Operación parrillada

Espacio en el que encontrar los relatos de los foreros, y pistas para quien quiera publicar.

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Gavalia
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Operación parrillada

Mensaje por Gavalia » 05 Sep 2014 13:35

Operación parrillada.

La tarde se está tornando fría y las sombras amenazan con extender su reinado sobre las pocas casas del pequeño pueblo de la península ibérica protagonista de esta historia. Lo cierto es que no recuerdo bien desde cuándo estoy aquí, más tengo la sensación de haber estado siempre. Tampoco sabría decirles con precisión quién soy o cuál es mi origen. Llámenme el Espíritu de la villa si quieren, por mí no hay problema. Simplemente estoy aquí porque, al parecer, tengo una misión y el tiempo apremia. Ellos se acercan más a cada minuto que pasa, y es del todo necesario ponerles en antecedentes antes de que lleguen.

Les serviré de guía lo mejor que pueda y sepa en este singular periplo. No podrán vernos. No podrán hablarnos, pero seremos testigos privilegiados de los trágicos acontecimientos que están a punto de suceder o, mejor dicho, que ya están sucediendo en Villa Bollos de Arriba. Síganme y no se separen, nuestro viaje comienza en aquella casa de campo situada al norte del pueblo. Sí, la de colores ocres en la fachada y un bonito jardín en la entrada.

Si miramos a través del ventanal principal, veremos que hay gente dentro. Parecen nerviosos y asustados, aunque pueda parecer todo lo contrario en algún que otro caso. Juzguen ustedes mismos.

Es importante que conozcan algunos detalles antes de meternos en madeja:
Las autoridades habían declarado que la situación se encontraba bajo control, pero la verdad es que nada estaba más lejos de la realidad. El resultado de un comunicado de ese tipo puede ser incluso más perjudicial que beneficioso para todos, máxime si el mismo es realizado por el presidente de la nación subiendo por las escalerillas de un 747 a punto de despegar junto con toda su familia, perro incluido. Entonces, ¿por qué aconsejaban que lo mejor para toda la población era no salir de sus casas hasta que la epidemia fuera erradicada? ¿Acaso tenían goteras en La Moncloa? Todo era demasiado confuso y la gente no sabía muy bien a qué atenerse.

Solo se sabía que un extraño virus se había introducido en Europa desde África y, para más inri, en patera. Se cerraron fronteras y se tomó la medida de aislar a los recién llegados en naves habilitadas a tal efecto, pero fue imposible contenerlos. La enfermedad, por llamarla de alguna forma, adquirió tintes apocalípticos. Las personas morían para, poco después, resucitar transformadas en monstruos de torpe andar y peor coordinación con el único objetivo de matar y devorar a sus otrora congéneres, los vivos. En las grandes ciudades, pronto aprendieron que solo se podía acabar con ellos machacándoles la cabeza de un buen porrazo o disparándoles con un arma de fuego siempre y cuando el blanco fuera el cerebro del no muerto. La luz del sol y las llamas también podía matarlos, y solo caminaban durante las noches por esa razón. Emitían profundos gritos guturales que parecían nacer del mismo averno anunciando su presencia con un terror infinito. Expulsaban constantemente un espeso líquido negruzco por boca y orificios nasales, y olían a demonios debido a la putrefacción que conllevaba ese extraño estado de no vida. Pasaban las horas de sol dormitando a oscuras en cualquier tipo de inmueble abandonado. Por último, sabemos por medio de uno de nuestros personajes −de nombre Fernando, aunque más conocido por su alias de Max Max, ya comprenderán más adelante− que quizá los no muertos cuenten con algún tipo de capacidad cognitiva.

Pero volvamos a Villa Bollos, donde no hay militares expertos en defensa personal y modernas técnicas de combate. Ni siquiera sueñen con una guapa científica que nos prometa un antídoto capaz de erradicar el problema. Esto es España, y aquí no hay héroes. Solo Aprovechados, maleantes, vagos e inútiles que en éste caso deberán enfrentarse al genuino zombi ibérico.

El asunto apremia, así que mejor pongámonos en marcha. Entremos en la casa y vayamos conociendo a sus actuales inquilinos. El primero es Paquete, alias Pamparahoy, natural de Villa Bollos, donde es muy normal tener un apodo como seguidamente comprobarán. Pamparahoy es dueño del único bar del pueblo además de propietario de la casa donde nos encontramos. Es un gran amante del refranero, ya que suele terminar la mayoría de sus frases con la muletilla que ustedes suponen; de ahí su apodo. Es un poco pesimista además de gruñón y, por supuesto, nunca suele estar conforme con nada.

