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La verdad es que me ha sorprendido gratamente esta lectura. Ya la había leído hacía muchos años y no tenía de ella muy buen recuerdo: me pareció densa y muy pesada y nunca se me hubiera pasado por la cabeza enfrentarme de nuevo a ella. Y eso que todo lo que he leído después de Calderón me ha gustado. Ahora me he encontrado con una obra diferente a la que esperaba. Por muchos motivos.
Por supuesto, no suscribo en absoluto la tesis que defiende la obra. Pero eso me ocurre con todo el teatro del Siglo de Oro. Basta recordar algunas lecturas recientes de este MC. En este caso, Calderón se limita a reproducir la ideología de su tiempo, en la que está inmerso. Calderón no es un rupturista, sino un tradicionalista barroco, un representante de esa línea conservadora que ha acabado con cualquier posible intento de renovación surgido a partir del Renacimiento. Es hijo de su tiempo, como Lope o Tirso. Y aprovecha cada momento para plasmar esa mentalidad que lo lleva a ensalzar conjuntamente a la monarquía y al catolicismo nacido de Trento. Y estamos en un auto sacramental. O sea, que la ocasión la pintan calva. Pero eso no quita que tenga otros valores. Muy poco leales seríamos si leyéramos las obras antiguas sólo con mentalidad actual, sin intentar comprender el momento histórico en que se produjeron.
A mí me han gustado muchos aspectos. En primer lugar, su estructura dramática milimétricamente pensada, llena de simetrías (la entrega de los atributos a cada personaje y su recogida final, con las reflexiones pertinentes) y contrastes (el rico y el pobre, la hermosura antes y después), que busca siempre reforzar la tesis que defiende: nada importa mucho en este mundo (excepto obrar bien), pues todo es apariencia. Muy barroco. El auto es un compendio de pensamiento barroco. Encontramos en él todos los tópicos del momento, muchos de origen medieval: el mundo como ficción o apariencia, el poco valor de lo terrenal (poder, riqueza), la fugacidad de la belleza, el poder igualitario de la muerte, el libre albedrío. Incluso el carpe diem, que es puesto negativamente en boca del rico (vv. 1165 y ss.), curiosamente el único que se condena. El mundo de Calderón no es nada vitalista. Detrás están los ecos de las danzas de la muerte. Ideológicamente no está nada lejos de La vida es sueño, pues defiende la misma tesis, aunque evidentemente el drama es una obra mayor.
Me han gustado la versificación y el estilo. Es difícil encontrar versos flojos en Calderón. Muy cuidado y sencillo, pese a los juegos conceptuales y a la densidad del tema. Especialmente vistoso cuando describe a la Hermosura ("dulce veneno de muchos") a base de metáforas florales y de colores. Y las consecuencias del paso del tiempo cuando llega el momento de devolver los atributos y todo lo suyo ha quedado en la tumba. Me ha gustado este personaje, que llega a sentirse más poderoso que el Rey. Y la reflexión a que da lugar: la belleza es eterna en alma y mortal en cuerpo (vv. 1072 y ss.).
Creo que Calderón desarrolla muy bien el juego entre los dos teatros, el de la vida y el otro, que él tan bien conoce, con sus ensayos, sus comedias, sus errores sin vuelta atrás, sus puertas y sus papeles, etc.
Belén Esteban, yo también me pregunto cómo serían las representaciones y qué tipo de público acudiría a ellas, pues supongo que obras como esta no estarían destinadas a un público muy popular. Aunque recuerdo que Lorca comentaba, a raíz de su experiencia con La Barraca, que se asombraba al comprobar que el público vibraba con obras clásicas que quizá no entendiera verso a verso. La escenografía sería fastuosa, con esas estas que se abren y se cierran y con la amenazadora puerta del ataúd. ¿Se representarían sólo el Día del Corpus? Por cierto, que yo también lo he leído como tú en la playa.
Arden, coincido totalmente con tus impresiones. La obra es inmovilista a más no poder: estamos de prestado, de mentira, y poco podemos hacer excepto aguantarnos con nuestro papel. El mejor antídoto contra los cambios. Pero eso es todo el Barroco. Seguro que las comedias te gustan más. ¿Alguna próxima?
LauraCo, yo también me quedo con La vida es sueño, que me parece perfecta, pero, en el fondo, defiende la misma idea. Eso sí, con una trama impresionante. ¿No habíamos programado su lectura?
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