Ahora me doy cuenta que puse el resumen en catalán. Lo traduzco el resumen por si le pueda interesar a alguien:
Una noche de febrero de 1939, con las tropas de Franco pisándoles los talones, un convoy de siete camiones evacuaba los últimos tesoros de la República, que durante los últimos meses de la guerra habían permanecido ocultos en la Mina de Canta, en La Vajol. Siete camiones repletos de oro y de valiosas obras de arte procedentes del Museo del Prado. Pero sólo seis lograron cruzar la frontera francesa. El séptimo camión no llegó nunca.
En realidad, no era el séptimo camión, pero poco importa. En la agónica salida al exilio multitud de tesoros quedaron abandonados o escondidos, en vistas a tiempos mejores, en las inmediaciones de la frontera. Y no sólo procedentes de las arcas de la República. Algunos tuvieron suerte y los recuperaron años después, otros los encontraron personas ajenas y otros seguramente todavía siguen en sus escondrijos. Incluso aún ahora algunos domingueros recorren esas tierras a cuestas con sus detectores de metales. Yo, si no fuera por la huelga de los transportistas, ahora mismo estaría revuelto en la fiebre de oro que recorre esas montañas y no aquí en esta polvorosa reseña.
En fin, seguiré escribiendo como un pobre; el libro sigue las vicisitudes en que se encuentra la autora en sus pesquisas. En los pueblos de esa zona siempre hay alguien que conoce a otro que se hizo de oro inexplicablemente, pero cuando se le pide que especifique la información, se le nubla el sentido. Casi todos reconocen haber buscado oro, pero nadie, por lo que dicen, reconoce haberlo encontrado. Quien sabe, lo que si es cierto es que la Mina Canta existe, existe y contiene una cámara acorazada dentro, prueba irrefutable donde las haya y que Negrín, Azaña, Aguirre y Companys estuvieron en las inmediaciones en los últimos coletazos de la República. La Vajol, por una vez fue capital de España, una España, ahora sí, desmembrada y quebrada.
La mina en cuestión. A ver si algún día tengo tiempo y me paseo por ahí. Sólo para verla, no llevaré ni pico ni pala.
