|
Capítulo 20: Vampire slayer - Parte 4
El Dorado. Arkansas
Una vez en casa, hizo el equipaje justo para un viaje y se cargó con todo lo que necesitaría para enfrentarse a un vampiro: estacas de madera, artículos afilados de plata y un montón de buena voluntad. Pant era pura determinación cuando se dirigió al coche y guardó la maleta en el mismo. Sacó una botella de agua del maletero y dio un buen trago para aliviar la sequedad que parecía atosigar a su sistema digestivo. Cuando se sintió preparada, se sentó en el asiento del conductor e hizo girar la llave. El motor ronroneó, pero no se encendió. Los dos intentos siguientes también fracasaron
- ¡¡Mierda!! –dio un puñetazo al volante.
Desde que se había accidentado con el Lamborghini de Darrion, sólo disponía de un coche en el garaje. Uno que ese día había usado bastante y al que no se había molestado en alimentar. El combustible se había agotado en el momento más inoportuno. Hastiada por un día que se la estaba haciendo eterno, se acomodó en el asiento y se quedó mirando al techo sin saber muy bien qué podía hacer. Por el rabillo del ojo, detectó una luz originada en la casa de Amanis. Eso sólo podía significar que Robert seguía allí.
El ex – marido de su amiga la podría prestar el coche, por lo que se bajó del suyo y fue a pedírselo exigiendo a sus piernas unas zancadas demasiado largas. Cuando entró en los dominios de su vecina, divisó la cabeza de Robert asomando por el borde de la piscina. Pant hacía meses que no se daba un chapuzón nocturno y la dieron ganas de acompañarle, pero el deber venía antes.
- ¡Ey, Robert! –le llamó mientras se acercaba- ¿Podrías prestarme…?
El fotógrafo se giró bruscamente y puso los ojos como platos. Pant paró en seco al ver que otra cabeza emergía de debajo del agua por entre las piernas del otro.
- ¡¡Joder!! –se dio la vuelta- Lo siento, no sabía… ¡Vaya día que llevo! - ¿Es importante? - Sí, es sobre Amanis. Necesito que me prestes el coche. - Espérame dentro –le dijo a su acompañante dándole una palmada en el trasero que ella recibió con una risa tonta- ¿Puedes explicármelo todo? –dijo mientras salía del agua. - Tengo pruebas que demuestran que Bill la ha secuestrado y, como la policía no me cree, voy en su rescate. Robert se abalanzó de inmediato sobre su móvil y marcó el número de Amanis. Esperó muchos tonos y, finalmente, se rindió. - Vale, esto es raro. - O simplemente podría estar ocupada… - No. Ella me cogería aunque estuviese en plena faena con uno de sus amiguitos –suspiró- Has conseguido preocuparme. Por cierto, ya estoy presentable. - ¿Presentable tipo Robert o según el concepto más extendido de la palabra? - Hay ropa cubriendo mis genitales, así que lo segundo –se rió y Pant dejó de darle la espalda- ¿Adónde vas a ir a buscarla? - Sé que Bill va estar mañana en Nueva Orleans. Voy a encararme con él para que me diga dónde está. Pero mi coche ha muerto y he visto que tu Hummer está aparcado fuera… - No digas más. Vete a mi vehículo y ahora te llevo las llaves.
Pant se lo agradeció e hizo lo que la pidió. Aunque antes fue a recoger su maleta y la documentación que seguían en su propio coche. La espera se la hizo eterna, pues Robert se tomó media hora en aparecer. Cuando lo hizo, llevaba una bolsa de equipaje colgada al hombro.
- ¿Qué es eso? –señaló la bolsa. - Voy contigo. - ¿Y qué pasa con tu amiga de la piscina? - Su número no desaparecerá de mi agenda… Puede esperar –abrió el coche y guardó ambos equipajes- Además, si acaba pasándote algo; Amanis jamás me lo perdonaría –se montó- Yo hago el primer tramo.
