La muerte viste de blanco (Relato propio histórico-militar)

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David Casas
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La muerte viste de blanco (Relato propio histórico-militar)

Mensaje por David Casas » 21 Nov 2018 19:28

La muerte viste de blanco

El viento ártico ululaba sin cesar mientras Erno Toivonen recogía su saco de dormir y la tienda de campaña y la introducía en su mochila. Todo era blanco: su traje de camuflaje, sus pertrechos y el mar de nieve que lo rodeaba. Todavía no había amanecido y las luces de la aurora boreal se estaban apagando dando paso a un sol que rozaría el horizonte durante solo una hora: el invierno todavía extendía su manto de oscuridad a estas latitudes.

Con la escasa claridad previa al amanecer fue subiendo la montaña al abrigo de los arboles hasta encontrar el sitio perfecto para esperar. Se situó al abrigo de un pequeño montículo de nieve que le daba una vista limpia y sin obstáculos de todo el valle y del pequeño camino que ascendía hasta el puerto de montaña que daba acceso al resto de Finlandia. Erno preparó meticulosamente su escondite: compactó la nieve delante de él para evitar que al disparar la nube de cristales de hielo le delatase. Apoyó su M28 Pystykorva en su soporte de manera que estuviera totalmente estable. Había pintado de blanco el cuerpo de madera del fusil para que se camuflara totalmente con el entorno. Erno prefería disparar con la mira tradicional en vez de usar una mira telescópica. Siempre se había fiado de su buena vista para cazar alces y sabía que el cristal de una mira telescópica podía delatar su posición con un inoportuno reflejo de la luz solar.

Tras esperar camuflado un buen rato, observó como una columna de vehículos todoterreno, tanques, camiones de suministro y soldados de infantería avanzaban a buen ritmo por el estrecho y nevado camino del valle. Cogió un puñado de nieve y se la metió en la boca: así evitaría el formar vaho al respirar. Giró lentamente su fusil, ignoró la vanguardia de camiones que iban despejando la nieve y se centró en uno que parecía transportar tropas. Apuntó al conductor y disparó, abatiéndolo de un solo disparo. El camión, sin nadie que lo guiase, se cruzó en medio del camino y obligo a detenerse a todo el convoy. El corazón de Erno latía a un ritmo desenfrenado. Sus compañeros estaban al otro lado de la montaña y no podría ayudarle. Tenía que decidir si huir sin que nadie le detectase o esperar. Cargó de nuevo su fusil y decidió esperar. Los soldados y oficiales, tropas inexpertas y sin conocimientos del terreno salieron de sus vehículos apuntando a todo a su alrededor, pero sin llegar a verle en ningún momento.

Erno tragó otro puñado de nieve y en ese momento vio algo que le indicó que había merecido la pena esperar unos instantes más: todo un general del Ejército Rojo de la Unión Soviética había salido de su camión y estaba ladrando órdenes de manera rabiosa a sus soldados. Podía verlo, un gran Iván de poblada barba y cuerpo corpulento, en cuyo uniforme se podían ver las condecoraciones agitarse violentamente con sus ademanes. El tiempo se detuvo para Erno, que expiró lentamente concentrando toda su visión en la presa. Con los camiones detenidos y el convoy parado el disparo resonó en todo el valle con sucesivos ecos, pero la bala ya había entrado por la frente y salido por la nuca del general, dejando un patrón radial de sangre y sesos en la inmaculada nieve. El gran oso ruso había sido abatido y ahora yacía sobre su espalda. Erno se asombró de su propia audacia con un tiro tan difícil y lejano. Siempre había preferido matar a sus enemigos asegurando un disparo al pecho, más fácil de acertar que la cabeza, pero esta vez se había superado. Tras ese instante de estupor inicial, cogió su fusil y sus pertenencias y reptó para escapar sin ser visto por los soldados que estaban disparando en todas direcciones, tratando de dar con él. Cuando alcanzó los árboles, su conocimiento del terreno y su habilidad para camuflarse le permitió alcanzar su unidad sin ser atrapado por los soldados soviéticos.

