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Capítulo 18: Spy in heels - Parte 2
Shreveport. Luisiana
Amanis estaba nerviosa y no sabía qué ponerse. Se había llevado medio armario de viaje y a duras penas entraba en el de la habitación del hotel. Quería estar simplemente impresionante. Algo lo más escotado posible, pero sin que llegara a ser ridículo, y minifalda. Sí, tenía que enseñar material. Que Alcide se diese con un canto en los dientes por haberla dejado escapar.
No se habían visto en once años y no tenía ni idea de cómo tratarle. La respuesta a eso último era fácil: como a cualquier otro cliente. Sólo esperaba ser capaz de conseguirlo y que no acabara diciendo alguna estupidez. La había mandado una carta para pedir sus servicios para la boda de unos amigos. La iba a pagar él, cosa que sospechó era para alardear de su poder económico delante de ella. Tras esa carta, con los únicos con los que había hablado eran los novios y Amanis lo prefirió así. Desgraciadamente, Alcide la había mandado otra carta para informarla de que pagaría en mano.
- Todo va a salir bien, Amanis –se dijo a sí misma- Estás lista para obtener tu pequeña venganza. - ¿Decías algo? –gritó Robert desde el salón de la habitación. - No, hablaba sola. - ¡¡Vaya!! –exclamó- Yo soy tu ex – marido y nunca te has comportado tan raro cuando tienes que verme. - Es muy simple, Roro. A ti nunca te quise. - No hace falta que lo suavices. Yo en cambio, sí que lo hice. - ¿De veras? ¡¡Vaya!! Así que mientras me querías a mí, también querías a Mary Stratton, a Susan Norrington, a Giordina Valen, a Abby… - ¡Vale, vale! Veo que no se te olvida ninguna. - Al contrario, fueron demasiadas como para acordarme de todas. - Te recuerdo que tu lista de infidelidades es igualmente extensa –ambos se rieron- Y ahora dime, si tanto le quisiste… ¿por qué le odias? - Yo no le… - Si lo niegas, me mientes. Sabes que te conozco. - Odiar, odiar… no. Sólo estoy muy enfadada. Me dejó con la excusa de no sé qué asunto familiar y al mes siguiente ya estaba saliendo con Debbie Pelt. Su manera de dejarme fue infantil y encima se atrevió a venir a mi casa a gritarme. Comprenderás que no le guarde mucho aprecio. - ¿Pelt? –Robert se quedó pensativo- ¿De qué me suena ese nombre? - Saliste con ella, Casanova. - ¡¡Es cierto!! Cómo han cambiado las cosas… - No hace falta que lo jures –susurró Amanis acordándose del antiguo Robert.
Finalmente consiguió decantarse por un modelito altamente provocativo, pero lo suficientemente discreto como para no sentirse incómoda. Además, iba a llegar agarrada del brazo de Robert, que como ejemplo de hombre no estaba nada mal. Había intentado prepararse para cualquier situación, pero dudaba mucho que le fuese a servir de algo. Al fin y al cabo, iba a reencontrarse con la única persona a la que realmente ha querido en toda su vida. --*---*--
Llegar a Herveaux & son conduciendo una de las furgonetas de Eventos Amanis no era precisamente la entrada glamurosa que tenía en mente, pero sí que era la más práctica. Al fin y al cabo, tras esa reunión tenía que dar los últimos retoques de decoración en el recinto de la ceremonia. Robert parecía acordarse bastante bien del entramado de la ciudad, pero ella no conseguía reconocer nada. Por suerte, era él el que conducía.
- ¿Y qué ha sido de Alcide durante estos años? - No tengo ni idea. - Entiendo… A eso se debe el nerviosismos. No sabes qué te encontrarás al abrir la puerta. - No soportaría que él fuese totalmente feliz, con una mujer perfecta, una docena de mini – Alcides perfectos en una casa perfecta y… - Capto la idea –sonrió- No te tomes esto como una competición. Sabes que odias perder. - ¿Insinúas que mi vida no es una jugada ganadora? –le fulminó con la mirada. - Sólo digo que por muy buena que sea su vida en la actualidad, la tuya no deja de serlo. Hablas con desprecio sobre él, pero luego te obsesionas sobre lo que opinará de ti. Nunca te había visto así. - Odio cuando haces eso –la miró con gesto interrogativo- Meterte en mi cabeza y decir lo que no me atrevo ni a pensar.