−Deberíamos pensar en un plan para intentar salir de esta si es que hay forma de conseguirlo.

Quien habla es Fernando; ya saben, Max Max. Nadie sabe muy bien de dónde ha salido, y menos aún que hace en el pueblo. Es el único forastero entre ellos y ya ha sido bautizado con ese sobrenombre. Apareció como alma que lleva el diablo encima de una motocicleta de gran cilindrada por el acceso principal que une la carretera nacional con el pueblo con tan mala suerte que derrapó a la altura de la casa de campo y fue a dar con sus huesos en el bonito jardín que la adorna.

−¡«Otia», tío, pero si parece el puto Max Max de los cojones!

No digan que no les avisé. Quien hace tal singular apreciación sorprendido por la visión del motorista despatarrado y armado hasta los dientes no es otro que Pepe, alias el Perdigón. Pepe es aficionado a la cerveza y a los porros, y amigo de la propiedad ajena; sobre todo, si esta tiene cuatro ruedas y buena salida en el mercado negro una vez despiezada.

−¡«Peazo» fusco, colega!

En este caso, el entusiasta observador es Blas el Ojeras, coleguita de Pepe. Según ellos, son «hermanos a muerte». Refrendan siempre esta aseveración con una serie de gestos incomprensibles con las manos para terminar chocándolas de forma tan extraña que no me atrevo a explicar. Es mejor que lo vean por sí mismos y así sacarán sus propias conclusiones. Ambos acaban de salir de la cárcel, donde han cumplido un par de años de condena por un asunto relacionado con... bueno, ya saben. Se encuentran en casa de Paquete Pamparahoy a petición de este último y debido a un encargo relacionado con la compra de unos recambios.

−¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Dios mío, ¿qué será de nosotros?! −exclama el padre Indalecio en ese momento.

Resulta que tuvo que salir por pies tras Paquete Pamparahoy, que había ido a verle a la iglesia con la loable intención de confesarse cuando el religioso se encontraba oficiando misa de funeral. Al parecer, durante el oficio por la fallecida, la susodicha decidió levantarse del ataúd en el que se encontraba y tomarse un aperitivo. Que la vianda llevara sotana no parecía ser un problema para la no muerta, así que el padre Indalecio corrió aterrado detrás de Paquete hasta la casa de campo, donde ya esperaban nuestros conocidos expresidiarios. Como iban hasta las cejas de marihuana −cosa muy habitual en ellos− y al no tener ni idea de lo que realmente estaba sucediendo, ambos no pudieron evitar troncharse a mandíbula batiente con la escena jaleando con brío a la perseguidora para que diera alcance al sacerdote. Gracias a Dios, la criatura era bastante lenta y tanto Paquete como el páter tuvieron tiempo de ponerse a salvo.

−¡Par de desgraciados tontos del culo! −grita a los dos «fumaos»−. ¡Ya hablaremos dentro!
Finalmente, Paquete consigue abrir la puerta y los cuatro entran escapando de la no muerta a tiempo.

La cuestión era qué hacer. ¿Huir o defenderse? La opción de huir toma fuerza desde que el recién llegado Max Max −una vez hechas las oportunas presentaciones y tras un buen rato de charla a fin de conocerse mejor entre todos− les dijo que una gran horda de muertos vivientes procedente de la ciudad se estaba acercando a Villa Bollos en ese momento y posiblemente llegarían en la tarde-noche del día siguiente según sus cálculos.
−Si decidimos quedarnos −comenta Max Max−, el plan que pongamos en marcha pasará por acabar con el mayor número posible de ellos. Tenemos una ventaja de unas diez horas de sol para prepararnos antes de que se presenten.

−¡Meterles candela de la buena! ¡Ole, ole! −responde «Perdigón» acompañando la expresión con palmadas; el fuego le encanta al muchacho.

−Creo que esa no es mala idea, amigo −refrenda el forastero−, solo que habría que tenderles una trampa para poder hacer una buena hoguera con ellos.

−Eso es pan para hoy y hambre para mañana. ¿Qué sabemos nosotros de trampas? −interviene inevitablemente Paquete.

−¿Tenemos un plano del pueblo a mano? −pregunta el forastero, que parece saber de lo que habla sin hacer mucho caso del pesimismo de Paquete−. Se me ocurre que podríamos intentar quemarlos haciendo una gran hoguera con todos ellos si conseguimos concentrarlos en una zona apropiada. Los he visto arder, y os aseguro que lo hacen con facilidad e incluso el cerebro termina por explotarles a partir de cierta temperatura.

