Ridley Scott

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Gamow
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Ridley Scott

Mensaje por Gamow » 27 Ene 2012 23:30

Ridley Scott
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Desde los replicantes y su pasión por una vida que no les pertenece hasta ese alien y su furiosa conquista de la nave Nostromo, el cine de Ridley Scott viene a ser un profundo tratado de estética, narrativa y filosofía.

Scott nace el 3 de enero de 1937 en South Shields, en el condado inglés de Durham. Desde la infancia, le apasionan la lectura y el mundo de la imagen.

Será en la escuela de cine donde realice su primer trabajo cinematográfico: un corto titulado Boy on a bicycle. Para realizarlo contó con la colaboración de su padre y de su hermano Tony.

Este trabajo llamó la atención del Instituto Británico de cine. Poco tiempo después, Ridley se traslada a la ciudad de Nueva York, con el fin de perfeccionarse en tres disciplinas: diseño gráfico, fotografía y televisión.

De nuevo en Inglaterra, esa formación le permite trabajar para la BBC e iniciar su labor como publicitario.

A través de la Ridley Scott Associates, empresa que funda con su hermano, consolidará una prolífica carrera en ese campo. Una carrera que le permitirá, con el tiempo, emprender la preparación de proyectos cinematográficos.

En opinión de Santiago Sánchez González, "el período precinematográfico de Ridley Scott coincide con una época de auténtica eclosión visual, que él estructura a partir de tres influencias geográficas. De un lado, la Gran Bretaña de la época recoge todo un intento de subversión estética más aparente que real. La televisión y la fotografía viven un período de intensa actividad, que repercute sobre el público, entendido como un elemento receptor masificado. David Bayley, el denostado Hamilton, el free cinema, Tony Richardson, Richard Lester, Julie Christie, el reconocimiento de la calidad literaria del no siempre bien comprendido Harold Pinter, la pintura de Hockney -que luego se trasladará a California- y la música de los Stones, entre otros, configuran un panorama cultural y plástico que, con una inteligente cobertura comercial, ejerce una notable influencia sobre Europa y sobre toda una generación de jóvenes profesionales".

"Ahora bien –añade–, en el fondo de todo este movimiento en ebullición hay mucho más sentido clásico de lo que aparenta: una personalidad como Cecil Beaton cuenta con un gran predicamento entre los jóvenes, David Lean deviene en un clásico y en literatura, desde Stevenson a Conrad, la narrativa vive un período de inspiración por parte del siglo XIX, lo que es trasladable al campo de la pintura, donde las exposiciones sobre Turner descubren un sentido romántico de la composición y la temática. Sin olvidar, mal que le pese a más de uno, el esteticismo de los prerrafaelistas, siempre recuperados a través de las tapas para cajas de bombones, y a quienes el pueblo soberano contempla siempre con interés, cuando está un poco ahíto de exposiciones más o menos restringidas a los iniciados".

"Es, en cierto modo, el ambiente que anunciaba una película como Blow-up, sólo que pasado por el tamiz de las crisis económicas y de una desorientación causada por quienes, hartos de unos valores que se estimaban como caducos, no acertaban a sustituir lo viejo por algo nuevo, que no se deshiciera rápidamente en aras de la moda".

Ridley Scott parte hacia la conquista de la pantalla grande con Los duelistas (1977), una adaptación de la novela homónima de Joseph Conrad -El duelo- que muestra la viveza audiovisual que confirmará posteriormente el director.

La película es la reconstrucción histórica de unos hechos acontecidos en los primeros quince años del siglo XIX: la pendencia entre dos militares de alto rango del ejército de francés.

La traslación cinematográfica muestra un equilibrio entre la obra de grandes ambientes y la visión intimista. El presupuesto reducido inclinó a Scott hacia un trabajo centrado en los personajes, con un acabado esencialmente televisivo que algunos críticos rápidamente situaron en el área de las películas de Arte y Ensayo.