Vladimir Andreev había sido llamado desde la academia del ejército en Moscú, donde entrenaba a los mejores francotiradores, para una misión secreta en Finlandia. En la capital se comentaba que las operaciones militares no iban nada bien y que la resistencia de los soldados finlandeses estaba causando grandes bajas y pérdidas al Ejército Rojo. Viajó al cuartel general establecido en la conquistada ciudad de Vilipuri, al oeste del lago Ladoga. Allí se presentó al general Fiodor Korolenko que era el que había solicitado su presencia.

—Buenos días, tome asiento.
—Gracias, general. Por lo que he oído tienen un grave problema con las guerrillas finlandesas.
—Así es, teniente. Especialmente con uno en concreto. Un francotirador, por eso está usted aquí.
—Algo he oído, el espectro blanco, le llaman. Pero, ¿tan bueno es?
—Bueno, lo que le voy a contar es estrictamente confidencial, porque no queremos desmoralizar a las tropas. Nuestros informes nos aseguran que es el responsable de entre unas cuatrocientas y quinientas muertes entre soldados y oficiales.
—¡Tantas! ¿Cómo es que todavía no ha sido abatido? Supongo que se camuflará y aprovechará su conocimiento del terreno.
—Es más que eso. No usa mira telescópica y hace unos disparos que la mayoría de nuestros tiradores experimentados dicen que son casi imposibles de hacer a ojo a la distancia que los hace él. Por consiguiente, es muy difícil saber desde que posición exacta dispara.
—¿Cómo saben lo de la mira telescópica?
—Uno de nuestros soldados se cruzó con él. Salió de detrás de un árbol, con uniforme y fusil blanco y con total frialdad le disparó al soldado antes de que este pudiera reaccionar. Por suerte, solo lo dejó malherido y pudo darnos algo de información acerca de su rifle, que suponemos que es un M28, pese a la pintura blanca con la que está camuflado.
—Va a ser todo un desafío el poder abatirlo.
—Lo sé, por eso he preparado una trampa, aprovechando que usted ya está aquí.
—¿En qué había pensado?
—La idea es enviar un convoy, el típico en cuestión de suministros y soldados, nada especialmente grande. Pero el cebo consistirá sobre todo en la gran cantidad de oficiales y comisarios políticos que irán en él. Toda la morralla que nos envía Moscú y que nos está retrasando en esta guerra irá en ese convoy.
—Así que la idea es que yo trate de cazar al cazador.
—Así es, sobre todo queremos que se asegure. No nos importa cuantos comisarios políticos se lleva por delante el francotirador antes de que pueda abatirlo con total precisión. Aquí nos sobran bastantes, que no hacen nada más que estorbar. Así que no se preocupe por ese aspecto.
—Si nos oyera Stalin hablar así nos enviaría a un gulag en Siberia…
—Siberia le parecerá Odessa cuando experimente el invierno de Finlandia, así que no piense en eso y dé caza al espectro blanco.

Mientras Erno esperaba al convoy desde su escondite, rememoraba los tiempos en que salía con su padre a cazar alces al bosque helado. En concreto, recordaba cuando tenía diez años y estaban pasando hambre en la granja en un invierno especialmente crudo. Su padre le pasó el fusil y sin decirle nada comprendió la responsabilidad que depositaba en él, en ese momento. Llevaban todo el día persiguiendo a un alce solitario y si fallaba no habría nada que cenar esa noche en casa. Vació su mente, se relajó y su vista se concentró únicamente en su presa. Echó el aire que tenía en los pulmones y a continuación disparó. Esa noche su familia pudo cenar carne y vio a su madre sonreír por primera vez en todo el invierno.