−Eso me mola −comenta Blas el Ojeras−. ¡Operación parrillada al canto! ¿Por qué no nos ponemos nombres clave como en las «pelis»? Yo me pido Águila Roja, como el de la tele.
Max Max se ha quedado un poco descolocado con el comentario del autoproclamado Águila Roja; por lo absurdo, claro. Fernando se da cuenta de que Blas va totalmente en serio al mirarlo, más ahí no queda la cosa, porque Perdigón, entonces, propone que se pide Batman y afirma que no hará ni puñetero caso a quien se dirija a él de otra forma que no sea esa−. ¡Ole, ole y ole! −confirma.

−¡Virgen de la Macarena! Pero... ¿es que hablan en serio? −observa sorprendido Max Max.

−Si te vale el del cuadro del salón... Es antiguo, pero eso no es problema en Villa Bollos. Las cosas aquí cambian poco con el tiempo −ofrece Pamparahoy retomando la cuestión del mapa antes de que el asunto se líe más, mientras tanto el páter reza algo susurrando, a la vez que hace gesto de desesperación.

Todos se han reunido en el salón para escuchar el plan.

−Bueno, la idea es que podamos conducirlos hacia esta calle de aquí cuando lleguen −Max Max señala en el mapa una calle ancha, profunda y sin ninguna salida, que termina en la fachada de una vieja iglesia−. Solo cuenta con una entrada, y es muy amplia. La idea es concentrarlos a todos en ese espacio para meterles candela después, como dice aquí el señor Perdigón… quiero decir, Batman.

−Excelente hijo, excelente, pero ¿cómo hacemos para que... en fin, para conducirlos hasta el templo? Eso, por no hablar de cómo piensas quemarlos −comenta apesadumbrado el padre Indalecio−.
El punto seleccionado no es otro que su lugar habitual de trabajo, y no le gusta mucho la idea de utilizar la casa de Dios como matadero.

−Bueno, me temo que tendremos que obligarlos de alguna forma. Existen dos calles adyacentes que podrían utilizar y, de ese modo, desbaratar nuestro plan. Solo habría que bloquearlas, y tenemos tiempo para hacerlo. Pensar que el campanario de la iglesia puede ser un punto de observación estupendo desde el que podremos defendernos de esas cosas mejor que aquí −argumenta Max Max esperando la reacción de la audiencia−. Perdigón y el Ojeras... perdón, Batman y Águila Roja −continúa el forastero−, gracias a sus... digamos capacidades, podrían encargarse de conseguir un par de vehículos con el depósito lleno que colocaremos en el centro de la calle. Aquí y aquí −explica señalando el plano−. Ambos deberán hacer explosión en el momento adecuado.

−Eso está hecho, tronco. ¿Verdad, Perdigón? −comenta Blas entusiasmado, pero Perdigón no se da por aludido y se dedica a aspirar del porro que acaba de prepararse como un poseído.

−¡Oye, tronco, que te estoy hablando! ¿Te lo vas a fumar tú solito? ¡Que huele a uña, coño! ¡Hola! ¿Hay alguien en la «queli»?

−¡Que soy Batman, hostias! Si no me llamáis «asín», podéis pasar de mí un mazo.
−Está bien, señor Batman. ¿Puedo contar contigo para levantar un par de «bugas», colega?

−Pues va ser que sí. ¡Batman al rescate una vez más! −responde ufano Perdigón.
Resuelta la a todas luces, absurda cuestión de los nombres clave, siguen abordando la estrategia de la Operación parrillada.

−Almacenaremos toda la gasolina que podamos en el campanario. Desde ahí arriba, cuando los tengamos a tiro, podremos empaparlos con ella y prenderles fuego más tarde −una sonrisa maliciosa se dibuja en el rostro de Max Max.

−¡De puta madre, socio! ¡Vamos hacer una fritanga de cojones! −apunta el Ojeras mientras da una calada al porro como si la vida le fuera en ello.

−¿Y qué pasa si no entran por la calle principal −Paquete nunca está seguro de nada−. Me temo que esto es pan para hoy y....

−¡Ya, ya, colega! ¿Cómo puedes ser tan cenizo? −Perdigón se enfada mientras tose como un condenado tras la ultima inhalación.

−Don Paco no se equivoca en su observación −comenta Max Max−, creo que alguien tendrá que hacer de cebo.

−Dicen que los curas son buenos guías, ¿no? Pues ya tenemos candidato. ¡Ole, ole y ole! ¡Indalecio «for» presidente! ¡Ja, ja, ja! ¡Me parto la caja! −propone Blas.

