Llamadas (Fragmento de novela)

Espacio en el que encontrar los relatos de los foreros, y pistas para quien quiera publicar.

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Hairo
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Llamadas (Fragmento de novela)

Mensaje por Hairo » 28 Ago 2018 00:53

Hola a todos. Es la primera vez que escribo aquí ─en el foro─ , creo, pues por fin me animé a escribir una novela corta, idea que hace mucho ronda por mi cabeza. Sin decir más, les dejo la sinopsis y una partecita o pequeño capítulo. :mrgreen: :mrgreen: :mrgreen:

Sinopsis

Un programa de radio sin nombre se mantiene al aire para recibir las llamadas telefónicas de su único oyente, conversaciones que duran dos minutos exactos. Un personaje con una imaginación desbordante que no tardará en crear relaciones duraderas.

***

AL AIRE

Nuestro programa de radio tenía un solo oyente como público, hecho que poco a poco fuimos desgranando y confirmando, pues teníamos un segmento en el cual recibíamos llamadas telefónicas y siempre oíamos la misma voz surgir del otro lado de la línea. Cáceres, como se presentaba nuestro interlocutor, solía llamarnos durante el último cuarto de hora de transmisión para relatarnos anécdotas totalmente ajenas al tema que desarrollábamos.

Sus intervenciones ocupaban nuestros oídos durante dos minutos, nunca sobrepasaba ese límite estricto, y durante el tiempo que nos quedaba, los conductores nos poníamos a discutir sobre aquello que acabábamos de escuchar. En una ocasión nos contó que cerca de su hogar ─no quiso decir dónde ni con quién vivía, por supuesto─, una de las innumerables noches en las que la luna es ocultada por las nubes, escuchó aullidos provenientes del norte. Él, preocupado en seguir el rastro del ruido animal, optó por dirigir su atención hacia aquel fenómeno, pensando dos veces si debería ir tras la bestia. Nadie sabía para qué. Otro momento inverosímil fue la vez que supuso que su vecino, o el hijo de este o tal vez el mismo Cáceres, era un seguidor de Hitler y que iba por el distrito visitando todos los mercados en los que podía entrar y, mediante el conocido saludo que consiste en levantar el brazo hacia delante de forma diagonal, gritaba ─con acento militar─ que había llegado el futuro presidente del país, el Mesías de esta nación bombardeada por la corrupción y la pobreza. Los que deseaban ser salvados solo debían arrodillarse ante él. Esta historia, como las otras que nos detallaba durante las emisiones dominicales que lo tuvimos como participante, quedó truncada por el cronómetro. La consola marcaba ciento veinte segundos y la llamada se cortaba en el acto. El productor, al otro lado de la cabina, miraba hacia la pantalla y utilizaba sus dedos ─índice y medio─ para abrir y cerrar su tijera imaginaria.

Siempre creímos que todas las historias nos la contaba un personaje con un poder imaginativo de tal intensidad que no soportaba que sus trabajos se echaran a perder, razón por la cual se comunicaba con un programa sin beneficio que le dejaba la línea disponible a su único interesado. De alguna manera, ambos se necesitaban, Cáceres a la radio, la radio a Cáceres.

La edición siguiente a aquella historia llena de nazis y política ─sorprendidos de que los directivos siguieran apostando por darnos cabida en su radio─, comprendimos que nuestro programa solo era la excusa para oír dos minutos de fantasía a cargo de nuestro oyente creativo. Las ansias nos consumían ante la inminente llegada del último cuarto de hora de emisión, momento en el cual dábamos opción a que el público llamara. Nuestro público, sin lugar a dudas, era Cáceres.

El reloj marcaba las ocho con cuarenta y cuatro y solo era cuestión de segundos para oír aquella voz dotada, únicamente, de apellido. A las ocho y cuarenta y cinco no oímos sonar el teléfono. Dirigimos nuestra mirada hacia el otro lado de la cabina y nos mostraban un pulgar levantado, señal de que todo iba bien, pero ni rastro de alguna llamada. A las ocho y cuarenta y seis no sabíamos qué decir y solo atinábamos a proferir disculpas por las fallas técnicas. Obviamente nadie nos culpaba ni se quejaba, pues no el público era inexistente. Durante esos minutos no teníamos tema alguno. Nuestro bloque final se basaba en lo que pudiéramos comentar sobre la historia que siempre nos contaba Cáceres, de alguna manera él era el encargado de cerrar la transmisión. A las ocho con cincuenta minutos nos señalaron que alguien llamaba y la tranquilidad se apoderó del programa. Esa noche tendríamos una nueva historia, no había duda. Pero la voz que emergió era una completamente desconocida. En aquel tono no reconocimos el estilo ni la modulación del genio recurrente, por el contrario, una voz aguda y con evidentes signos de alarma se había comunicado con nosotros para preguntarnos si Cáceres llamaría al programa a contar su historia, pues hace cinco minutos ─¡Mequetrefes!, que solo llaman para oír a Cáceres─ que oía la radio y todo seguía igual. No supimos qué responder o si respondimos algo, y si respondimos algo habrá sido algún argumento sin sentido. Aquella noche todos esperábamos el llamado de Cáceres, como nos lo hicieron saber las más de diez llamadas que recibimos durante los últimos minutos del programa y las que siguieron sonando cuando ya nos habíamos ido.
Última edición por Hairo el 09 Sep 2018 02:28, editado 2 veces en total.

