CN4 - La línea muerta - Kassiopea (1º)

Relatos que optan al premio popular del concurso.

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Lifen
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CN4 - La línea muerta - Kassiopea (1º)

Mensaje por Lifen » 23 Dic 2015 12:13

La línea muerta



«Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti».

Friedrich Nietzsche



Friedrich escribió esta frase, pero yo le susurré las palabras al oído. Las absorbió con fruición, como un adicto que siente penetrar el oscuro elixir en sus venas. ¡Ah, qué recuerdos! Poe, Shelley, Schumann, Woolf, Sartre, van Gogh, Gaudí, Beksiński... Todos fueron mis pupilos e incluso llegaron a alcanzar cierta notoriedad dentro de la historia humana. Muchos me acompañan aquí abajo —cientos, miles, millones— aunque una inmensa mayoría hayan sido ignorados, olvidados bajo el sudario del tiempo.

Todos ellos me buscaron sumergiéndose en un océano de oscuridad, enfrentándose a sus miedos más abyectos, gritando mi nombre antes de conocerlo. Entre nosotros, la vanidad humana es grande. Y mayor aún es su insensatez.

Todos terminan encontrándome, por supuesto, pues aquel que busca ineludiblemente hallará. Y una vez se ha cruzado esa frontera —a la que en un alarde poético me gusta llamar «línea muerta»— no hay vuelta atrás. Ciertos conocimientos resultan demasiado abrumadores para una simple mente humana; es inevitable que su percepción del mundo se transforme por completo.

Consideraos pues advertidos, no volveré a repetirlo: Pensadlo muy bien antes de cruzar la línea muerta. Y si lo hacéis, ateneos a las consecuencias...



La bombilla del rellano estaba fundida y la visibilidad era prácticamente nula. María palpó la puerta en busca de la cerradura. Sintió el arañazo de la madera astillada y soltó una maldición. En ese momento surgió desde alguno de los pisos inferiores la melodía de un villancico, aquello aún le crispó más los nervios. ¿Cómo era posible que ahí afuera hubiera gente disfrutando de la Navidad mientras todo su mundo se estaba desmoronando?

Consiguió abrir la puerta. Un olor nauseabundo invadió sus fosas nasales.

Había suciedad, miseria y basura por todas partes. Muebles destartalados y manchas de humedad por doquier. Montones de libros y revistas apoyados de cualquier manera contra las paredes del angosto pasillo. Jirones mohosos de papel pintado acumulándose sobre el suelo. Ropa sucia, botellas y envases vacíos tirados por cualquier lado. Restos de comida putrefacta sobre la encimera de la cocina y algunos insectos disfrutando del festín.

Se preguntó por enésima vez cómo podía alguien vivir en esas condiciones.

Cómo las cosas podían torcerse tanto.

Esa mañana había recibido una llamada de la policía informándola de que su padre se encontraba en el hospital. Según varios testigos, el hombre había saltado al vacío desde un balcón del quinto piso.

—Ha hecho el salto del ángel. No lo ha dudado ni un segundo, oiga —comentó un parroquiano que había salido del bar para fumar un pitillo. Había contemplado el macabro espectáculo en primera fila.
—Últimamente tenía ojos de ido, hasta me daba miedo pasar a cobrarle el alquiler. Eso sí, siempre pagaba sin rechistar. Parece ser que, de vez en cuando, vendía alguno de esos cuadros tan feos... —había comentado la portera a María. Y a continuación le había lanzado una mirada penetrante y perspicaz—. ¿Es verdad que hacía años que no sabía nada de su padre? Siempre pensé que...

María había tomado las llaves que la portera le ofrecía y, molesta, perdida ya la paciencia, había enfilado las escaleras dejando a la vieja chismosa hablando sola.

Era increíble, pero el hombre no había muerto en el acto. El viejo aguantó hasta instantes después de que llegara María al hospital. Como si la hubiera estado esperando.

—¿Por qué? —había balbuceado ella, rozándole apenas una mano.

Él la reconoció, estaba segura de ello. El hombre susurró algo y ella se acercó para oírle mejor.

—Están dentro de mí.

Habían sido sus últimas palabras.

