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NotaPublicado: Lun Jun 04, 2018 12:48 pm 
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Registrado: Lun Jun 04, 2018 12:36 pm
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Vengo a pedir consejos sobre mi recién iniciada novela interactiva. Criticadme sin piedad.


Capítulo I

Pese a vivir en un pueblo costero, Kalel nunca se había bañado en el mar; no sabía nadar. Pese a ser el hijo del marqués, Kalel nunca había salido a la calle; no conocía el valle. Pese a tener veinte años, Kalel no había tocado a una mujer; ni a su madre pudo conocer.

Todos los días a la salida del sol llegaba su primera comida. Los primeros rayos entraban por la diminuta y única ventana de la habitación, reflejando los barrotes que impedían su huída. No eran necesarios, cierto es, pues el joven Kalel nunca se había planteado escaparse.

A duras penas podía recordar una época anterior a su encierro. Tal vez cuando era muy pequeño; tal vez...

Las cuatro paredes de piedra eran su casa y su mundo. Tras el desayuno, alguien le traía un libro para leer, y lo leía hasta que llegaba la hora de la comida. La rendija de la puerta se abría y no le daban la comida hasta que devolvía el libro. Nunca se había quedado sin comer porque nunca se había revelado contra las ordenes impuestas.

La cena era su tercera y última comida del día. No era alimento suficiente; parecía un joven desnutrido y junto con el hediondo cabello que nunca se había cortado resultaría bastante repelente para cualquiera. Pero nadie lo vio, y a nadie vio. Hasta un día.

Utilizaba el rincón que quedaba a la derecha de la puerta para hacer sus necesidades. El desayuno le sentó mal aquel día y defecó líquidamente hasta que se le irritó el ano. Se limpió con la manga de la camisa y se sentó a esperar el libro. Se arrancaba los pelos de su mal-nacida barba para matar el tiempo; pero el tiempo no moría y el libro no llegaba.

Nunca había cambiado su rutina y no podía entenderlo. Miraba fuera entre los barrotes y solo podía ver un humo negro que se mezclaba con el azul del cielo. Nunca había visto el humo. Fue entonces cuando comenzó a escuchar unos fuertes estruendos, las paredes temblaban incluso más que él. Había más humo que se colaba por la puerta, que de repente se abrió de un fuerte golpe.

La silueta de un corpulento hombre se fundía con el humo que ya ocupaba toda la habitación. Dio un paso al frente y miró al joven recluso. Dos segundos aguantó la mirada para vomitar inmediatamente. Se dio la vuelta e hizo un amago de mirar otra vez, pero prefirió largarse corriendo. Kalel se levantó y se dirigió lentamente hasta la puerta. Desconfiado, miró por el pasillo y se dio cuenta de que a penas podía respirar. Casi sin darse cuenta, sus pies descalzos comenzaron a andar. Luego a correr. Pasó por otro pasillo, bajo unas escaleras y cruzó una última puerta para salir del edificio. Estaba en llamas, pero más llamó su atención aquello que estaba frente a sus ojos: debajo de la colina donde se encontraban había un montón de casas, ardiendo algunas de ellas y se podían escuchar los gritos de quienes habían quedado encerrados. Al fondo estaba el mar, el primer paisaje que vio le pareció precioso a Kalel. Tanto que, hipnotizado, bajo a ritmo constante hasta llegar a la playa, sin acercarse mucho al pueblo, y se metió al agua.

Perdió la noción del tiempo jugando con las olas, pero sabía que no sería infinito. Siempre tuvo un orden, una rutina para hacer las cosas y entre tanta confusión, se dio cuenta de que tocaba hacer otra cosa. Explorar el pueblo.

No quedaban llamas vivas, pero la ceniza abundaba y varias casas se habían derrumbado por completo. En el suelo vio una persona que no se movía; no era un hombre. Tenía los pechos grandes y comenzó a frotarlos con ambas manos, era una mujer. Había leído que existía otra especie diferente a los hombres, que servía para dar placer al primero y, básicamente, para cuidar de él. Sin embargo, esta no respondía y decidió marcharse.

Algo lo golpeó fuertemente en la nuca. Cayó al suelo aturdido. Unos hombres comenzaron a agarrarlo. Le quitaron los pantalones. Quiso resistirse pero no pudo. Le pusieron a cuatro patas. Hundieron su cabeza en el suelo arenoso. Grito de dolor cuando sintió que algo penetraba por su irritado ano. Le quemaba.

