Se lo dejaron prestado a mi hermana, y lo abrí "a ver qué tal". Me enganché en seguida y me lo leí de un tirón, o mejor dicho, de tres tirones.
Estando en
Italia aprendí que el estar viva me da derecho al placer, a no sentir culpa por disfrutar. Y lo aprendí con algo tan simple como una pizza doble mozzarella (qué bien suenan esas zz

). Vivimos agobiados por nuestras obligaciones, las que tenemos y las que nos auto-imponemos, y ya va siendo hora de regalarnos momentos que nos gusten.
(Mi palabra favorita del italiano es
fragola, que es esdrújula -suena /frágola/- y significa frutilla)
De paso por la
India aprendí a valorar el silencio y la meditación. Qué necesario es a veces estar solo con los propios pensamientos, qué lindo es sentirse parte del Universo. Es ante sufrimientos grandes y problemas graves que buscamos creer en Algo más grande para consolarnos. Que ejemplar la historia de Liz, ojalá haya muchas personas en este mundo que encuentren en su fe semejante paz.
Y en
Indonesia encontrar el equilibrio. No es sopresivo que el amor sea ese equilibrio (y no lo digo por el título

) sino porque todos los que amamos sabemos la paz que sentimos cuando estamos con
esa persona, y el placer que podemos alcanzar estando juntos.
Amar nos hace menos egoístas, ayudamos a las personas que queremos y eso nos da placer también, nos hace felices saber que somos útiles para los demás.
En fin, que el libro me gustó, me hizo reír bastante y también me dio pena en muchos momentos, pero la vida es también así, ¿no? No lo calificaría como imprescindible, pero creo que de él se pueden aprender muchas cosas a la par que se pasa un buen rato.