En el apartamento, María quedó asombrada cuando prendió las luces del salón. Una de las paredes estaba cubierta de fotografías. Se acercó boquiabierta al muro y las acarició con dedos temblorosos. Había decenas de imágenes de su madre y de ella misma: con las bolsas de la compra, saliendo del trabajo, sentada en la parada del autobús... Algunas de las fotografías eran más viejas —había una en la que María lucía un vestidito de verano que hacía mucho tiempo que ya no le entraba—, otras eran muy recientes. La sorprendió en especial una instantánea de su madre tomada en el hospital, encontrándose ya muy enferma. Luego descubrió otra de ella misma ante la tumba de su madre, el día del funeral. Llovía. Recordó que alguien le prestó ese feo paraguas de rayas.

Se le escapó un gemido. Un abismo se había abierto bajo sus pies y se agrandaba por momentos. La invadía una angustiosa sensación de vértigo.

Siempre había creído que él las había abandonado. Y, aunque le costara reconocerlo, ¡cuánto le había odiado por eso! Y ahora descubría, contemplando aquellas imágenes, que siempre había estado pendiente de ellas. ¡Incluso había visitado a su madre en el hospital! ¿Por qué ella se lo habría ocultado?

—Él cambió, mi niña —decía su madre cada vez que María preguntaba por el padre—. Un día descubrí que el hombre que amaba ya no estaba ahí. Se convirtió en un extraño.

No supo cómo, pero se encontró sentada en el suelo con unos lagrimones abrasándole el rostro. Y, al fin, junto a esas fotografías que eran retazos de un tiempo perdido para siempre, consiguió llorar.

Las sombras ya se habían adueñado de las calles cuando se incorporó. Fue entonces cuando prestó atención a los cuadros que estaban en un rincón, medio ocultos bajo una sábana polvorienta. María se sintió un poco inquieta al contemplar las figuras retorcidas y esqueléticas inmortalizadas en los lienzos. Aquellos extraños seres se arrastraban a través de escenarios desoladores y siniestros. Había terror en las cuencas de sus ojos, sí, pero también cierta avidez. Ansia.

Le pareció increíble que su padre fuese el autor.

Uno de los cuadros la atrajo de forma especial. Lo colocó sobre el caballete y pasó un buen rato contemplándolo. En él estaba representado un abismo que se abría en mitad de un desierto de arenas encendidas. El cráter era oscuro, muy profundo. Junto al abismo, emergiendo de él, se acumulaban decenas de caracoles, reptando unos sobre los otros, arrastrando con esfuerzo sus pesados caparazones. Resultaba una imagen tan hipnótica como desasosegante.

A María le asaltó un recuerdo de su niñez. Fue tan repentino e intenso que se quedó sin aliento. De improviso volvía a ser esa niña que había entrado risueña en la cocina y había encontrado una olla hirviente repleta de caracoles. Algunos de los animalitos se asomaban y luchaban por escapar, reptando sobre el metal ardiente. Fue una visión atroz. Desde aquello nunca más quiso comer caracoles.

Sintió que le faltaba el aire. Era una niña. Era un caracol.

Apagó las luces y salió corriendo de allí.

Regresó al día siguiente. Llenó varias bolsas de basura, ordenó y limpió. De vez en cuando echaba una mirada al cuadro que había dejado en el caballete. Aquel abismo insondable cada vez le resultaba más familiar.

Encontró en un cajón algunas libretas llenas de bocetos y apuntes. Le costó reconocer la letra de su padre. Él siempre había escrito con mucha pulcritud, en hileras perfectamente alineadas y con letras redondeadas. Sin embargo, en estos cuadernos reinaba el caos. Incluso algunas partes resultaban ininteligibles.

María se acomodó en el sofá, cerca del cuadro, con las libretas en el regazo. Sentía la necesidad imperiosa de averiguar más cosas de aquel hombre que, ahora lo comprendía, en realidad no conocía. «¿Quién eres tú?», se preguntaba.

—Y... ¿quién soy yo?

El veinticuatro de diciembre, después del picoteo que habían organizado en la oficina, el jefe reclamó la presencia de María. Le entregó dos botellas de vino —«un detallito en estas fiestas entrañables para nuestros empleados»— y el finiquito. Prescindían de sus servicios. «Tal vez la llamaremos más adelante». Lo cierto es que a ella no le importó demasiado.