- Vamos, dilatate.- le susurraron al oído entre risas.

Kalel solo podía escuchar sus propios gritos, pero algo oyeron los demás que inmediatamente soltaron al joven y se retiraron.

- ¡Dejadle, coño! Es el chaval que estaba encerrado en la casa del marqués.- le agarró del brazo y lo levanto como si fuera un saco de patatas. Era el hombre corpulento que derribó la puerta de su prisión.- necesitamos hombres. ¿quieres formar parte de mi tripulación?- preguntó sin soltarle.

- Yo lo veo más bien trabajando en el burdel, Capitán.- era la voz de una mujer.

Kalel se apresuro a levantarse los pantalones cuando notó que su pene estaba erecto. Miró receloso al hombre que lo sostenía, era alto, y muy fuerte. Una gran barba oscura cubría la mitad de su cara, sus ojos grises podían incomodar a cualquiera y era completamente calvo. En el fondo, entre los violadores se encontraba la mujer que había interrumpido al capitán. Tenía un largo cabello rubio y unos prominentes pechos que destacaban por encima de cualquier otro rasgo.

- Será tu decisión.- dijo el capitán soltando su esquelético brazo.

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Una pregunta para los que habéis llegado hasta aquí: ¿os parece interesante la decisión?
Creo que las decisiones son importantes en las novelas interactivas, al lector no le importará decidir si Kalel se corta el pelo o no, ¿no?
Si os gusta podéis votar en el blog [url]bastardoiluminado.blogspot.com.es[/url] ¿Nos vamos al burdel o con el capitán?


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NotaPublicado: Dom Jun 10, 2018 8:47 pm 
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Cruela de vil
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Registrado: Vie Dic 26, 2003 7:50 pm
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Parecería que fuese a dar mas juego ir al barco con el capitán que al burdel a que le den por culo.


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NotaPublicado: Vie Jun 15, 2018 2:34 am 
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Parece que a cualquiera de los sitios no vas a cambiar el tono de tu prosa.

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NotaPublicado: Vie Jun 15, 2018 1:45 pm 
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Registrado: Lun Jun 04, 2018 12:36 pm
Mensajes: 3
lucia escribió:
Parecería que fuese a dar mas juego ir al barco con el capitán que al burdel a que le den por culo.


Eso mismo pensaba yo !! pero son los lectores quienes deciden el destino de Kalel.

Edgardo Benitez escribió:
Parece que a cualquiera de los sitios no vas a cambiar el tono de tu prosa.


No no no no, no es esa la intención.

Os pongo el segundo capítulo, se agradece cualquier consejo. Destruidme.

CAPÍTULO II


Kalel miró a la señora tratando de comunicar su decisión. No salió palabra alguna de su boca, ni hizo falta.

- Bien, te vienes entonces conmigo.- dijo sonriente la mujer. Cogió a Kalel del brazo y se despidió del capitán con una mirada picarona.- Ya hablarás.- vaciló al joven.

No habló, al menos hasta que llegarón a la entrada del burdel. Era un edificio alto, de tres pisos, pero solo el tercero tenía ventanas. Un porche de piedra protegía la puerta principal, una vieja puerta de madera bastante más gruesa que la de su antigua habitación.

Kalel paró en seco antes de cruzar por la puerta. Era el único edificio de alrededor que no había sido víctima de las llamas. Literalmente, no tenía ningún rasguño.

- ¿Por qué?- preguntó balbuceando mientras señalaba las demás casas.

La mujer se inclinó dejándole ver parte de sus exuberantes pechos. Algo sintió.

- Aquello que necesita un hombre es lo único que no destruye, querido. Me llamo Missy, por cierto. ¿Cómo te llamas tú?

- Kalel.

Entraron. La primera planta era una amplia sala con unos cómodos asientos de paja y un pequeño bar en una esquina; vacíos, tanto barra como asientos, sería la única vez que observaría la desolada belleza de aquel lugar. Missy lo condujo hasta el segundo piso por unas escaleras de madera que ascendían desde la esquina opuesta a la barra.

- Estas son las habitaciones de los huéspedes. Por las mañanas entras y limpias, siempre y cuando las puertas estén abiertas. Si están cerradas esperas. Te pagaré siete monedas de plata al día, y comerás con nosotras, ¡claro! Ahora ven, ¡te enseñaré tu habitación!

