Viaje de un naturalista alrededor del mundo - Charles Darwin

En principio incluye biografías, autoayuda, libros de viajes, arte y otros que no sean ensayos o de divulgación.

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Melinoe
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Viaje de un naturalista alrededor del mundo - Charles Darwin

Mensaje por Melinoe » 13 Abr 2012 00:02

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Editorial: Miraguano
Lengua: Español
ISBN: 9788478133468
Año edicón: 2009
Plaza de edición: Barcelona
Charles Robert Darwin (1809-1882) tenía veintidós años cuando se le ofreció un puesto de naturalista a bordo del Beagle cuya misión, bajo el mando del capitán Fitz-Roy, era realizar un viaje de exploración alrededor del mundo. La expedición duró cinco años y visitó Brasil, Uruguay, Argentina, Chile, Perú, las Islas Galápagos, Tahití, Nueva Zelanda, Australia y otros países e islas de paso. Además de una aventura extraordinaria, el largo periplo fue para Darwin el campo de pruebas que le permitió elaborar una concepción completamente nueva sobre el origen y la evolución de las distintas formas de vida de la Tierra. Este libro, publicado en 1839, es fruto de aquella apasionante expedición, donde el autor, en forma de diario, describe los avatares vividos durante el viaje así como sus observaciones científicas sobre flora, fauna y geología.

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Re: Viaje de un naturalista alrededor del mundo - Charles Da

Mensaje por Elena2 » 13 Abr 2012 10:03

Aquí pongo uno de los mapas que encontré, como aperitivo al miniclub...
No sabía que Darwin había dado la vuelta al mundo, creí que había llegado a Sudamérica y había vuelto por el mismo camino.
Viaje-del-Beagle.jpg
No tiene los permisos requeridos para ver los archivos adjuntos a este mensaje.

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Re: Viaje de un naturalista alrededor del mundo - Charles Da

Mensaje por Melinoe » 04 Dic 2012 21:46

Elena, ¿recuerdas?

:hola:

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Re: Viaje de un naturalista alrededor del mundo - Charles Da

Mensaje por Elena2 » 05 Dic 2012 19:17

Melinoe escribió:Elena, ¿recuerdas?

:hola:
Sí, :lol: :lol:
No me he olvidado, ya lo tengo preparado. Estoy en la mitad de otro, pero creo que me dará tiempo de acabar.

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Re: Viaje de un naturalista alrededor del mundo - Charles Da

Mensaje por Pseudoabulafia » 08 Dic 2012 13:01

Yo lo saqué el otro día de la biblioteca, separado en dos tomos.
No sé si me va a dar tiempo a unirme, pero creo que al menos el primer volumen me lo leeré en diciembre y lo mismo dejo el segundo para enero. :D

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Re: Viaje de un naturalista alrededor del mundo - Charles Da

Mensaje por Melinoe » 08 Dic 2012 19:32

Hola, Pseudo :). ¿Qué edición tienes?
Yo lo busco mañana, hoy todo está cerrado.

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Re: Viaje de un naturalista alrededor del mundo - Charles Da

Mensaje por Pseudoabulafia » 08 Dic 2012 20:06

Melinoe escribió:Hola, Pseudo :). ¿Qué edición tienes?
Yo lo busco mañana, hoy todo está cerrado.
Tengo una edición de Akal.

La traducción es de la editorial "La España Moderna" en 1899, así que los derechos de autor sobre la traducción también son ya de dominio público. :wink:

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Re: Viaje de un naturalista alrededor del mundo - Charles Da

Mensaje por Arden » 10 Dic 2012 00:08

No sabía que había miniclub, pena que tengo tengo un montón de miniclubs pendientes en caso contrario me hubiera unido, una pena no haberme enterado, despiste que soy :roll:
Sevilla y la casita de las pirañas de Nazario Luque. El bibliotafo: un coleccionista de libros de Leon H. Vincent.

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Re: Viaje de un naturalista alrededor del mundo - Charles Da

Mensaje por Melinoe » 11 Dic 2012 19:37

Todavía estoy esperando el interbibliotecario...

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Re: Viaje de un naturalista alrededor del mundo - Charles Da

Mensaje por Elena2 » 11 Dic 2012 23:05

Yo ya empecé, pero me está pareciendo un poco pesado... :? ¿Supongo que todo el libro no será del mismo estilo? :roll:

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Re: Viaje de un naturalista alrededor del mundo - Charles Da

Mensaje por Pseudoabulafia » 14 Dic 2012 10:38

Anoche me leí el primer capítulo, desde Inglaterra hasta Brasil, pasando por las Islas Canarias y Cabo Verde.