−¡Por los clavos de Cristo! Te conozco desde que eras un mierdecilla, y te he visto crecer hasta convertirte en una mierda entera, así que el mundo nada perderá con tu desaparición, condenado −la cosa ha pillado por sorpresa al padre, pero finalmente cederá; los argumentos de Max Max terminarán por convencerlo.

−Señores, por favor, tengamos algo de calma. Alguien tendrá que hacer explotar los coches, y me temo que solo quedamos don Paco y un servidor, así que todos tenemos una misión en la operación.

−¡Vamos a quemar el culo a esos «joputas!» −disculpen el entusiasmo de Perdigón, pero no puede evitarlo.

−El problema es cómo incendiaremos los coches para que exploten en el momento oportuno −continúa Max Max−. Sería muy arriesgado esperar para hacerlo cuando los tengamos encima. Tendremos que improvisar, y no se me ocurre nada. Se admiten ideas, pero creo que es tarde. Ya pensaremos cómo solucionarlo mañana. Ahora, creo que es hora de irse a descansar..

Todos marchan en completo silencio en busca del descanso, un descanso que no llega y una paz que ninguno de ellos alcanzará, pues tormentosos son los pensamientos que pululan por sus cabezas. Bueno, quizá eso no cuenta para Águila Roja y Batman, que ahora mismo se están haciendo un descomunal «tres papeles» como parte de su ritual de preparación, o eso dicen ellos muy seguros de sí mismos al sentirse observados.
Esa misma creatividad le acaba de dar una idea a Max Max. Observa que el tremendo porro que los dos singulares personajes acababan de confeccionar tarda mucho en consumirse, y piensa que podría servir como iniciador para las explosiones que han planeado si fuera más alargado en vez de tan gordo y cabezón. Max Max consulta tal posibilidad en voz baja con los expertos, y estos −aparte de echarse unas risas que no parecen venir a cuento− concluyen que es posible y que podrían conseguir unos diez minutos de margen desde que se enciendan hasta la explosión. Todo es refrendado con aquel extraño choque de manos tan habitual en ellos, y la preocupación de Max Max aumenta de forma exponencial al observarlos.

−Es hora de dormir, chicos. −les aconseja−

Max Max se retira a su rincón algo cabizbajo. Se siente cansado e intenta coger el sueño después de apagar las luces. De repente, una especie de espantoso gruñido, como salido de la garganta del mismo infierno, le pone los pelos de punta. Es como un rugido escalofriante que anuncia una maldad infinita, y procede de la misma sala en la que nos encontramos. Max Max se sobresalta y apunta su arma de forma nerviosa a la oscuridad en busca de la criatura. Un segundo gruñido, esta vez proveniente del exterior y apagado por la distancia, es la respuesta al primero. Alterado, el padre Indalecio acierta a dar con la llave de la luz. La visión es cuanto menos confusa o irreal, si quieren. Nada extraño hay en la sala, salvo la curiosa postura que Águila Roja ha adoptado: en cuclillas como una rana, con su cuello erguido y tenso, como un lobo cuando aúlla, la boca abierta y una lata de cerveza vacía en la mano.

−¡Joder, colega! ¡Pedazo de eructo! ¡La hostia, qué tío! ¡Ese ha sido de récord, socio!
−Perdigón se pierde en elogios ante su colega Blas por tan increíble proeza−. ¡Bestial, colega, y además te han respondido y todo! ¡Joder! ¡Ja, ja, ja! ¡Ha sido genial, tío!

El resto de los presentes hacen un gesto de impotencia mirándose entre ellos con preocupación. Se preguntan si los muertos vivientes ya estarán en Villa Bollos o si el autor del segundo gemido ha sido un vecino transformado por el virus.

−Creo que el padre está de suerte, Águila Roja acaba de solucionar el problema del cebo −concluye Max Max.

Ha amanecido y el grupo al completo se pone en marcha. Se están dedicando a almacenar toda la gasolina que pueden en el campanario de la iglesia. Los coches estacionados en la zona han servido para aprovisionarse de ella y de paso taponar las dos calles para que los no muertos no se desvíen del plan trazado.