Pant se montó en el asiento del copiloto y programó el GPS para que no se perdieran. Cerró los ojos e intentó dormir, pero había demasiadas cosas rondando por su cabeza como para poder conciliar el sueño. --*---*--
Nueva Orleans. Luisiana
Robert había conducido prácticamente sin parar hasta Alexandria y en ese momento se encontraba plácidamente dormido en la parte de atrás del vehículo. Pant era la encargada de continuar el trayecto hasta Nueva Orleans, pero él no se enteró de nada ya que estaba demasiado entretenido en sueños. ¡¡Y qué sueño!!
Unas trillizas orientales le daban un masaje por todo el cuerpo, mientras al fondo se oía el sonido del mar y sus cuerpos eran mecidos por las suaves olas al mover su yate de lujo. Copas de champán, jugosas uvas y un amplio repertorio de sus famosos coqueteos. Era uno de esos sueños de lo que le costaba despertarse, pero peor era ser sacado de ellos con brusquedad. Cuando abrió los ojos, tenía a Pant en ropa interior delante de él. Puede que después de todo siguiese soñando.
- ¡Quítate la ropa! –dijo ella a modo de saludo. - ¿De verdad? –sonrió de oreja a oreja- ¿Y no se pueden unir las trillizas a nosotros? - ¿De qué estás hablando? –le arrojó un uniforme- Ponte esto, la fiesta está a punto de empezar. - En mi experiencia, cuando empezamos a ponernos ropa, la fiesta se da por acabada –suspiró- Bueno, espero poder retomar ese sueño más adelante.
Pant y Robert se pusieron la ropa de camarero y se arreglaron lo mejor que pudieron. El fotógrafo miró la pegatina de su camisa y se la señaló a su compañera de aventuras.
- Es verde, por lo que indica que no estamos dispuestos a ser mordidos. - Ya… Está claro que tendría que haber hecho antes otra pregunta –carraspeó- ¿Para qué nos hemos vestido así? - Entraremos a la fiesta que organiza Sophie – Anne vestidos de camareros. Buscaremos a Bill y le espiaremos por si está regodeándose de sus logros delante de sus amigotes. - Espero que los anteriores propietarios de estos uniformes todavía respiren… - Sí, pagué tres mil dólares a cada uno por ellos. Creo que lo considerarán una buena noche –vio que Robert sonreía demasiado- ¿Qué pasa? - Es por todos sabido que los camareros ligan un montón. - ¡Jesús! ¿Es que no sabes pensar en otra cosa? - Lo he intentado, pero hay tantas mujeres bonitas por ahí fuera… -se rió ante el suspiro de Pant.
Se metieron en la mansión de la Reina y un guardia de seguridad les indicó dónde estaba el lugar de trabajo de los camareros. Ninguno de sus compañeros hizo preguntas y se limitaron a coger una bandeja cada uno. Pant optó por una que llevaba refrescos varios para los comensales humanos, mientras que Robert prefirió cargarse con una elegante jarra llena de espesa sangre sintética.
Decidieron separase para abarcar más territorio y se internaron en la marea de refinados invitados. Robert se lo pasó en grande. Sonreía a toda mujer que se cruzaba por su camino y las deleitaba con alguna de aquellas frases que no envejecían a pesar del uso. Le encantaba dejarlas sonrojadas y con una sonrisilla tonta en el rostro. Había tanta gente, que casi no daba dos pasos cuando era de nuevo detenido para llenar una copa. Si seguía moviéndose a ese ritmo, no encontraría nunca a Bill. Aunque esa preocupación se esfumó de su mente en el momento en el que la mismísima anfitriona le hizo señas para que se acercara. Armado con sus invencibles hoyuelos de niño pillo, se acercó y llenó su copa lentamente.
- Si me permite el comentario, es una fiesta de gusto impecable –sonrió a Sophie – Anne. - Gracias –la Reina se giró para hablar con uno de sus invitados.
Robert se quedó rígido ante la indiferencia de la vampiresa. No estaba acostumbrado a aquello y sintió su orgullo un poco herido. Las mujeres se solían mostrar bastante más agradecidas a sus cumplidos.