El resto del camino lo hicieron en silencio, pero no uno incómodo. Entre ellos dos siempre había habido una gran relación a pesar de las muchas infidelidades y el prematuro divorcio. Se apoyaban mutuamente en cualquier cosa, por lo que Amanis podía confiar en él para que aquella situación no se la escapara de las manos. Para su alivio, los nervios se fueron diluyendo según se acercaban al edificio de oficinas y dieron paso a la determinación en cuanto se bajó del coche.
Robert la ofreció su brazo, pero ella prefirió pasarle una mano por la cintura y meterla dentro de uno de los bolsillos traseros del pantalón de su ex. A él no le importó en absoluto y agarró a Amanis como si fuese su más preciada posesión. La técnica de los celos le arrancó una sonrisa divertida.
El edificio al que entraron era sobrio, pero funcional. Se veía todo muy ordenado y la atmósfera profesional se podía respirar. Sólo había dos personas en el lugar. Un tipo alto hablaba con una joven mujer que no tardó en abandonar el lugar.
- Perdone –se aventuró Amanis al hombre que estaba de espaldas- Tengo una ci… reunión con Alcide.
El tipo dio un respingo y se giró lentamente. Toda su preparatoria se fue por el desagüe al ver cómo le habían tratado todos esos años sin verse. Tal y como se temía, había crecido aún más. Llevaba una rebelde melena que, junto con una ligera barba, hacían aumentar ese atractivo salvaje del que no había conseguido olvidarse. Había esperado verlo con traje, pero tampoco tuvo suerte en aquello. La ropa informal que llevaba dejaba demasiado poco a la imaginación. El tipo flacucho que había conocido había sido sustituido por uno notablemente musculado. La camisa que llevaba puesta a duras penas contenía los músculos de sus brazos. Por no hablar de la generosa porción de pecho que dejaba ver.
- Mierda, mierda, mierda –pensó Amanis mientras tragaba involuntariamente saliva.
No podía evitarlo, pues estaba en su profesión fijarse en la belleza masculina y su cabeza empezó a imaginarse calendarios con posados de Alcide. Viendo que sus pensamientos se desviaban hacia terrenos prohibidos, apretó la mano que reposaba tranquilamente sobre el trasero de Robert y consiguió centrarse en el momento. Su ex – marido fue lo suficientemente espabilado como para no mover si un solo músculo.
- ¿Amanis? –sonrió abiertamente. Nada criticable ahí tampoco- Vaya… estás… estás estupenda. Casi juraría que no ha pasado el tiempo. - No puedo decir lo mismo de ti –Alcide se quedó descolocado por aquellas palabras- Me refiero a que no puedo decir que en ti no ha pasado el tiempo. Se te ve… bien –ese no era precisamente el adjetivo que estaba pensando, pero sí el más sensato para aquella situación- Este es mi cuarto ex – marido, Robert –volvió a pellizcarle en el mismo sitio de antes. - Es un placer –dijo Alcide aceptando la mano que le tendía el otro. Le daba vueltas al último comentario de Amanis. - ¿Y qué es de tu vida? –preguntó ella. - Bueno, nada especial. Trabajando aquí y allá. Sin tanto tiempo para el amor como tú, al parecer –respondió mirando a Robert durante las últimas palabras- Ya veo que te va bien. Eventos Amanis –sonrió- Suena importante. - Funciona muy bien, gracias. A eso veníamos. ¿Y mi dinero? - Claro, supongo que es tontería alargar esto –podría jurar que estaba decepcionado, pero se las arregló para dibujar una sonrisa conquistadora en su rostro- Ahora vuelvo.
