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| Fuera de serie |
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Registrado: Mié Ago 09, 2006 3:16 pm Mensajes: 11145
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Me temo que no sabréis cómo continúa la cosa hasta que no me ponga al día por aquí. Lo he hecho sobre todo para desahogar un poco al hilo de True Blood  . Posteo otro cachito más de Flashback para ir avanzando. Así sufrís un poco más, que últimamente casi no os dejaba tiempo para pensar -------------------------------------------------------------------------- Capítulo 1: Flashback - Parte 2
Austin. Texas
Por última vez aquella noche, enseñó su identificación al guardia de seguridad y salió a la calle. El invernadero no se encontraba dentro del recinto de la Universidad y hasta que no se terminaran las obras de comunicación, Clover tenía que salir del edificio y andar varios metros por la ciudad arrastrando el carrito lleno de macetas. Se tomó ese último viaje al invernadero con calma, tatareando una pegadiza canción que había escuchado en la radio. A medio camino de su destino le pareció oír murmullos a su espalda. Al darse la vuelta no vio a nadie. A esas horas de la noche y en las afueras de la ciudad nunca había nadie paseando por esa calle. Al principio se asustó un poco, pero finalmente se rió de su propio miedo y siguió caminando. No había dado ni dos pasos cuando oyó claramente voces en la cercanía.
- ¿Hola? –dijo parándose y mirando a su alrededor. - ¡Pero mira quién está aquí! –dos personas salieron de entre la oscuridad- ¡Si es el perrito faldero del Profesor Garlic!
Ese era el estúpido apodo que varios alumnos le habían puesto a Herman, los mismos que le lanzaron globos de agua bendita. Dos de ellos ahora estaban delante de ella, con cadenas de plata alrededor del cuello. Uno llevaba un bate de béisbol al que le habían afilado la punta. Desde que había comenzado el curso, miembros de Fellowship of the Sun se habían manifestado delante de la Universidad; pero aquello ya era ir demasiado lejos. Clover se asustó. No le gustaba la forma en la que le estaban mirando.
- ¿Es… están aquí para entregarme su trabajo de evaluación?-la voz le temblaba.
Una voz dentro de su cabeza no hacía más que llamarla estúpida y animarla a que pusiera la mayor distancia posible entre ella y esos dos. Atareada como estaba calculando sus posibilidades, no se dio cuenta de que uno de ellos se había puesto detrás de ella y ahora la inmovilizaba. El del bate empezó a mover amenazadoramente su arma delante de la cara de Clover.
- Has sido declarada traidora a nuestra a raza –su tono dejaba claro que se creía sus propias palabras. - ¿Acaso se ha vuelto loco, señor… señor… ¡señor Porkins!? –se felicitó a sí misma por recordar su nombre- ¡Suéltenme ahora y olvidaré este asunto! - ¡Rómpele los dientes a la zorra para que no hable! –espetó el que la tenía inmovilizada, dejando un reguero de babas en su nuca.
Jonas Porkins se rió, cogió el bate con las dos manos y preparó el golpe. Clover cerró los ojos mientras intentaba desesperadamente zafarse de su captor. Oyó el ruido del bate al cortar el aire al que no tardó en acompañarle el crujido de huesos rompiéndose y los gritos. No era ella la que gritaba, si no Jonas. Cuando se dio cuenta de que el golpe no iba a llegar nunca se atrevió a abrir los ojos. El tipo alto del ascensor había aparecido de la nada y reducido al del bate, cuyo brazo estaba exageradamente doblado en su espalda. El otro la soltó asustado y Clover se apartó apresuradamente. El imponente vampiro agarró al señor Porkins de una pierna sin soltar su brazo y con un ligero balanceo lo mandó volando al contenedor, donde cubierto de basura no paraba de gritar que tenía el brazo roto. El otro atacante se sacó las cadenas del cuello y las blandió como si fueran un arma.
- ¡No lo hagas! –sugirió Clover al alumno, aún alterada por los acontecimientos recientes. - ¡Oh, no, por favor! ¡Hazlo! -el tono de Eric era a la vez divertido y amenazador.
Su suave voz chocó a Clover, que se esperaba algo más rudo. En cambio, encontró muy sensual su entonación y su ligero acento. Se sorprendió a sí misma arreglándose el pelo, lo que le produjo otro vergonzoso rubor. Debido a su nueva y formidable distracción, no se dio cuenta cómo su alumno arrojaba las cadenas de plata al vampiro. Cuando por el rabillo del ojo las vio avanzar en dirección a su salvador, dio un respingo asustada; pero las cadenas tintinearon por el suelo. El vampiro había desaparecido en un parpadeo y ahora no había rastro de él.
- ¡Joder! ¡Joder! –comenzó a gimotear el estudiante, mientras miraba desesperadamente a todos los lados. Clover se estaba preguntando si volvería a verlo, cuando una ráfaga de aire removió violentamente su pelo y su bata de laboratorio. Su atacante gritó. El delgaducho estudiante intentaba soltarse de la poderosa presa del vampiro. Algo totalmente inútil, pues este le sujetaba sin muestras de estar haciendo esfuerzo. Tiró del pelo de su víctima para descubrir su cuello y sacó los colmillos. El chico se desmayó de puro terror. Clover no estaba segura de querer ver aquello, así que apartó la mirada y vio algo que la dejó helada.
- ¡Espera! –dijo a su salvador milímetros antes de que mordiera.