- Y ese vestido la favorece mucho. Envuelve su figura de una manera que… -la Reina se giró bruscamente. - ¿Es que acaso me has visto alguna vez vestida de otra manera como para poder saber lo que asegura? –hizo un gesto con la mano y volvió a darle la espalda- Hay más gente esperando la sangre.
El ex – marido de Amanis agarró con fuerza la jarra y expulsó el aire de sus pulmones con lentitud. Ya sólo le quedaba elogiar su pelo y él nunca jamás había tenido que recurrir al mismo para conseguir la atención de una mujer. Estaba a punto de volver a abrir la boca cuando vio que la mirada de Sophie – Anne se perdía en los andares femeninos de una de las invitadas. Suspiró aliviado al comprender por qué sus flirteos no habían surtido efecto. Decidió que era mejor volver al plan de buscar a Bill antes de que Pant se enterase de cómo estaba perdiendo el tiempo.
Pasó casi una hora antes de que divisase al sureño algo apartado del resto de la fiesta. Hablaba con algunos invitados, pero parecía que se estaba despidiendo. Empezó a acercarse para hablar con él. Ése no era el plan de Pant, pero dudaba mucho que Bill estuviese detrás de la desaparición de Amanis. No concebía que se hubiese enfadado tanto por lo de las fotos, pero no podían descartar nada. Al dar tres pasos en esa dirección, se paró de golpe al oír el nombre de Darrion entre un grupo de vampiros a su derecha y escuchó disimuladamente.
- Está aquí… La he visto. - Se atreve a venir a una fiesta de vampiros después de haber matado a Darrion –Norman apretó con tanta fuerza su copa que casi se rompe- ¿Dónde está? - En el salón de la piscina –respondió el otro. - Bien, guárdame esto –le dio la copa- Voy a darle a Pant una clase acelerada de justicia vampírica –se rió con malicia y salió de allí disparado.
Robert dejó la jarra en una mesa y se quedó pensativo sin saber muy bien qué debía hacer. ¿Pant había matado a Darrion? Pensaba que simplemente el vampiro se había ido tras ser destapada su jugarreta. Miró a Bill y vio que ya salía por la puerta. Miró al frente y vio la zona de la piscina donde estaba Pant. Estaba claro que la seguridad de ella era lo primero.
Norman se metió en aquella atestada zona y cazó una copa de sangre de una de las bandejas. Se la bebió de un trago y siguió buscando con la mirada. No tardó en encontrarla, vestida de camarera mientras daba refrescos de cola light a unas acompañantes humanas. Ella había sido una de las culpables de que hubiese tenido que abandonar El Dorado y vagar por territorios vampíricos sin derecho a nada. Si no hubiese sido por la Reina de Luisiana… Apretó los dientes y se bebió otra copa de sangre de un trago. Estaba furioso de encontrársela en aquel lugar, pero disfrutaría haciéndola pagar la muerte de su Sheriff.
Una camarera jefe gritó el nombre de Pant y la pidió que fuese a por más suministros a la furgoneta que estaba aparcada en un callejón cercano. Norman estuvo tentado de darla las gracias por aquel regalo. Usando su sigilo vampírico, la siguió en la oscuridad y dejó que descargara una caja del vehículo. Cuando la humana se dio la vuelta, se encontró de bruces con él.
- Hola, Pant –Norman sonrió divertido- ¿Te acuerdas de mí? - ¿Qué quieres? –respondió con un nudo de miedo apretándose en su estómago. - Ya lo sabes…
Pant le arrojó la caja de refrescos y eso la dio el tiempo justo para iniciar su huída callejón arriba. Pero no podía ser lo suficientemente rápida y Norman la agarró de un brazo poco tiempo después. Ella gritó y el vampiro no tuvo más remedio que tapar su boca con una mano. La humana pataleó y se retorció, pero lo único que consiguió fue que su captor la hiciese daño para que parase.
- Al principio había pensado que fuese rápido, pero supongo que tengo tiempo para divertirme contigo.