Dos fragmentos que llamaron mi atención:
Un Octopus o pulpo, me interesó también mucho, y pasé largas horas estudiando sus costumbres. Aunque abundan en los charcos que deja la marea al retirarse, estos animales no son fáciles de coger. Por medio de sus largos tentáculos o brazos y de sus ventosas o chupadores, consiguen meterse dentro de grietas muy estrechas; y, una vez allí, necesita emplearse mucha fuerza para hacer que salga. Otras veces se lanzan con la rapidez de una flecha, llevando la cola adelante, de un lado a otro del charco, y al mismo tiempo coloran el agua, difundiendo en torno suyo una especie de tinta de color castaño oscuro. Estos animales tienen tam­bién la facultad de cambiar de Color para ocultarse a la vista. Parecen variar los matices de su cuerpo según la naturaleza del terreno sobre el cual pasan: cuando están en un sitio donde es poco profunda el agua, suelen presentar un color de púrpura parduzco; pero cuando se les coloca encima de la tierra o en un sitio donde es poco profunda el agua, ese tinte oscuro desaparece y lo reemplaza un color verde amarillento. Si se examina más atentamente el color de estos animales, se ve que son grises y tienen manchas numerosas de un color amarillo fuerte; algunas de esas manchas varían de intensidad, otras aparecen y desaparecen de continuo. Estas modificaciones de color se efectúan de tal modo, que parece como si se vieran pasar constantemente sobre el cuerpo del animal nubes de colores que varían del rojo jacinto al rojo castaño. Toda parte de su cuerpo so­metida a un ligero choque galvánico se pone negra; puede producirse un efecto análogo aunque menos marcado arañándoles la piel con una aguja. Estas nubes o llamaradas de color, como pudieran llamarse, dícese que son producidas por la dilatación y la contracción sucesivas de unas vesículas muy pequeñas que contienen fluidos diversamente co­loridos.

Este pulpo manifiesta su facultad de cambiar de colores lo mismo cuando nada que mientras está quieto en el fondo del agua. Uno de estos animales que parecía darse perfectamente cuenta de que le estaba yo vigilando, me divertía mucho empleando todos los medios posibles para librarse de mis miradas. Permanecía inmóvil durante algún tiempo y después avanzaba furtivamente el espacio de una o dos pulgadas, como hace el gato que trata de acercarse a un ratón; algunas veces cambiaba de color; avanzó así hasta que habiendo llegado a una parte del charco donde el agua era más profunda, se lanzó envolviéndose en una nube de tinta para ocultar el agujero donde se había refugiado.

Más de una vez, mientras buscaba yo animales marinos, con mi cabeza a unos dos pies por encima de las peñas de la costa, recibí en la cara un chorro de agua acompañado de un leve ruido discordante. Al pronto buscaba en vano de dónde venía aquel agua; luego descubría que la arrojaba un pulpo; y por muy escondido que estuviera dentro de un agujero, ese chorro me hacía descubrirle. Este animal tiene ciertamente el poder de arrojar agua; y estoy convencido de que puede apuntar y dar en el blanco con bastante buena puntería, modificando la dirección del tubo o sifón que tiene en la parte inferior de su cuerpo. Estos animales llevan con difi­cultad la cabeza, por lo cual les cuesta mucho trabajo arras­trarse cuando se les pone encima del suelo. Conservé uno de ellos durante algún tiempo en el camarote y advertí que emite una ligera fosforescencia en la oscuridad.

Enlace

Quizá no esté fuera de propósito el mencionar aquí que una parte de la costa de la Ascensión donde se encuentran inmensos mon­tones de arena con conchas, el agua del mar deposita en las rocas expuestas a la acción de la' marea una incrustación parecida a ciertas plantas criptógamas (Marchantia), que se notan a menudo en las paredes húmedas; la superficie de las hojas está admirablemente pulimentada; las partes expues­tas de lleno a la luz son de un color negro, pero las que se encuentran debajo de un reborde de la roca permanecen, grises. He enseñado a varios geólogos algunas muestras de esas incrustaciones ¡y todos creyeron que son de origen volcánico o ígneo! La dureza y la diafanidad de esas incrus­taciones, su pulimento tan perfecto como el de las conchas más bonitas, el olor que exhalan y la pérdida de color que sufren cuando se hace actuar sobre ellas el soplete: todo prueba su íntima analogía con las conchas de los moluscos marinos vivos.

Sabido es, además, que en las conchas las partes habi­tualmente recubiertas u ocultas por el cuerpo del animal tienen un color más pálido que las expuestas de lleno a la luz, hecho que, según acabamos de ver, resulta de igual modo en estas incrustaciones.