Fue directamente a su nueva casa. No lo había previsto. Simplemente sus pies la condujeron hasta allí. La escalera seguía oscura, pero no era ningún inconveniente porque a esas alturas ya la conocía como la palma de su mano. Cerró la puerta y de inmediato se sintió reconfortada. Olía a nuevo e incluso parecía que las viejas manchas de humedad habían desaparecido.

Puso el vino a enfriar y preparó algo para cenar. El teléfono móvil sonó y decidió desconectarlo. Luego se instaló en el sofá y vio cómo la luna llena se asomaba al balcón. Por lo visto, extraordinariamente, aquel año habría plenilunio en Navidad.

Estuvo revisando los cuadernos una vez más. «Están dentro de mí», escribía aquel desconocido que había sido su padre, llenando páginas enteras en una especie de delirio. Terminó la botella de vino rosado y abrió la de vino blanco.

—Gracias, jefe —dijo en voz alta, alzando la copa.

Y, de nuevo, sus ojos quedaron prendidos del abismo. Alargó el brazo y acarició el lienzo. Estaba caliente. O tal vez era su piel la que latía con más fuerza... Resiguió con un dedo el contorno del cráter que se abría en la tierra roja. Acarició los caparazones de los caracoles. Eran rugosos y... sobresalían. Le pareció curioso no haberlo advertido antes. Soltó una risita.

Acurrucada en el sofá, María perdió la noción del tiempo. La luna, curiosa, seguía asomada al balcón. En algún momento de la noche se empezó a escuchar el palpitar de su corazón. Y, con cada latido, la luna suspiraba y el lienzo revivía. Los caracoles luchaban para escapar del abismo abrasador. Se retorcían unos sobre los otros, hasta que sus conchas redondas emergieron del lienzo.

Y siguieron reptando fuera del cuadro.

María gimió en sueños. Volvía a ser una niña y su padre la tomó en brazos. La alzó bien alto y con sus manitas tocó el techo.

De improviso, los caracoles se desprendieron de sus caparazones. Sin ese lastre continuaron su marcha con fuerzas renovadas. Se dirigieron hacia el sofá. Hacia la pierna de María. Al poco alcanzaron el pie. Y fueron llegando uno tras otro, acariciando la piel de la chica con sus tentáculos. Luego dibujaron sobre su cuerpo un entramado de senderos plateados.

Y, al fin, fueron uno.



Meses después, en abril, una de las internas del hospital psiquiátrico se mordió las yemas de los dedos hasta conseguir que sangraran profusamente. Luego escribió en las paredes con la tinta de sus propias venas. «Están dentro de mí».

—Pues no parece peligrosa —comentó un celador novato a su compañero. Era su primer día de trabajo. Contemplaba cariacontecido la frágil figura de la chica atada a la cama. Se la veía demacrada e indefensa y en ese momento dormía como un bebé.
—Atacó a la casera cuando la vieja le reclamó el alquiler. Casi le arrancó el cuello a mordiscos.
—¡Joder!
—Está embarazada —añadió, estirando el brazo y acariciando el abdomen de la mujer por encima de la ropa. Chasqueó la lengua de forma desagradable y le dedicó una mirada lasciva—. No se puede aumentar la medicación y hay que atarla.

De repente, los ojos de María se abrieron como pozos sin fondo. Todo su cuerpo se tensó y arqueó, luchando contra las correas que la mantenían presa. El celador sonrió y siguió manoseándole el cuerpo con descaro.

—En el infierno te están esperando, cabrón —escupió ella. Sus pupilas se encendieron como brasas incandescentes.

El hombre se inclinó sobre María, seguro de sí, desafiante. Soltó una risotada. Risotada que se convirtió en aullido desgarrador cuando unos dedos se hundieron en las cuencas oculares del desgraciado.

El otro celador, inexperto y aterrado, a punto estuvo de mearse en los pantalones y salió corriendo como alma que lleva el diablo.

Con la mano que había conseguido liberar tras toda una noche de esfuerzo, María aflojó el resto de correas en un santiamén.

