Exclusiva: Las aventuras de un informático

Espacio en el que encontrar los relatos de los foreros, y pistas para quien quiera publicar.

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JANGEL
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Exclusiva: Las aventuras de un informático

Mensaje por JANGEL » 14 Jul 2005 17:54

Cumpliendo lo prometido, aquí tenéis el relato de mi reciente experiencia haciendo "rafting". Me parece que es una buena experiencia personal, meritoria de formar parte de un libro, así que he decidido incorporarla a la novela que me encuentro preparando. En el relato, podéis identificarme con Óscar y lo único exagerado es el desenlace, que he hecho más dramático para dar mayor intensidad al texto. En la vida real, no llegué a caerme y todo salió bien. No puedo decir lo mismo de mis dos compañeros, que recorrieron medio kilómetro hasta que fueron rescatados, tiritando de frío y nervios.

¡Esto es una primicia! Si alguna vez llega a publicarse (eso espero), aquí lo tenéis ahora completamente inédito, fruto del proceso de escritura. Acabo de terminarlo y ni siquiera ha sufrido las pertinentes revisiones, así que disculpad los posibles errores.

Los que conocéis el paraje decidme, si lo creéis conveniente, qué puedo añadir para describirlo un poco más. ¡Así estaremos elaborando un relato de forma interactiva!

.................................................

Hasta ese instante, todo había sido diversión. Las aguas corrían rápidas y bravas, últimas reminiscencias del deshielo, y el bote de goma, propulsado por la corriente, se revolvía en las crestas como una indefensa cáscara de nuez. A bordo, el monitor del grupo pilotaba desde la popa, marcando el rumbo mediante una pala de canoa que manejaba a modo de timón, y los ocho tripulantes se repartían sentados en ambas bandas, con un remo en las manos. Todos iban embutidos en ajustados trajes de neopreno y llevaban uno de los pies sujeto a las correas de seguridad para evitar zambullidas involuntarias.

La hermosa visión del paisaje les embargaba. La vegetación poblaba ambas riberas y los árboles que flanqueaban el caudaloso río proyectaban sombra sobre ellos. Había troncos muertos en las orillas, dejados allí por las últimas crecidas. En el horizonte, se recortaba el perfil de la sierra, omnipresente.

Aquello no tenía nada que ver con las reuniones de trabajo del día anterior. La dirección del departamento donde Óscar desempeñaba sus funciones había decidido congregar a todo el personal en las estribaciones de los Pirineos leridanos para celebrar una convención. Como parte del evento, se habían programado algunas actividades de ocio. Los más intrépidos se atrevieron con el descenso del río sobre una balsa neumática.

Cuando el curso se apaciguaba después de tramos casi intransitables, plagados de saltos, los nueve reían, bromeaban, contaban chistes o desafiaban con sano sarcasmo a los pasajeros de las otras lanchas y les atacaban con la única arma a su alcance, salpicándoles con frías ráfagas de agua para dificultarles el avance. Incluso se habían dado un baño, para saber cómo reaccionar ante una caída, dejándose llevar por la corriente con los pies por delante, o entonaban al unísono la parodia de alguna canción castrense para bogar al mismo ritmo. La navegación estaba resultando muy fácil.

Pero el prudente Óscar, que estaba en la proa con su compañero Alberto, afrontando cada embestida del oleaje que se formaba en los bruscos desniveles, presentía que algo no iba del todo bien. Aunque la experiencia le estaba gustando mucho, las instrucciones del monitor no le llegaban con claridad y le costaba oír su voz a través del ruido que ellos mismos producían con las chanzas y carcajadas. Para colmo, rara vez coordinaban adecuadamente los movimientos y cada cual remaba a su libre albedrío, por lo que las maniobras no se hacían de manera uniforme. A su juicio, el monitor estaba confiando demasiado en el equipo de novatos que formaban y cualquier despiste podía costarles un susto, porque aquel tramo del Noguera Pallaresa era escabroso y las aguas se volvían violentas.

Cuando el monitor atajó la cháchara para advertirles de la presencia de aquella enorme roca en medio del río, unos cincuenta metros más adelante, ya era tarde. La embarcación iba directamente hacia ella, arrastrada por la fuerte corriente, que la zarandeaba sin piedad. La sonrisa aún se dibujaba en los rostros de los ocho amigos, inconscientes del peligro, cuando empezaron a remar aplicando todas sus energías.

-¡Derecha, hacia delante! ¡Izquierda, hacia atrás! –exhortaba el monitor, guiando los movimientos de los remeros mientras brincaban sobre las olas.

