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Registrado: Mié Sep 19, 2007 3:29 pm Mensajes: 8232 Ubicación: Argentina
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Cape, jsuto venía con una carta del mismo libro  Carta extraída del libro "A sangre fría" de Truman Capote, fue enviada por el padre de Perry Smith al juez para obtener la libertad de su hijo. Como el libro es sobre un caso real y el autor tuvo entrevistas con Perry y Dick, los asesinos de la familia Clutter, tengo para mi que la carta es auténtica. Además el estilo en que está escrita hace pensar lo mismo. Infancia. Conténtame decir que, a mi ver, fue a la misma vez buena y mala. Sí, el nacimiento de Perry fue normal. Sano sí. Y pude cuidar de él como Dios manda hasta que resultó que mi mujer era una borracha perdida cuando mis hijos estaban en edad de ir a la escuela. De natural alegre, sí y no, muy serio. Si se le maltrata, nunca lo olvida. Yo cumplo siempre mi promesa y le enseñé a hacer lo propio. Mi mujer era distinto. Vivíamos en el campo. Todos nosotros somos gente de vida al aire libre. Les enseñé a mis hijos la regla de oro: Vive y deja vivir, y muchas veces mis hijos iban y uno le decía a otro que algo estaba mal hecho y el culpable lo confesaba siempre y se adelantaba a recibir una paliza. Y prometía que hora sería bueno y que haría su deber rápidamente y de buena voluntad para poder irse a jugar. Siempre se lavaban ellos mismos, lo primero que hacían en la mañana, se ponían ropa limpia, yo era muy estricto en esto y en lo del hacer maldades al prójimo y si alguno de los otros niños se comportaba mal con ellos, yo no les dejaba volver a jugar juntos. Mientras estuvimos todos unidos, mis hijos fueron como una seda. Todo empezó cuando mi mujer quiso marcharse a la ciudad y hacer una vida de perdida y se fue de casa. Yo la dejé marchar y le dije adiós cuando fue y cogió el coche y me dejó allí plantado (esto fue durante la depresión). Mis hijos lloraban a voz en cuello. Ella no hacía más que maldecirlos en diciendo que encima luego se fugarían para reunirse conmigo. Estaba como loca y me dijo que haría que los chavales me odiaran, cosa que consiguió, menos de Perry. Por amor a mis hijos yo fui luego, al cabo de varios meses y sin saberlo mi mujer, a buscarlos y los encontré en San Francisco. Traté de verlos en la escuela. Mi mujer había dado orden a la maestra de que no me dejara verlos. Pero me las arreglé para ver cómo jugaban en el patio del colegio y me quedé estupefacto cuando oí que me decían: «Mamá nos ha dicho que no te hablemos.» Todos menos Perry. El era distinto. Me echó los brazos al cuello y quería irse conmigo en ese mismo momento. Yo le dije No. Pero al terminar la clase, se fue derecho a casa de mi abogado Rinso Turco. Le volví a llevar el chaval a su madre y me fui de la ciudad. Perry me dijo luego que su madre le dijo que se buscara dónde estar. Estando mis hijos con ella, andaban sueltos por cualquier lado y tengo entendido que Perry se metió en un lío. Yo quería que ella pidiera el divorcio, cosa que hizo después de un año o así. Ella bebía, andaba de juerga y vivía con un jovenzuelo. Yo impugné el divorcio y me fue concedida la custodia de los hijos. Me llevé a Perry a casa a vivir conmigo. A los demás los interné en asilo porque no podía tenerlos a todos y como tienen sangre india, la Asistencia Social se hizo cargo de ellos como pedí. Todo eso era durante la depresión. Yo