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NotaPublicado: Dom Feb 21, 2016 10:15 am 
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Melón
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Registrado: Vie Nov 04, 2011 5:37 am
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KEKILANDIA


La autora dedica esta pamplina a Mister Sogad, el tigre verde.



Había una vez, en un lugar no tan lejano de lo que podáis pensar, unas curiosas criaturas que anidaban en comunidades bajo la tierra, a tal profundidad que nunca llegaban a vislumbrar la luz solar. Los kekos —así se llamaban— tenían morfologías y peculiaridades muy diversas. Los había de todas las formas, colores y tamaños que os podáis imaginar, aunque, curiosamente, todos conservaban dos rasgos en común: los ojos, por completo adaptados a las oscuridades abismales, y el arte de crear y contar historias. Cada día, antes de que llegara la hora del descanso, se reunían los miembros de cada grupo y, siguiendo un orden previamente establecido, disfrutaban compartiendo sus historias con los demás.

El día en que da comienzo este relato, Estrella debía de ser la primera en subir a la tarima y compartir su historia con todos los compañeros. Sabía que muchos la envidiarían por ello —pues siempre era muy reñido el primer puesto— aunque lo cierto es que ella no se consideraba afortunada en absoluto. Lanzó una mirada a su hermana Iliria mientras esperaban a que se abrieran las puertas de la sala Tertulium, donde siempre se celebraban las reuniones.

—Tal vez no pase nada —susurró Iliria, apretándole la mano—. Ya sabes que no siempre mis sueños son proféticos.

Iliria había soñado que, justo en el instante en el que se abrirían las puertas de aquella sala, la tierra temblaría bajo sus pies. Y, aunque algunas partes del sueño estaban borrosas, Iliria había sabido que ese temblor cambiaría sus vidas para siempre.
Las puertas se abrieron. Ellas contuvieron el aliento.

Ukiah, el moderador jefe de los kekos desde tiempos inmemoriales, pisando fuerte con su endoesqueleto de acero en un claro alarde de su potencia, avanzó hacia la muchedumbre e hizo temblar el suelo. Aquella aparición estelar fue demasiado para los nervios de Estrella, que sintió que las rodillas se le aflojaban y cayó desmayada.

—Estos sacos de mocos y pus cada vez aguantan menos —rezongó Ukiah por lo bajini—. ¡TÚ! —Señaló a un joven que contemplaba con mirada arrobada a la desvanecida—. Cógela en brazos y llévatela de aquí. ¡Prosigamos con la reunión!

Cuando los ojos violetas de Estrella volvieron a abrirse se encontraron con una cara pecosa y ovalada que la observaba con preocupación. Viendo que ella volvía en sí, una sonrisa iluminó el rostro de Melón —así llamaban al joven por la peculiar forma de su cabeza—.

—¡Gracias a la Madre Lucía! —exclamó entonces Iliria, que había permanecido arrodillada junto a su hermana.

Melón contempló una vez más a las chicas. Ambas eran encantadoras y hacía mucho tiempo que las admiraba desde lejos, aunque nunca se había atrevido a dirigirles la palabra. Estrella tenía los cabellos tan negros como la oscuridad más absoluta y el dibujo de una estrella azul refulgía en su frente. En cambio, Iliria había nacido con una flamante cabellera roja y una estrella dorada sobre la suave piel de su hombro izquierdo.

Se encontraban a orillas del lago de la Gran Caverna, ante la estatua de la Madre Lucía, que los kekos consideraban su guía y protectora. Generación tras generación, los kekenses habían aprendido a sacar partido de todos los recursos que la madre tierra les ofrecía y, en compensación, ellos la adoraban como a una diosa. En su honor esculpieron una estatua de mármol de dimensiones colosales, representándola como una mujer bellísima y estilizada que portaba los cabellos recogidos en una larga trenza de la que nacían frutas y flores. Situada a orillas del lago, la efigie había ido cubriéndose de líquenes fosforescentes que la hacían relucir en la oscuridad, de ahí que los kekenses adoptaran la costumbre de referirse a ella como Madre Lucía.