Subieron hasta el tercer piso y cruzaron todo el pasillo dejando atrás unas diez habitaciones, hasta llegar a la última puerta. Una puerta de madera desgastada, bastante más pequeña que las demás. En el interior pudo ver por primera vez una cama, de paja y madera, y poco más había. Un armario y una ventana con vistas a la mar.

***

Los días pasaban y el burdel recuperaba su actividad normal. Kalel trabajaba como un autómata, cumplía todas las ordenes de Missy sin rechistar: limpiaba no solo las habitaciones, si no el burdel entero, servía en la barra y ayudaba a Berdu en los labores de mantenimiento.

Berdu era joven, poco mayor que Kalel. Pelirrojo, flacucho y de nariz chata, poco tenía de agraciado para chulear, pero influenciado por el pasivo carácter del novato se crecía como un auténtico gorila retrasado. Le pegaba collejas, lo humillaba ante las trabajadoras...

Missy observaba atenta la situación. Kalel no respondía a ninguna de las provocaciones del enano pelirrojo. Trabajaba y no había manera de distraerlo; se concentraba y no había manera de ofenderlo.

Admiraba la capacidad de concentración de Kalel tanto como su fidelidad. No expresaba sus emociones, ni actuaba como la gente común.

Una noche, tras terminar el trabajo Kalel se dirigía a su habitación, caminando por el oscuro pasillo del tercer piso. Escuchó unos gruñidos que provenían de la puerta más cercana a la suya. Se acercó.

- ¿Hola? ¿Me oye alguien o que?- era una voz temblorosa pero a la vez ruda. De mujer.

Abrió la puerta.

- Hombre, Kalel; ven, ayudame.

- ¿Conoces mi nombre? Pero yo no te conozco.- era una anciana de pelo canoso y, por su aspecto, parecía que estaba ya en las últimas.

- Me han hablado de ti, y pareces tan bobo como te describían. ¡Venga! necesito que alguien me limpie los pies.

Fiel a su carácter, se puso manos a la obra sin soltar ninguna palabra más. La anciana sacó sus pies por un lado de la cama y Kalel se acercó con un balde de madera lleno de agua. Agarró uno de los pies, se sorprendió por su piel; pensaba que sería arrugado, pero era mas bien alisado. Fino como el culito de un bebé, comenzó a frotarlo con una esponja, lentamente, con delicadeza.

- Me gusta que no hables, pero si quieres hablar puedes llamarme Madame. Muchos creen que Missy es la Madame, y claro, hace de Madame, pero oficialmente yo soy la Madame hasta que me vaya al largo sueño.- Kalel fijo su mirada en la anciana durante medio segundo y continuó frotando sus pies.- Me ha dicho que eres muy obediente, y ahora lo veo. Llevas toda la vida obedeciendo, no está mal. Tampoco está bien. La lealtad es una buena virtud Kalel, pero debes recordar algo. Eres libre, tú puedes decidir.

- ¿Decidir?- paró de frotar.

- Claro. No siempre debes hacer lo que se te ordene. Escucha a tu voz interior, aprende a escuchar qué es lo que quieres y toma decisiones por tu cuenta. Sigue frotando.

Estuvo frotando y escuchando a la anciana durante al menos dos horas. Se hubiera quedado toda la noche si no fuera por que lo echo cuando se aburrió de contar historietas. Pero las palabras de la anciana se quedaron en su mente. Cada vez que Missy le daba una orden se acordaba de la charla. De decidir.

Pasaban los días y Kalel seguía trabajando tan eficazmente como siempre, no se le pasó por la cabeza desobedecer a Missy. Sin embargo, se le veía diferente. Las mujeres le veían diferente. Empezó a hablar con las trabajadoras, estas le contaban su trabajo y Kalel se ponía nervioso. Pero hicieron buenas migas. Tortini, una morena con ojos achinados y cuerpo de niña, le dijo un día que le cortaría el pelo. Lo hizo.

Berdu limpiaba la barra cuando Kalel y Tortini bajaron. No pudo evitar reírse y llamarle cabezón. Tortini le había cortado el pelo al más puro estilo mohicano, y cierto es, el pelo corto le hacía parecer un hidrocefálico. Missy se limitó a un "estás muy guapo" y mandó a Tortini hacia un cliente con un simple gesto.