—No os alarméis, amores míos —dijo, acariciándose la barriga—. Los humanos son débiles y no saben lo que hacen. Una nueva vida nos espera. Nadie se interpondrá.
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Re: CN4 - La línea muerta

Mensaje por jilguero » 24 Dic 2015 12:35

Autor, la cita inicial y las palabras en cursiva me han encantado. :60: Es más, me has creado una enorme curiosidad por saber dónde o qué era esa línea muerta. :roll:
El resto del relato, en cambio, me ha parecido muy bien escrito pero ya no me ha sorprendido tanto.
Hasta que no lea más relatos y vea que me ofrecen pues no sé en que banda quedará este. :wink:
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Re: CN4 - La línea muerta

Mensaje por Estrella de mar » 24 Dic 2015 15:58

Joé. Vaya tela. Me ha impresionado la historia. Además tiene un halo como cinematográfico muy atrayente. Cuidadín, plumitas, con la línea muerta. :lol:
No tengo nada que objetar, tan sólo una tontería: he visto dos "de imprevisto" demasiado juntos para mi gusto.
Lo del cuadro de los caracoles me ha puesto la piel de gallinita. :lol:

Gracias por llenarnos de letras muertas. :chino:
Ya es carnaval en el cielo.
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Re: CN4 - La línea muerta

Mensaje por Ratpenat » 24 Dic 2015 16:34

:eusa_clap: :eusa_clap: :eusa_clap:

Me encanta. Me encanta. Me encanta.

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Re: CN4 - La línea muerta

Mensaje por Shigella » 24 Dic 2015 17:02

Creo que es el que más me gusta de los que llevo, y me he leído casi todos.
Bien escrito, muy inquietante lo del cuadro... Aunque no sabía que los caracoles tuvieran tentáculos. :shock:

El detallito de que haya luna llena me ha gustado, porque esta noche hay luna llena de verdad. :mrgreen:

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Re: CN4 - La línea muerta

Mensaje por Ratpenat » 24 Dic 2015 17:25

Vale, tiene laísmos que hacen daño. Pero me gusta un montón el ritmo.

Casualmente, estaba leyéndolo en voz alta (grabándome) y me he sorprendido mientras leía. Quería subir el audio, que por otro lado es muy cutre, pero por agasajar al/a la que espero que gane... eso que no me deja. Mala pata.

(love)

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Re: CN4 - La línea muerta

Mensaje por Pedro Nieto » 25 Dic 2015 12:54

Me gusta esta historia, si señor.

Es inquietante, oscura y Lovecraftiana, aunque... le sobra el final. Hubiera preferido dejarla ahí amarrada en el hospital psiquiátrico y que cada uno escribiera mentalmente el final más adecuado. El que el autor/a nos indica... no es, según mi opinión, el más adecuado.

Me gusta mucho el tono cinematográfico de la historia, como dice Estrella de mar.

Gran relato!
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Re: CN4 - La línea muerta

Mensaje por Gavalia » 26 Dic 2015 10:18

Estoy en sintonía con la mayoría. Es un buen trabajo en cuanto a la prosa. La historia atrae desde el comienzo pero se me desinfla con el asunto del cuadro y los caracoles porque no la entiendo bien y se me hace confuso. El padre estaba loco y por eso las abandonó, para no hacerlas daño. María ha heredado esa locura al parecer. Creo que tu historia es interesante por lo bien escrita que está más que por lo que cuentas. La imagen de los caracoles y la olla hirviendo me ha asaltado con fuerza, eso es bueno creo. El final no me parece mal. Que esperar de una pirada así? Buen trabajo. No me entusiasma demasiado pero está conseguido. Enhorabuena.
La mamá arropaba a su pequeño niño invidente mientras le susurraba al oído...
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Re: CN4 - La línea muerta

Mensaje por Mister_Sogad » 26 Dic 2015 14:33

Qué bueno autor/a, me ha gustado mucho. Con lo que me gusta a mí un buen escrito visual y tú lo has logrado, me sobran un poquito los caracoles, todo sea dicho, pero es más porque no los veo en plan oscuro y no por lo que has escrito, porque la escena del cuadro, con María en el sofá y los caracoles acercándosele y subiéndole y... vamos que muy bien construido. También me gusta cómo has narrado los escenarios y los sentimientos, con poca inversión en palabras cuentas muchas cosas de María, su padre, la situación entre ambos y la angustia u oscuridad en la que vivía él y en la que luego cae ella.

De todas formas tengo que ser sincero, buena parte del relato me sonaba de algo, no consigo recordar de qué, y no hablo de los caracoles, sino de la puesta en escena; si recuerdo algo ya te lo diré autor/a.

Tampoco me convence el final en el hospital, entiendo que querías darle un final, pero se me ha hecho previsible, tal vez me hubiera gustado más si hubieras apostado por narrar el ataque a la casera.