Como no se desviaban lo más mínimo de la trayectoria que les llevaba hacia la terrible colisión, redoblaron el esfuerzo, hundiendo las palas y agitándolas con mayor brío. Pero, antes de que se dieran cuenta, habían llegado a la roca. A su izquierda se abría el estrecho paso, el único camino posible, donde las gélidas aguas formaban una cascada. En los flancos, las márgenes eran pedregosas e infranqueables para la embarcación. El monitor acababa de explicarles que aquella zona era la menos apropiada para sufrir una caída. Óscar no quiso preguntarle por qué.

Ni siquiera tuvieron tiempo de intentar orientar el peso de sus cuerpos para mantenerse a flote. El bote chocó a toda velocidad contra la piedra, que se elevaba metro y medio sobre la superficie del torrente. Todos pensaban que el impulso de la corriente les empujaría hacia el salto, abandonando el obstáculo que había interrumpido la carrera. Pero el agua se estrellaba contra ellos con mucha fuerza y la embarcación se montó lentamente por el lado derecho sobre la piedra hasta ponerse casi en vertical sobre el río. Desde su posición en la proa y a estribor, en ese momento sobre la cima de la roca, Óscar, a punto de perder el equilibrio y desplomarse sobre Alberto, veía a éste con el casco que protegía su cabeza sumergido. Hasta entonces, todos aguantaban sin soltarse, pero no recuperaban la estabilidad.

Parecía que las cosas no podían ir peor cuando vieron llegar al grupo siguiente, que se acercaba vertiginosamente para sortear limpiamente el paso. No habían guardado suficiente distancia y ya les era imposible intentar alguna maniobra para esquivarles. En un abrir y cerrar de ojos, pasaron por encima, embistiendo a Alberto y Joaquín, que, por su posición en el bote, se encontraban más expuestos en aquellas dramáticas circunstancias. Ambos perdieron la sujeción y cayeron al agua.

Óscar tuvo tiempo de ver cómo los dos cuerpos reaparecían poco después, dejándose llevar río abajo, pero no podía saber si se habían hecho daño. Esperaba que los trajes de neopreno y los chalecos salvavidas les hubieran sido tan útiles como era predecible. En ese momento, la sacudida hizo volcar al bote que les había adelantado, arrojando a todos sus ocupantes. Lo que podía haber sido tan sólo un leve incidente se había complicado.

Al volver la atención hacia sus propios compañeros, no encontró al monitor. Éste había conseguido alcanzar la orilla agarrándose a unas ramas e intentaba enderezar la embarcación, pero con seis personas dentro, asidas a la banda de goma para no perder el equilibrio, era imposible. Su pálido semblante no podía ocultar que lo embarazoso de aquel lance le había atemorizado. Agachado, contemplaba pensativo a sus clientes, buscando una solución que garantizara su seguridad. Lamentablemente, lo único que se le ocurrió decir en medio de aquel aprieto fue:

-Esto es lo peor que nos podía haber pasado.

Sus palabras no eran muy alentadoras, aun menos para una panda de ejecutivos inexpertos que jamás se la habían visto en una situación más adversa y que acababan de percatarse de que habían perdido a dos miembros del equipo. Se sentían impotentes ante el absurdo de que aquel medio hostil, incontrolable, les hubiera superado.

Caer al agua en aquel instante era poner en peligro la vida debido a la posibilidad de golpearse con el lecho rocoso. En ese sentido, Óscar se llevaba la peor parte, pues seguía apoyado sobre la gran piedra, sosteniéndose con dificultades de borda a borda en el extremo del bote.

-Nunca me había pasado esto –volvió a intervenir, manifestando en voz alta sus más íntimas cavilaciones y sembrando de nuevo la falta de tranquilidad-. ¡Bien, atentos! Muy despacio, vais a tratar de abandonar el bote y subir aquí conmigo, con sumo cuidado.

Los segundos que transcurrieron hasta que se decidió intentar el desembarco parecieron prolongarse indefinidamente. Poco a poco, fueron saltando al risco donde les esperaba el instructor y, a medida que perdía peso, el bote se fue moviendo buscando la horizontalidad. Pero, cuando sólo quedaban dos personas a bordo, el que estaba subiendo a tierra en ese momento patinó en el resbaladizo musgo, lo que provocó que la embarcación se moviera intensamente. Pablo, colega de Óscar, se volvió valientemente tratando de ayudarle, pero no pudo hacer nada y, finalmente, ante la mirada desesperada de su amigo, el agua engulló a Óscar.
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Última edición por JANGEL el 14 Jul 2005 18:11, editado 1 vez en total.
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madison
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Mensaje por madison » 14 Jul 2005 18:03

A mi me gusta como lo cuentas, quizá deberias profundizar mas en el paisaje, pero está muy bién. Pablo recorrió medio kilometro por el agua? que horror!!!!!!!!!!. Noto el olor del rio y aquellas aguas tan frías, pero estupendas de tan cristalinas.