Besó a Kalel en una mejilla y se dirigió hacia el cliente. Era grande. Era gigante. Era un oso. Era El Oso.

Tortini voló.

Los ojos de Kalel se iluminaron. El golpe que El Oso asestó a la fulana parecía haberlo afectado más a él. Sus músculos estaban en tensión y sus dientes chirriaban, furia. Missy acarició su hombro y se acerco al Oso, calma. Kalel observó paralizado cómo ambos subían por las escaleras. Esperó.

Menuda torta recibió Tortini, su ojo izquierdo parecía un pez globo. Sabía que estaba fea y se fue antes de que Kalel pudiera ver su deformada cara. Berdu no dijo nada, pero sus manos temblaban. Las demás fulanas se acercaron y esperaron, más de una hora. Missy bajó por las escaleras sin marca alguna.

No había de qué preocuparse. Les dijo que El Oso era un hombre del Rey que había venido en misión de reconocimiento. La villa había sido saqueada pero no tomada, los marqueses fueron aniquilados pero el terreno no fue capturado. El poder sobre aquellas tierras seguía perteneciendo al Rey.

- Pero hay otra cosa.- añadió Missy en tono serio.- ha solicitado un varón joven que le haga compañía.

- ¡Te ha tocado cabezón!- dijo Berdu riéndose, los demás guardaban silencio.

Las imágenes del primer día en el exterior vinieron a la mente de Kalel; varios hombres tratando de violarle. Dolor. Las palabras de la Madame vinieron a la mente de Kalel; decisión. Libertad.

Cerró el puño derecho tan fuerte como pudo y concentró todas sus fuerzas en él, asestando un tremendo gancho en la mandíbula del enano pelirrojo. Su cabeza giró hacía atrás bruscamente y cayó aturdido. Todos callaron. Bardu miró alrededor buscando apoyo pero nadie lo ayudó. Se levantó como pudo y, cabizbajo, subió por las escaleras.

Habían pasado unas horas cuando Kalel se disponía a subir a su habitación. Vio a Bardu subiendo por las escaleras del segundo piso, cojeaba. Kalel esperó, no quería cruzarse con él.

Estaba a punto de entrar en su habitación cuando escuchó su nombre, la anciana le llamaba.

- Debo contarte algo Kalel.

Kalel se sentó a un lado de la cama.

- Me han dicho que ha venido El Oso. Y que has tomado una buena decisión. Enhorabuena.

- Gracias Madame.

- Pero no ha terminado. Debes irte, aquí estás en peligro. El Oso ha venido a por ti, porque perteneces al Rey. ¿Por qué crees que antes no eras libre?- Kalel levanto sus hombros en un gesto de inocencia.- Debes descubrirlo Kalel. Eres especial. Debes continuar tu camino; pregúntate siempre el por qué de las cosas. Descubre por qué estabas encerrado y descubrirás tu destino.

- Pero...

- Coge esto.- le interrumpió.- Es el Brazalete del Protegido. Todos los burdeles del Reino te acogerán si lo llevas puesto. Los objetos de la mesilla también son para ti, ¡y no le digas nada a Missy! No te fíes de nadie.

Kalel se acercó a la mesilla, había una daga y un mapa del Reino.

- Vete.

Obedeció. No desobedecería a quien le enseñó el valor de la libertad. O eso pensó hasta que salió de la habitación. Se quedó quieto en el oscuro pasillo. Guardó el mapa en un bolsillo, pero con la daga, no sabía qué hacer. Se quedó mirándola. La desfundó y comprobó que el filo cortaba con una pequeña incisión en su dedo indice. Estaba dubitativo.





Esta vez la decisión es esta: ¿huir o matar al Oso?


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NotaPublicado: Sab Jun 16, 2018 5:16 pm 
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Cruela de vil
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Registrado: Vie Dic 26, 2003 7:50 pm
Mensajes: 63886
Huir, que no queremos convertirle en un asesino. Al menos no tan pronto.


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NotaPublicado: Dom Jun 17, 2018 3:43 pm 
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Registrado: Dom Feb 12, 2017 3:10 pm
Mensajes: 543
Pienso que des larga a la historia. Huir dará más oportunidad de nuevas escenas. Aunque tengas que crear otro personaje "Anciana".
La parte del golpe del Oso no me queda clara. No veo dónde aparece el momento del ojo "pez globo".
Corrige esto:echo.

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Traducción al español por Huan Manwë para phpBB España