No obstante, el rigor y la calidad de la imagen y la ambientación resultaron atractivos para el Jurado del Festival de Cannes que le concedió el premio a la mejor opera prima.

"Los duelistas –escribe Sánchez González– es una película repleta de amaneceres, de escarcha sobre los campos, de lluvia abundante. Es lógico, pues los duelos, los antiguos, los que eran a espada o pistola, se celebraban a hora temprana, cuando el cuerpo está fresco y las gentes comunes aún no se han despabilado".

"Es la hora de un tiempo nuevo que surge y que será breve. El racionalismo entre frío y sanguinario de la Revolución francesa fue dejando paso al romanticismo de los primeros tiempos napoleónicos, un espacio de tiempo apasionado, tumultuoso, un tanto exagerado y hermoso, donde se volvió a recuperar el interés por la naturaleza. Los interiores pictóricos de los neoclásicos fueron arrumbados en aras de tempestades, abadías derruídas y mucha humedad chorreando por los cuadros. El frío Louis David, que también admiró al Emperador, dejó paso a los colores de Delacroix, a la vibrante angustia de Gericault".

"Claro que también por todo el siglo transitó el práctico Ingres, tan aparentemente clasicista, pero que, en el fondo, aunque no lo dijese, sabía darse cuenta de dónde estaba el talento, aunque él fuese fiel, en apariencia, a su pintura de siempre. Es un tiempo el de los Feraud y D'Hubert que vino más o menos a concluir con la aparición en 1839 de la fotografía. El arte ya no volvería ser romántico y épico hasta la aparición del cine. Lo que habría de venir con la derrota de Napoleón y con el Congreso de Viena sería el realismo: Courbet. Nuestros dos generales se hubiesen merecido un retrato de Goya. Por lo menos, tuvieron una novela de Conrad".

"Pero también tuvieron su película –concluye Sánchez González–, que Scott supo concebir con un lenguaje admirable. En una historia los personajes son importantes: sus reacciones, sus actitudes, sus palabras. Pero también es importante la manera de contarla, el telón de fondo, el reflejo de la época en la cual transcurre, la semántica con que se nos cuenta".

El perfeccionismo del director queda de manifiesto en Alien, el octavo pasajero, el título que le lanzará a la fama. Un guión efectista, reelaborado en varias ocasiones, es asumido con naturalidad por el espectador, siempre a partir de referencias visuales inspiradas en la revista de cómics "Métal Hurlant".

Alien va un poco más allá de lo hasta la fecha visto en pantalla, y marca con ello una impronta que se dejará ver en muchas películas posteriores.

"Una de las calculadas ambigüedades del film –escribe Sánchez González– es la de que quede sumida en una especie de nebulosa por parte del espectador la clasificación mental del ser. Pronto nos damos cuenta de que se trata de alguien inteligente. Precisamente el desarrollo de su cabeza nos va indicando que posee una inteligencia fuera de lo normal, pero no anormal, sí maligna y depredadora, lo que no deja de ser un contrapunto irónico al pequeño volumen craneal del gato".

"Hay como una especie de escala de diferentes tipos de inteligencia en los distintos seres que pueblan la película: hombres, robots, animales y el alien. Pues bien, a pesar de que, como decimos, pronto asumimos su capacidad cerebral, el espectador no logra desechar la sensación de que se encuentra también ante algo animal, quizá por su obsesión asesina, por la seguridad con que actúa y la carencia de todo tipo de sentimientos. Incluso la aparente ridiculez del diseño, del artista suizo Giger, pasa a un segundo plano, aunque no deje de ser también una estética irónica, con evidentes resonacias fálicas, como se ha señalado en estudios sobre el tema".

"Bajo la capa de película de ciencia-ficción –añade–, Alien esconde más profundidad. Es un viaje (por cierto, en las películas de Scott se viaja mucho) al interior de nuestras profundidades. Es la búsqueda que el hombre hace de sí mismo, los peligros que ello conlleva y el riesgo de que lo que esperamos sea el futuro no nos guste nada".