—Estoy bien, compañeritos —dijo Estrella, incorporándose y arreglándose el vestido. Luego se sentó sobre el pedestal de la estatua—. ¡Ese robotillo es un bruto! Ya sería hora de que cambiásemos de moderador jefe...
—¡Menudo susto nos has dado, Estrellita! —exclamó Iliria, visiblemente aliviada—. Menos mal que este chico tan amable nos ha ayudado... —comentó, lanzándole a él una miradita agradecida—. Se llama Melón y es el jardinero del Santuario.
—Hola, Meloncete. Gracias por cargar conmigo —soltó Estrella con mucho salero, y a continuación se acercó a Melón y le obsequió con un sonoro beso.
—No... hay... de... qué —respondió él, al cabo de casi un minuto entero, con cierto tartamudeo y, por qué no decirlo, un tanto pitosillo.

Y fue de esta forma tan rocambolesca cómo se cruzaron sus destinos y surgió la amistad entre los tres jóvenes. Estrella, que ya llevaba bastante tiempo dando vueltas a un plan, comprendió que al fin había llegado la oportunidad de convertir sus sueños en realidad.

—¡Así que tienes acceso al Santuario! Entonces eres el hombre que he estado esperando —afirmó Estrella, guiñando un ojo a su hermana.
—¡Oh! Sí... sí. Soy el jar... jardinero.
—Verás, Meloncete, voy a ser muy sincera. Mi hermana y yo hace mucho tiempo que compartimos un sueño, aunque nunca lo hemos dicho a nadie para que no nos encerraran en las catacumbas. Queremos saber qué hay ahí afuera, más allá de estas cavernas. ¿Tú nunca te lo has preguntado? Y creemos que tú podrías ayudarnos...
—¡Os ayudaré! —aseguró él, rotundo, con los ojos brillantes por la emoción.
—Necesitaremos víveres, ¡y una barca! —añadió Iliria, saltando de alegría.

El Santuario era un pintoresco palacete construido por los antiguos kekenses con piedra volcánica junto al mar Generalium. Solo podían residir en él el sumo sacerdote y las sacerdotisas, todos ellos, en su calidad de representantes en la Tierra de la diosa Poesía, rozando el título de divinidades.

Contaban las leyendas que no habían sido pocos los kekos que zarparon desde allí para cruzar el mar en misión indagativa —Ciro el Magnánimo, Shigella la Implacable, Isma el Prieto, Topito el Rebelde y Joserc el Conquistador, por citar solo algunos—. Sin embargo, al parecer, ninguno había regresado. Estrella e Iliria tenían en su poder un mapa que dibujó uno de sus tatarabuelos, Marcelino, y se suponía que aquel documento podría conducirles hasta ese otro mundo soñado.

El jardinero Melón llegó al Santuario al día siguiente y, aunque en un principio había pensado en tomar prestada una de las embarcaciones, finalmente optó por sincerarse con el sumo sacerdote, Tolomew, puesto que le admiraba y consideró que no podía engañar a un buen amigo.

—A ver si he entendido bien the meollo —dijo Tolo—. Resulta que dos nenas que están más buenas que el pan tienen un mapa que dibujó su tatara-retatarabuelo y te quieres ir de exploración con ellas en una barquita hacia un supuesto nuevo mundo.
—Ya sé que parece una locura, pero...
—Te comprendo perfectamente, amigo mío, y me alegra mucho que me lo hayas contado todo. No solo voy a darte esa embarcación —proclamó— sino que voy a irme con vosotros. ¡Ya iba siendo hora de que esto se pusiera interesante!