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Megan
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Re: Llamadas (inicio de novela)

Mensaje por Megan » 28 Ago 2018 03:32

Bienvenido Hairo :D

Está interesante lo que escribís.
Podés postear un capítulo de tu novela por mensaje, así la leemos toda y la comentamos.

Iramesoj
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Re: Llamadas (Fragmento de novela)

Mensaje por Iramesoj » 28 Ago 2018 14:38

Es verdad lo que dice Megan, es interesante. De momento tenemos un fragmento corto en el que aún no han habido diálogos. Dan ganas de saber más sobre Cáceres. ¿Sus historias son reales aunque no lo parezcan? Engancharía mucho la lectura que los de la radio comenzaran a buscarlo.

Hairo
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Re: Llamadas (Fragmento de novela)

Mensaje por Hairo » 30 Ago 2018 06:00

Oh, gracias por sus comentarios. En serio que animan, y mucho. Bueno siguiendo con la historia aquí introduzco unos párrafos más :mrgreen: :mrgreen:

***
UNO

Mientras caminábamos a través de la oscura ciudad ─nuestro programa se emitía durante la última hora del domingo─, a su manera, cada uno intentaba dar una explicación al fenómeno comunicativo que acabábamos de presenciar. Hasta ese momento habíamos supuesto que el programa solo lo escuchaba una persona, razón por la cual nuestros planes en la búsqueda de oyentes consistían en invertir dinero ─que no teníamos─ para imprimir banners enormes y atarlos a los postes de alumbrado público durante la madrugada, para evitar a la policía. El productor nos recomendó hacer grafitis con el número de la radio y poner la hora de inicio de nuestro programa, idea que quedó descartada no solo por ridícula, sino por ir contra nuestros principios morales, así que todos los planteamientos quedaban en su fase teórica.

En este proceso de difusión había aparecido, sin querer, Cáceres, que se había convertido en nuestro desconocido publicista cuyas historias increíbles habían constituido un extraño anzuelo para atraer oyentes. La hipótesis de Constanza, mi compañera en la conducción, ante este éxito inusitado, consistía en que la curiosidad humana es tan abrasadora que intenta creer en lo inexplicable y se interesa por lo que es distinto a nuestra cultura: fenómenos paranormales, mitología, esoterismo, religión. Debido a que las historias que recibíamos los domingos tenían ese factor exótico como pilar, las personas no dudaban en plegarse y ser partidarios de tales relatos. Al principio resultaban risibles, como la búsqueda del supuesto lobo mencionado por Cáceres ─incompleta como todas las que nos relataba debido al tiempo─, pero en cierto momento, remarcaba Constanza, el éxito de la idea era que esta desbordaba la imaginación, a la par de recrear el contexto de la historia y observarte dentro de ese paisaje, escuchando los aullidos del lobo y listo para ir en su búsqueda.

Le dije que tal vez tuviera razón, que probablemente la imposibilidad o anormalidad de los relatos tuviera algo que ver con la reciente invasión telefónica que habíamos sufrido. En cualquier caso, eso era bueno para nosotros, no sabíamos cuántos nos oían, pero estábamos seguros de que había más gente ahí.
Los días que nos separaban del próximo programa constituían situaciones monótonas enmarcadas entre las clases universitarias que impartíamos ─yo dictaba un curso sobre fotografía y Constanza hacía lo mismo con un taller literario, que más tenía de redacción que de lectura─, los amigos y algún trabajo extra que nos brindaba el dinero suficiente para mantener la epopeya radial a flote. Los amigos a los que acabo de aludir evitaban hablarnos sobre el contenido de nuestro programa, pues sus comentarios se basaban en generalidades y solo por respeto atinaban felicitarnos por seguir al aire. Argumentos que molestaban a Constanza, pues esta se caracterizaba por una combinación de buen juicio, guerra dialéctica y feminidad.