Águila Roja y Batman ya han conseguido los vehículos con sus depósitos llenos y los sitúan en los puntos acordados en la reunión. Después, tendrán que confeccionar los dos cigarros extralargos, asunto que va como la seda, claro está. Unas finas cuerdas empapadas en gasolina conectarán cada largo cigarro con el depósito del coche asignado. Finalmente, todo el dispositivo incendiario sería colocado bajo los vehículos, pues así quedarán a cubierto y protegidos de cualquier imprevisto que pudiera apagarlos.
Acaparan varias bolsas de globos infantiles en el puesto de chucherías de la plaza del Ayuntamiento, globos que rellenarán con la gasolina y que, después, lanzarán sobre los muertos vivientes. Pamparahoy y el padre Indalecio han conseguido poner en marcha un viejo equipo de pintura con su compresor de aire incluido y olvidado en un viejo trastero del templo después de una serie de reparaciones de conservación efectuadas años atrás. Llenarán el depósito de pintura con parte de la gasolina, y regarán desde el campanario a todo bicho no viviente que se acerque a la iglesia.

El ejército de muertos comienza a aparecer por la avenida principal de la pequeña villa. Primero son unos pocos a modo de avanzadilla, que pasan a ser cientos después y miles más tarde con ese andar cansado y torpe que les caracteriza. El aspecto que presentan es horrible, ya que sus cuerpos están en muy mal estado: abdómenes abiertos y semidevorados, bocas sangrantes y mutilaciones varias. Se adentran poco a poco y, aunque la mayoría marchan agrupados en una misma dirección, algunos se están desviando y eso preocupaba a Max. Es hora de actuar.

El comando formado por Max Max y Paquete Pamparahoy se pone en marcha. Tienen que darse prisa, así que salen de la iglesia sin más preámbulos ante el alborozo de Águila Roja y Batman, que no dejan en ningún momento de elogiar la enormidad de las partes nobles de ambos ciudadanos desde el campanario.

Tanto Max Max como Paquete hacen correctamente su trabajo. Una vez colocados los dispositivos incendiarios, prenden fuego a los largos cigarros dando sendas caladas para asegurarse de su buen funcionamiento. El resultado es un inesperado mareo del quince.−¡La madre que los parió! ¡Debí imaginármelo! −rezonga Paquete entre tos y tos.

La riada de no muertos está a punto de alcanzar la posición crítica y nuestro equipo sabe que ya no hay vuelta atrás. Vuelven raudos a la protección del campanario después de asegurar el portón de acceso a la iglesia. Max Max, entonces, pide a Águila Roja que repita la proeza de la noche anterior. Blas abre una lata de cerveza y, después de hacer un brindis a su imaginario público, se la mete entre pecho y espalda de un solo trago. Inmediatamente después, parece sufrir una especie de convulsión en el abdomen al tiempo que estira el cuello como si fuera un «cantaor» de flamenco. Finalmente, lanza tal eructo que enmudece por un momento a la atmósfera cargada de gruñidos. La respuesta de la masa de muertos vivientes es conjunta e inmediata a la vez que abrumadora para cualquier oído. El enjambre enardecido por la llamada toma dirección a la iglesia. ¡Comida!

−¡Venid, «joputas», que os vamos a dar candela! ¡Cabronazos! ¡Me cago en los peces «coloraos» y en vuestra puta nación! −desde luego, nadie como Perdigón para animar la fiesta.

La calle se está llenando de no muertos poco a poco. El tiempo pasa inexorablemente y Max Max está preocupado; primero, porque los dispositivos pueden fallar, y segundo, porque si los vehículos explotan antes de tiempo, no producirán el daño que ellos necesitan entre las filas del temible ejército. Piensen que sus esperanzas de supervivencia están condicionadas al éxito de la operación. Mientras tanto, Batman y Águila Roja se desgañitan en improperios hacia los no muertos desde la protección que les brinda su emplazamiento. Águila Roja ha decidido encaramarse sobre el muro que separa al campanario del vacío y adopta la postura más digna que recuerda de su héroe preferido. Ofrece la espalda a la grotesca turba y se encara a sus amigos, un tanto sorprendidos con el numerito. Quizá pensaba decir unas palabras de ánimo en plan arenga, pero lo que hace −para estupefacción de los presentes− es bajarse los pantalones con la intención de enseñar el culo a los no muertos con tan mala suerte que pierde el equilibrio por la atadura que le suponen los pantalones por debajo de las rodillas, no pudiendo mantener la verticalidad necesaria en estos casos. Su cuerpo empieza a bascular peligrosamente y comienza a sentir esa sensación de vacío propia del que se va a dar un talegazo de órdago sin remedio alguno.

−¡Me cago en la puta! −es lo último que exclama.
Gracias a Dios, el padre Indalecio se encuentra cerca y lo agarra por el suéter antes de que caiga.

−¡¿A quién se le ocurre?! ¡Puñetero idiota! ¡Por los clavos de Cristo! ¿Cómo se puede ser tan gilipollas? Que Dios me perdone, pero este muchacho me saca de quicio −el sacerdote se persigna y solicita el perdón del altísimo.

