Paisajes de la vida (Relatos varios)

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lucia
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Re: Paisajes de la vida (Relatos varios)

Mensaje por lucia » 19 Nov 2018 16:15

Yo pienso seguir contestándote para que sepas que al menos alguien te lee :cunao: Que además siempre me han gustado las anécdotas médicas. :lol:

M. Charaja
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Re: Paisajes de la vida (Relatos varios)

Mensaje por M. Charaja » 22 Nov 2018 04:08

Hola Lucia. Gracias por leer; parece que tienes el don de la ubicuidad :cunao: Por ahora estoy terminando un proyecto :alegria: asi que retomaré el hilo después. Saludos desde el Perú :)
A la sonrisa que en mis sueños no negaste, a mis sueños que no pudieron realizarse.


Esta claro:
Cuando era joven me refería al amor, ahora me refiero a la vida

M. Charaja
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Re: Paisajes de la vida (Relatos varios)

Mensaje por M. Charaja » 11 May 2019 05:31

La muerte. Me he preguntado muchas veces que hay detrás del último aliento. ¿Donde descansará la chispa de espíritu que algunos creen que somos?... o acaso simplemente se corroerán los huesos y eso será todo.
¿Quien recibirá la cosecha de mi vida?…Personalmente creo en Cristo, pero también creo en Buda; escucho a la madre natura y le venero más que a las sagradas escrituras; confió en lo que hay escrito en las estrellas más que en la palabra de los curas; prefiero encomendarme a los Apus sagrados antes que a los santos tan humanos como yo… ¿Qué me pasará entonces cuando muera? ¿Me recibirán todos juntos o me despreciaran por tibio? ¿Seré reconocido por la hermandad blanca? ¿Saint Germain, Rabolú, Wiracocha, Samael… o el mismo Jesús me reconocerá como un discípulo suyo?... O tal vez seré infelizmente acogido por la logia negra, el lado oscuro de la fuerza, ese espacio despreciable del que todos abominan sin reflexionar siquiera y al que echamos cruces. Tal vez, estas mis palabras me estén condenando ya a los fuegos eternos, aunque sin saberlo muchos vivimos ya nuestro propio infierno. No hay peor esclavo que el que se cree libre.
Me he decantado por el equilibrio, y eso me coloca en un punto inclasificable, misterioso y tal vez perjudicial para mi cadáver. No soy ateo, no soy agnóstico, tampoco soy religioso pues pienso que no hay nada que religar. Creo obsesivamente que jamás fuimos apartados del todo que nos contiene. Si la palabra religión proviene etimológicamente del latín religare, entonces esa palabra no tiene sentido para mí. Creo en Dios, pero no en el viejito barbado que nos mira con compasión desde las alturas. Creo en un Dios que me mira desde adentro y que ha puesto en mi pecho un corazón para intuirle su consejo siempre correcto. Estoy seguro, también, que mi Dios no ha creado un cielo o un infierno para mí. Creo en un derrotero más noble que cualquiera de esos. Creo que el bien y el mal son indisolubles, por eso no creo en un Dios que me intime a ser “bueno” y que desatienda lo “malo” que hay en mí, pues de eso todos tenemos y en abundancia. Es precisamente esa complementariedad la sustancia que contrapesa nuestra existencia. Quizás por eso Jung decía: “Para que las ramas de un árbol puedan tocar el cielo, sus raíces deberán estar sembradas en el infierno”.
Pero basta de filosofar y vamos con la historia que vengo a narrar, con cariño especial para los que aun me crean cuerdo y no hayan encendido ya las hogueras para un auto de fe…
Así es, a todos nos tocará la mano fría de la muerte. Luego a los unos los cremarán y a los otros les pondrán su mejor traje… o ambas cosas. Hasta ahí podemos estar casi seguros. Lo que sigue es un misterio.
El señor, a quien en adelante llamaré Señor “B”, murió en mis manos y algo tengo que narrar de ello.
El reloj marcaba las siete de la noche y mi turno de guardia apenas empezaba. El sol se sumergía en occidente, como lo hace todos los días y era poniente para todos, pero en especial para el Señor “B”.
Se me entregó el turno como siempre se hacía. El colega que se iba me dijo lacónico y algo socarrón: “En observación solamente queda el paciente estrella… esta hidratándose por una diarrea”. Fue obvio que entendí pronto a quien se refería y entendí también que el colega se sentía feliz de alejarse del problema. Era este señorcito un anciano, asiduo cliente de nuestro hospital. De carácter atrabiliario, seño fruncido como una cicatriz indeleble. Hombre insatisfecho de todo lo que tuviera que ver con nosotros, humildes matasanos. Así lo recuerdo yo. Un ser humano cuya presencia podía agriarle el día a cualquiera con un aura de negativismo y amargura. Nada le hacía bien, nada le calmaba el dolor, nada reconfortaba su espíritu y no tenia reparos en reprochárnoslo continuamente. Me he puesto a pensar que, tal vez, así me verán los más jóvenes cuando llegue a viejo, si es que no lo hacen ya, y sin darme yo cuenta, gruña de todo y le exija a la vida lo que por simple lógica ya no me corresponde. Pero el Señor “B” era una muestra corregida y aumentada.
No pasaron cinco minutos y aun siquiera había ocupado mi escritorio, cuando un auxiliar de enfermería apareció corriendo a comunicarme que el señor “B” se estaba muriendo…