Así fue como Estrella, Iliria, Melón y Tolo zarparon dispuestos a cruzar el mar Generalium en una embarcación llamada «Niña bonita de los requiebros y lamentos». No obstante, en el último momento se les sumó una nueva pasajera: Lifen, la primera de las sacerdotisas. Fue capaz de alcanzarles a nado movida por la desesperación del que se sabe abandonado.

—Pero mi niña Lifencita, ¿cómo has podido pensar eso de mí? Tenía la intención de regresar a buscarte. Ay, mi rayito de luz...
El poeta continuó recitando versos durante un buen rato. Las lágrimas de Lifen menguaron.
—¡Joder, macho! —exclamó Melón, oyendo declamar a Tolomew—. ¡Eres el puto amo!
De repente, Lifen desplegó un brazo y le arreó una colleja al Melón.
—¡Tú rema y ahórrate los comentarios!

A partir de entonces las horas fueron pasando muy lentamente. Aquel mar negro parecía extenderse hacia los confines del mundo y sobre sus cabezas, muy, muy arriba, refulgían los líquenes fosforescentes como estrellas en el firmamento. El cansancio empezó a hacer mella en ellos y organizaron turnos; de esta forma podían seguir en marcha mientras los demás aprovechaban para descansar. Lifen estaba de guardia cuando las aguas se empezaron a agitar con violencia. Enormes olas zarandearon la barquita, amenazando con engullirla, y, por primera vez, aquellos kekos aventureros sintieron miedo de verdad.

A continuación se formaron numerosos remolinos, como si alguien hubiera extraído los tapones de una bañera inmensa y los desagües empezaran a tragar. La frágil embarcación, arrastrada por la fuerte corriente, comenzó a rotar en espiral, acercándose más y más a uno de los vórtices succionadores.

—¡Que alguien haga algo o no salimos de esta, hombre yaaaa! —gritó una histérica Lifen, haciéndose oír incluso por encima del rugido del mar.
—Madre Lucía que todo lo puedes, apiádate de nosotros... —rezaron Estrella e Iliria.

Como en respuesta a las oraciones, una figura de dimensiones colosales surgió de las aguas, echando espumarajos por las fauces. Aquellas enormes pupilas amarillas les observaron con curiosidad. El ser marino suspiró con resignación y, con una de sus poderosas garras, sacó la barquita del agua y la alzó, acercándosela a los ojos para verles mejor.

—¡Caramba con estos kekos que siempre perturban mi descanso! —tronó la voz de Sinkim, que así se llamaba el dragón—. Tenéis suerte de haberme despertado a mí y no a Nora, que anda muy estresada desde que sus dino-bebés han salido del huevo.
—Pero, pero... ¿Nora es una dinosauria? —preguntó Melón, asombrado de estar hablando con un dragón. Una nueva colleja de la sacerdotisa le hizo cerrar el pico.
—En efecto, y mejor que no os crucéis con ella —afirmó Sinkim—. ¡Ah! Y sabed que mis poderes no tienen nada que envidiar a los de la Madre Lucía —añadió, orgulloso, y sus ojos flamearon como hogueras.

Sosteniendo la barquita en la palma de su zarpa, Sinkim cruzó el turbolento mar Generalium prácticamente en dos zancadas. Depositó su carga en la orilla de una paradisíaca playa de arenas doradas y, deseándoles suerte, se despidió de ellos.

Estrella rebuscó entre los pliegues de su ropa y, para deleite de los varones presentes, extrajo el arrugado mapa del interior del corpiño. Según el tatarabuelo Marcelino, tenían que seguir hacia el oeste hasta encontrar el Bosque de las Hojas de Luna y, luego, cruzar un peligroso desfiladero. En cuanto se hubieron alejado de la playa, adentrándose entre una vegetación cada vez más espesa, escucharon un rugido seguido de poderosas pisadas que hicieron temblar la tierra. Manteniéndose bien ocultos tras los arbustos, contemplaron la playa y vieron, en efecto, a Nora la dinosauria, que reprendía a sus revoltosos retoños.