Cuando recordamos que la cal, en forma de fosfato o de carbonato, entra en la composición de las partes duras, como los huesos y las conchas de todos los animales vivientes, es de sumo interés, desde el punto de vista fisiológico, hallar sustancias más duras que el esmalte dentario y super­ficies coloreadas tan lisas como las de una concha, con la misma forma que algunas de las producciones vegetales más ínfimas, reconstituidas con materias orgánicas muertas por medios inorgánicos.
Supongo que en los tres párrafos anteriores estaba ya manifestando su interés por la formación de fósiles. :D
Elena2 escribió:Yo ya empecé, pero me está pareciendo un poco pesado... :? ¿Supongo que todo el libro no será del mismo estilo? :roll:
Me da la sensación de que sí que es todo muy similar.
Yo creo que me lo voy a leer con mucha calma y alternando con otros libros. :D

Probablemente me lea el primer tomo de mi edición (hasta el capítulo X) en diciembre y, si me gusta el libro, el segundo tomo en enero. :roll:

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Re: Viaje de un naturalista alrededor del mundo - Charles Da

Mensaje por Pseudoabulafia » 16 Dic 2012 14:29

Me he leído hasta el capítulo III, que viene a ser la tercera parte del primer tomo.
Creo que nunca antes había leído un libro de viajes y sí que me está gustando.

Hasta ahora, los capítulos se dividen en dos trozos:
- Al principio de los capítulos cuenta un poco de los modos de vida y las interrelaciones humanas en los distintos sitios donde va el Beagle.
- La segunda parte la dedica a describir principalmente la fauna, aunque también tiene anotaciones sobre la flora y la geología.

La primera parte de los capítulos me está resultando bastante entretenida y en la segunda hago un poco más de lectura diagonal, aunque en ambos caso me gusta mucho su capacidad descriptiva.

Resulta curioso como en todo momento intenta mantenerse como un observador imparcial, pero de vez en cuando no puede evitar mostrar sus opiniones o sus emociones.

