El trasmisor de mensajes (Relato con imágenes) I/II

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evilaro
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El trasmisor de mensajes (Relato con imágenes) I/II

Mensaje por evilaro » 08 Nov 2018 01:02

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El trasmisór de mensájes

Túve mi primér contácto con úno de los máximos representántes de ésta honoráble y ahóra desaparecída manéra de establecér comunicaciónes a úna símple casualidád.

Siéndo muy pequéño entré en la habitación de mi pádre pára pedírle álgo, y él, de espáldas y sin sabér que éra yo, díjo que éra muy importánte que recordásemos a tóda la família que estában invitádos el juéves a la céna anuál y que por úna vez fuésen puntuáles.

Recuérdo que a pesár de mi córta edád y viéndo que mi mádre no estába en cása, fuí visitándo a tódos los familiáres que vivían cérca, explicándoles los deséos de mi pádre, los múchos preparatívos que en cása había yo vísto y sóbre tódo la importáncia de la puntualidád. Al más lejáno le pedí por favór que informáse a ótro familiár que ya vivía demasiádo léjos pára hacérlo yo, y a cáda úno le rogué que el día ántes recordásen a tódos los demás la gran céna.

Ése juéves tódo el múndo se presentó tan prónto, que mis pádres se enteráron entónces de que había sído yo, el que lo había organizádo y con tan buén resultádo. El orgúllo de mis pádres y los cumplídos de mis familiáres llenáron la veláda.
* * *

Tántas véces repitiéron la história en los siguiéntes días a los amígos y cliéntes, que mi capacidád pára hacér ésa labór llegó a oídos de un famóso trasmisór de mensájes.

Al trasmisór como viéjo conocído de mi pádre que éra, le fué muy fácil conseguír que algúnos días yo le acompañára.

Mi pádre lo debió aceptár porque debía tenér más relación con él, de la que a símple vísta parecía, tal vez algún secréto o que creía que con él yo aprendería el árte de la vída.
* * *

Núnca pensé que el primér mensáje que llevámos júntos fuése tan diferénte a lo que yo había esperádo y que marcó mi vída pára siémpre.

Fuímos a úna cása de aspécto humílde; un hómbre impedído y con dificultádes pára hablár nos recibió en su cáma, le entregó un papél escríto, balbuceó álgo que yo no púde entendér y abandonámos la viviénda.

Sin guardár el papél que de cuando en cuando releía nos acercámos a la Cása de la Caridád, preguntó por úna habitación y al entrár me indicó que me quedáse en la puérta.

Acercó úna sílla al ládo de la cáma de un anciáno postrádo, púso su máno sóbre la de él, se acercó a su oído y comenzó a susurrár.

Deslizándose, la ótra máno salió de éntre las sábanas, cubrió la máno del mensajéro y se púso a llorár.

Leí el mensáje que había dejádo sóbre la cáma, «Díle que le quiéro, le necesíto y que daría mi vída por podérlo abrazár»

Esperé un buén ráto y como no púde evitár el llorár, me fuí.
* * *

Y así, con múchas salídas escalonádas en el tiémpo duránte mi infáncia y juventúd y hásta cuándo trabajába en la tiénda de mi pádre, de él aprendí la filosofía de su ofício, sus réglas básicas que en realidád éran pócas, péro los sistémas pára conseguír un buén resultádo éran míles y muy sutíles.

—Mi ofício me comentó con tóno muy ceremonióso el siguiénte día que nos vímos, es recibír un mensáje y pasárlo tal cual lo has recibído, o séa, que lo que quiére decír el que lo envía séa entendído así por el que lo recíbe. Sin que tú trátes de interpretár, mejorár o pulír náda de lo que el que lo envía desée decír, ni presentár al receptór el mensáje filtrádo por ti, pára así hacér más fácil la aceptación o recházo por el que lo recíbe.

—Repitiéndo con exactitúd las palábras le comenté yo cómo álgo muy normál.

Me arrepentí al instánte de habérlo dícho, ya que estába cláro que no éra así.

—Sóbre tódo núnca o cási núnca con las mísmas palábras.

