargento de su altura.

—No tenga cuidado por eso, no es ninguna competición; sólo quiero ver sus reacciones en batalla.

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La potencia sin control no sirve de nada.
Si algo no tiene solución para qué preocuparse por ello.
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NotaPublicado: Sab Feb 17, 2018 5:10 pm 
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Cruela de vil
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Registrado: Vie Dic 26, 2003 7:50 pm
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Tienes que dar algo ma que explique porqué a este, diciendo lo mismo de la salvación del mundo que el otro, no le considera serio. No sé, una mención a los gestos o el tono que acompañan las palabras.

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NotaPublicado: Dom Feb 18, 2018 1:51 am 
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Registrado: Vie Sep 01, 2017 9:29 am
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Ubicación: España
Entiendo lo que dices pero la diferencia entre el jovencillo loco y el otro hombre es que éste ha traído su uniforme reglamentario perfecto. Mientras que el loco venía con pantalones y camiseta y no era para nada serio, y Nijhalem, que en realidad tiene algo de mí, nunca lo llegó a considerar ya desde que lo vio entrar con esas fachas.
Por otra parte, el segundo hombre se queda de pie hasta que el sargento le dice que se puede sentar, y eso le dice a Nijhalem que está dispuesto a aceptar órdenes, que él es sólo una ayuda, mientras que el sargento es el verdadero jefe, por decirlo de alguna manera.
Por lo menos así lo escribí yo :cunao:

Gracias por comentar :alegria:

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NotaPublicado: Dom Feb 18, 2018 7:33 pm 
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Cruela de vil
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Registrado: Vie Dic 26, 2003 7:50 pm
Mensajes: 62893
Una cosa es aceptar órdenes y ser disciplinado, que es lo único que has demostrado en esta escena que busca. Otra bien distinto es ser creativo a la hora de afrontar los problemas, que es lo que se esperaría de alguien que forme parte de un equipo que se enfrente a lo desconocido, ¿no?

En todo caso, los dos van muy de sobrados.

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Traducción al español por Huan Manwë para phpBB España