Horas más tarde vislumbraron el bosque: un laberinto de árboles esqueléticos y retorcidos cuyas ramas, en lo alto, conformaban una techumbre que resplandecía en la oscuridad. Musgo, hiedra y hojarasca plateada cubría el suelo y los troncos dondequiera que los kekos miraran. Decidieron detenerse en un claro para comer algunas frutas y descansar un poco.

Estrella, Iliria y Lifen dormían aovilladas sobre el mullido musgo mientras Melón y Tolo conversaban «de cosas de chicos» un poco apartados. Reinaba la calma en el bosque, sin embargo, algo acechaba en la oscuridad; un pérfido ser observaba a las jóvenes y reptaba bajo la hojarasca para no ser visto. Abrió la boca, voraz, y sus glándulas empezaron a bombear veneno...

Dos pupilas verdes brillaron entre la espesura y, antes de que la serpiente alcanzara a las durmientes, una silueta felina saltó desde las sombras. Las mandíbulas del tigre se cerraron sobre el cuello del ofidio, prácticamente seccionando la cabeza del resto del cuerpo. Las chicas despertaron sobresaltadas y, al ver a un tigre con las fauces manchadas de sangre, empezaron a chillar como locas.

—No os asustéis, no soy ningún salvaje. Me llamo Sogad —dijo el tigre, mientras su cuerpo empezaba a transformarse—. La serpiente iba a atacaros...

Melón y Tolo, que ya se habían acercado corriendo, quedaron boquiabiertos al encontrarse con un hombretón en cueros que hablaba con las jóvenes mientras intentaba cubrirse la entrepierna —sin conseguirlo del todo— con las manos. Ellas contemplaban aquella montaña de músculos asombradas.

—Es un hombre-tigre —explicó Lifen—. Parece ser que en este bosque viven unos cuantos como él. Nos ha salvado de la serpiente mientras vosotros hacíais el burro, ¡guácale!
—Pues si hay más como tú, estaría bien que nos los presentaras —comentó Estrellita, soltando una risita, e Iliria se ruborizó.

Sogad, vestido con una túnica que le prestó el sumo sacerdote, les guió por el bosque y en un visto y no visto se encontraron con otros miembros del clan de los tigres. Giss y Kass, hermanos de Sogad, recibieron a los kekos aventureros en su propio hogar. Vivían en casitas construidas entre las ramas de los árboles y las vistas desde allá arriba eran espectaculares, incluso avistaron el desfiladero por el que tendrían que cruzar para seguir su camino.

—El desfiladero es muy peligroso —afirmó Sogad, observando de reojo con sus ojos verdes a Iliria—. No me perdonaría que os ocurriera nada malo, ¡os acompañaré!

Tras un descanso en el refugio de los hombres-tigre, emprendieron la marcha y algunas horas después llegaron al Desfiladero de las Arpías. Un endeble puente permitía cruzar el insondable abismo que separaba las montañas.

—Escuchadme con atención —informó Sogad—. Vamos a cruzar este puente de uno en uno y en completo silencio. Si hacéis ruido o gritáis las arpías despertarán, y os advierto de que ellas nunca despiertan en balde...

Y así lo hicieron. Estrella, Iliria, Lifen y Melón cruzaron de uno en uno y sin problemas. Pero justo cuando Tolomew empezaba a avanzar, un grupo de murciélagos surgió de las profundidades abismales, aleteando ruidosamente. Segundos después aparecieron las figuras de las tres arpías —Ororo, Ber y Nini—, hermosas mujeres aladas que habían sido maldecidas con padecer un apetito insaciable durante toda la eternidad.

Las arpías rodearon rápidamente a Tolo, le acariciaron con sus pechos desnudos y le embriagaron con la promesa de aquellas curvas seductoras y perfectas. Haciendo un esfuerzo desesperado, Sogad se transformó en tigre y corrió hacia ellos para intentar romper el hechizo.

—Ven con nosotras... Seremos tuyas para siempre... —decían las arpías con voz melosa.