Si ya esta película sitúa a Ridley Scott en la órbita de los más llamativos directores de Hollywood, su siguiente proyecto, Blade Runner, lo consolidará en los anales de la historia del cine. La nueva apuesta abunda en señalar nuevos caminos a la industria del cine, aquellos en los que la mixtificación de géneros se hace necesaria con el único fin de conformar un nuevo estilo.

En Blade Runner -adaptación de la novela de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?- se confunde la realidad del ser “humano” con la de aquellos replicantes que manifiestan unos “sentimientos” o reacciones que delatan esa peculiar “humanidad” nacida de la perfección tecnológica.

La atmósfera creada por Scott y su equipo, los efectos especiales y la música de Vangelis, sintetizan numerosas referencias cinematográficas, provenientes de los más diversos géneros.

El protagonista, interpretado por Harrison Ford, es, al decir de Sánchez González, "una especie de simbiosis entre pistolero del Oeste, casi un cazador de recompensas, y el detective típico del cine negro. Es un personaje del que no sabemos gran cosa acerca de su pasado, salvo que era uno de los mejores blade runner, pero no tenemos información acerca de familia, amigos, juventud. El es un humano, pero tampoco tiene memoria, sólo que esto, a diferencia de sus objetivos, no parece preocuparle especialmente".

"Cumple incluso sus funciones con bastante desgana, cierto cinismo, gran confianza en sí mismo y mucho escepticismo; en cierto modo, está en la estela de un Sam Spade y, salvo porque le gana en prestancía física, muy bien puede recordarnos -salvando lo que hay que salvar de época, historia y decorado- al Humphrey Bogart de El halcón maltés. Su pelo rapado y sus ropajes marrones le confieren un aire neomilitar que cuadra perfectamente con la psicología del personaje".

"En una cosa se diferencia de los detectives de Bogart: él sí tiene suerte con las mujeres, no en el sentido que la frase puede inducir, sino por el hecho de que encuentra el auténtico, el verdadero amor, con el que salir del ambiente en que ha desarrollado la vida. Es uno de esos servidores de la ley y el orden que la sociedad necesita para deshacerse de aquello que le estorba sin necesidad de dar demasiadas explicaciones; en ocasiones, ninguna".

El listón en la carrera de Scott quedó muy alto tras este rodaje. Su siguiente peldaño podía significar un paso más o, cuando menos, quedarse donde estaba. Sin embargo, Legend supuso un frenazo en su trayectoria, dado que el universo de los cuentos de hadas se evapora en una fría y encadenada sucesión de imágenes muy atractivas y visualmente bien elaboradas, pero carentes de fuerza interior.

En Legend, dice Sánchez González, está presente el mundo de Jean Cocteau "con su Bella y con su Bestia. Falta, eso sí, el hondo sabor poético que entre romanticismo y surrealismo sabía dar el gran maestro francés, donde, sin olvidar la estructura de cuento, la historia se concebía con un enfoque totalmente maduro, no desprovisto de un toque irónico, como la secuencia final, por ejemplo. Y en donde la estética francesa del XVIII daba cobertura plástica a la narración. Puede decirse que la película de Cocteau era un cuento para mayores que, sin embargo, podía atraer a los niños".

Scott se ha mantenido firme en unas historias asentadas en la dualidad del individuo, inmersa en la luz y las tinieblas de un mundo -el suyo y el que le rodea- cada vez más complejo y sorprendente. Por eso, no resulta difícil entender que asumiera el rodaje de La sombra del testigo, una historia convencional que supera una producción media gracias a su buen hacer como director. Scott sabe ser preciso, recrearse en ciertos momentos, y cuando conviene, logra ser sintético con el fin de hacer avanzar la historia.

Este thriller tiene consistencia, y desde luego, convence dentro de su tradición temática y narrativa.

La trama de Black Rain es convencional: un policía norteamericano se ve inmerso en las redes de la yakuza japonesa. Aquí triunfan los clichés y los viejos estereotipos: Scott capta el rito y la tradición de la sociedad nipona y la sitúa frente a la manera de pensar de un occidental arquetípico.