−«Tranqui», padre, que le da un «yuyu» y se nos convierte en una cosa de esas −interviene Perdigón mientras que Blas se ha quedado pálido y tembloroso por el susto.

La calle empieza a estar abarrotada de muertos. Los vehículos, apostados estratégicamente, no tardarán mucho en explosionar. Max Max da la orden de bombardear a las criaturas.

−¡Ahora!

Los globos comienzan a llover del cielo por doquier impactando sobre la multitud de zombis, que los reciben con total indiferencia. Algunos quedan completamente empapados, y otros tan solo salpicados. Las llamas harán el resto. Los no muertos mantienen los brazos alzados en dirección al campanario y gruñen aún más excitados cuando ven el culo al aire de Águila Roja.

−¡Tomad, cabrones! ¿Os gusta la gasolina? Pues os vais a hartar, hijos de mala madre. Cortesía de Villa Bollos.

Paquete parece más animado que nunca regando la calle con la gasolina gracias al viejo equipo de pintura; de hecho incluso alcanzan el final de la calle con la presión al máximo. El páter temía que el pequeño y oxidado generador parte del equipo no tuviera el brio necesario. Funcionaba a las mil maravillas y estaban encantados con el resultado.
De repente, uno de los coches salta por los aires y el segundo lo hace a continuación. Las dos deflagraciones resultantes son atronadoras, y la bola de fuego que crean alcanza a cientos de no muertos destrozando a muchos casi por completo. Todos los que se encuentran en las inmediaciones y siguen en pie arden como teas tropezando entre ellos, y no pueden evitar que las llamas salten de unos a otros gracias a las salpicaduras de la gasolina que los hace arder con facilidad.

Los defensores, entusiasmados por el espectáculo, comienzan a lanzar botellas llenas de gasolina prendidas con una mecha hacia aquellas zonas de la calle que ambas explosiones y la manguera no han alcanzado. La calle se ha convertido en un infierno. El hedor a carne quemada es insoportable, y el humo no permite ver nada en absoluto. Pueden escucharse los gemidos cada vez más débiles de los no muertos y los singulares crujidos que producen sus cabezas al reventar por el calor.

Son apenas las tres y media de la madrugada y nuestros amigos, extenuados, están recostados contra el muro del campanario. Se han quedado mudos después de la descarga de adrenalina que el enfrentamiento ha propiciado. No saben si muchas de esas horribles cosas andantes habrán podido escapar a la Operación parrillada, pero seguramente no han sido demasiados. Mañana, una vez descansados y cuando el sol luzca con fuerza, harán limpieza de edificios y eliminarán a los que queden.

−Pero ¿cómo puedes ponerte a fumar un porro con todo este humo, tronco? −Perdigón parece muy cansado cuando recrimina a Blas lo que éste hace en tan delicado momento.

−También tengo cerveza, y fresquita −responde Águila Roja.

−¡Haber empezado por ahí, socio! Eso ya es otra cosa, ¿dónde va a parar? Ya estamos tardando...

Bueno, hemos llegado al final de la historia y de la visita esperando que, si no entretenida, haya sido al menos instructiva cara a futuras situaciones de emergencia del estilo o incluso peores. Fue todo un placer haberles guiado por Villa Bollos de Arriba, mi querido pueblo; de momento, a salvo de muertos vivientes gracias a la intervención de unos contados ciudadanos comprometidos con el objetivo de preservar lo poco que queda de la civilización que conocen y, de paso, salvar sus propios culos. Me voy a vigilarles antes de que se haga más tarde. Nuestros amigos se creen a salvo, pero no saben que este asunto de los muertos vivientes solo acaba de comenzar.

Ya saben, pan para hoy y hambre para mañana...

FIN
Última edición por Gavalia el 28 Sep 2014 21:12, editado 4 veces en total.
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Re: Operación parrillada (relato desechado del concurso por

Mensaje por Dori25 » 05 Sep 2014 13:38

No me lo toques que quiero leerlo en cuanto pueda, eh?
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Re: Operación parrillada (relato desechado del concurso por

Mensaje por Tolomew Dewhust » 05 Sep 2014 16:21

Empiezo a pensar que tal vez hubiera debido participar en el concurso..., si este va a ser el nivel...

Jajajajaja. No. Es broma. Quiero decir, no es broma.

Jajajaja. Ahora en serio, rectificar es de sabios, venga, yo abogo por temática infantil para el concurso. Vamos, propuestas... Como os empeñéis en humor va a ser un infierno.