Y Tolo, con los ojos en blanco y un poco de baba colgando de la comisura de los labios, se entregó a ellas. Entre las tres le llevaron volando hacia las profundidades del desfiladero...

Entristecidos por la pérdida de un compañero, reanudaron la marcha. El camino se iba haciendo más empinado y cada vez se sentían más cansados. Estrella volvió a consultar el mapa y comprobó que el final del trayecto estaba justo en la cima de la montaña. ¡Ya faltaba muy poco!

—¡Ahí arriba hay una casa! —exclamó Melón al cabo de un rato. Todos se animaron y apretaron un poco la marcha.

Cuando al fin llegaron a la cumbre se acercaron a la casa expectantes. Melón y Estrella se dieron la mano, Sogad sonrió a Iliria y Lifen maldijo por enésima vez el día que se convirtió en sacerdotisa. El futuro les estaba esperando ahí delante.

Sobre el dintel de la puerta leyeron un rótulo: «Taberna. Menús y paellas». Entraron. Tras la barra se encontraba el propietario, Rat, que en aquel momento preparaba unas tapitas de churros con coca-cola. Un jilguerito iba revoloteando a su alrededor y, goloso, picoteaba granitos de azúcar. Entonces salió de la cocina una alegre joven con dos platos de paella, saludó con una sonrisa a los recién llegados y se acercó a una mesa. Era Iris, la esposa de Rat, ambos habían convertido aquella taberna en un negocio muy próspero.

Rat sirvió los churros y las bebidas a Dori y Gavalia, dos de los parroquianos asiduos que se entretenían con un juego de mesa llamado «Apalabrados».

Empezó a sonar música en el fondo del local y los recién llegados se acercaron. Actuaba una banda, «Maripili y los culo prietos». Blinder efectuó un solo de guitarra digno de Angus Young. El cantante, Joserc, que vestía unas apretadas mallas negras y lencería rosa, arrancó con su tema estrella. A su lado meneaban las caderas Isma y Topito vestidos de guardias de seguridad.

Mari Pili, no, no, no... No me excites, por favor...

Las chicas que comían paella, Larousse y Yuyu, se levantaron, entusiasmadas, y gritaron obscenidades a los culo prietos.

Así fue como los kekos se reencontraron con antiguos compañeros que, como ellos, un día tuvieron la osadía de correr tras sus sueños y conocer nuevos mundos. Y, además, descubrieron que las cervezitas que servían Iris y Rat eran una auténtica fuente de juventud y felicidad.

Y colorín, colorado, este cuento kekuno se ha terminado.



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Leyendo: Anna Karénina - Lev Tolstoi

Recuento 2018
De locura Gracias, Tolo :-) --->Imagen


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NotaPublicado: Dom Feb 21, 2016 1:49 pm 
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Bacteria

Registrado: Mié Jul 09, 2008 1:18 pm
Mensajes: 5408
:lol: :lol: :lol:

Este relato tiene de todo. Aovillados, pitusillos, guácale, Maripili y los culoprietos... :lol:
Y el espíritu de Marcelino y a mí en misión indagativa :alegria:

Muy, muy currado. Un 10 en referencias y cultura popular foril.


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NotaPublicado: Lun Feb 22, 2016 2:07 am 
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Dragonet
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Registrado: Vie Nov 14, 2008 2:54 pm
Mensajes: 53301
Ubicación: Logroño
Un relato genial, muy currado y con muchas referencias :lol: Me ha gustado mucho y mi aparición es genial :alegria:

El momento colleja Lifen me ha sacado una carcajada :cunao:

Vistas como son las arpías me he quedado con la duda de si lo de Tolo es una desgracia o una bendición, habrá que preguntárselo al interesado :boese040: :boese040:

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Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano.

