A mí me ha llamado mucho la atención la cantidad de veces que hace referencia al silencio:
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Cuando el empleado y Perone callaban, el silencio del hotel parecía coagularse, caer como ceniza sobre los muebles y las baldosas.
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Todo estaba despierto, anhelosamente despierto en el centro del silencio.
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Se sintió como vencido por ese silencio que había reclamado con astucia y que le devolvían entero y vengativo.
Estoy de acuerdo con carmenneke: el tipo sólo piensa en su negociación, en dormir bien, malpiensa del empleado cuando es amable, de la mujer dice que "viste fatal como todas las orientales", en no ser molestado. Es un tipo muy desagradable. Tanto, que llega a expulsar (de los 3 adjetivos me quedo con "avergonzada") a la mujer creyendo que está loca. Lo que el desgraciado no sabe es que si ella está loca y cree tener un bebé, él también. Es como una lección de humildad.
En cuanto al llanto del niño, no me importa mucho por qué, sino que se quedó ahí. No sé si conocéis a un escritor catalán, Pere Calders, y sus "Crónicas sobre la verdad oculta". Me ha recordado muchísimo este cuento a este señor.
Aunque es más previsible, me ha gustado igual. Todas esas puertas misteriosas que nos hemos encontrado alguna vez... qué miedo, "con un avergonzado deseo de disimular su existencia como una mujer que cree taparse poniéndose las manos en el vientre o los senos". Pero ahí está, desafiando que "la afirmación del hotelero fuese más cierta que esa realidad que estaba escuchando".
Cruce de realidades de nuevo.