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NotaPublicado: Sab Oct 13, 2018 4:07 pm 
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Disfrutándolo ando. Hace poesía de cualquier cosa. Embellece lo cutre. Abre nuevos horizontes. Te enseña a vivir de forma literaria.

Volveré :D

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Los hilos de Ariadna :60: El niño del tirachinas

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NotaPublicado: Dom Oct 14, 2018 3:38 pm 
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Sue_Storm escribió:
Umbral escribía como los propios ángeles. Lástima que en su momento el personaje que creó de sí mismo acabara devorando al escritor. Y más lástima aún, que hoy en día sea un autor olvidado. Habría que reivindicarlo.

:vb_manifa: :vb_manifa:
La verdad es que no sé si el nivel de Umbral es siempre así, pero después de al relectura de Mortal y rosa , que me ha rescatado del olvido Albatross, y de Las ninfas, por recomendación de Triste, tengo claro que quiero seguir leyéndolo.

Ayuda a verle el lado poético a lo sórdido, a desdibujar los límites de la belleza convencional para encontrarla por todos lados. En este libro, deja claro cómo se debate entre la vida sencilla, sin complicaciones, mucho más plana, de quien vive sin más; y esa otra manera de vivir más literaria que tiene lugar cuando pasamos casi todo por el filtro de nuestra mente, que es lo mismo que pasarla por el filtro de la cultura. Lo dice en este parrafito:

Tuve nuevamente esa nostalgia falsa, literaria, de una vida más elemental y sencilla que nunca podría ser mi vida, porque entonces no habría sido yo.

O en estos otros:
El intelectual, frente a la vida, suele reaccionar mediante la cultura, pero no siempre por pedantería, sino porque, hombre de biblioteca, carece de reacciones vitales y esta carencia viene a llenarla su acervo cultural. Es una reacción de segundo grado, una falsa reacción: una cobardía.

...yo advertía que mis palabras eran siempre más complicadas, más literarias, menos espontáneas que las de Miguel San Julián, porque yo, al fin y al cabo, estaba representando una comedia real, la comedia de mi vitalismo, auténtico, pero falsificado por la sola mirada de mi otro yo...


Muy logrado el retrato de la adolescencia como esa etapa en la que se nos va cayendo la venda y se nos desmoronan los ideales:

La desesperación empieza cuando comprobamos que no hay ideal, que no hay zócalos de luz donde habiten seres privilegiados, criaturas afortunadas. El hombre es generoso, a pesar de todo, y renuncia a su felicidad y a su vida con tal de que le dejen creer que la felicidad existe en algún sitio y para alguien (en el cielo para los cristianos, en el futuro para los progresistas). Es una forma de salvación individual en la salvación colectiva y venidera de la humanidad. Lo que se tarda en aceptar, lo que se acepta sólo con la madurez, es que no hay salvación para nadie en ningún sitio, que no hay una franja mágica de vida donde se detiene el tiempo y se es feliz para siempre (la imagen de esa franja suelen dárnosla algunas nubes estiradas del crepúsculo, «de un incoloro casi verde», como decían mis poetas modernistas o posmodernistas, pero es claro que esas nubes desaparecen en seguida, se desvaen, se deslíen, se destrenzan, son mera ilusión óptica).

No tenía sentido crítico, o prescindía de él momentáneamente, y aún creo que debe ser así en el lector joven, pues la admiración enriquece mucho más que la reticencia, y sólo el que ha admirado mucho, el que lo ha admirado todo, lo bueno y lo malo, lo favorable y lo adverso, se encuentra más tarde en posesión de tesoros que ya irá depurando.