:101: RECUENTO 2017 :101:


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NotaPublicado: Lun Feb 22, 2016 5:39 pm 
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Lector
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Registrado: Dom Feb 21, 2016 12:21 pm
Mensajes: 64
Ubicación: Normandía capital
Buenas tardes señor. Soy normando, pero no me llamo Norman, sino Han. Han O. La O es por parte de madre. Sin embargo, como la "H" es muda, algunos lo simplifican y me llaman An O. que todo seguido se lee "Ano". Señor.

Me ha placido la historia que nos presta y la resulté bonita para contar a los vikingos pequeñitos. Lo del sumo sacerdote Tolo que se lo llevan las tres chicas guapas es de tres rombos en algunas capitales de provincia de Normandía, pero imagino que debe ser un guiño entre amigos que no termino de cuajar y que el menda citado es un prenda de cuidado, señor, y bien merecido se lo tendrá. Lo que no se aclara es si las tres arpías se lo comieron luego entero o le comieron un trozo solamente, señor.

Disfrutésole mucha cantidad, buenas tardes señor.

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Me gusta cuando te quitas la ropa de escritora porque estás así como en pelotas, Ber...


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NotaPublicado: Lun Feb 22, 2016 6:14 pm 
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Registrado: Jue Jul 03, 2008 1:32 pm
Mensajes: 10845
Ubicación: a saber....
Me gusta An, mejor quitamos la O cuando te citemos, o esto puede ser un cachondeo del quince, y más en este país. :mrgreen:

Me ha gustado el relato también, como no podía ser de otra manera je, je.. :roll: salimos todos creo. Lo has ambientado muy bien y te has currado la prosa. Bien hecho. :60:

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-¡Qué felices éramos hace quince años!
-Pero si en ese entonces no nos conocíamos.
-Por eso María, por eso...


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NotaPublicado: Lun Feb 22, 2016 6:15 pm 
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Lector
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Registrado: Dom Feb 21, 2016 12:21 pm
Mensajes: 64
Ubicación: Normandía capital
No me sonaba bien lo de que "le comieron un trozo solamente" y lo busqué en la red... quería decir mi castellano es normando, señor discúlpeme, que si se lo comieron entero o a trocitos, no que le comieran un trozo solamás, yameentiende.

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NotaPublicado: Lun Feb 22, 2016 6:53 pm 
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Registrado: Vie Dic 23, 2011 1:44 pm
Mensajes: 6589
Ubicación: Entre Madrid y Valencia
Me ha encantado. Muy divertido :lol: Tiene un montón de referencias y diría que he pillado la mitad :mrgreen:

¿Por qué siempre me casan con Rat? ¿Qué es esto? :dragon:

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Soft kitty, warm kitty, little ball of fur. Happy kitty, sleepy kitty, purr purr purr


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NotaPublicado: Lun Feb 22, 2016 9:54 pm 
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Cruela de vil
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Registrado: Vie Dic 26, 2003 7:50 pm
Mensajes: 64499
Con lo buen chico que es Rat y te quejas :lol:

Muy divertido. Y si no me ha dado hambre de churros es porque ya he cenado :mrgreen:

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NotaPublicado: Lun Feb 22, 2016 10:19 pm 
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Registrado: Lun Abr 05, 2010 9:35 pm
Mensajes: 13267
Ubicación: En las ramas del jacarandá...
Genuino kekuno, diría yo. :D
Ya volveré que ando solo tapeando... :wink:

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NotaPublicado: Mar Feb 23, 2016 5:32 pm 
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Registrado: Lun Jul 19, 2010 8:57 am
Mensajes: 23353
Ubicación: Zaragoza
Bien, bien. Es divertido y llenito de kekos por todos lados. Pero que sepas autor/a que Lifen nunca hubiera cruzado el puente ese y menos con esa prontitud, con el vértigo que tiene, pero eso no lo sabías, claro :lol: :lol: :lol:

¿Tantas collejas doy? Pues no son patrimonio exclusivo que aquí reparte todo dios ¿eh?