El que te explíca lo que quiere, úsa palábras, géstos, movimiéntos y complicidád de acuérdo a su nivél de cultúra, a véces puéde tardár hóras en hacér entendér el mensáje, a véces con un minúto básta, no te será siémpre fácil el trasmitír con exactitúd lo deseádo con las mísmas palábras, tiémpos y géstos a ótra persóna a véces de diferénte séxo, edád y conocimiéntos.

Recordarás que tu pádre dió un mensáje a llevár usándo ciértas palábras y tu pasáste con precisión el sentído de lo que él quería a múchas persónas, péro estóy segúro que en cáda cáso usáste palábras y tónos diferéntes y hásta encargáste a ótro familiár pára que así lo hiciése por ti... muy diferénte a cómo lo díjo tu pádre péro el mensáje y sentído fué pasádo con exactitúd.
* * *

Recuérdo su rectitúd, su caríño en escuchár a véces sin ser necesário tódos los detálles del mensáje. Désde su orígen, sus motívos, razónes y a véces pára mi desespéro las características según el remiténte de la personalidád del receptór.

Úna vez lloró al oír el mensáje que debía llevár.

Núnca tomó úna nóta y núnca súpe lo que cobrába ya que siémpre le dában álgo en un sóbre o en un papél envuélto. Por la apariéncia de los sóbres, debía ser muy póco y juzgándo por la economía de algúnas de las persónas que visitábamos, dúdo que de éso pudiése vivír.

Podría decír que éra un filosófo de la condición humána y que de ésa filosofía se alimentába.
* * *

A pesár de lo flexíble que éra había cósas que núnca hacía. Al llevár un mensáje núnca aceptába respuésta inmediáta, la cual siémpre según él, sería precipitáda y si había respuésta siémpre decía... pasaré a recogérla a partír de mañána cuando ustéd háya tenído tiémpo de meditárla y con ésta entréga y su respuésta, mi labór en relación a éste mensáje daré por termináda.

Núnca aceptába propínas ni cobrába náda de los que recibían el mensáje. Algúna vez, álguien al recibír úno intentó dárle algo, péro él lo rechazó, debía ser ya costúmbre antígua el hacérlo así.

Un día me díjo: el que me píde que lléve un mensáje lo háce sabiéndo que píde un servício y pága por él, en cámbio no quiéro que el que lo recíba no lo acepté por si tuviése que pagár, o que en ése moménto no tuviése el dinéro o lo consideráse úna imposición y que por éllo tuviése úna mála acogída y al cobrár un moménto desagradáble.

Y al contrário las visítas en bróma las dividía en dos: las que le invitában a úna bebída, —adorába el chocoláte— y a las que no.

Úna vez pára gran vergüénza mía, hásta lo pidió él mísmo, al salír se disculpó conmígo por la fálta de tácto. Añadiéndo socarrónamente que lo hacía pára así amistósamente cerrár mejór la «operación»… la gramática párda la sabía tóda.

El pasár el río Ébro en inviérno le molestába y ésas visítas éran muy recortádas.

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Tortósa y el Río Ébro

Cuando el mensáje éra muy complicádo y hacía buén tiémpo, quedába en algún sítio agradáble pára désde allí, paseándo, escuchár o entregár el mensáje.

Le encantába esperár la hóra exácta y llamár a la puérta jústo al sonár las campánas de la iglésia, pára relacionár la visíta a su exactitúd y profesionalidád.
* * *

Siémpre entenderé que úna persóna que no sábe leér o escribír o de muy bája cultúra pidiése sus servícios, o que por la diferéncia de conocimiéntos o economía éntre remiténte y receptór fuése más fácil el que hubiése un intermediário y utilizáse su ofício. Péro me es difícil entendér como, persónas de cultúra, habituádas a tratár con géntes lo llamásen, péro lo hacían.

Ótros... impresión própia, quedában descansádos y liberádos de un gran péso con sólo enviár el mensáje, como si con éllo ya hubiésen cumplído el propósito deseádo, con independéncia de la aceptación o no por párte del receptór. Álgo así como un… «Qué sépas que ya te lo he dícho, ahóra ya es asúnto túyo».

En éstos cásos algúnos de los remiténtes, solicitában que no hubiése contestación, pára de ésta manéra no tenér que enterárse de úna respuésta negatíva.
* * *

Las visítas en las que él más disfrutába éran las que la diferéncia de cultúra o economía éra abismál y que requerían su máxima atención.

