Eh aquí el cuento xD
Mi promesa.¡Hola! Me presento. Soy Irene, mi apellido no tiene importancia.
He venido para explicaros mi historia. Hace tres años vivía en un pequeño pueblo, justo antes de llegar a Andorra.
Mi Casa era también, una pequeña granja. Teníamos todo tipo de animales: vacas gallinas ocas, cerditos y caballos…Sí caballos. Desde pequeñita mi caballo, bueno no es un caballo sino una yegua, hemos estado muy unidas. Se llamaba Estela. Era blanca como la nieve, más pura y frágil vista gamas. Sus crines eran de un negro intenso como el carbón y sus ojos azules como el cielo. Era mucho más para mi que un caballo. Pero como iba diciendo, cada mañana muy temprano Estela y yo íbamos a un prado, en un bosque que havia al lado de casa. Y allí en esa explanada tan grande, bella y hermosa veíamos salir el sol. Después volvía a casa y preparaba el desayuno para mis padres y yo. Seguido daba de comer a los caballos en los establos. Cuando terminaba, como alma que lleva al diablo salía de casa con la bicicleta rió arriba asta llegar a mi escuela. El día que no llegaba tarde era de extrañar, me entretenía mucho con mis caballos. Después de la escuela tan pronto como llegaba a casa como por la mañana Estela y yo salíamos dirección al bosque donde hacíamos largos recorridos hasta llegara a la explanada esta vez, pero para ver la hermosísima puesta de sol que nos aguardaba.
Pero aquel dos de marzo fue diferente, cuando llegue mi padre ya estaba en casa. Eso me extraño. Mi padre nunca llegaba tan pronto. Decidí entrar antes de ir a mi excusión diaria. Cuando entre mi madre intentaba esconder dos lagrimas, que traicioneras, se escapaban de la prisión de sus ojos. Mi padre estaba muy serio y eso era del todo imposible. El siempre se volvía hacia los problemas con una sonrisa en sus labios.
- Irene, hija mía, ven aquí- me sorprendió mucho su tono de voz, parecía que me estuviera pidiendo piedad o perdón por algo que a mi se me escapaba.
- Cariño, tengo una noticia espantosa.
- ¿Qué pasa? – Mi voz era un pozo de miedo y confusión
- Hija querida, me han trasladado.
- ¿Dónde?- Le interrumpí, sin darle tiempo para explicaciones. Me esperaba lo peor
- A Barcelona.
- A Bar…Bar…Barcelona. ¿A la ciudad?
- Si, tendremos que irnos a vivir allí- La voz de mi madre siempre me tranquilizaba, pero en aquella ocasión sólo me transmitió inquietud y terror, terror a lo desconocido.
Bajé corriendo a los establos. Como siempre allí me esperaba Estela. Desesperada la abracé y de un saltó monté encima de ella, Esa noche la pase al raso.
Pasaron un par de semanas. El traslado era inevitable. Un buen dial llegó un camión lleno de barro. El conductor furioso bajó del camión murmurando “esto es un camino de cabras”
No puede más, me hacía mucho daño alejarme de mi vida. El traslado significaba perder mis amigos, mi granja, mi infancia, mi Estela, era dejar de se quien soy, era perder mi identidad.
Echaría tanto de menos a Estela, nuestras expediciones al bosque, en donde aprendía a identificar árboles y flores. Echaría de menos aquella maravillosa sensación de libertad que recorría el cuerpo cuando cabalgaba a sus lomos.
Pasaron los días y el tiempo se me agotaba. Tenía que hacer alguna cosa, tenía que conseguir que Estela se quedara juntó a mí.
El 20 de Marzo llegó y con el mi nueva vida, mi nueva escuela, mis nuevos sentimientos, mi nuevo hogar. Ese mismo, día en llegar a la escuela, me sentí como pez fuera del agua. Todos mis compañeros se rieron de mí Nadie me aceptaba por el mero echo de ser de pueblo. Era horrible, sentía un vacío en el pecho y un nudo en el estómago que no me dejaban. Quería volver a ver a Estela. Unas semanas después la cosa no mejoró no hablaba con nadie y en casa era mucho peor. Yo echaba toda la culpa a mi padre y a mi madre por no luchar por mis intereses. Por eso siempre estaba enfadada
- Papa…
- ¿Dime?
- Habéis vendido ya a Estela.
- No, aun no, pero tenemos 3 posibles compradores. Aun estamos sopesando las posibilidades…
- ¡Papa!- interrumpí- te prometo que renunciare a los libros, a la paga a…
- No se trata de eso…
- Pero por favor no vendáis a Estela.
- Hija mía ya hemos hablado de eso- “MENTIRA” pensé yo “Habéis hablado vosotros pero a mi ni siquiera me habéis escuchado”
- Mama, por favor…
- He dicho que no y no es no, punto.
Llorando subí a mi habitación. Allí en mi soledad, me hice una promesa: “Nunca, jamás te olvidare, mi querida Estela”
Ahora ya hace tres años de aquella promesa i sé que nunca la olvidare. Por eso os cuento esto para otros que se sienten como yo Nunca nos olvidaremos de nuestros amigos los animales.