Este lo ha escrito alguien que juega al palabros :mrgreen:

Ah, me ha encantado la referencia a Nora y sus retoños. Clavadita :D

En cuanto al relato hay alguna cosilla, por ejemplo, Estrella que va a contar una historia y de repente, sin transición (o yo no la he visto) está planeando ya la huida. Y algo más que ahora mismo no recuerdo.

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NotaPublicado: Mar Feb 23, 2016 7:51 pm 
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Foroadicto
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Registrado: Jue Jun 12, 2008 11:21 pm
Mensajes: 4318
Ubicación: Aovillada en la Luna
Me lo he pasado artefacto explosivo. :lol:
Llamarnos kekenses me ha hecho mucha gracia. Ya tenemos un gentilicio como dios manda. :cunao:
Los nombres de los kekos en misión indagativa son buenísimos. :meparto:
La conversación entre Tolo y el melón es pá enmarcar. :biglaugh3:
La oración a Madre Lucía que todo lo puedes, brutal.Imagen
¿Maripili y los culoprietos? ¡Muero! :meparto:

Gracias por kekunear, valiente. :boese040:

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Me sale del floripondio.
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NotaPublicado: Mié Feb 24, 2016 12:59 pm 
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Arquera
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Registrado: Lun May 09, 2011 3:53 pm
Mensajes: 6858
Ubicación: En un hospital de campaña...
El Tolo es poca cosa para las tres arpías... :twisted:
Muy buena la imagen de Joserc con mallas negras y lencería rosa 8) y la canción de Maripili tiene mucho potencial. Yo que tú, autor, escribiría la letra completa. :lol:
Un relato de aventuras kekunas muy completo. Me lo he pasado muy bien leyéndolo. :P

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Mi página: Curvas de tinta y tatuajes del alma

Y el aullido del lobo negro se coló bajo la piel nevada de la loba...


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NotaPublicado: Mié Feb 24, 2016 1:05 pm 
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Bacteria

Registrado: Mié Jul 09, 2008 1:18 pm
Mensajes: 5408
Nínive escribió:
y la canción de Maripili tiene mucho potencial. Yo que tú, autor, escribiría la letra completa. :lol:


La canción entera, para disfrute de los kekenses :mrgreen:


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NotaPublicado: Mié Feb 24, 2016 3:01 pm 
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Registrado: Jue Abr 01, 2010 9:28 pm
Mensajes: 6159
SE ME HA ATRAGANTADO.

Lo siento. ¿Pensábais que no se me atragantaban relatos en concursos no oficiales? ¡Error! Me parece un ejercicio gracioso, pero no me gusta la estructura lineal y los kekos de usar y tirar. Es un relato puro y duro de personajes, que son el contexto, la situación y la acción; pero no hay trama ni ambientación. Me arranca alguna sonrisa, pero no es mi estilo de lectura.

No por ello voy a dejar de agradecer al autor/a el esfuerzo de escribirlo y presentarlo, incluyéndome además. Pero si dijera otra cosa me sentiría mal conmigo mismo.


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NotaPublicado: Mié Feb 24, 2016 3:20 pm 
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Registrado: Lun Abr 05, 2010 9:35 pm
Mensajes: 13267
Ubicación: En las ramas del jacarandá...
Isma escribió:
SE ME HA ATRAGANTADO.

Lo siento. ¿Pensábais que no se me atragantaban relatos en concursos no oficiales? ¡Error! Me parece un ejercicio gracioso, pero no me gusta la estructura lineal y los kekos de usar y tirar. Es un relato puro y duro de personajes, que son el contexto, la situación y la acción; pero no hay trama ni ambientación. Me arranca alguna sonrisa, pero no es mi estilo de lectura.

No por ello voy a dejar de agradecer al autor/a el esfuerzo de escribirlo y presentarlo, incluyéndome además. Pero si dijera otra cosa me sentiría mal conmigo mismo.

Sultán, ni en Cuaresma te privas.. :roll:

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