El rey de los imbéciles

Espacio en el que encontrar los relatos de los foreros, y pistas para quien quiera publicar.

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JANGEL
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El rey de los imbéciles

Mensaje por JANGEL » 27 Dic 2005 18:30

Voy a comenzar un nuevo experimento que no sé si llegará a buen puerto o si seré capaz de continuar y, de serlo, cuánto tiempo me puede llevar hacerlo.
Me han ido viniendo ideas para escribir una nueva novela, pero, por primera vez, voy a lanzarme sin tener muy claro, por el momento, a donde quiero llegar. Normalmente sé cómo empezar y cómo terminará, pero esta vez ni siquiera sé si va a ser realmente una novela o tan sólo un relato de unas cuantas páginas. Me siento empujado por la propia historia (a veces es la historia la que domina al narrador). Así que, disculpad mi falta de modestia, pero, si alguna vez la encontráis en otro sitio, en forma de libro, por ejemplo, recordad que la visteis aquí en primicia y a todos vosotros, amigos, os dedico estos capítulos.

......................

Imagen

1

Había gente que me preguntaba, cada vez que me veía, por qué vivía en el campo. Estas personas, que me conocían desde hacía tiempo, no lograban entender por qué había cambiado tanto mi forma de vida y tan de repente, abandonando todo lo que tenía en la ciudad: un trabajo estable, un piso en el centro, unos padres cariñosos, una hermana inseparable… No comprendían que lo hacía simplemente porque así lo quería. Nunca me puse a buscar motivos específicos que lo justificaran.

De hecho, pensándolo fríamente, si recapacitaba en busca de razones que explicaran mi comportamiento de ermitaño, adoptado hacía ya unos cuantos años, empezaba a encontrar recuerdos dolorosos que prefería conservar enterrados en lo más profundo. Todos imaginaban que ya lo había superado, pero, a fin de cuentas, yo sabía que estaba allí -“en el campo”, como decían ellos-, porque ella me había fallado.
Última edición por JANGEL el 18 Ene 2006 13:58, editado 1 vez en total.
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Agatha
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Mensaje por Agatha » 27 Dic 2005 18:33

Muy bien; queremos más... :wink: :lol: :lol: :lol:
Estoy leyendo: La justicia de los inocentes - Elizabeth George.



Recuento

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sedna
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Mensaje por sedna » 27 Dic 2005 19:01

Yo también quiero más... :wink:
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HERMANN
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Mensaje por HERMANN » 27 Dic 2005 19:07

Bien Jangel. Ya sabemos que hay un hombre que ha dejado su mundo y se ha ido al campo. Hace años. Tiene un recuerdo doloroso. A ver por dónde transcurre esta historia. A veces he intentado hacer algo parecido y he llegado, pronto, a callejones sin salida.
Seguro que tu la encuentras.
Saludos.

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sedna
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Mensaje por sedna » 27 Dic 2005 19:21

¿Quien no ha querido alguna vez en su vida abandonar el mundanal ruido y alejarse a un pueblecito perdido de la mano de Dios?

Pero, ¿quien ha sido el valiente que ha terminado por decidirse y cumplir con ese deseo?.

Yo misma he pensado más de una vez como sería vivir así, fuera de la ciudad...pero sinceramente, creo que soy demasiado "urbanita" y me he acomodado a las facilidades y las comodidades de la vida en ciudad, aunque sea sobrellevando y soportando los inconvenientes de esa misma vida en la ciudad.

Todo tiene sus pros y sus contras, pero pienso que a la larga acabaría echando de menos la vida urbana. Un tiempo de retiro estaría bien, pero toda una vida... 8)
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jot
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Mensaje por jot » 27 Dic 2005 19:29

¿Está basado en tu propia experiencia?

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JANGEL
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Mensaje por JANGEL » 28 Dic 2005 08:57

jot escribió:¿Está basado en tu propia experiencia?

No, aunque resultará inevitable que introduzca alguna anécdota personal, mezclada con las ideas que estoy reuniendo conforme me vienen a la cabeza. Es una historia ficticia. Seguid comentando, seguid comentando, porque creo que vuestras observaciones me van a servir de acicate más que nunca para darle forma a esto. Hermann, juntos lo conseguiremos. :D

..............

2

Cuando me ocurría esto y me ponía a pensar en el pasado, generalmente era otoño, o invierno, o bien alguna tormenta azotaba con intensas lluvias y poderosos vientos los muros de la cabaña. No sé, tal vez el frío me volvía más nostálgico. Lo cierto es que mi mente empezaba a sumirse en la oscuridad a causa de la angustia que me provocaban estas reflexiones, como si la pesadumbre me hiciera languidecer, y entonces me percataba de que debía tomar medidas si no quería volverme loco.

Solía sentarme junto a la chimenea, dejando que el calor de las llamas lamiera mis pantalones, y me servía una copa tras otra de ese licor, fuerte y dulzón, que fabricaban artesanalmente en los pueblos de la zona. En verdad, no terminaba de acostumbrarme a beber alcohol –siempre fui un abstemio convencido-, y, a pesar del sabor a fruta silvestre, a mí me parecían los tragos más amargos. Después de tres o cuatro sorbos empezaba a perder la noción de la realidad, el tiempo transcurría más rápidamente y el espacio se volvía sinuoso causando que mis movimientos fueran más lentos. Pero beber me ayudaba a aplacar el ejército de pensamientos que mortificaban mi cerebro incesantemente. En definitiva, a olvidar y a recuperar la soledad.