En cualquier caso, si se analizan con detalle los trabajos de Scott, se aprecia en todos un modelo variopinto de itinerarios, historias que avanzan a la búsqueda de un objetivo: el hombre. Por eso insiste en Thelma y Louise en ese viaje, ya sea físico o espiritual, que nunca termina como uno ha imaginado.

¿Qué puede pasar cuando dos personas distintas y distantes, se unen para liberarse de las ataduras de la monotonía? Simplemente que logren superar ese estado o, por el contrario, mantenerse en él de por vida.

El problema se presenta en el primer caso, cuando dos mujeres se dan cuenta de que el único camino posible, tras la experiencia amarga y trágica, es la liberación que produce la muerte. Si bien con esta película Ridley Scott recupera su prestigio, no logra renovar su antigua fama como creador de mundos.

Posteriormente, Scott dirige un proyecto en torno a la figura de Cristóbal Colón, con motivo del quinto centenario de su viaje a América. Dice Sánchez González: "La sensación que recibimos es que Scott no estuvo fino a la hora de concretar su historia. El siempre ha sido un director con una gran facilidad para la imagen y esta vez la historia rebasa el ámbito de lo puramente plástico. Claro que lo mismo sucedió en otros de sus trabajos anteriores y había sabido expresar un universo interior a partir de unas bellísimas imágenes. Pero lo cierto es que esta vez no extrajo todo lo que tuvo en sus manos e, insistimos, la sensación final es que no llegó a identificarse con la historia totalmente, salvo en un aspecto muy concreto".

"En la película –continúa– hay, como hemos dicho, unos instantes, un concepto que sí raya a gran altura: la forma en que Scott supo concebir el encuentro entre los dos continentes, los dos mundos que se ven las caras frente a frente. Los europeos, llenos de cuero y coraza, frente a los desnudos nativos caribeños. Guanahani es en realidad otro mundo, otro planeta; hasta, si queremos, otra dimensión, el Paraíso perdido y soñado, el lugar donde los anhelos pueden hacerse realidad. Para unos, oro con que enriquecerse; para otros, la oportunidad de rehacer vidas; nuevos cristianos que convertir para los clérigos. En suma, una esperanza que se convirtió en realidad".

"Luego, como dice el viejo y sabio refrán de Castilla, de dinero y santidad la mitad de la mitad. Con todo, ahí Scott rayó a su altura en cuanto a imagen y significados. Pero, en conjunto, las banderolas y estandartes de los conquistadores, que pueden ser trasunto de las banderolas que llevan los motoristas japoneses de Black rain, no brillaron como hubiera sido de desear".

La historia del siguiente film del director, Tormenta Blanca, conecta, según Sánchez González, "con varias de las constantes de Scott a lo largo de su filmografía: la vida es un camino que hay que recorrer a pesar de su dureza, para al final encontrarnos con nosotros mismos, para perfeccionarnos. A veces a costa de grandes sacrificios y en donde el riesgo constituye un aliciente más, siempre posible. Es, en suma, una estela donde encontramos el brillo lejano de un duelo entre dos oficiales franceses a lo largo del reinado de Napoleón, el camino hacia una muerte liberadora de Thelma y Louise, Deckar sobreviviendo junto a Rachel a la sucia lluvia de Los Angeles y más ejemplos que podríamos buscar en la trayectoria del director británico".

"Cinematográficamente, los antecedentes o influencias son variados pero detectables. El mar siempre ha sido una fuente de inspiración para el cine, hasta constituir casi una especificidad dentro del mismo, de los piratas a los submarinos nucleares. En nuestra opinión, el recuerdo de Capitanes intrépidos o incluso del propio Lord Jim se encuentra como un eco en esta película. Como así mismo algo del Conrad que Scott utilizara directamente para su primera película".

La siguiente etapa de Scott se vinculó a su cargo en la dirección de los Estudios Shepperton, los más monumentales y activos en Europa.