Volveré autor/a.
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Re: CN4 - La línea muerta

Mensaje por Gisso » 26 Dic 2015 20:32

Me gusta, me ah dejado muerto... de miedo :lol: . Es desasosegante, te pone la piel de gallina. A mí tampoco me gustaba ver como mi madre hacía los caracoles... y cuando se descuidaba salvaba alguno :mrgreen: . Aunque puede que me hubiese gustado saber que son realmente esos caracoles y por qué hacen lo que hacen. Aun así, buen trabajo.

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Pedro Nieto
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Re: CN4 - La línea muerta

Mensaje por Pedro Nieto » 26 Dic 2015 20:56

Es curioso... pero mi abuela hizo una vez caracoles. Y yo los vi en la olla. Se retorcían, estiraban sus antenas/ojos tratando de salir de aquel horror.

Nunca pude comer caracoles.
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Re: CN4 - La línea muerta

Mensaje por Berlín » 26 Dic 2015 21:20

Y parece evidente que Maria parirá un caracol enorme y con muchos tentáculos.

Me ha faltado Lovecraft, porque esos caracoles pertenecen a los dos, a él y a Beksinski, sin duda.
Esa linea muerta tiene toda la pinta de ser la linea de la locura, locura que todo buen artista que se precie debe tener. Un abismo del que no se sale ¿verdad autor que te refieres a eso?
El padre no supo salir de ese abismo y se tiró por el balcón. Lo poseyeron los caracoles, no pudo salir de ese crater de rojo encendido.
Dejando aparte abismos, caracoles y cráteres, me ha gustado mucho que esa chica, María, despues de muerto su padre, quiera conocerlo más a fondo. Me gusta que lo descubra, que descubra cómo era en realidad, que lo conozca al fin. Y que sepa que no las abandonó, lo que ocurre es que los caracoles le reclamaban.

No he podido evitar recordar una novela de Saramago, que aunque no es lovecraftiana y carece de caracoles, refleja un sentimiento parecido. El de querer conocer a alguien después de su muerte. Obsesionarse incluso. Esa novela se titula Todos los nombres. Es una chorrada, pero me ha venido a la cabeza.

Es una ida de olla, pero me ha gustado mucho.
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Re: CN4 - La línea muerta

Mensaje por jilguero » 26 Dic 2015 22:25

Releído, autor.
Tienes la mala suerte (o la buena si eres de los que para ti lo más importante no es ganar) de que el comienzo (la cursiva) ha sido posiblemente el que más me ha interesado del todo el concurso, creándome muchas expectativas. De hecho pensé, este va a ser El relato muerto porque él me va a marcar la línea que los separa de los otros relatos. Sin embargo el resto no digo que esté mal pero no está al nivel que yo esperaba. Para colmo, cuando has nombrado a los caracoles mi cabeza se ha ido del tirón al relato de Albatross, Don Urbano y la ciudad de los caracoles (si no lo conoces autor, merece la pena, también en él están ligados a la locura pero con otro enfoque), que es tan original que finalmente tu texto me ha resultado más convencional, más una historia típica de poseídos. Pero eso es culpa de mis conexiones neuronales que se empeñan en unir todito con los hilos de Ariadna. :wink:

Conclusión, no es mal relato, autor, pero yo creo que con ese arranque podría haber sido mucho mejor. No sé, es como si hubieras arrancado con un nivel de diez y hubieras acabado con nivel de notable alto. Pero siempre me gusta recordaros que suelo ser más exigente casualmente con los buenos relatos. :60:
Por si sientes curiosidad, te dejo enlace a ese otro relato de caracoles, en el cual, por cierto, es también la cursiva lo mejor
http://www.abretelibro.com/foro/viewtop ... s#p3701781
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Re: CN4 - La línea muerta

Mensaje por Tolomew Dewhust » 29 Dic 2015 00:15

mi tío Chano escribió:
la niña gata escribió:Nenes, tengo un tatú nuevo en el muslo izquierdo... El caso es que ando elaborando un poemario pero ando cortita de rimas... venga, el primero que me busque una palabrita que case con "la limonada del tío Chano, no sabe a limón, sino a banano" se gana un mp con fotito del tatú.
¡Coño! Menuda levantera que tenemos hoy en Cái... (no rima pero igual cuela...).