Gava, macho, vaya relato, pisha. Eres un crack. Pampahoy. No, un catacrack.

:cunao:
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Re: Operación parrillada (relato desechado del concurso por

Mensaje por Gavalia » 05 Sep 2014 19:20

Bravo colega jajaja. Te has dado cuenta enseguida de porqué se encuentra aquí el presente relato 8)
¡Celebremos! :risa:
Ando preparando otro, así que aún no has terminado de sufrir :133:
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Re: Operación parrillada (relato desechado del concurso por

Mensaje por Tolomew Dewhust » 06 Sep 2014 10:01

Yo es que soy mucho de zombis, Gava. Sin embargo, para un relato de humor, apostaría más porque fueran hordas de suegras malhumoradas las que persiguieran a los supervivientes, y en vez de quemarlas, pues no sé, retirarles el DNI para que no puedan entrar al bingo o algo así.

De todas formas tiene su curro. Por eso abogo por algo más radical, para que no suene a ya visto.

Propongo además colmar LFE de los bodrios que vayamos pariendo tú y yo. Verás qué divertido.

Yo ahora ando trabajando en la siguiente idea: hola que tal, bien vengo de correr, y que has hecho, pues a cinco minutos el km, y cuántos kms, 534. TACHAN.

Me falta el contexto y darle cuerpo pero ¿cómo lo ves?
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Re: Operación parrillada (relato desechado del concurso por

Mensaje por barrikada » 06 Sep 2014 11:46

Joé, la madre que os parió a los dos...

Me he leído el relato del tirón y he sufrido dos ataques al corazón, uno a la vez que el otro, y mi cerebro tiene tanto THC que estoy a punto de explotar o de sufrir una combustión interna, ando algo desorientado.

Bueno, mi reflexión es que muchísimo pan para tan poca carne, deben ser unos zombis algo anómalos, o quizá por la época hubiera algún tipo de hambruna. Me refiero a que es una historia con una acción clara, pueblo de personajes que erradican a unos zombis, en un relato lineal y largo, lo que hace que haya momentos que sean algo tediosos de leer y no aporten mucho a la historia. He de decir que el comienzo es arrollador, yo creo que se nota que está muy muy trabajado, el ritmo y la forma de escribirlo es brutal pero luego da un giro algo más bruto y no tan esmerado, en el aspecto formal. Otra cosa que me ha llamado la atención es la forma de introducir a los personajes, por un lado pienso que al haber metido tantos personajes en un relato así es arriesgado, había un momento que ya no me enteraba de quien era cada uno.... Por otro lado, son muy auténticos, como a mí me gusta.

Y no sé, socio, esperemos tu nueva criatura! Gracias por compartir tu relato con nosotros. Un placer.
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Re: Operación parrillada (relato desechado del concurso por

Mensaje por Isma » 06 Sep 2014 12:13

Está muy bien. Me gusta más que el que vas a presentar :cunao:.


Lo mejor, la frescura de los diálogos.

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Re: Operación parrillada (relato desechado del concurso por

Mensaje por Gavalia » 06 Sep 2014 13:09

Barri socio, son cinco personajes en total aparte de los propios zombis. Quizá la culpa de tu confusión es que uso en total cuatro alias diferentes que mezclo alegremente como si fuera la cosa más natural del mundo. Lo que quería evitar eran las temidas repeticiones de nombres de personajes y bueno, pensé que asíquedaba bien claro quien era cada quién.
De acuerdo en lo de la poca chicha, pero el objeto del relato era la risa más que la chicha. Sea como sea tienes razón en casi toda tu exposición. Quizá el final es más flojo que el inicio, pues no sabía bien como terminarlo y las dudas suelen afectar y mucho a la redacción. Mejor tener claro lo que quieres decir desde el primer momento antes que improvisar. Gracias por tus comentarios y bueno, espero con ganas el relato, que dices en tus comentarios, vas a proponer para el concurso oficial.

Isma leñe, al sacarlo del concurso solo pretendía evitar lo del día de la marmota... ya sabes..
Lo siento pero éste relato se me ha atravesado.....
:cunao: jajajaja...

El que tengo ahora entre manos es diferente pero también tendrá varios personajes, tantos que no hará falta repetir a ninguno, ea! :mrgreen: que Dios os pille confesados...
La mamá arropaba a su pequeño niño invidente mientras le susurraba al oído...
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Re: Operación parrillada (relato desechado del concurso por

Mensaje por Tolomew Dewhust » 06 Sep 2014 13:33

Y ¿a mí no me dices nada?

