Para Siempre

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Jaime
Quien tú sabes...
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Para Siempre

Mensaje por Jaime » 06 Ene 2007 00:20

Estas navidades, en mi pueblo, y mientras esperaba a que mi padre cerrara el bar por la noche, me entró la inspiración y en un momento me salió esta breve historia, aunque bastante melancólica. Espero que os guste.

PARA SIEMPRE

Suena el despertador. Las 7:40. Mi primer día sin ti.
A los diez minutos vuelve a molestar mis oídos estridentemente y lo paro de mala gana. Me hago mi habitual tazón de cereales y recuerdo aquella mañana de hace tres meses, la mañana en que llegaste.


Me encontraba en la misma situación, a la misma hora y viendo las monótonas noticias que transmitía la televisión, cuando noté un ligero estruendo que destacaba entre el sonido incesante de la lluvia en el exterior. Me asomé a la ventana y allí te vi, hablando en voz alta, quizá discutiendo, con el conductor de un pequeño camión de mudanzas. No sé si fue casualidad, pero quiero creer que algo en mi interior emanó y parte de esa magia te alcanzó ligeramente, porque volviste la cabeza y miraste directamente hacia donde yo estaba; al instante dibujaste una sonrisa en tu rostro que me hechizó de por vida, algo imposible de explicar con simples palabras.
Fui a la universidad sin quitar esos grandes ojos verdes de mi cabeza, quería volver cuanto antes deseando encontrarte a mi lado aunque solo fuera separados por la pared. Quería sentir tu presencia. Sabía que era lo único a lo que podría aspirar puesto que mi aparato de dientes y las grandes gafas que portaba habían hecho de mí un chico introvertido con las mujeres.
Cuando por fin volví a casa, la puerta de la vecina que se había ido hacía pocas semanas estaba semiabierta y tú estabas en el interior colocando un viejo caballete próximo a la pared de la habitación. Sobre él colocaste un lienzo con una imagen sin terminar, y aún así pude admirar la belleza del paisaje que estaba plasmado en él.
La magia de aquella mañana debió regresar, mi alma volvió a hablar y tú la debiste volver a oír, porque de nuevo te giraste y nuestras miradas se encontraron.
- Hola, soy nueva aquí, me llamo Clara – una voz celestial se escapó por aquellos labios. Comenzaste a caminar hacia mí y me estrechaste suavemente la mano. Yo no sabía qué hacer, qué decir, tartamudeé unas palabras como presentación y en menos de un minuto ya estaba otra vez en mi apartamento pensando en ti. ¿Por qué no me había detenido a charlar más contigo? ¿Por qué tenía que ser así? Cuando observé por la mirilla hacia el pasillo, la puerta de enfrente, tu puerta, ya estaba cerrada. ¿Lo estaría también tu corazón?

Me pongo los pantalones y la sudadera con premura, ya llego tarde otra vez a la facultad. Mientras me subo al autobús en la manzana más próxima veo como los primeros rayos de sol de la temporada atraviesan las densas nubes y bañan el espléndido paisaje de alrededor. Siempre me ha gustado más esta zona de las afueras que el núcleo de la gran ciudad.
Una vez acomodado en el asiento me pierdo de nuevo en el recuerdo.