Lamentablemente… Bueno, debería decir afortunadamente. Antes de decidir trasladarme al campo, no era tan negativo cuando me expresaba.

En efecto, afortunadamente, la soledad que perseguía se veía interrumpida ocasionalmente. Algún amigo, de los pocos que conocían mi paradero, se dignaba a visitarme de vez en cuando. Eran estos reencuentros los que realmente me mantenían unido al mundo real. Al margen de estas charlas, las conversaciones más largas que entablaba se limitaban a preguntarle al dependiente del supermercado más próximo “¿cuánto le debo, por favor?” o a pedirle al tendero una caja de tornillos.

Pero todas las citas terminaban de una manera trágica. Era tan embarazoso para mí como cuando, recién casado con Mónica, todos nos preguntaban cuándo seríamos padres y no nos apetecía entrar en detalles ni explicarles nuestras decisiones(1). Finalmente, el visitante, con una mirada profunda y escrutadora, como si sintiera remordimientos porque considerase admirable mi aplomo en una situación que para él resultaría insostenible, siempre terminaba formulando la desgarradora pregunta:

-¿Por qué vives aquí solo?

Posiblemente, algunos creían que algún tipo de sentimiento religioso me incitaba a enclaustrarme entre aquellas cuatro paredes, tal como hacían los frailes en los monasterios hasta su decrepitud. Pero yo era concienzudamente ateo. O, al menos, me era indiferente que existiera o no un ser superior. Me negaba a creer que alguien con un poco de inteligencia se hiciera voluntariamente responsable de criaturas tan tristes como nosotros. Así que, aunque no pudieran concebirlo, nada concreto me impulsaba a vivir de esta forma que, probablemente, ellos calificaban de miserable.

-¿Por qué vives aquí solo?

Ante tal cuestión, me mostraba inflexible. Desviaba mis ojos hacia algún punto de la pared e instaba al invitado a hablar de otra cosa, permitiendo así que el tema que había planteado se desvaneciera en el vacío entre las palabras. Sin embargo, a veces no podía evitar que apareciera una sonrisa jocosa en las comisuras de mis labios.

Notas: (1) Cuando escribí esto, me acordé de algunos de vosotros. En uno de los hilos habíamos hablado sobre el tema de tener hijos y ser interrogados por nuestros prójimos. :lol:
Última edición por JANGEL el 28 Dic 2005 11:13, editado 1 vez en total.
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Mensaje por lucia » 28 Dic 2005 10:47

¿Habíamos? Si mal no recuerdo, fuiste uno de los que habló del tema ;)

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Mensaje por JANGEL » 28 Dic 2005 11:12

Lucía escribió:¿Habíamos? Si mal no recuerdo, fuiste uno de los que habló del tema ;)

Sí, yo también estaba. Soy uno de los afectados. :roll: He modificado la nota, que no está tan mal exculparse como inculparse. :lol:
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Mensaje por madison » 28 Dic 2005 11:16

me gusta tu historia, a ver cómo o en que desemboca. Si fuera valiente hay veces que haría eso, pero trasladandome a la playa, bueno a un lugar y en una playa en concreto, ahí, en ese lugar si me veo

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Mensaje por JANGEL » 28 Dic 2005 11:24

En algunas frases, cuando me dedico a escribir este relato (desde ayer), me viene a la memoria lo que me cuentas de tus salidas a Camprodón, de la tranquilidad que sueles encontrar allí. Yo también he vivido jornadas en el monte, pero busco plasmar unos parajes más silvestres aún de los que yo he visto durante esas escapadas.
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Mensaje por sedna » 28 Dic 2005 11:24

Si, a la gente le gusta mucho preguntar... :shock:
A mi personalmente no me gusta que el prójimo ande por ahí indagando sobre la vida de los demás y menos la mía, pero en ocasiones ciertas preguntas (y a ciertas personas) pueden dejar cierta angustia.

Más de una amiga queda hecha polvo al ser preguntada por su vida sentimental (¿tienes ya novio?, ¿te has casado ya?, o van más allá preguntando por posibles hijos...)

La gente no sé da cuenta que a veces, en su afán por enterarse de la vida de los demás (no sé porque y cual es el interés) puede hacer mucho daño con determinadas preguntas...
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Mensaje por madison » 28 Dic 2005 11:33

Jangel es cierto hay unos parajes maravillosos, a vecces cuando me encuentro en alguno de ellos me quedo pensando cómo es posible que todavía queden espacios así. hace poco estuve en uno de ellos desde el que podía contemplar un valle con una gama de colores tan increibles que no se puede expresar, en esos omentos me siento muy afortunada, pero también muy insignificante.
Es genial estar en un lugar así y solo escuchar el silencio y el agua de un rio, y que de ese sonido del rio notes qué fria debe estar el agua.
Me parece que voy a exponer un relato del lugar que estuve :wink:

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Mensaje por JANGEL » 28 Dic 2005 11:41

madison escribió:Me parece que voy a exponer un relato del lugar que estuve :wink:

Hazlo, hazlo. Seguro que, además de leerlo con placer, encuentre algo de inspiración. :D
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Mensaje por madison » 28 Dic 2005 11:49

vale, pues lo haré dentro de un rato si puedo, a ver que sale :wink:

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