─¿Qué le hicimos a Cáceres? ¿En serio? O sea que una entrega una hora de su vida a un bendito programa intentando repartir lo mejor sobre su conocimiento literario y lo único que les interesa a los que se hacen llamar mis amigos es un orate que durante dos minutos llama y traduce al aire sus pensamientos trastornados combinados con alguna pizca de realidad… ─me decía o gritaba Constanza, sin pausa. A veces sentía temor de que luego de una de sus largas quejas le faltara el aire y se desplomara ahí mismo, pues me faltaría valor para huir.

─Lo mismo me preguntaron a mí, pero con otras palabras, o tal vez fue otra pregunta ─quise calmarla con uno de mis sobrios comentarios que buscaban hacerla reír, mientras abría el estuche de mi cámara dispuesto a guardarla.

─¿Y sabes qué es lo peor de todo? Que me saludan con un beso, que debo entender como el que le dio Judas a Jesús, y me dicen que si Cáceres no aparece tienen que buscarlo, repito, vienen y me dicen que si Cáceres no aparece tienen que buscarlo. ¿Si no aparece? ¿Buscarlo? ¡Qué se ha creído esa gente! Primero se hacen tus amigos y luego van y te piden que seas una amiga-detective, más de lo segundo. Yo no soy policía, no soy detective, a lo más habré soñado siendo protagonista de alguna novela policiaca, pero no precisamente como inspectora. No te rías, no te rías que tu cámara aún no la guardaste ─Constanza veía amenazadoramente hacia mi cámara y me apresuré a cerrarla de una vez.

─Ojalá no aparezca. Sí, escuchaste bien, ojalá Cáceres no aparezca, lo que nos obligará a buscarlo ─le objeté cuando me había separado unos diez metros de ella. Al girar para ver su reacción, desde una distancia segura, solo pude echar un vistazo a su larga cabellera color miel que ya doblaba la esquina.
Última edición por Hairo el 09 Sep 2018 02:29, editado 1 vez en total.

Iramesoj
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Re: Llamadas (Fragmento de novela)

Mensaje por Iramesoj » 30 Ago 2018 10:04

Es interesante la reflexión sobre la atracción que producen las historias paranormales a la humanidad.

Eso sí, no pongas entre paréntesis algo que está en una línea de diálogo.

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lucia
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Re: Llamadas (Fragmento de novela)

Mensaje por lucia » 04 Sep 2018 20:31

Y mas interesante lo que les pueda pasar en la búsqueda de Cáceres :cunao:

Hairo
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Re: Llamadas (Fragmento de novela)

Mensaje por Hairo » 09 Sep 2018 02:30

Hola de nuevo. Gracias por sus comentarios y correcciones. Aquí publico unos fragmentos más de la historia :mrgreen: :mrgreen: que he ido editando.

DOS

Un nuevo domingo llegó para nosotros y minutos antes de ingresar a la cabina para comenzar otro programa, observamos que Óscar, el propietario de la radio, nos esperaba sentado en el pequeño sillón de color negro, al lado de la puerta. De inmediato intercambié miradas cómplices con mi compañera y sin comentar nada le dije estamos despedidos, fue un gusto, y mucho más, trabajar contigo…, pero el jefe interrumpió nuestra abstracta conversación para desearnos buena suerte y añadir que esperaba con mucho interés la llamada de Cáceres. Eso escapa a nuestra responsabilidad, quise refutar, enfurecido ante la primera petición que nos hacían y que escapaba completamente de nuestras posibilidades. Las llamadas no las controlamos nosotros, no las controla nadie. Estos pensamientos, sobra decir, se quedan dentro del emisor.

Instantes después de las once de la noche, porque ningún programa comienza a la hora señalada, mientras se oía el tema musical que nos daba viada, recibimos la primera llamada de la noche. De esta surgió una voz animosa, instándonos ─sin saludar─ a repetir las anteriores llamadas de Cáceres, pues lo que hablábamos durante los cuarenta y cinco minutos iniciales no le importaba a nadie. No nos pareció mala idea. Constanza sugirió lo mismo, ¡como si la idea hubiese sido suya! Repetir los relatos no nos costaba nada, a lo más unos cuantos minutitos de búsqueda auditiva. Durante el lapso en el cual nuestro productor preparaba la mezcla de relatos, recibimos más llamadas que felicitaban la iniciativa de Constanza. ¿De Constanza? Sí, le agradecían a ella, vaya mundo.