Nunca olvidaré la primera y única vez que me atreví a expresarte mis sentimientos más secretos. Cada día me regalabas una sonrisa cuando nos encontrábamos en el rellano; muchas noches, si escuchaba con atención, podía oír hasta los delicados trazos de pintura que solías hacer en la madrugada... disfrutaba con estos momentos pero necesitaba contarte lo que sentía si no quería hundirme en la oscuridad.
Varias jornadas estuve preparando la mejor manera de afrontar la situación. Por fin, al mes de instalarte me tiré a la piscina. Compré un ramo de rosas rojas, un osito de peluche y, por una vez, me pondría las lentillas que tanto detestaba. ¿Te habrías dado cuenta ya del color de mis ojos? Lo dudaba.
Aquella noche vestí mi mejor traje, engominé mi corta melena y con los presentes me situé frente al 2ºB. Al otro lado estarías tú, en silencio, quizá en tu cuarto.
Cuando toqué el timbre mi cuerpo se estremeció y el sudor apareció en mi frente, me sentía como si estuviera a punto de entrar en el aula donde me esperaba el examen más importante de mi carrera. Oí pasos en las escaleras, alguien subía, ¿serías tú? Como si de un acto reflejo se tratara dejé las flores y el peluche sobre el felpudo y subí unos cuantos escalones para observar tu reacción desde un rincón escondido.
Cuál fue mi sorpresa cuando abriste la puerta desde el interior en respuesta a mi llamada y un hombre más mayor que nosotros se detuvo frente a ti. Era el que estaba subiendo hacía unos segundos. Habías quedado con él. Cogiste las rosas y el osito del suelo y le diste las gracias por el detalle con un beso mientras una lágrima solitaria se deslizaba lentamente por mi mejilla.
Pasaron los días, los días eternos, la primavera se acercaba y tú te alejabas de mí. Nos veíamos de vez en cuando, saludos pasajeros, sonrisas fugaces y más sueños incumplidos.
Las pequeñas comunidades de vecinos tienen algo malo, o bueno según se mire, y es que todos conocen la vida de todo el mundo. Oí cómo una anciana le comentaba a otra que la nueva chiquilla del segundo se iría a vivir pronto con un hombre que parecía su padre.

Bajo del autobús y el cielo vuelve a estar encapotado. Oigo un trueno lejano, me gustan las tormentas pero en este momento sólo servirá para sumirme más en la tristeza. El bullicio estudiantil se hace notar, pero yo no lo oigo, sólo percibo tu voz, tus pinceladas, tus sonidos al llegar a tu apartamento, las llaves entrando en la cerradura y tus pasos en el piso contiguo. Me acerco a la facultad y recuerdo el final de esta amarga historia.

Subí inquieto hasta llegar al rellano del segundo, te ibas de mi lado con un tío que seguro no te apreciaba ni la mitad de lo que te quería yo. Además, y no esperaba que fuera mi imaginación, nunca te había visto sonreírle ni hablarle como lo hacías conmigo.
Más decidido que nunca fui a llamar a tu casa pero un detalle hizo que me detuviera súbitamente frente a tu puerta: estaba entreabierta, como la primera vez que te vi en ese mismo lugar. La empujé suavemente... y el mundo se me vino encima. No estabas, ni tú ni todas tus cosas. Sólo permanecía en toda la estancia el trípode frente al que pasabas pintando la mayor parte del día. Algo de nuevo llamó mi atención. Sobre él esperaba encontrarme un lienzo en blanco, pero no fue así; me froté los ojos, no podía ser lo que estaba viendo.
En el lienzo estaba dibujado mi rostro. Era yo, mirando al horizonte y sonriendo, exactamente igual que como era en realidad pero quizá algo más favorecido. Vi en el dibujo cómo habías plasmado todos los rasgos de mi piel, mis labios, mi forma de mover las cejas, mis grandes gafas y, tras ellas, mis ojos de un color azul intenso. Sabías el color de mis ojos, definitivamente sí.
En la esquina inferior derecha aparecieron escritas unas palabras con una caligrafía perfecta que me rompieron el corazón:
Para Siempre, Clara.
Última edición por Jaime el 25 Mar 2008 01:30, editado 2 veces en total.

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nosin
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Mensaje por nosin » 06 Ene 2007 00:53

Interesante tu historia, Jaime. Está muy bien armada, como un guión de película. Qué triste. Esos amores entre velos, qué mal cuerpo dejan... :(

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Fenix
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Mensaje por Fenix » 06 Ene 2007 13:07

Suele ocurrir muchas más veces de lo que imaginamos; los jovencitos se enamoran como borricos de jovencitas mucho más maduras que ellos, y ellas se dan cuenta, y les enternece -por eso Clara le sonreía y le deja el mejor de los regalos: me he fijado en ti, pero es demasiado pronto-. A pesar de la ternura, ella se enamora del hombre, no del chiquillo que bebe los vientos por ella.
Hay un período de nuestras vidas masculinas en el que, por culpa de estos amores platónicos, sufrimos como nadie. Luego, los que no lo superan se convierten en cínicos redomados.
El relato es muy bonito, has plasmado la inmadurez del joven universitario y la ternura de una mujer y lo has hecho muy claro, muy plástico, como un guión. :lol:

Tragaldabas
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Mensaje por Tragaldabas » 06 Ene 2007 16:31

La misma suerte se la puso de vecina y luego lo abandono con el ramo de rosas y el peluche.