El vampiro levantó la mirada y clavó sus intensos ojos azules en Clover. Por puro instinto, ella retrocedió un par de pasos ante aquella mirada hambrienta. Definitivamente no era buena idea interrumpir la cena de un vampiro. Tragando saliva y armándose de valor, Clover alzó una temblorosa mano para señalar un punto en la lejanía. El vampiro retrajo sus colmillos y con desesperante lentitud siguió con la mirada la dirección en la que apuntaba. Una veintena de humanos armados se dirigía hacia ellos. No eran ningún problema para él…
- Co… conozco un lugar seguro. El invernadero. Yo… yo… puedo llevarte… si quieres –respiró hondo para relajarse y evitar seguir balbuceando.
Durante varios segundos lo único que hacía él era mirarla fijamente, como meditando sus opciones. Finalmente, dejó caer a su inconsciente casi-cena y se acercó a la chica.
- Clover, ¿verdad? –ella asintió sorprendida- Muy bien, voy detrás de ti –dijo obsequiándola con una sonrisa que provocó ansiosas cosquillitas en su estómago. --*---*--
Eric estaba disgustado. Había renunciado a su cena con tal de asegurarse que la humana saliese indemne. Podía derrotar a veinte humano con facilidad, maniatado y con los ojos vendados; pero seguro que Clover se quedaba de por medio y salía herida. El concepto del honor entre humanos le resultaba a veces molesto, pero en aquella ocasión Eric iba a sacar provecho del asunto.
Se puso a correr detrás de ella a un ritmo que le resultó ridículamente lento. Le daban ganas de cargársela a la espalda y llevarla él mismo, pero sabía que se pondría a gritar sin motivo. Por suerte el famoso invernadero no estaba muy lejos, por lo que no le dio tiempo a aburrirse.
No pudo más que mostrarse sorprendido al llegar a su destino. Eso, más que un lugar para cultivar plantas, parecía un búnker. ¡¡Era completamente de hormigón!! Clover se acercó a la puerta del mismo y tecleó un código para abrir la puerta, que nada tenía que envidiar a las de las cámaras de seguridad de los bancos.
- Mucha seguridad para un puñado de flores.
Ella simplemente se rió nerviosamente como respuesta y cerró la puerta. Una cosa estaba clara: ese puñado de mocosos con palos no serían capaces de atravesarla. Eric tardó varios minutos en darse cuenta de que aquel lugar estaba a oscuras. Si eso le pareció irracional, casi se le desencaja la mandíbula cuando las flores a su alrededor comenzaron a brillar. La estancia estaba tenuemente iluminada con el espectral fulgor blanco que proyectaban las flores.
- Esto es en lo que trabaja el Profesor Keuter –explicó Clover- Está convencido de que será un bombazo entre la comunidad vampírica. Ya sabes, como sólo podéis salir de noche. Además, consideró original hacerlas alérgicas al sol. Por eso este invernadero es de hormigón.
Eric miró sin demasiado interés un grupo de orquídeas a su derecha. Herman había perdido la cabeza si consideraba que aquello sería comerciable. Sin duda se había valido de sus capacidades mentales para conseguir que la Universidad pagara ese proyecto. Por un momento consideró usar ese hecho para chantajearle, pero prefirió jugar la carta fácil.
- Te he salvado la vida –dijo Eric como si tal cosa. - Y yo… yo estoy agradecida por eso. - Ahora quiero algo a cambio –Clover puso los ojos como platos- Debes aceptar sustituir a Herman durante una semana mientras él esté fuera. - ¡Ah! Es eso… -Eric no podría jurarlo, pero parecía decepcionada- Le llamaré ahora mismo –Clover agradeció poder ocupar su mente con otra cosa que no fuese el exótico vampiro.
Eric localizó un taburete en el que sentarse, mientras esperaba que la botánica terminase con la llamada. En aquel lugar no había cobertura, así que Clover estaba usando un teléfono instalado en el propio invernadero. Hablaba con Herman en voz baja, como si de esa manera tuviese más intimidad. La conversación iba por el camino que esperaba. El testarudo de su amigo había aceptado la oferta. Ahora el diálogo entre ambos derivaba en otros temas…
- ¿Eric Northman? –oyó decir a Clover aún en voz más baja- ¿Alto, rubio y pálido? Sí, está aquí. Sí, ahora te lo paso –ella se dio la vuelta – Quiere que te…
Eric ya se había puesto a su lado y le quitó el teléfono de las manos. Clover se alejó para darle intimidad.
- Eric –dijo para anunciarse. - ¿Está ella realmente bien? - Sí, supongo que dentro de los parámetros humanos ella está bien. - ¡Joder! He tenido que dejar KO a tres padres de alumnos que venían a estacarme. ¡Es una locura! Seguridad no da más de sí. La policía ya viene de camino, pero sería aconsejable que Clover no se moviese de allí durante la noche. - ¿Intentas decirme algo? –dijo Eric apretando los dientes. - ¿Te importaría quedarte con ella esta noche? ¿Asegurarte de que no comete la locura de salir a la calle? Podrías dormir allí. Está perfectamente protegido contra el sol… - Está bien –dijo sin demasiado entusiasmo- De todas formas, si ella resulta gravemente herida no podrás ir a la convención y yo habré malgastado toda una noche para nada.
Colgaron el teléfono tras una escueta despedida y Eric volvió a sentarse en el taburete de antes. Debería llamar a Pam para asegurarse de que todo fuese bien por Fangtasia, pero no le apetecía oír sus típicas bromas en cuanto se enterase del motivo de su ausencia.
- No es conveniente que salgas esta noche de aquí –anunció el vampiro- Al parecer, vamos a pasar toda la noche juntos –adornó sus palabras con una traviesa sonrisa.
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