ratonB escribió:
Hola. Soy nuevo en este foro... y además, un bicho raro.
He estado leyendo temas en estos foros y la verdad que he tomado nota de muchos títulos que no conocía. Los pongo en lista de espera y prometo leerlos todos siempre y cuando disminuya la velocidad de rotación de la tierra.
Me ha llamado la atención que a nadie le haya gustado El péndulo de Foucault, aunque no tanto, porque entre mis conocidos ocurre lo mismo. Pesado, tocho, ladrillo es lo más bonito que he oído de él. Pobre Umberto, con el trabajazo que debió darse... Pues le rompo una pica y me atrevo a confesar que lo he leido tres veces... y aún me mira de reojo desde su sitio en la estantería
¿Algún otro disidente que se solidarice conmigo por ahí?
Mirá, ratónB las vueltas de la vida... hoy encontré este subforo de ‘El Péndulo...’ Más que solidarizarme con vos me alegro de coincidir plenamente. Lo leí a principios del verano pasado, estando de vacaciones y lo devoré, llené el libro de marcas. Lo primero que me viene a la mente es el instante supremo en que (no recuerdo el nombre y no tengo ahora el libro) siendo pequeño, uno de los protagonistas logra tocar su instrumento favorito y, aunque sea en un entierro, levanta sus ojos al cielo y se siente en la gloria. Esos instantes furtivos que nos alegran la vida, los pequeños logros que nos colman de dicha: la cúspide del Árbol de la Vida cabalístico que es el ‘esqueleto’ de la obra.
Después hay un montón para hablar: masones, templarios, santo grial, gnósticos, jesuitas (otro tema que me apasiona y no logro encontrar el libro adecuado), ambición, corrupción, etc. Etc. Pero sobre todo el deseo humano de saber, de conocer el por qué: ‘daát’ la esfera del conocimiento que no es fija, que aparece y desaparece entre los restantes sefirót. Todo tratado por un estudioso de la Edad Media como es Eco. Creo que es el mejor libro que le hace honor a su carrera: la semiología. Los símbolos que tanto nos atraen desde las humildes y mágicas letras hasta las grandes construcciones arquitectónicas, que tanta pena le causaba Víctor Hugo en Los Miserables cuando las comparaba con los nuevos libros impresos y temía que desaparecieran.
Te cuento: leí el Péndulo después de leer el Código da Vinci, porque me dijeron que éste era una copia de aquél.
Saludos cordiales,
Silvia