Me siento identificado.Maldita mi suerte!!!!

Esta muy chulo, y engancha. :D

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lucia
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Mensaje por lucia » 06 Ene 2007 21:12

Jaime, has bailado un en por de en:
Mientras me subo al autobús de la manzana más próxima
Por lo demás sí, te dan ganas de abofetear al tío por lelo. Que una cosa es ser tímido y otra dejar pasar a la mujer que puebla cada hora de tu día y de tu noche.

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Fenix
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Mensaje por Fenix » 07 Ene 2007 12:02

Tragaldabas escribió:La misma suerte se la puso de vecina y luego lo abandono con el ramo de rosas y el peluche.

Me siento identificado.Maldita mi suerte!!!!

Esta muy chulo, y engancha. :D


No lo abandonó la suerte, huyó, abandonó, le faltaba confianza, madurez.
Luego, lamiéndose sus heridas, se justificaría -bueno y qué hubiese hecho ella si estando yo en la casa aparece ese hombre?- dándole la victoria al contrario.
Lucía tiene razón, es pa chocarlo, pero ¿qué se le puede pedir a un niñatito tímido y apocado? La suerte es para el que la busca.

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Jaime
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Mensaje por Jaime » 07 Ene 2007 23:08

Muchas gracias chicos, como siempre, por vuestros comentarios. Me agrada saber que un simple escrito que hice en un momento de inspiración pueda gustar a aquellas personas que dedican algo de su tiempo a leerlo.

Nunca había utilizado esta forma de redactar, es decir, hablando a una segunda persona directamente e intercalando con la otra parte en la que el protagonista se dirige a la facultad; no me parecía el estilo más adecuado pero al final salió algo decente.

Lo reconozco yo también, es para darle un guantazo al chaval y decirle que reaccione, pero el pobre me ha salido demasiado pánfilo :lol:
Leyendo...
La víspera de casi todo, de Víctor del Árbol

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Mensaje por Askat » 08 Ene 2007 16:07

El relato me ha enganchado más a partir de "Me pongo los pantalones" (y que nadie piense mal :twisted:). La primera parte se me ha hecho más pesada con lo de "emanó magia" y cosas por el estilo. Después se aligera la forma de escribir y se disfruta más.

Es un relato bonito. Melancólico como tú lo has llamado. Y la personalidad del chico parece más de adolescente que de universitario... aunque conozco a varios que podrían entrar perfectamente en el molde... y empiezan a salirles canas :eusa_wall:

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Re: Para Siempre

Mensaje por JANGEL » 09 Ene 2007 11:35

A mí esta historia me ha resultado muy íntima y bien narrada, me ha llegado la historia. Todos hemos padecido, de algún modo, alguna frustración amorosa, así que es fácil identificarse con el joven, aunque el caso contado sea muy concreto.

A título personal, sólo pondría una objeción. Podría prescindirse de esta frase pues el relato se cuenta por sí solo.

Jaime escribió:... y recuerdo el final de esta amarga historia.
Leyendo:
Fin, de David Monteagudo

http://www.joseangelmuriel.com
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Mensaje por Laurana » 09 Ene 2007 12:05

Muy buena Jaime, me encanta la forma como la narras, desde un principio me metí en la historia y a pesar de lo melancólica que es me gustó mucho.

Tu historia nos recuerda que a veces las oportunidades tocan una sola vez a tu puerta, si no las agarras en ese momento ya luego será muy tarde y nunca más se presentarán...

Laurana.

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Brian Bennington
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Mensaje por Brian Bennington » 13 Ene 2007 23:53

Fenix escribió:Lucía tiene razón, es pa chocarlo, pero ¿qué se le puede pedir a un niñatito tímido y apocado? La suerte es para el que la busca.


Muy cierto

Laurana escribió:Tu historia nos recuerda que a veces las oportunidades tocan una sola vez a tu puerta, si no las agarras en ese momento ya luego será muy tarde y nunca más se presentarán...


Si es que tocan

Tu relato chapó, JaimeImagen, me ha encantado

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