Me gustaban aquellas sesiones, a pesar de todo, a pesar de que no me enteraba de nada, y me gustaban porque eran la constatación de que había un mundo secreto, una secta pacífica, un mercado amable, en el mundo, que era el de la literatura, y en el cual yo quería vivir por los siglos de los siglos, nocturnamente, sin contacto con los comerciantes de la mañana, los políticos del periódico ni los parientes de la familia. Me gustaba la clandestinidad inocente de todo aquello

No otra cosa es la adolescencia que ese estar maduro por un costado y verde por el otro, de modo que yo podía sentirme perfilado, refulgente y neto frente a los dioses de la mitología y los generales de la historia, que no eran más que un magma común, pero al mismo tiempo me sentía invertebrado, desvaído y tonto frente a cualquier funcionario público, visita de casa o señorita de escasos medios.

Pero también como esa etapa es capaz de sublimarla un literato:
...ahora me parecía mágico estar paseando por las calles regadas de la noche, o por las viejas calles sin regar, con aquel personaje mítico de la infancia, pintoresco de más tarde, y al que yo seguía profesando ese amor y ese respeto que he profesado siempre, después, a los ídolos caídos, a los juguetes estropeados de la gloria, a los grandes en decadencia, que me parecen mucho más sugestivos que los grandes en apogeo

Porque el hombre mediocre, el tibio, el pecador cotidiano, se conforma con cualquier cosa, pero la virtud elige y exige, y si el sueño de la razón engendra monstruos, el sueño de la virtud engendra dioses. O diosas.

El tiempo, sí, se transmuta en geografía, y lo que perdemos en tiempo lo ganamos en espacio, y las horas perdidas de la infancia están ahí, en las copas de los árboles, y quizá son esos hilos de plata, de luz, que brillan de rama a rama, de hoja a hoja, porque en esos árboles, en esa arboleda cuaja algo que entonces no había, y ahora somos más dueños de todo, ya que todo nos habla, nos enriquece y nos habita.

No quiero cansar, pero sí decir que me parece genial esa contraposición que hace entre nuestro lado más cultural, que nos suele parecer más digno, y nuestro lado animal que tanto nos cuesta aceptar; y me parece genial por la forma en la que lo hace contraponiendo el cuartol azul de lectura con el retrete:
Yo quería ser sublime sin interrupción, y cada mañana acuñaba mi sublimidad, pero el día la iba llenando de interrupciones: la interrupción del estudio, del trabajo, de algún recado familiar (todavía) e incluso la interrupción del sexo, del cuerpo, del retrete, del erotismo, que entonces no era ninguna de esas cosas y era todas a la vez.
Porque la masturbación no era romántica ni científica ni clásica ni apolínea ni dionisíaca (puede que fuese dionisíaca, sólo que no lo sabíamos). La masturbación aún no tenía encaje en la cultura, en nuestro panorama cultural de sublimidad, y sin embargo había que masturbarse. Y quizá la masturbación, que no me cansaba el cuerpo (contra lo que decían los curas) sí me cansaba el alma, porque después de la masturbación toda la persona quedaba desestructurada, todo el personaje se venía abajo, y había que volver a empezar de nuevo por el principio, lo cual era un poco agotador. Se fabrica uno penosamente un clasicismo durante una semana y de pronto un golpe dionisíaco, en tres minutos, lo echa todo por tierra, deja en ruinas nuestros Partenones interiores y uno vuelve a ser un paria que vaga por las estepas y las nebulosas de la falta de personalidad.


De modo que yo era la sombra errante y solitaria que oscilaba entre la habitación azul y el retrete, entre el cuarto exento y sublime de las lecturas y las músicas, y el cuarto vertical y oloriento de la masturbación y el desnudo.

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Última edición por jilguero el Lun Oct 15, 2018 5:59 pm, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: Dom Oct 14, 2018 3:44 pm 
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fabian escribió:
Una novela que me ha dejado apesadumbrado. Paquito escribe muy bien.

Fin.

Fabian, como te veo en este hilo y no es habitual que me cruce contigo, aprovecho para decirte que esto que he dicho de Umbral tras leer esta novela, me refiero a "que ayuda...a verle el lado poético a lo sórdido, a desdibujar los límites de la belleza convencional para encontrarla por todos lados", también lo podría haber dicho tras entrar en tu web y ver algunos de tus cuadros :wink:.

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Traducción al español por Huan Manwë para phpBB España