Otra idea, que estoy que las regalo: Mari, el niño se ha cagado, cámbiale el pañal / no / sí / que no / que sí / que no / que caiga un chaparrón y que limpie los cristales de la estación. TACHAN.
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Re: Operación parrillada (relato desechado del concurso por

Mensaje por barrikada » 06 Sep 2014 14:02

Gavalia escribió:Gracias por tus comentarios y bueno, espero con ganas el relato, que dices en tus comentarios, vas a proponer para el concurso oficial.
Sabía yo que mi comentario se iba a traducir a espérate en la puerta del colegio que vamos a tener unas palabras en tono amistoso. Esperemos camuflar bien la autoría....

Tolo está derrochando grandísimas ideas, la que se haya quedado para él debe ser sublime. Por cierto, ¿no decías que no ibas a participar?
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Re: Operación parrillada (relato desechado del concurso por

Mensaje por Gavalia » 06 Sep 2014 14:12

Tolomew Dewhust escribió:Y ¿a mí no me dices nada?

Otra idea, que estoy que las regalo: Mari, el niño se ha cagado, cámbiale el pañal / no / sí / que no / que sí / que no / que caiga un chaparrón y que limpie los cristales de la estación. TACHAN.
:meparto:
Canalla, tu eres la niña de mis ojos por majo, divertido, inteligente y además paisano. Sin embargo esas propuestas tuyas son tan malas como buenas :cunao:
Triunfará el relato clásico de comedia. Eso está al alcance de pocos. No son solo situaciones cómicas. También se deben incluir dialogos más o menos divertidos, y todo ello mezcado con inteligencia. Ppuuuffffffff... complicao para un novato como yo. Pronostico un albatros demoledor con su prosa clásica y trabalada.
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Re: Operación parrillada (relato desechado del concurso por

Mensaje por jilguero » 06 Sep 2014 16:59

La culpa la tienen los que votaron humor. Dos o tres listillos a los que se les da la cosa bien y lo que no saben es lo que se les viene encima, porque se habrán de leer, con estoicismo educado, todas las paridas que se nos ocurran a los demás (yo no iba a concursar, pero no sé si unirme al pelotón de torturadores...).
Perrillo, todavía no lo he leído pero, después de la siesta, prometo hacerlo :60:
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Re: Operación parrillada (relato desechado del concurso por

Mensaje por Gavalia » 06 Sep 2014 20:58

El pajarillo anda un pelo, mejor dicho una pluma, cabreadete :meparto:
Quedan muchos concursos por delante plumífero amigo :60: seguro que disfrutaremos con más de una creación de las que se propongan en el concurso. Yo lo he intentado y lo sigo intentado, pero me da que no consigo lo que quiero y los demás esperan. En fin, tampoco es eso una novedad, para mi al menos :mrgreen:
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Re: Operación parrillada (relato desechado del concurso por

Mensaje por jilguero » 06 Sep 2014 21:46

Gavalia escribió:El pajarillo anda un pelo, mejor dicho una pluma, cabreadete :meparto:
No creas, que hasta me estoy divirtiendo viendo las gansadas que se os ocurren a algunos. Y sí, Gavalia, muy bien no te ha salido, pero es que eso de hacer gracia queriendo solo saben hacerlo muy pocos, y además lo que nos hace gracia a cada uno es algo muy, muy personal.
Te diría que, dejando a un lado la temática, la pega que le veo es una que ya te he comentado en ocasiones anteriores: podrías contarnos lo mismo con menos palabras y, si eso es posible, es mejor hacerlo porque el texto ganará. Este verano te habría venido bien participar en el concurso, pues te habrías dado cuenta de eso, de que es posible contar una historia con mucha menos palabras.
Y ánimo con el siguiente, que quien la sigue la consigue... :dragon:
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Re: Operación parrillada (relato desechado del concurso por

Mensaje por Lifen » 10 Sep 2014 15:48

:lol: :lol: :lol:
A mi me ha resultado entretenido aunque hacia la mitad del relato ya tenía ganas de que se cargaran a los zombis o que éstos se los comieran.

Mucho me ha recordado a El dia de la bestia y al gran Alex Angulo. No se si es mérito de lo que has escrito o mío que tengo el día tonto.

Bueno, y me aventuraría a decir que es a mitad del relato cuando decidiste que no lo presentabas y ya te lanzaste sin paracaídas. O quizás no y eso mismo fue lo que te decidió a no presentarlo. Porque es a la mitad cuando decae.

Y ahora me dirás que no se jugar y que no he entendido nada. Por si acaso :colleja:
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