Leonardo Ibáñez: que sean versos no eximen de puntuar. De hecho, algunos versos reales, en algunas poesías, engloban mas de una línea en papel. Pelín demasiado pesimista.
Ricardo Lampugnani: mucho oficio, bien contado y con historias que van de mas a menos.
Rafael León: a los primeros poemas les falta ritmo, roto por la puntuación. En
Llamada perdida hay una inflexión, como si empezar a superar una ausencia le empezase a dar vida a los poemas.
Pablo Lumbreras: le gusta demasiado la frase contundente y, supuestamente, sorprendente el final.
Lola Mariné: me gustan las historias cotidianas, aunque al principio esos párrafos de varias páginas cuestan.
Tania Milán: tanto la poesía como el relato ganarían muchísimo con un repaso a la puntuación, porque están bien.
María Narro: el primero tiene un pase, pero el segundo parece algo a medias.
Carmen Palazuelos: ponga una sonrisa en su boca con humor cotidiano
Conchi Postigo:
6 dedos me ha encantado por cómo cuenta la historia de superación. Los demás no tanto.
Gaízca Ramón: demasiado barroco, o mejor dicho, pedante para mi gusto.
Silvia Rey Souto: irregulares las historias: una confusa y otra canónica. Bien escritas a pesar de alguna otra repetición evitable.
Piotr Rzany: me quedo con
No sin ti 
a pesar de lo triste y de no compartir lo que transmite.
Pepe Samper: teniendo en cuenta que me costó tres fragmentos enterarme de que eran historias encadenadas para el de la Navidad... me quedo con los Blues Brothers.
Cristina Soler: el querer escribir fábulas de dos páginas la limita bastante.
Consuelo Souto: la poesía del hermano, desgarradora, pero me pega mejor como prosa lírica. Me ha encantado la última, un punto optimista frente a la tristeza de las demás.
José Tena: tiene fuerza.
Diego Valdecantos: me ha cabreado el del olmo por cómo lo echa por la borda con lo bien que empezó.
Zoquete: el de
Afortunado está muy bien por la reflexión... y el final
