|
Los estoy leyendo ahora. Tienen una historia de recopilación bastante extraña, ya que fueron publicados póstumamente en base a las notas y manuscritos que habia dejado, bastantes desordenados, como preparatorios de una obra que no llegó a completar, por tanto intentaron, los diferentes editores, darles una linea más o menos coherente. Aunque de visión cristiana tiene un caracter práctico, racional y pesimista. Parece que Schopenhauer se inspirara en algunos de sus planteamientos, como cuando habla sobre el infinito, por ejemplo:
348) Habiendo vuelto a sí mismo, considere el hombre lo que él es en comparación con lo que es; obsérvese como perdido en este rincón apartado de la naturaleza; y, desde esta pequeña celda donde se encuentra alojado, o sea el universo, aprenda a estimar la tierra, los reinos, las ciudades y a sí mismo en su justo precio. ¿Qué es un hombre en el infinito? Pero, para presentarle otro prodigio igualmente asombroso, busque el hombre en lo que conoce las cosas más sutiles. Que el insecto arador le ofrezca en la pequeñez de su cuerpo partes incomparablemente más pequeñas, piernas con articulaciones, venas en sus piernas, sangre en sus venas, humores en esta sangre, gotas en sus humores, vapores en estas gotas; y dividiendo aún más estas últimas cosas, agote sus fuerzas en estas concepciones, y el último objeto al que pueda llegar sea ahora el de nuestra exposición: quizás piense que es esta la extrema pequeñez de la naturaleza. Quiero hacerle ver allí dentro un nuevo abismo. Quiero pintarle no sólo el universo visible, sino también la inmensidad que se puede concebir de la naturaleza, en el recinto de esa abreviatura de átomo. Vea en él una infinidad de universos, cada uno con su firmamento, sus planetas, su tierra, en la misma proporción del mundo visible; en esa tierra, animales, y por último insectos aradores, en los cuales volverá a encontrar lo mismo que los primeros le han dado; y, encontrando aun en los otros lo mismo, sin fin y sin reposo, piérdase en estas maravillas, tan asombrosas en su pequeñez como las otras por su magnitud; pues ¿quién no se admirará de que nuestro cuerpo, que ha poco no era perceptible en el universo, imperceptible él mismo en el seno del todo, sea ahora un coloso, un mundo, o más bien un todo, con respecto a la nada a la cual no se puede llegar?. Quien se considere de tal suerte se espantará de sí mismo y, considerándose sostenido en la masa que la naturaleza le ha dado, entre esos dos abismos del infinito y de la nada, temblará a la vista de maravillas tales; y yo creo que su curiosidad se tornará admiración y estará más dispuesto a contemplarlas en silencio que a inquirirlas con presunción. Pues, en fin, ¿qué es un hombre en la naturaleza? Una nada con respecto al infinito, un todo con respecto a la nada, un medio entre nada y todo. Infinitamente distante de comprender los extremos, para él el fin y el principio de las cosas están insuperablemente escondidos en un secreto impenetrable, y es igualmente incapaz de ver la nada de donde ha sido extraído y el infinito donde está sumido. Así pues, ¿qué hará, sino darse cuenta de /alguna/ apariencia del intermedio de las cosas, en una desesperación eterna de conocer ni su principio ni su fin? Todas las cosas están sacadas de la nada y llevadas hasta el infinito. ¿Quién seguirá este asombroso itinerario? El autor de tales maravillas lo comprende. Los otros no pueden hacerlo.
|