─Vamos a una pequeña pausa y volvemos… ─Profirió Constanza y nos tomó por sorpresa.

LOBO


─Hay un poco de cordura en sus peticiones. Un hálito de racionalidad y mucho de emoción. Impulso, si lo quieres resumir. Creo, sin dudas, que desean buscar a Cáceres, ir detrás del responsable que nos relató aquellas historias. Somos nosotros los que debemos buscarlo, a eso se resume nuestro papel en esta historia ─me dijo Constanza aprovechando la pausa que ella misma había creado. Una táctica genial por su parte.

Yo había pensado en lo mismo. Llevaba los relatos grabados en mi mente y solía repasarlos mientras caminaba buscando un rumbo. Es más, me había dado el trabajo de transcribir aquellas invenciones para poder fluir en ellas. Algo real se ocultaba en esas historias y nuestro público ─el de Cáceres─ lo notaba. Nadie coincidía en qué era real y qué no, pero los detalles eran tan vívidos que parecían concretos.

─Si hemos de empezar, que sea desde el comienzo ─exclamé, en un intento de rima.

─Ir detrás de un lobo. Solo esto te faltaba Constanza ─dijo para sí─. No contenta con ayudar en un programa en el que hablas para nadie, ahora se supone que debes ir detrás de un lobo.

─Volvemos en diez segundos ─Dijo nuestro productor al suponer que nuestra conversación había terminado─. Nueve, ocho…

Di unas breves palabras que explicaban el origen de las historias y quién las relataba. No quise perder el tiempo innecesariamente, por lo que señalé que transmitieran el audio. Esa historia, como el resto, la conocía bien. Fue la primera llamada que Cáceres realizó, la cual inició este abanico de posibilidades que influyó en nuestras vidas. En ella se relataba la historia de un hombre que descansaba en el sofá de su hogar, sin más protección que la de una sábana, debido al calor. Mientras esperaba a quedarse dormido, unos aullidos lo obligaron a estar alerta, aguantando la respiración y aguzando el oído, dispuesto a percibir el más mínimo peligro. La casa, de un piso y construida con madera que presentaba hoyos en algunas partes, dejaba filtrar los ruidos exteriores. El hombre, protagonista del relato, se acercó a uno de los mencionados agujeros, del lado que supuso se originaban los lamentos del animal. Acercó el ojo derecho y logró ver una sombra que se sostenía sobre cuatro patas, de la que sobresalían dos círculos azules (¡Azules! Escucho que exclamamos Constanza y yo, habituados al color rojo) a manera de ojos.

Pero el terror del hombre, siguió Cáceres, no quedaba ahí. La sombra que se suponía era un lobo se irguió y se mantuvo sobre sus dos patas (tal vez pies), en un momento en el que la luna decidió opacar a su hermanastro el sol, esta brilló como si quisiera mudar de superficie y dejó al descubierto la cabeza de aquel animal.

Lo que el hombre del relato ve en aquella sombra que acaba de ser expuesta a la luz es su propio rostro. El hombre no puede sostener la mirada ante semejante revelación y aparta la cabeza del hoyo, alarmado ante lo inconcebible de su visión. Invadido por la agonía y calmado por la reflexión, el protagonista de la historia vuelve al punto que le permite ver el exterior y nota que la sombra bípeda sigue afuera. En esta ocasión, está seguro, la figura también lo mira y observa, nuevamente, su rostro sobre aquel ser. Entonces el hombre está seguro de que no es el único humano ahí, que fuera de su hogar existe otra figura que no sabe desde cuándo habita cerca a su casa.

El hombre, sin familia ni lazos que perder, decide salir de su refugio. Desea ir al exterior para perder el último rastro de cordura que le queda y, entonces, recuerda. Encarará a la figura y le preguntará por qué está ahí, frente a él, por qué demoró tanto en llegar si lo necesitaba antes. Tiene decenas de dudas, se pregunta si es cierto que la reencarnación existe ─aunque la prueba está frente a él─, se pregunta si es el único en su especie, si sus padres, que son los suyos, también rondan por ahí, quiere saber todo lo posible sobre él mismo, sobre el doble que acaba de ver, pero la llamada se corta. Tal vez Cáceres cuelga o lo obligan a cortar.

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lucia
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Re: Llamadas (Fragmento de novela)

Mensaje por lucia » 16 Sep 2018 18:13

Buena historia, dejando muchos cabos abiertos para la imaginación del lector/oyente :cunao:

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