A mí lo que más me gustába éran los mensájes sin remiténte, que éran aquéllos en que el receptór recibía el mensáje péro no debía sabér el remiténte y por supuésto no se esperába respuésta o él núnca la aceptó. El propósito de éstos mensájes éran sólo pára que el destinatário se enterára de álgo, por ejémplo, que su mujér o marído se la jugába con álguien.

Éstos mensájes le parecían úna cobardía y a él no le gustában, péro... no siémpre puédes seleccionár los mensájes me decía, no es nuéstra labór el juzgár síno trasmitír.

En éstos cásos siémpre avisába que el mensáje no tenía remiténte, permitiéndo así ántes de entregárlo, que lo pudiésen rechazár, la mayoría así lo hacía. Con lo cual, como de éstos mensájes no volvía a informárle al que lo enviába, pués éste núnca sabía con seguridád si el destinatário se había enterádo; jústo finál a tánta cobardía.
* * *

Un sacerdóte, rogándonos la máxima discreción, nos pidió llevár úna mensáje a úna jóven, que tódos conocíamos por su belléza y múcha liberalidád.

—Dígale: nos díjo, que se ha cometído un gráve pecádo el cual hay que confesár.

Quedámos muy sorprendídos del mistério del encárgo y a pesár de la insístencia del mensajéro, no pudímos obtenér más detálles.

Entregámos el mensáje a la muy sorprendída jóven y nos pidió que volviésemos al día siguiénte cuando hubiése tenído tiémpo de reflexionár.

La desconcertáda jóven del día anteriór nos recibió en la puérta y en la puérta con úna gran sonrísa nos despidió.

—Decídle que el pecádo que cometímos, él no lo debería confesár, de tódas manéras yo le perdóno y como peniténcia le doy el que al ménos conmígo no vuélva a pecár.

Nos alejámos y al doblár la esquína no pudímos más, nos apoyámos el úno al ótro pára no caér de la rísa. Lo que el pádre quería, no éra confesár, síno ótra oportunidád pára volvér a pecár.

Sólo en pensár en la cára que pondría Monseñór al recibír la respuésta no nos dejába ni respirár.
* * *

Como ése día, éra un día importánte pára mí, ya que había recibído mi primér suéldo por trabajár fíjo en la tiénda de mi pádre, invité al mensajéro al bar de la estación del tren.

Al ver que le pedía un chocoláte muy especiál y además con chúrros, me preguntó sonriéndo:

—¿Quiéres acáso que te lléve un mensáje?

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Chúrros

Me sonrojé, me estába leyéndo la ménte péro no, en éste cáso no éra éso.

De tódas manéras cuántas véces pensé que yo mísmo podría usár sus servícios, cuántas véces dejé de decír álgo a álguien o álgo que díje no se interpretó bién o sentí múcho el habérlo dícho y no deshíce el entuérto.

O de mis amistádes perdídas o abandonádas por símple peréza de reiniciár la relación o por cobardía en pedír discúlpas o perdón. Con lo fácil que sería si álguien con discreción lo hiciése por nosótros, que comenzáse de nuévo la relación, que encauzáse o supiése álgo en común o que ayudáse a entablár ótra vez ésa amistád malográda.

¡Qué cantidád de moméntos agradábles pasámos júntos, cuánto aprendí con él!
* * *

Gran párte del éxito de los mensájes entregádos de ésta fórma, éra que al habér úna explicación prévia al mensajéro, la solicitúd o el motívo del mensáje se moderába, precisába y clarificába por párte del remiténte y el que lo recibía después de pensárlo, tendía a otorgár un póco más de lo que en ótra situación hubiése aceptádo. Además, el que existiése un testígo neutrál dába úna ciérta legalidád.

Comprobé ésto úna vez: el que nos había llamádo pára enviár un mensáje, al tratár y no podérnoslo explicár, comprendió que lo que quería pedír no éra apropiádo y poniéndose colorádo nos pidió discúlpas por la pérdida de nuéstro tiémpo.

Así el asúnto había quedádo bién resuélto, ántes de comenzár.

En ótros cásos el que recibía el ménsaje y accedía (a regañadiéntes) a álgo que pedía el que lo enviába, pára salvár la cára, a véces nos decía:

—¡Y decídle que lo he hécho por vosótros!