Pongo algunos ejemplos:
En el capítulo 2, describiendo la esclavitud en Brasil:
En el momento de comenzar a caer la noche pasamos junto a una de esas macizas colinas de granito desnudas y escarpadas tan comunes en este país ese lugar es bastante célebre; en efecto, durante largo tiempo sirvió de refugio a algunos negros cimarrones que cultivando una pequeña meseta situada en la cúspide, consiguieron asegu­rarse la subsistencia. Descubrióseles, por fin, y se envió una escuadra de soldados para desalojarlos de allí; se rindieron todos excepto una vieja, quien, primero que volver a la cadena de la esclavitud, prefirió precipitarse desde lo alto de la peña y se rompió la cabeza al caer. Ejecutado este acto por una matrona romana, habríase celebrado y se hubiera dicho que la impulsó el noble amor a la libertad; efectuado - por una pobre negra, limitáronse a atribuirlo a una terque­dad brutal.
Capítulo 2, también en Brasil:
Voy a referir una insignificante anécdota que me impresionó más que ninguno de los rasgos de crueldad que he oído contar. Atravesaba yo una balsa con un negro más que estúpido. Para conseguir hacerme com­prender, hablaba alto y le hacía señas; al hacerlas, una de mis manos pasó junto a su cara. Creyóse, me figuro, que estaba encolerizado y que iba a pegarle, pues inmediata­mente bajó las manos y entornó los ojos, echándome una mirada temerosa. Nunca olvidaré los sentimientos de sor­presa, disgusto y vergüenza que se apoderaron de mí al ver a ese hombre asustado con la idea de parar un golpe que creía dirigido contra su cara. Habíase conducido a ese hom­bre a una degradación más grande que la del más ínfimo de nuestros animales domésticos.
Este ejemplo me parece muy bueno del interés que pone al observar las conductas animales, incluso llegando a pequeñas antropomorfizciones: :cunao:
Un día observé con mucho interés un combate terrible entre un Pepsis y una gruesa araña del género Lycosa. La avispa arrojóse de repente sobre su presa y voló enseguida. Evidentemente quedó herida la araña, pues al tratar de huir rodó a lo largo de una cuestecilla del terreno; sin embargo, aún le quedó fuerza suficiente para arrastrarse hasta unas matas de hier­bas, donde se ocultó. Volvió bien pronto la avispa y pareció sorprenderse al no hallar inmediatamente a su víctima. Comenzó entonces una cacería, tan regular como pudiera serlo la de un perro que persigue a una zorra; voló acá y allá, haciendo vibrar todo el tiempo sus alas y sus antenas. Muy luego fue descubierta la araña; y la avispa, temiendo eviden­temente las mandíbulas de su adversaria, maniobró con cuidado para acercarse a ella, y acabó por picarla dos veces en la parte inferior del tórax. Por último, después de reco­nocer esmeradamente con sus antenas a la araña, inmóvil ya a la sazón, se dispuso a llevarse su presa; pero me apo­deré del tirano y de su víctima.
En el capítulo III, en el Río de la Plata, no ha dejado de sorprenderme como pierde totalmente la objetividad al hablar de las aves carroñeras. :shock:
El número, la falta de energía y las asquerosas costum­bres de las aves de rapiña de la América del Sur, que se alimentan de animales muertos, hacen de ellas unos seres en extremo curiosos para quien sólo conoce bien las aves de la Europa septentrional.
Otras cosa en que voy fijándome es en las referencias a los científicos que le precedieron, como por ejemplo Lamark. Auque luego las teorías de Lamarck fueron erróneas, fueron un precedente muy importante para las teorías de Darwin, cuyas ideas no salieron de la nada sino que ya había una base.
Capítulo III, Río de la Plata.
za y no lo vio; sin embargo, se dirigía por la estancia casi tan bien como los otros. Dadas las costumbres estrictamente subte­rráneas del tucutuco, la ceguera, aun siendo tan común, no puede ser para él una grave desventaja; sin embargo, parece extraño que un animal, sea cual fuere, tenga un órgano sujeto a alterarse con tanta frecuencia. Lamarck hubiera sacado mucho partido de este hecho, si lo hubiese conocido cuando discutía (probablemente con más verdad de la que por lo común se encuentra en él) la ceguera adquirida gra­dualmente por el Aspalax, un roedor que vive debajo de tierra, y por el Proteus, un reptil que vive en oscuras caver­nas llenas de agua; en estos dos últimos animales, el ojo esta casi en estado rudimentario y cubierto por una membrana aponeurósica y por piel. En el topo común, el ojo es extraordinariamente pequeño, pero perfecto; muchos ana­tómicos, sin embargo, dudan de que esté unido al verdadero nervio óptico; ciertamente la visión del topo debe de ser imperfecta, aunque probablemente le sea útil cuando sale de su agujero. En el tucutuco (que, según creo, nunca sale a la superficie) el ojo es bastante grande, pero casi nunca sirve para nada, puesto que puede alterarse sin que esto parezca causar el menor perjuicio al animal; sin duda ninguna, Lamarck hubiera sostenido que el tucutuco está pasando hoy al estado del aspalax y del proteo.

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Re: Viaje de un naturalista alrededor del mundo - Charles Da

Mensaje por Pseudoabulafia » 16 Dic 2012 21:09

Me he leído hasta el capítulo VII, que son unas dos terceras partes del libro.
Patagonia y Santa Fe.

Muy interesante.
Curiosa su sensibilidad hacia la desaparición de tribus de indios y sus descripciones de las "cacerías" que había.
También me sigue llamando la atención lo adelantadas que estaban ya algunas ideas sobre la extinción, la evolución y las migraciones de diferentes especies.

General Juan Manuel de Rosas:

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Re: Viaje de un naturalista alrededor del mundo - Charles Da

Mensaje por Pseudoabulafia » 17 Dic 2012 22:44

Ya me he terminado el primer tomo, hasta el capítulo X (Tierra de Fuego y cabo de Hornos).
Creo que me voy a dejar el segundo tomo para enero.

