No he podido evitarlo y me he sumergido de nuevo en
El Castillo, he aparcado momentáneamente otro libro, aunque no me gusta iniciar varias lecturas conjuntas porqué lo que suele pasar en estos casos es que siempre se queda alguna a medias cosa que a mí, en particular, no me gusta nada. He tenido que descargarlo por ahí ya que el libro no lo tengo, es uno de esos de los que me deshice en mala hora. Antes he dicho que lo había leido tres veces pero haciendo memoria me he dado cuenta que solo lo hice por completo dos veces, la tercera solo leí algunos capítulos sueltos, de todas formas se me ha borrado bastante de la memoria. Tampoco fue de los primeros libros que compré, lo que sí es verdad es que no había leido nada de él ni tampoco me sonaba (buén estudiante que fué uno), lo que me confundió es que lo conseguí en la misma librería que el de
Nietzsche, que si que fue tal vez el primero (aparte de los que nos hacían leer en la escuela), recuerdo que estaba en el servicio militar y viajaba para mi destino lejos del hogar… y por eso lo cogí, aunque a decir verdad en ese momento tampoco lo leí completo sino algunos años más tarde, como ya he comentado alguna vez, fuí un aficionado tardio a la lectura.
Después del “interesantísimo” inciso personal, volvemos al tema. He llegado al capítulo del niño, Protos, pero no identifico esas frases que señalas, tal vez vayas más adelantado.
| De todas formas, tal como comentas, lo que trata K., (en una ocasión utiliza el nombre de Josef al igual que en El proceso), es de conseguir comunicarse con sus superiores del castillo tras llegar al pueblo y hacerse nombrar agrimensor, aunque todo en un ambiente enrarecido más propio de un sueño que de una situación real, pero todo son dificultades, inconvenientes y trampas burocráticas. Encuentra a Frieda y se propone casarse con ella pero su objetivo principal sigue siendo entrar en el castillo. Luego de hablar con el alcalde del pueblo le cambian de ocupación y lo nombran bedel de la escuela instalándose en ella con Frieda y sus inseparables ayudantes, pero enseguida lo despiden. |
Tenemos una fuerte carga simbólica de todos los componentes, lo que no acabo de entender es que representan los ayudantes, no sé si son emanaciones infantiles del propio K. o representan el control que ejercen los del pueblo sobre él, el Castillo por su parte queda claro que representa algo superior inalcanzable no solo a la comprensión sino a la comunicación, ¿el entramado social, dios, la realización personal?. Parte de la magia de la novela está precisamente en esa ambigüedad para la interpretación de la simbología. A través de la búsqueda de K, con una ambientación brumosa e irreal en un paraje frio (está todo nevado) y casi siempre de noche, nos va dibujando la soledad del hombre y su insignificancia como elemento individual necesitado de los demás para encontrar el sentido a su vida pero no dudando en utilizarlos egoísta y cruelmente para su propio interés. De todas formas se puede encontrar, según yo lo veo, un aire de ironía e incluso de sátira que le da un toque muy divertido a algunas escenas.
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