Amanis aprovechó su ausencia y se apoyó más descaradamente contra Robert. Metió su mano libre por debajo de su camiseta y empezó a acariciar su tonificado vientre. Él suspiró, pero aceptó el juego de ella. Al fin y al cabo, seguían acostándose juntos de vez en cuando. Alcide regresó y fue incapaz de evitar mostrar incomodidad en sus gestos al ver a Amanis tan acaramelada con su ex. Aquello fue una dulce victoria para ella.
- Si tienes algún problema con el cheque, llámame. - Descuida. Ha sido un placer volver a verte. - Lo mismo digo. Sé que te gusta estar presente en las bodas que organizas, pero… - Sí, lo sé. Esta vez me han advertido educadamente que no me acerque. - Bueno, pues… Hasta dentro de once años –bromeó, pero no pareció hacer gracia a nadie.
Ambos dieron un paso adelante para darse un abrazo, pero cambiaron de opinión de inmediato. Se dieron la mano y la despedida resultó fría e incómoda. Una vez en el coche, Amanis se permitió el lujo de soltar un sonoro suspiro.
- ¿Qué demonios ha pasado ahí dentro? - Siento lo del manoseo. - No me refiero a eso –Robert sonrió- Jamás me quejo de ese tipo de cosas. No sé quién de los dos babeaba más. Alcide no te quitaba ojo del escote. - ¿De verdad? - Te hubieras dado cuenta si no te hubieras quedado ensimismada con los cuatro pelos de su pecho.
Para su desgracia, Amanis se enrojeció ante el comentario de Robert. Digamos que no era el tipo de ex que la hubiera gustado encontrarse. ¿Acaso era demasiado pedir que el paso del tiempo le hubiese tratado fatal? Decidió que no merecía la pena seguir dándoles vueltas al asunto, pues era más que probable que no le volviese a ver. Sacó su agenda del maletín y repasó punto a punto todo lo que tenía que hacer ese día para que el más mínimo detalle estuviese listo para la boda. --*---*--
Amanis consultó el reloj y empezó a impacientarse. Quedaban pocas horas para la despedida de soltera y el minibús con sus chicos todavía no había aparecido. La novia era la única que quería una fiesta por todo lo grande antes de la boda, pues su pareja había preferido algo más íntimo con sus amigos. Eso suponía menos trabajo y no tendría que dividirse para supervisar dos celebraciones.
Robert había terminado de controlar el montaje de las carpas al lado del local y se puso a su lado para esperar la llegada de sus empleados. Iba a ejercer de fotógrafo de la fiesta, porque las suyas sí que eran despedidas de soltera que la gente no se avergonzaba al recordar. Para su alivio, el minibús apareció por la calle y desembarcó a la pequeña tropa de modelos y strippers masculinos seleccionados para la fiesta. Se pusieron todos en fila cargando su equipaje para recibir las últimas instrucciones. Amanis tenía su agencia dividida en secciones, pero dejaba plena libertad a sus chicos y chicas para aceptar trabajos en otros campos; por lo que para alguno de ellos esa sería su primera vez.
- ¿Tenéis el programa? –asintieron con la cabeza- Bien, pues pasemos a las normas. No me importa lo que hacíais antes de trabajar para mí, pero si veo vuestra ropa interior en los tobillos os despido de inmediato. Y creedme que no encontraréis trabajo en este campo el resto de vuestra vida –carraspeó- Esto tiene que ser un juego erótico, no pornográfico. ¿Queda claro? - ¡¡Sí, jefa!! –contestó Walter como si estuviesen en el ejército. - Os pago más que generosamente, así que nada de aceptar dinero. Y si me entero que cobráis a alguna de las invitadas por acostaros con ella las consecuencias serán las mismas que las del punto anterior. Y creedme, siempre me entero –ya había tenido un par de desafortunados casos que la habían traído problemas no deseados- Por lo demás, ya sabéis como debéis comportaros: encantadores, picantes, provocadores… pero bajo ningún concepto, obscenos –consultó la chuleta- Una última cosa: el alcohol está prohibido para vosotros esta noche. Alguien debe mantener la mente sobria, ya que ellas no lo harán. Eso es todo. - Poneros ahí para hacer una foto de grupo –dijo Robert preparando la cámara- Es para la página web.