Una cosa que me ha parecido interesante en el capítulo VIII ha sido esta descripción de la fosforescencias marinas, que perfectamente podrían ser el inicio de un relato de H.P. Lovecraft o de Poe. :cunao:
A medida que se avanza hacia el sur se encuentra cada vez menos la fosforescencia del mar. A lo largo del cabo de Hornos no he observado este fenómeno más que una vez sola y estaba lejos de ser muy brillante, lo que probable­mente se debe al escaso número de seres orgánicos que habitan esta parte del océano. Después de la tan completa Memoria del Ehremberg sobre la fosforescencia del mar es casi inútil que yo haga nuevas indicaciones a este propósito. Puedo añadir, sin embargo, que las mismas porciones des­garradas e irregulares de materia gelatinosa descritas por Ehremberg, parecen originar este fenómeno lo mismo en el hemisferio austral que en el boreal. Estas partículas son lo bastante pequeñas para poder pasar por un tamiz muy tupido; pero muchas de ellas se distinguen con facilidad a simple vista. El agua recogida en un vaso da algunos deste­llos cuando se la agita; pero una pequeña cantidad colocada en un cristal de reloj rara vez suele ser luminosa.
Ehremberg hace constar que estas partículas conservan cierto grado de irritabilidad. Mis observaciones, hechas en su mayor parte con agua tomada directamente en el mar fosforescente, me han conducido a una conclusión distinta; y puedo añadir también que habiendo tenido ocasión de servirme de una red mientras que el mar fosforecía, la dejé en parte, y al usarla de nuevo a la noche siguiente noté que emitía tanta luz al sumergirla en el agua como en el momento en que la extraía el día anterior. No me parece probable, en este caso, que las partículas gelatinosas hayan podido permanecer tanto tiempo vivas. Recuerdo también haber conservado en el agua hasta su muerte un pez del género Dianoea; y este agua se tornó entonces luminosa. Cuando las olas emiten una brillante luz verde, creo que la fosforescencia se debe por lo general a la presencia de pequeños crustáceos; pero no puede ponerse en duda que otros muchos animales marinos son fosforescentes durante su vida.
Dos veces he tenido ocasión de observar fosforescencias procedentes de grandes profundidades bajo la superficie del mar. Cerca de la desembocadura del Plata he visto algunas manchas circulares y ovales de dos a cuatro metros de diá­metro con bordes definidos y que emitían una luz pálida pero continua, mientras que el agua circundante no daba sino algunos destellos. El aspecto general de estas manchas recordaba mucho la reflexión de la luna o de otro cuerpo luminoso, porque las ondulaciones de la superficie hacían los bordes sinuosos. El buque, que calaba trece pies, pasó por encima de estos puntos brillantes sin alterarlos en lo más mínimo. Debemos, pues, suponer que a mayor profun­didad de la que alcanzaba la quilla del barco se habían reunido cierto número de animales.
Cerca de Fernando Noronha he visto emitir al mar ver­daderos relámpagos. Hubiera podido decirse que un gran pez nadaba rápidamente en medio de un fluido luminoso. Los marineros atribuyen, en efecto, esos relámpagos a está causa; pero desde luego no pudo satisfacerme esta explica­ción a causa del número y de la rapidez de los centelleos. Ya he asegurado que este fenómeno se produce con mucha mayor frecuencia en los países cálidos que en los fríos; y he pensado que una perturbación eléctrica considerable en la atmósfera favorecía mucho su producción. Creo en verdad que el mar es más luminoso después que el tiempo perma­nece algunos días seguidos en calma; siendo indudable que durante esas calmas nadan en la superficie mayor número de animales. El agua cargada de partículas gelatinosas se encuentra en estado de impureza y se produce el aspecto luminoso en todos los casos ordinarios por la agitación del fluido en contacto con la atmósfera; me inclino mucho a creer que la fosforescencia es el resultado de la descomposi­ción de las partículas orgánicas, procedimiento (tentado estoy casi a darle el nombre de respiración) que purifica el océano.
Sobre Ehrenberg, cito de wikipedia:
Sus investigaciones dieron arranque a importantes usos de las tierras de infusorios usados en el pulido y otros propósitos económicos; agregó grandemente el conocimiento sobre microorganismos de ciertas formaciones geológicas, especialmente de caliza, y de acumulaciones marinas y de agua dulce. Hasta Ehrenberg se desconocía absolutamente que considerables masas de rocas se componían de diminutas formas de animales o de plantas. Demostró que la fosforescencia del mar se debe a organismos.
También me han llamado la atención sus elucubraciones sobre la extinción de especies y la convivencia de distintas especies al final del capítulo VIII.

Fin del viaje por el Atlántico. El siguiente capítulo ya es el estrecho de Magallanes y el paso al Pacífico. :D

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Re: Viaje de un naturalista alrededor del mundo - Charles Da

Mensaje por Pseudoabulafia » 31 Ene 2013 12:57

Llevo leído hasta el capítulo XVI del segundo tomo.
(Ha avanzado desde el estrecho de Magallanes hasta Lima)

Sus observaciones sobre los terremotos y la geología me son muy interesantes.
Creo que en el capítulo XIV, cuando habla de la dirección de propagación de las ondas del terremoto y de la resistencia de las estructuras de los edificios en función de su orientación, el traductor se armó un poco de jaleo con la traducción de las palabras nordeste, noroeste y sudeste, porque si no es un jaleo que no yo me explico.
A ver si me acuerdo de compararlo con el original en inglés.

Me ha gustado el término "ola magna" para referirse a tsunami, que es el neologismo que usamos ahora.

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