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MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
(1547-1616)
(Cervantes de si mismo dice:)
Yo corte con mi ingenio aquel vestido
con que al mundo la hermosa Galatea
salio para librase del oluido.
Soy por quien La Confusa, nada fea,
pareció en los teatros admirable
si esto a su fama es justo se le crea.
Yo, con mi estilo en parte razonable,
he compuesto comedias que, en su tiempo,
tuvieron de lo grave y de lo afable.
Yo he dado en Don Quixote pasatiempo
al pecho melancólico y mohino,
en cualquier razón, en todo tiempo.
Yo he abierto en mis Nouelas un camino
por do la lengua castellana puede
mostrar con propiedad vn desatino.
Yo soy aquel que en la inuencion excede
a muchos, y, al que falta en esta parte,
es fuerça que su fama falta quede.
Desde tiernos años ame al arte
dulce de la agradable poesía,
y en ella procure siempre agradarte.
Nunca voló la humilde pluma mía
por la región satírica, baxeza
que a infames premios y desgracias guía.
Yo el soneto compuse que assi empieza
por honra principal de mis escritos:
Voto a Dios que me espanta esta grandeza.
Yo he compuesto romances infinitos,
y el de los zelos es aquel que estimo,
entre otros, que los tengo por malditos.
Por esto me congoxo y me lastimo
de verme solo en pie, sin que se aplique
árbol que me conceda algún arrimo.
Yo, estoy cual decir suelen, puesto a pique
para dar a la estampa el gran Persiles
con que mi nombre y obras multiplique.
Yo en pensamientos castos y sotiles,
dispuestos en sonetos de a dozena,
he honrado tres sujetos fregoniles.
(Del Quijote)
¿Quién menoscaba mis bienes?
Desdenes!
¿Y quien aumenta mis duelos?
Los celos!
¿Y quien prueba mi paciencia?
Ausencia!
De este modo en mi dolencia
ningún remedio me alcanza,
pues me matan la esperanza,
Desdenes, celos y ausencia.
¿Quién me causa este dolor?
Amor!
¿Y quien mi gloria repuma?
Fortuna!
¿Y quien consiente mi duelo?
El cielo!
De este modo yo recelo
morir deste mal extraño
pues se aúnan en mi daño
amor, fortuna y el cielo.
¿Quién mejorara mi suerte?
La muerte!
Y el bien de amor, ¿quién le alcanza?
Mudanza!
Y sus males, ¿Quién los cura?
Locura!
Dese modo no es cordura
querer curar la pasión,
cuando los remedios son
muerte, mudanza y locura.
(Al túmulo del rey Felipe II en Sevilla)
Voto a Dios que me espanta esta grandeza
y que diera un doblón por descrilla,
porque ¿a quien no sorprende y maravilla
esta maquina insigne, esta riqueza?
Por Jesucristo vivo, cada pieza
vale mas de un millón, y que es mancilla
que esto no dure un siglo, oh gran Sevilla!
Roma triunfante en ánimo y nobleza.
Apostare que el anima del muerto
por gozar este sitio hoy a dejado
la gloria donde vive eternamente.
Esto oyó un valentón, y dijo:-Es cierto
cuanto dice voacé, seor soldado.
Y el que dijere lo contrario miente_.
Y luego, incontinente,
calo el chapeo, requirió la espada
miro al soslayo, fuese, y no hubo nada.
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