La tiró al suelo con brusquedad, dejándola aturdida y sin capacidad de reacción. Se inclinó sobre ella y la inmovilizó. Con una mano comenzó a desabrocharla la camisa del uniforme, a pesar de que Pant seguía retorciéndose y emitiendo gemidos lastimeros. Cuando descubrió los pechos, los manoseó sin delicadeza mientras se reía por su venganza. Justo en el instante en el que su mano iba a profanar un territorio nuevo, alguien le agarró por detrás y le apartó de un tirón. Norman rodó por el suelo y se incorporó de inmediato.
- ¿Quién eres tú? –preguntó mirando a Robert, que jadeaba por la carrera que había tenido que pegarse- ¡Bah, qué demonios! Me da igual…
Se abalanzó sobre él, le agarró por el cuello y lo empotró contra una pared. Los pies de Robert habían dejado de tocar el suelo y sus manos intentaban zafarse de la presa del vampiro. El oxígeno llegaba a duras penas a su sistema respiratorio, pero todo eso se le olvidó en cuanto Norman hizo aparecer sus colmillos. El vampiro gruñó feliz ante el inminente festival de sangre que le esperaba y los clavó profundamente en el cuello del humano. El preciado líquido comenzó a salir de manera abundante y tragó todo lo que pudo, aunque no podía evitar reírse por los gritos de Robert.
Extasiado por su tarea de alimentarse, se había olvidado por completo de Pant. Ella se había acercado sigilosamente por detrás y, con la misma determinación que demostró casi un año atrás, hizo que una afilada estaca de madera se hundiera hasta su corazón. Norman se apartó de inmediato con los ojos como platos mientras alargaba una mano a su espalda con la esperanza de coger el arma mortal. Pero todo intento fue en vano, pues sus piernas dejaron de sujetarle y sus ojos se cerraron para no volverse a abrir nunca jamás. Robert se derrumbó en el suelto y se llevó una mano al cuello. Estaba muy pálido, pero aún así tuvo energía de sonreír a su amiga cuando se acercó a socorrerle.
- ¿Estás bien? - No es nada… -dijo no sin esfuerzo- He estado con mujeres que han reclamado mucha más energía de mi parte –se rió y Pant le dio un puñetazo amistoso en el brazo. - Te podría haber matado, pero gracias por venir. - Me temo que Bill ya se ha ido –dijo mientras se sentaba y buscaba un pañuelo para taparse la herida- Se estaba marchando cuando oí a este vampiro lo que pretendía hacer. - No te preocupes, lo tengo todo cubierto. Cuando fui a por los uniformes, me pasé por el garaje y coloqué un localizador en el coche de Bill –le tendió una mano- Así que levanta. Tenemos un vampiro al que perseguir.
Robert se dejó ayudar y se apoyó en Pant para llegar al coche. Como no estaba en condiciones de conducir, tendió las llaves del Hummer a su acompañante y montaron. Haciendo uso de su ordenador portátil, pudo localizar la posición de Bill.
- Al parecer va camino de Bon Temps. Si vamos un poco más rápidos que él lo alcanzaremos en poco tiempo.
Pant encendió el motor del vehículo y lo sacó de allí haciendo chirriar los neumáticos y los dientes de Robert a la vez. Habían subestimado la temeridad del vampiro a la hora de conducir, pues les estaba costando más de la cuenta en darle alcance. Pasaron unas dos horas hasta que divisaron la parte trasera de su coche.
- Bien –dijo Robert- Hazle señales con las luces para que aparque a un lado de la carretera. Hablaremos con él y…
Sus palabras murieron al notar el tirón de la aceleración que Pant había exigido al Hummer. En un parpadeo se puso al lado del vehículo de Bill y giró bruscamente el volante para colisionar con él. La diferencia de tamaños entre ambos vehículos era insalvable. Mientras que Pant y Robert sólo sintieron un golpe brusco, el coche del vampiro derrapó y salió de la carretea de manera incontrolable y a gran velocidad. Al chocar contra una señal baja, el vehículo salió despedido dando vueltas de campana en el aire para acabar estrellándose con fuerza varios metros más allá. Comenzó a salir humo de inmediato.
- ¿Te has vuelto loca? –Robert volvía a estar pálido. - No –de su bolso sacó una estaca y se bajó del coche.
|