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Él mismo tenía ganas de ir a ver si conseguía ligarse por fin a Medusa, que llevaba varios meses coqueteando con él descaradamente y no conseguía llevársela al huerto. Menuda calientaescamas. Gardenia prestó atención a la conversación, parece que Jacinto estaba allí, genial. -¿Me necesitas para algo?-preguntó Bebelcebú, tenía mucho que estudiar. -No, me iré a casa. -Estupendo, tengo exámenes y me toca estudiar- Bebelcebú tenía mucho trabajo atrasado y quería ponerse al día cuanto antes. Y también había quedado con Medusa, lo último que necesitaba era que algo le hiciera cancelar los planes. -Yo voy a estirar un poco las alas- dijo Malasombra. Ambos dragones se fueron y Gardenia siguió explorando. Qué tétrico era todo, se le estaban poniendo los pelos de punta. Con mucho esfuerzo subió la escalera de caracol. Jacinto estaba aburrido, necesitaba salir, caminar un poco, darle el aire fresco… A pesar de que la literatura del tercer reino era mejor de lo que esperaba, quería libertad. Buscaría la forma de enfrentarse a su padre y a sus suegros para cancelar el compromiso. Gardenia vio luz en una de las puertas y con mucho esfuerzo, vio a un hombre joven en un camastro rodeado de libros. -Jacinto, ¿eres tú?-preguntó. -¿Quién eres?-respondió con otra pregunta. -Gardenia- con un susurro continuó-, he venido para buscarte. Intentó abrir, pero estaba cerrado con llave. Los dragones podían ser dragones pero no eran estúpidos. Continuó intentando forzar la cerradura, pero no había persona humana que lo moviera, y menos una damisela que iba de aventurera. Gardenia se puso nerviosa. Piensa, se ordenó a sí misma. Ni en un millón de años conseguiría salir de ahí. Dio una patada en una piedra y se movió, vio el interior de la celda de Jacinto. Era una piedra grande pero no muy pesada. -Jacinto, sal- ordenó. El príncipe estuvo tentado de llevarse algunos libros, pero lo importante era huir. Cogió una manta de la cama y se deslizó dentro del agujero. Salieron y bajaron escaleras para abajo. Bueno, eso de bajar era un eufemismo, porque los escalones, obviamente, estaban hechos para dragones y tenían que saltar o reptar. A medio camino entre la fortaleza de Malasombra y su hogar, Bebelcebú se había olvidado de llevarle un libro nuevo a Jacinto. Ya lo haría al día siguiente, hoy le apetecía intentar hincarle el colmillo a Medusa. Le había costado Dios y ayuda hacerse el carnet de una biblioteca humana. Además, él mismo se estaba convirtiendo en un forofo de la literatura que escribían los humanos, le ayudaban a entenderles mejor y tenían mucha fantasía. Pensó en ir ahora y así estaría libre. Además, el principito le caía bien y disfrutaba de su compañía. Estaba pensando que si un día Jacinto fuera libre, se iría a visitarle a su reino. Claro que lo haría cuando le quitasen la L de la cola y tuviera más tiempo, porque con las clases y el trabajo estaba muy ocupado. -¿Cómo que has venido a buscarme?-preguntó Jacinto. -Luego te daré explicaciones, lo importante es huir de este lugar- apremió Gardenia. Oyeron unos pasos y se escondieron en una hornacina. Como no cabrían si dejaban correr el aire, ambos se abrazaron muy juntos. Gardenia se sorprendió disfrutando de eso y Jacinto disfrutaba el olor a lavanda de Gardenia. Cuando ambos quisieron darse cuenta, estaban agarrados y se apartaron en seguida, turbados.
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