“Pero me han dicho que solamente se está hidratando por una diarrea” exclamé confundido mientras corría a socorrerlo. Cuando llegué a su cama lo encontré boqueando y pálido como un muerto. Se tramitaron los primeros auxilios y logramos tomarle un electrocardiograma, que dio como resultado infarto agudo y extenso de la cara inferior del corazón, con disociación aurículo ventricular. Solo palabras, que teatralizan la profesión y mal disimulan el terrible pronóstico, y por supuesto, el hecho infausto de que nada pudimos hacer por él.
Diarrea. Concluimos que por una infeliz coincidencia el señor “B” había sufrido un infarto mientras estaba recuperándose de la diarrea; como bien puede pasarle a cualquiera mientras hace algo tan común como desayunar, defecar o ver con horror como cada presidente troca repentinamente en presidiario (Esto último lo entenderán bien mis compatriotas).
Pero el hecho concreto era que el Señor “B” ingresó a nuestra observación por una común diarrea, y saldría en un ataúd. ¿Cómo explicarle eso a la familia?
Decir que por suerte no había familiar al momento del deceso sería una chifladura mayor. Mil veces hubiéramos preferido que algún hermano, hijo, sobrino o nieto hubiera sido testigo de nuestros esfuerzos por librarle de los misterios del más allá. Pero eso no ocurrió. Extraño destino es morir rodeado de extraños; pero no por extraño deja de ser común, pasa mucho en los hospitales; pero lo que no es común es que sea por algo tan simple como una diarrea.
Ahora bien, consumados los hechos… ¿Quién sería los suficientemente “macho” para comunicarle la noticia a los familiares cuando volvieran?
Cuando alguna situación difícil se avecinaba, repetía siempre una frase un viejo amigo: “No somos machos, pero somos muchos”. Pero esta vez, llegado el momento los “muchos” desaparecieron y la noticia la tuve que dar yo, no por macho, ni mucho menos por valiente, sino simplemente porque era el jefe interino de la guardia. Debo aclarar que no fue la única situación de ese tipo en la que me vi envuelto y los resultados siempre han sido sustancialmente anecdóticos y dignos del numen de mi pluma.
Cuando dos horas después aparecieron, con muy bien disimulada serenidad hice pasar a mi consultorio a los dos hijos del difunto. Eran dos hombres altos como su padre, ambos vestían de saco, camisa y circunspección saturnina.
– Bien, doctor. Nos han dicho que tiene algo que decirnos – Tragué saliva y tensé el corazón en un esfuerzo indescriptible por verme como una fortaleza inexpugnable, a la que no se debía intentar atacar, pues temía que esto terminaría en puños y sangre.
– Es para mí muy penoso comunicarles que su padre a fallecido – dije con el cuerpo firme y mi sombra ovillándose sobre sí para recibir el primer golpe.
– Pero él se quedó aquí por una diarrea – replicó uno de ellos, sin arquear siquiera una ceja y sin mover las manos un milímetro. Mis temores se distendieron un poco ante la serenidad patológica propia de una maquina sin sentimientos. Miré al otro, le clave la pupila y pareció no sentirla, pues, ante mi asombro, permanecía mas quieto que el cuerpo del difunto.
– Les voy a explicar… – dije transitando aun un camino tan afilado que podía partirme en dos en un momento repentino –…Tuvimos tiempo de hacerle un electrocardiograma y lo que pasó fue: bla bla bla…– Y así fue que me entendieron, o no me entendieron; pero lo que yo pronto entendí es que no les interesó un comino las razones por las que había muerto su padre. Repentinamente el único que había hablado hasta entonces volteó la mirada hacia su hermano, y dijo cuando tuvo su atención:
– Se ha muerto el papá… ¿Qué hacemos? – Luego de un corto y meditativo silencio se escuchó la respuesta lacónica del otro:
– Habrá que mandar a traer su terno de Arequipa.
– Si pues…
– Bueno doctor, le agradecemos la atención. Ahora mismo empezaremos los trámites para el sepelio.
Como era de esperar yo cumplí con hacer el certificado de defunción. Luego los dos estrecharon mi mano con inexplicable cortesía y nunca más supe de ellos.
Aun hoy en día, sigo sin entender las reacciones pacificas de estos hombres, y no puedo creer que haya salido de aquella situación física y judicialmente ileso. Puedo especular que tal vez el señor “B” era insoportable en casa lo mismo que en los hospitales; tal vez se cansó de vivir y su vida terminó cansando a todos. No lo sé. Solo sé que el señor “B” se fue vestido con su mejor traje a un rumbo del cual también, solo podemos especular.
A la sonrisa que en mis sueños no negaste, a mis sueños que no pudieron realizarse.


Esta claro:
Cuando era joven me refería al amor, ahora me refiero a la vida

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lucia
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Re: Paisajes de la vida (Relatos varios)

Mensaje por lucia » 17 May 2019 21:40

Yo sospecho que la relación con los hijos era distante y por eso se lo tomaron como se lo tomaron.

Ahora, me gustas más cuando cuentas anécdotas que cuando te andas por las ramas filosofando. El estilo de escritura que tienes le cuadra más a lo primero. Y te has comido una h en un pasado perfecto, pero ahora no soy capaz de encontrarlo.

M. Charaja
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Re: Paisajes de la vida (Relatos varios)

Mensaje por M. Charaja » 18 May 2019 06:14

Es que lo de filosofar me viene por tener a neptuno en medio cielo :cunao: y lo de la "h" por mercurio retrogrado :comp punch:
Hablando en serio no puedo evitar filosofar un poquitin. Gracias por leer :D
A la sonrisa que en mis sueños no negaste, a mis sueños que no pudieron realizarse.


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