Mientras el Tajo atraviesa de norte a sur la serrezuela de Sacedón, el Guadiela se le acerca desde el este por el paisaje real de los baños de La Isabela. Pero un murallón de rocas - la Sierra de Enmedio - se interpone, y entonces el Guadiela se torna dramático: cambia súbitamente de rumbo y allí dobla con violencia al norte para precipitarse de frente en el Tajo. Juntos ya, y rebramando aún con la fuerza del encuentro, terminan de romper la serrezuela y se arrojan por el salto de Bolarque hacia las llanuras carpetanas de la baja Guadalajara, anticipo de las toledanas y extremeñas.
El Tajo se despide así de su curso alto con uno de su mayores despeñaderos. Hace años ya que los alborotados rabiones de espuma y los furiosos remolinos quedaron amansados por la presa hidroeléctrica, y el cómodo descenso de la maderada por el aliviadero que baja a espaldas de la Casa de Máquinas ha hecho olvidar los peligros de otros tiempos.
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Si antes extrañaba el retorno de la sierra tras el llano, ahora sorprendía la convivencia de la energía eléctrica con los castillos medievales. No era extraño que el aire seco y ardoroso vibrara con la tensión de tantos choques. La potente central de Bolarque y los altivos torreones de Zorita de los Canes eran los dos polos opuestos en aquel campo de fuerzas, en aquella pervivencia de la historia, en aquella encrucijada de razas y de hombres.
Y en Zorita mismo acamparon los gancheros, no lejos del pueblo minúsculo, apenas pequeña excrecencia de casas al pie del cerro dominado por las inmensas ruinas del castillo.
Zorita de los Canes. El río que nos lleva. José Luis Sampedro.Sierra de Sacedón
Río Guadiela
Reales baños de La Isabela
Restos de La Isabela
Sierra de Enmedio
Desembocadura del río Guadiela (derecha) en el río Tajo (izquierda) con la Sierra de Altomira en medio
Salto de Bolarque
Presa de Bolarque, maderada y aliviadero
Zorita de los Canes