Más allá de las continuas referencias al Apocalipsis en esta diatriba realmente memorable, donde raya a más altura el talento de Max Aub... es en el final (maravilloso el último párrafo, que no transcribo para no tener que echar mano del spoiler) y en la composición de las dudas que asaltan al personaje, este Papa cansado y resentido, creado hace muchos años, poco después de finalizar la Segunda Guerra Mundial, pero que es de una actualidad asombrosa.
Las siguientes frases resumen muy bien el tono general del monólogo. El Papa dice de sí mismo:
Citar:
Me han convertido en un político. Todos vivimos escondidos y escondiéndonos de los demás y de nosotros mismos.
Me reafirmo en lo dicho en un post anterior: Max Aub vuelve a dar muestras de su grandeza como escritor al recorrer el camino inverso al habitual, partiendo de los más altos presupuestos religiosos desciende a lo más
fieramente humano, hecho que se sustancia de forma estremecedora en la petición del párrafo final.
Aguardo tus comentarios, estimada Chub.
PD: Nunca olvidaré que releí este monólogo durante la celebración del 2º Cónclave del Siglo XXI.