Amanis se sintió más tranquila tras explicar las cosas que no toleraría en una de sus fiestas. Además, había prohibido cualquier complemento femenino que tuviese forma de falo. El hecho de que fuese una despedida de soltera no significaba que había que perder el buen gusto. Inspeccionó personalmente la carpa adyacente y quedó complacida con el sistema calefactor. Habían anunciado bajas temperaturas para aquella noche, y no quería que sus chicos sufrieran las consecuencias por llevar poca ropa. Ése era el lugar en el que se iban a cambiar, que había sido conectado con el local por la puerta trasera. Nada debería salir mal. Consultó de nuevo la hora y se dirigió a la entrada para ir recibiendo a las invitadas.
Varias horas después, se encontraban en plena celebración. Amanis y Robert estaban en la barra del local como espectadores de la misma, mientras daban instrucciones de última hora y sacaban las fotos pertinentes. Todo iba perfecto y no había ocurrido ningún incidente desagradable. Las chicas se lo estaban pasando en grande y, lo que era muy importante para ella, sus chicos también. Se gastaban bromas, las hacían sonrojarse, daban conversación, bailaban con ellas, las daban de comer con las manos… No podía evitar sentirse orgullosa del resultado. Llegó la hora del postre: tarta de chocolate y nata servida sobre Walter.
- Saca unas fotos a esto, Roro –su ex apuró la tercera cerveza y se acercó para tomar las fotos. - ¡¡Que se desnude el fotógrafo!! –gritó una de las invitadas y su propuesta fue coreada. - ¿Delante de todas? –dijo con una sonrisa de oreja a oreja- Es que yo… soy muy tímido –aseguró fingiendo pura inocencia.
Amanis suspiró y negó con la cabeza. Las mujeres para su ex era como la miel para las moscas. Debería de haberse acordado de hacer extensible el discurso previo a su socio. Robert sacó varias tomas mientras las comensales comían porciones de tarta directamente del torso de Walter. Cuando el postre hubo terminado y el modelo se ausentó para limpiarse, el fotógrafo se dedicó a bailar con las chicas y, para desesperación de su ex – mujer, su camisa ya estaba en el suelo.
- ¡¡El pantalón!! ¡¡El pantalón!! –comenzaron a gritar llenas de júbilo.
Amanis decidió que ya había visto suficiente y se fue a la carpa para felicitar personalmente a sus chicos. Por su parte todo había salido genial y estaba más que conforme. Alcanzó a Walter en el corredor que unía el local con las carpas de fuera. El modelo, y amigo, estaba rebañando los restos de tarta de su abdomen.
- ¿Está buena? - Prueba.
Volvió a restregarse los dedos por el cuerpo y se los manchó de chocolate y nata. Se los ofreció a Amanis y ella los lamió sin cortarse un pelo.
- ¿Te apetece quedar tras la fiesta? –preguntó Walter. - No sé, creo que debería vigilar a Roro… - Es mayorcito y no hemos vuelto a estar juntos desde el día ese en que metiste un vampiro en tu casa. - ¡Qué demonios! Aséate y ven a buscarme a la barra del bar.
Tendría que haberlo pensado antes. Acostarse con un hombre era lo que necesitaba en ese momento para sacarse a Alcide de la cabeza. Y Walter no podía ser mejor opción. Se quedó mirando el movimiento de su cuerpo mientras correteaba en dirección a la carpa para cambiarse.
Volvió a la parte principal del local y no pudo más que lanzar un sonoro suspiro cuando vio a Robert bailando llevando sólo puesto un diminuto tanga. Sólo a su ex se le podría haber ocurrido ponerse esa ropa interior para ir a una despedida de soltera. Se sentó en la barra y pidió un refresco. Se rió ante la imagen de su ex siendo manoseado por una jauría de mujeres y empezó a vitorearlas mientras esperaba a que apareciese Walter.
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