En 2000, el director británico firmó Gladiator, una superproducción que recuperaba el peplum o cine de romanos, un género mimado durante años por las grandes productoras de Hollywood. La gran industria del cine reconoció la aventura de Scott con cinco premios Oscar, entre ellos a la mejor película del año, aunque el realizador no consiguió la estatuilla por su labor de dirección.

En lo sucesivo, con su prestigio bien establecido, Scott pudo acometer empresas tan ambiciosas como Black Hawk derribado, El Reino de los Cielos o Robin Hood.

Fuente: http://www.cineyletras.es/Clasicos-y-DV ... scott.html

Filmografía:
- Boy and Bicycle (C) (1965)
- Los duelistas (1977)
- Alien, el octavo pasajero (1979)
- Blade Runner (1982)
- Apple Mac: 1984 (C) (1984)
- Legend (1985)
- La sombra del testigo (1987)
- Black Rain (1989)
- Thelma y Louise (1991)
- 1492: La conquista del paraíso (1992)
- Tormenta blanca (1996)
- La teniente O'Neil (1997)
- Gladiator (2000)
- Hannibal (2001)
- Black Hawk derribado (2001)
- Los impostores (Matchstick Men) (2003)
- Todos los niños invisibles (2005)
- El reino de los cielos (2005)
- Un buen año (2006)
- American Gangster (2007)
- Red de mentiras (2008)
- Robin Hood(2010)
Profetas de la ciencia ficción (2001) (D)
- Prometheus (2012)
- The Vatican (TV) (2013)
- El consejero (2013)
- Exodus: Dioses y reyes (2014)
- Marte (The Martian) (2015)
- Alien: Covenant - Prólogo: The Crossing (C)
- Alien: Covenant (2017)
- Todo el dinero del mundo (2017)


Actualizado: 10/07/18
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Re: [BIOGRAFIA y FILMOGRAFIA] Ridley Scott (Director de cine

Mensaje por Gamow » 27 Ene 2012 23:31

Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Ridley_Sco ... raf.C3.ADa

Ridley Scott ha dirigido las siguientes películas:

* Los duelistas (1977) con Keith Carradine, Harvey Keitel, Albert Finney.
* Alien, el octavo pasajero (1979) con Sigourney Weaver, Tom Skerritt, John Hurt.
* Blade Runner (1982) con Harrison Ford, Sean Young, Rutger Hauer.
* Legend (1985) con Tom Cruise, Mia Sara, Tim Curry.
* La sombra del testigo (1987) con Tom Berenger, Mimi Rogers, Lorraine Bracco.
* Black Rain (1989) con Michael Douglas, Andy Garcia y Kate Capshaw.
* Thelma y Louise (1991) con Susan Sarandon, Geena Davis, Brad Pitt.
* 1492: La conquista del paraíso (1992) con Gérard Depardieu, Sigourney Weaver, Armand Assante.
* Tormenta blanca (1996) con Jeff Bridges, Caroline Goodall, John Savage.
* La teniente O'Neil (1997) con Demi Moore, Viggo Mortensen, Anne Bancroft.
* Gladiator (2000) con Russell Crowe, Joaquin Phoenix, Connie Nielsen.
* Hannibal (2001) con Anthony Hopkins, Julianne Moore, Ray Liotta.
* Black Hawk down (2002) con Josh Hartnett, Eric Bana, Ewan McGregor.
* Los impostores (2003) con Nicolas Cage, Sam Rockwell, Alison Lohman.
* El reino de los cielos (2005) con Orlando Bloom, Eva Green, Liam Neeson.
* Un buen año (2006) con Russell Crowe, Abbie Cornish, Albert Finney, Marion Cotillard.
* American Gangster (2007) con Denzel Washington y Russell Crowe.
* Red de mentiras (2008) con Leonardo DiCaprio y Russell Crowe.
* Robin Hood (2010) con Russel Crowe como protagonista.
* Prometheus (2012)

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