Aun en el cáso de no aceptár la solicitúd, ni dar respuésta, el sólo hécho de ser informádo de ése probléma o necesidád, dába pié a lográr álgo positívo. A véces, el probléma radicába en que el receptór ni estába enterádo del asúnto y al sabér de él y cási sin háblar, el téma podía quedár olvidádo, perdonádo, arregládo o al ménos disminuído.

El reiniciár úna relación abandonáda que se quería reanudár, éra cámpo ideál pára el mensajéro. Líos de família o éntre famílias, heréncias, éste éra el cámpo perfécto pára su labór.
* * *

Un día, cuándo le recordé mi início como símple «ayudánte de mensajéro» por el encárgo de mi pádre, dió pié a que él me contáse el súyo:

—Yo fuí cartéro, luégo un mensajéro cási oficiál... y en algún cáso hásta Reál...

Úna mañána úna amíga Tortosína me comentó lo mal que lo estába pasándo al habér recibído úna cárta, la cual no podía entendér bién, por su escritúra difícil y sentído póco cláro, péro que éra de úna treménda importáncia. Me díjo que si se lo hubiésen dícho de palábra, explicándole en persóna el probléma, segúro que habría quedádo múcho más cláro y solucionádo. Como ésa cárta necesitába respuésta... se me abriéron los ójos y ánte mi própio asómbro... acepté llevárle la respuésta no como cartéro síno de víva voz.

Como ésa amíga y el receptór quedáron tan conténtos y agradecídos del resultádo y liberádos del probléma, lo fuéron contándo a tódas sus amistádes y únos porque necesitában un servício así, ótros por la novedád y los que más: símplemente por ver el resultádo o quizás por curiosidád, lo ciérto fué que me lloviéron los encárgos.

Dejé mi trabájo oficiál y me dediqué de lléno a éste ofício del cual vívo, disfrutó y que me lléna la vída tánto de la riquéza como de la miséria humána. Téngo tántos tesóros secrétos déntro de mí, que me considéro el hómbre más ríco de la tiérra.
* * *

Úno de los mensájes que llevámos que no fué habituál, me dejó un amárgo sabór de soledád. Un juéz le pidió llevár un mensáje a un préso, a quien con duréza, péro en conciéncia y honestidád había sentenciádo como culpáble a la péna de muérte a pesár de que el réo asegurába su inocéncia.

—Deséo que le preguntéis, el juéz nos pidió, désde éste cláro anonimáto y ya sin valór legál ¿si es en verdád inocénte?

El préso nos pidió que volviésemos en únos días pára llevár la respuésta.

Nos dió un líbro... y no nos díjo o pidió náda más.

Vímos que el autór éra el juéz que se lo dedicába con palábras que mostrában úna muy viéja y profúnda amistád.
* * *

El mensajéro no tenía amígos y al parecér no aceptába invitaciónes, no sé si también como la costúmbre del sóbre tódo éra párte de un acuérdo o tal vez pára mantenér la neutralidád.

Por la cálle éra como si no lo conociésen, rára vez recibía un salúdo.

Por la cantidád de secrétos que el mensajéro sabía, se podía pensár que la génte le temiése, no éra así. Péro éso sí, le mostrában úna gran indiferéncia... cási, cási como si él no existiése, como si fuése invisíble.

—No me atrévo a expresárlo, el mensajéro me decía. Soy como un buzón al que sólo ves cuando lo necesítas.
* * *

El reconocimiénto «oficiál» de su trabájo lo recibió sin esperárlo cuando úna mujér le pidió que lleváse un mensáje al Rey, ya que en únos días pasaría por la región. Su priméra reacción fué la de no aceptár entregár el mensáje por la dificultád de acercárse a él.

>>>>>> continuará>>>>>>>

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lucia
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Re: El trasmisor de mensajes (Relato con imágenes) I/II

Mensaje por lucia » 09 Nov 2018 19:46

M está gustando esta historia del transmisor-mediador :mrgreen:

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evilaro
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Re: El trasmisor de mensajes (Relato con imágenes) I/II

Mensaje por evilaro » 09 Nov 2018 22:52

lucia escribió:M está gustando esta historia del transmisor-mediador :mrgreen:

Sigue leyendo ;)

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