trabajaba en el WPA y el salario era muy pequeño. Yo tenía entonces un poco de tierra y una casita. Perry y yo vivíamos en paz los dos juntos. Me dolía no estar con mis otros hijos porque a ellos los quería también. Por eso empecé a deambular de acá para allá, para olvidarlo todo. Ganaba para nosotros dos. Me vendí la casita y nos pusimos a vivir en una «casa rodante». Perry iba a la escuela cuando podía. No le gustaba mucho, la verdad. Pero él aprende en seguida y nunca tiene cuestiones con los demás. Sólo cuando a aquel Abusón le dio por meterse con él. Era pequeño, achaparrado y nuevo en el colegio, así empezaron a hacerle la vida imposible. Vieron que estaba dispuesto a luchar por sus derechos. Porque así es como yo he educado a mis hijos. Les dije siempre, no empezar una pelea porque si lo hacéis en cuanto me entere os doy fuerte. Pero si son los otros quienes empiezan, haced lo que podáis. Un día, un chaval más mayor que él, en la escuela, fue corriendo y le pegó, y ante su sorpresa, Perry lo tiró al suelo y le dio una buena tunda. Yo le había enseñado un poco de lucha. En tiempos yo hice boxeo y lucha. La directora del colegio y los demás chavales vieron la pelea. La directora tenía debilidad por el Abusón aquel. Ver cómo mi pequeño Perry le daba una paliza, era más de lo que ella podía soportar. Después de aquello, Perry se hizo el amo de la escuela, el jefe de los chavales. Si alguno molestaba a otro más pequeño, Perry zanjaba la cuestión en un instante, hasta aquel Abusón le tenía miedo a Perry y había de portarse bien. Pero todo aquello le molestó a la directora y me vino con quejas, de que si Perry se peleaba en el colegio. Le dije que ya estaba al tanto de todo y que no pensaba permitir que a mi hijo le dieran palizas chavales el doble de mayores. Y también le pregunté cómo era que permitía que el Abusón les pegara a los otros. Le dije que a Perry le correspondía defenderse, que él nunca había empezado una sola riña y que yo iba a meterme en el asunto. Le dije que a mi hijo le querían todos los vecinos y los chavales. Y también que iba a llevarme a mi hijo del colegio cuanto antes y que nos iríamos a vivir a otro estado. Lo cual hice. Perry no es un ángel y se ha comportado de mala manera más de una vez, tantas como cualquier otro chaval. Lo que está bien, bien está y lo que está mal, está mal. Yo no le defiendo por lo que ha hecho de malo. Si hizo mal que lo pague, porque quien manda es la ley y él ahora ya lo sabe.
Juventud. En la segunda guerra, Perry se enroló en la Marina Mercante. Yo me fui a Alaska y más tarde, nos reunimos allí. Yo cazaba pieles y Perry trabajaba con la Comisión de Carreteras de Alaska el primer año y después encontró empleo en ferrocarriles por un tiempo. No lograba encontrar el trabajo que a él le hubiera gustado hacer. Sí, me entregaba algunos dólares de vez en cuando, siempre que los tenía. También un mes, cuando estaba en la guerra de Corea, me envió 30 dólares. Allí se tiró toda la guerra y al final vino con permiso a Seattle, Washington. Con menciones, que yo sepa. Tiene facilidad para la mecánica. Tractores, niveladores, grúas, tractores-pala, tractores de todas clases son su ideal. Por la experiencia que tiene los sabe manejar bien. Un poco imprudente, corre como un loco con las motos y los autos. Pero desde que ha comprobado los peligros que la velocidad trae y se rompió las piernas y se lesionó la cadera, ya no corre tanto, seguro que no.