Venga, al lío... Una historia con todos los ingredientes para que sea muerta, contundente y redonda, la más redonda de las que llevo leídas hasta ahora, y que, sin embargo, sin un motivo específico o al menos uno al que poder echar la culpa del descalabro, a mí no me seduce lo suficiente como para auparla entre mis favoritas.
A otro nivel, me ha pasado un poco como con "No respires". Y no será por lecturas, que te leo desde el primer día...
Bueno, al grano: muy bien escrito (como por otra parte nos acostumbras), utilizas un par de palabrejas que me traen una música que ya he escuchado antes, y por ahí te cacé (ya en la excell te quito la máscara si eso :boese040:). Por otra parte, la idea me parece resultona, un arranque de locura (un poco como esa enfermedad contagiosa de los poetas, pero aquí con esa caída al abismo que padecen padre e hija cuando se asoman al dichoso cuadro de los caracoles).
Creo que hay varios relatos que tratan el tema de la locura. Uno que ya tengo muy leído pero que aún no he comentado, "El viaje", toca el mismo tema pero desde otro punto de vista diferente.
Bueno, entiendo que los primeros párrafos escritos en cursiva son palabras que pronuncia la propia Locura (o eso al menos es lo que a mí me gustaría que sucediera), advirtiéndonos de que grandes genios que la buscaron terminaron hallándola y que es un pozo sin fondo y tal pascual. Hasta ahí, genial. Creo... sí, igual podrías haber contado esta historia con ese mismo narrador y en el mismo tono, a ver qué hubiera salido... algo un pelín más original, seguro. Además, es que cuando uno planta una cita, como tú has hecho, en cierto modo predispone al lector para lo que va a suceder. Tú colocas dos citas, la frase corta y la parrafada en cursiva, que tiene la misma función, es decir, prepararnos para asistir a un descenso al abismo, a un cruzar esa línea entre estar cuerdo y no estarlo. Mal por ahí (según mi criterio parcial y subjetivo).
La historia del santo del angel del padre porque "los lleva dentro" y la chica que experimenta su propio "cambio"... bien. Pero, solo eso. Bien. Lo del cuadro, bueno, los caracoles no me dan mucho miedo y eso me jode, porque leo que otros sí lo han experimentado, y, yo, que soy mucho de pelis de miedo ando loco por encontrar algo que me lo provoque... sigo buscando.
Por otro lado, el final, ese salto en el tiempo y verla ya en el manicomio y preñada de bichos... tampoco me termina de llenar. A ver, por separado sí, es decir, si por ejemplo arranca un relato diciendo que María está embarazada y que va a parir una camada de doscientos veintiocho caracoles, se me ponen las orejas tiesas y me bebo la historia del tirón... pero, en este caso, es como si hubiera empezado arriba en un tobogán y fuera descendiendo lentamente y casi que cada vez con algo menos de interés... será cuestión mía, eso seguro, pero como que ya no me sorprendía nada, ni creo que otro giro aún más radical lo hubiera hecho... ha sido como eso, descender por el tobogán en cuanto a ir perdiendo emoción y altura.
En todo caso, y por terminar con algo positivo, me reitero en lo bien narrado que está y en la idea, en las ganas de ofrecernos algo distinto a lo convencional. Gracias por eso.
Pues eso, más o menos de acuerdo con mi tío Chano.
Tengo un castillo con ventanas a la mar y una puerta sin portal,
si te gusta, es tu castillo.

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Nínive
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Re: CN4 - La línea muerta

Mensaje por Nínive » 29 Dic 2015 16:57

Me gusta mucho este relato con peros (parafraseando a mi querida-odiada Ororo).
Tiene imágenes muy potentes con esa similitud del abismo y los caracoles saliendo de la olla y reptando hacia la protagonista. La caída hacia la locura, el traspaso de la línea muerta (muy buen título)...
Lo que no me convence es la parte del embarazo y del psiquiátrico. Creo que te has desmelenado demasiado y has dejado aparte el tema de terror psicológico por algo más mundano y no casa bien con el tono inicial del relato.
Aún así, me gusta mucho, ya lo he dicho. :60:
¿El tono? La baba de caracol es transparente, ¿no? Pues no sé... Un negro de cueva húmeda.
Mi página: Curvas de tinta y tatuajes del alma

Y el aullido del lobo negro se coló bajo la piel nevada de la loba...

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