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lucia
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Mensaje por lucia » 14 Jul 2005 18:14

Me he reído un montón leyéndolo. Y sólo te falta llamar directamente incompetente al monitor.

Hey, si no modificas el pasaje, vas a aparecer de personaje en una de tus propias novelas :D

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Mensaje por JANGEL » 14 Jul 2005 18:21

Acabo de corregir la última frase. En realidad es Óscar quien cae al río. Y los que recorrieron (en la vida real) ese medio kilómetro son Alberto y Joaquín (también les he cambiado los nombres). De verdad que no exagero: los encontramos después de pasar por otros dos rápidos, recogidos por otra lancha. En el bote que volcó, hubo varias personas con rasguños. Un chico se lastimó seriamente la pierna.

Lo del olor del río, me gusta. ¿Puedes sugerirme algún otro detalle? No tiene por qué ser ahora, cuando se te ocurra...
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Mensaje por JANGEL » 14 Jul 2005 18:30

Lucía escribió:Me he reído un montón leyéndolo. Y sólo te falta llamar directamente incompetente al monitor.

Hey, si no modificas el pasaje, vas a aparecer de personaje en una de tus propias novelas :D

¿Te has reído? Eso está bien, que parezca algo agridulce. La verdad es que cuando lo recuerdo, yo también me río. Si te has reído con esto espera a que os pase la dirección del blog de otro de los accidentados, que lo cuenta con más salero. Ahora no la tengo a mano, a ver si mañana.

Las frases del monitor (son calcadas, lo prometo) no son para menos. El monitor era un buen chaval, pero nos dejó rienda suelta y cuando se quiso dar cuenta...
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Mensaje por lucia » 14 Jul 2005 19:14

Bueno, pues esperaremos a que encuentres el enlace :D

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Mensaje por madison » 14 Jul 2005 19:38

Lo del olor del rio, ha surgido al recordar unos paseos por el rio Ter. Es curioso, hay veces que lees unas frases y te vienen a la mente unos recuerdos que estaban aparcados hace tiempo como si estuvieras ahí en ese preciso momento.
En esos recuerdos veo a mis hijas pequeñas....con pantalón corto y cogidas de mi mano, chapoteando con los pies dentro del agua y haciendo muecas y gestos muy graciosos por el agua tan fria, pero se veian felices, contentas y sin problemas. Cogidas de mi mano se sentían seguras, realmente hay momentos que no tienen precio.

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Mensaje por Agatha » 14 Jul 2005 19:55

¡Qué bonito, Madison!. ¿Tienes hijas?. :shock: :shock:
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Mensaje por madison » 14 Jul 2005 19:58

Si..... tener hijos es lo mas gratificante, aunque hay momentos de todo. Tu tienes hijos?
He pasado y paso momentos increibles con ellas.

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Mensaje por Agatha » 14 Jul 2005 20:02

Yo todavía no, pero en un futuro me gustaría mucho. :lol: :lol:
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Mensaje por madison » 14 Jul 2005 20:06

Bueno...yo las he tenido muy joven, quizá demasiado pero también tiene sus ventajas. Ahora todas somos jóvenes. pero realmente da gusto verlas y no es amor de madre que conste.
Última edición por madison el 14 Jul 2005 20:20, editado 1 vez en total.

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Mensaje por Agatha » 14 Jul 2005 20:07

Seguro que no.. :wink: :wink:

Cuando pongas tu foto, podrías poner alguna con ellas. :D :D :D
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Mensaje por madison » 14 Jul 2005 20:13

Pués..no creas lo habia pensado, pero luego creí que no era muy pertinente,aunque ahora que tu lo dices quizá es una idea simpática ¿no?

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Mensaje por Agatha » 14 Jul 2005 20:14

¡Claro que sí!. A mi me gustaría veros. :wink:
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Mensaje por madison » 14 Jul 2005 20:18

Pués a mi también me hace ilusión que nos veas, a ver si este fin de semana aprendo a poner la foto; la verdad es que no se ni como empezar, pero hay varias que pueden estar bien mejor no les diré nada a ellas, seguro que no querrán.

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