Diversiones-Aficiones. Sí ha salido con varias chicas, pero cuando veía que una le hacía algo o se burlaba, la dejaba. Nunca se ha casado, nunca, que yo sepa. Mis problemas con su madre han hecho que desconfiara y le asustara el matrimonio, quizá. Yo soy un hombre sobrio y por lo que sé a Perry tampoco le gustaba beber. Perry se parece mucho a mí. Le gusta la compañía de la gente decente, la que vive fuera de la ciudad, le gusto yo, estar solo y prefiere trabajar por su cuenta. Igual que yo. Yo sé hacer de todo un poco y lo mismo Perry. Le enseñé a ganarse la vida trabajando por su cuenta. Yo sé guisar y lo mismo él, sólo guisar para uno mismo. Cocer pan, etc..., cazar, pescar, poner trampas y muchas cosas más. Como ya he dicho, a Perry le gusta trabajar solo y si tiene la suerte de hacerlo en algo que le guste, que le digan cómo quieren que lo haga y ya lo pueden dejar solo: pone todo su orgullo en llevar a cabo su tarea. Si el jefe valora su trabajo, se desvivirá por él. Pero cuidado con hacerse el matón con él. Hay que decirle a las buenas cómo se quiere que haga las cosas. Es muy quisquilloso, se le ofende muy pronto, igual como a mí. Yo he dejado unos cuantos empleos y Perry lo mismo, por culpa de jefes que me trataban mal. Perry no tiene una gran instrucción ni tampoco yo, que sólo he hecho el segundo libro. Pero no crean por esto que no somos listos. Yo he aprendido por mi cuenta y lo mismo él. Trabajo de cuello duro no nos va ni a Perry ni a mí. Pero para trabajos de exterior, nos pintamos solos y si se presenta algo que no sepamos hacer, en diciéndonos cómo, en un par de días lo aprendemos, un trabajo o cómo funciona una máquina. De libros nada... pero de cosas que se aprenden con la experiencia, los dos las aprendemos en seguida si queremos. Primero tiene que gustarnos, claro. Pero ahora él es un inválido y casi de mediana edad. Perry sabe que ahora los contratadores de trabajo no lo quieren, los tullidos no pueden trabajar con máquinas pesadas. Se da cuenta ahora, empieza a pensar en un modo de trabajar siguiendo mi camino. Estoy seguro de que es cierto. Creo que la velocidad ya no le atrae. Me doy cuenta por las cartas que me escribe. Escribe: "Ten cuidado, papá. No conduzcas si tienes sueño, es mejor parar y descansar al lado de la carretera un rato.» Son las mismas palabras que antes le decía yo. Ahora me las dice él a mí. Ha aprendido la lección. A mi parecer, Perry ha aprendido una lección que nunca olvidará. La libertad es todo para él y no le volverán a ver entre rejas nuevamente. Estoy seguro de que será así. He notado grandes cambios en su modo de hablar. Me dijo que lamentaba de veras lo que había hecho. También sé que le da vergüenza de que los que le conocen sepan que ha estado entre rejas y no lo dirá. Me pidió que no les dijera a sus amigos en dónde estaba. Cuando me escribió y me dijo que estaba entre rejas, le contesté que te sirva de lección, que me alegraba de que hubiera sido así, ya que podía haberle ido todavía peor, que podían haberle pegado un tiro. Le dije también que se tomara la estancia entre rejas sin pesar. Tú te lo has buscado. Tenías que saber lo que te hacías. Nunca te he enseñado a robar a los demás, así que no me protestes por lo mal que lo pasas en la cárcel. Pórtate bien, y me prometió que lo haría. Supongo y deseo que sea un buen preso. De verdad que pienso que ninguno le convencerá de que robe otra vez. La ley manda, eso lo sabe. El ama su libertad. Yo sé muy bien que Perry tiene buen corazón si es bien tratado. Pero si se le trata mal, es como ir contra una sierra circular. Un amigo suyo puede confiarle cualquier cantidad de dinero. Hará lo que el amigo le diga, no le robaría a un amigo un céntimo. Antes de que esto sucediera no le había robado nunca nada a nadie. Y sinceramente deseo que viva el resto de su vida como un hombre honesto. Sí, robó junto con otros siendo chaval. Pregúntenle no más si yo fui un buen padre para él y qué tal madre fue la suya cuando estaba en San Francisco. Perry sabe lo que le conviene. Lo entiende muy bien cuando le castigan. No es ningún tonto. Sabe muy bien que la vida es demasiado corta y demasiado agradable para pasársela en la sombra.
Parientes. Una hermana Bobo casada y yo su padre, somos los únicos familiares vivos de Perry. Bobo y su marido se ganan la vida solos. Tienen su casa y yo también me arreglo solo. Hace dos años me vendí mi casa de Alaska y espero que el año próximo volveré a tener otra. He denunciado la localización de varias minas y espero sacar alguna cosa. Además, no he dejado de buscar oro. También me han pedido que escriba un libro artístico sobre la talla de la madera y sobre el famoso «Trapper's Den Lodge» que construí en Alaska, y que todos los turistas que iban en coche para Anchorage conocían, cosa que quizás haga. Compartiré todo lo que tengo con Perry. Si yo tengo comida, él también la tendrá. Mientras esté vivo. Y cuando muera, tengo un seguro de vida que le dará dinero, así que podrá empezar una nueva VIDA cuando esté libre. Para en caso de que yo esté muerto entonces.
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