Llegamos al aeropuerto Charles De Gaulle con tiempo (eso pensábamos) y al facturar nos encontramos con que el vuelo estaba cerrado (faltaba bastante más de media hora para que saliese, creo que hasta unos 45 minutos), pero al tipo del mostrador le dio igual, que era imposible, etc. Pero de repente, y sin que dijésemos nada especial, ni enfados, ni nada de nada, la cosa pasó de imposible a "si se dan prisa en llegar a la puerta de embarque, les facturo las maletas".
Corrimos hasta la puerta de embarque, después de pasar por ascensores, pasillos, túneles, hasta que llegamos a la inmensa cola del control de seguridad, en la que había como 200 personas. Sin darnos cuenta de qué hacía toda esa gente allí, nos íbamos a colar sin quererlo. Nadie protestó ni dijo nada, excepto un grupo de españoles que, gritando, nos dijo "Ehhhh, a dónde van, a la cola como todo el mundo". En esa cola había un silencio relativo, teniendo en cuanta la cantidad de gente, así que el grito sonó desaforado. Como íbamos a coger el mismo vuelo a Madrid, nos quedamos con ellos (insisto, nadie protestó por que nos hubiésemos colado de forma tan descarada como inocente).
Por megafonía, por supuesto, insistían una y otra vez en a ver si aquellos pasajeros que se habían comprometido a correr hasta la puerta de embarque lo hacían de una vez. ¡Qué mas quisiera yo!
Pasamos el control, embarcamos, subimos al avión y todavía estuvimos casi una hora esperando dentro porque había no sé qué problema con las maletas, que no llegaban. Por la ventana vimos como metían en la bodega un grupo de maletas, pero no vimos las nuestras. Al comandante le debió dar igual que no estuviesen todas las maletas dentro del avión, y sí que llegase con retraso, y despegó.
Resultado: al llegar a Madrid, unas cuarenta personas no tenían maletas, incluyendo las nuestras (solo salió la mía, jejejeje, pero faltaban las de mi mujer, las de las niñas, el carro de bebé, la maleta de los regalos...

). Como ya había visto la jugada desde que salimos de París, antes de que saliese nadie de la compañía a explicar qué debíamos hacer y cómo reclamar, yo ya me había ido al mostrador correspondiente y era el primero de la cola
Y después quedaba la segunda parte. Cuando compré los billetes, con un par de meses de antelación, los enlaces estaban perfectamente estudiados (Tenerife-Madrid y Madrid-París, ida y vuelta), pero 15 días antes de salir, Spanair canceló el Madrid-Tenerife (el último del día) y lo adelantó de hora, así que el avión salía cuando todavía no habíamos llegado a Barajas

Y no hubo manera de arreglarlo, por mucho que insistí, me enfadé, amenacé... La compañía lo había comunicado con 15 días de antelación y habían cumplido con la legalidad. Además, era el último vuelo del día. Solo quedaba cambiar el vuelo para el día siguiente y, si la compañía aérea quería, que nos alojasen para pasar la noche.
Así que llegamos a Barajas, sin maletas, cansados, con dos niñas agotadas e insoportables a esas horas, y nos fuimos a mendigar una noche de hotel. Y lo sorprendente del caso es que coló. El de Spanair creyó que el de Air Comet (los que nos trajeron de París) ya nos había confirmado que nos iban a alojar, así que se cogió un tremendo enfado con los Air Comet, y mientras maldecía para sus adentros a los de la otra compañía aérea, nos entregaba el cupón. Y así pasamos una noche extra en el hotel Auditorium (que luego se hizo tristemente famoso por alojar a los familiares de las víctimas del accidente aéreo).
Y a fin de cuentas, que perdiesen las maletas fue casi una bendición, porque nos ahorramos el tener que cargar con ellas y nos las llevaron a casa a los 2 días.