También echaba de menos a su mujer. Recordó el día en que el funcionario del gobierno se acercó a su granja para reclutarle. Era algo mayor para ser soldado, pero todo el mundo en la comarca lo conocía por su puntería al cazar y eso era algo necesario en esos momentos. La Unión Soviética había aprovechado que los ojos del mundo estaban puestos en la invasión alemana de Polonia para montar su propia guerra de anexión, en lo que posteriormente se conocería como la Guerra de Invierno. Estaban solos y ningún país parecía dispuesto a ayudarles frente a la URSS. Se despidió de su mujer y le prometió volver vivo a casa.

De pronto, el ruido de maquinaria y camiones se empezó a oír por todo el valle. Observó a sus otros compañeros, tiradores hábilmente camuflados como él y al resto de los soldados finlandeses escondidos detrás de los árboles. Desde Vilipuri llegó la información sobre la ruta de un importante convoy, que tenía que pasar por un cuello de botella como en el que estaban ahora, ideal para una emboscada. Cuando los camiones llegaron a su altura, los soldados del bosque empezaron a disparar indiscriminadamente. El convoy se detuvo y empezaron a repeler los disparos, sin demasiado éxito, al encontrarse en terreno más bajo.

Erno observó como los oficiales empezaban a salir de las furgonetas y camiones, para refugiarse detrás de rocas, tronco de árboles o de cualquier cosa que les ocultase, lo cual era inútil. Era como disparar a los patos de feria. Tal como iban saliendo de sus vehículos para intentar ocultarse, Erno les disparaba, cayendo muertos o malheridos. Estaba siendo una auténtica carnicería donde una fuerza pequeña de soldados finlandeses estaba masacrando a un contingente mayor de soldados soviéticos.

Vladimir había subido aún más alto a la montaña del valle, horas antes de que las tropas finlandesas llegaran al sitio más probable para una emboscada. Había distinguido a la tenue luz de la aurora boreal a las tropas que se ocultaban en el bosque, pero no lograba divisar a los francotiradores. Así que esperó a que comenzase la escaramuza. Tuvo que ser paciente y con su mira telescópica ver desde que dirección abatían a los soldados para averiguar el posible escondite de su objetivo. Al final, una pequeña humareda, al atravesar una bala un montículo de nieve, delató la posible posición de su objetivo. Disparó a un montón de nieve, desde dos kilómetros de distancia, esperando acertar.

Erno hizo el último disparo muy deprisa y exclamó una obscenidad por haber levantado un poco de nieve. En ese momento, la bala le entró por entre sus labios, parcialmente abiertos, le destrozó varios dientes y salió por su mejilla izquierda. El dolor era insoportable, pero aun así se repuso y comprendió que ese disparo tan preciso venía desde la posición de un francotirador enemigo. Con la sangre derramándose a borbotones desde su cara buscó en la ladera opuesta y allí, a una distancia considerable vio a su oponente. Fue un breve destello del sol, que lamía los riscos de la sierra y que se reflejó sobre el cristal de la mira telescópica, el que lo delató. Erno vació su mente, ignorando el dolor, y disparó. La bala le entró a Vladimir por la clavícula rompiéndose en varios trozos que rasgaron la aorta y la vena cava superior. Antes de morir se dio cuenta de que se había convertido en una víctima más del espectro blanco y de que su fama era bien merecida.

Erno se despertó en un hospital de campaña y no recordaba nada de lo sucedido después del disparo. Sus compañeros de unidad le habían rescatado inconsciente y mantenido con vida taponándole la herida. El cirujano hizo una gran labor con la cara y pudo reponer el trozo de mejilla que le faltaba con un injerto de piel de su abdomen. Cuando se recuperó del todo fue condecorado por el gobierno finlandés. Tras el acto, fue licenciado y volvió acompañado de su mujer a la granja familiar, que era lo que deseaba hacer, por encima de todo.
Aunque Finlandia acabó perdiendo la guerra y una parte de su territorio, que fue incorporado a la URSS, evitó la invasión total y siguió existiendo como estado independiente.

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lucia
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Re: La muerte viste de blanco (relato propio histórico-milit

Mensaje por lucia » 30 Nov 2018 20:40

Buen relato. ¿Basado en hechos reales o inspirado en la historia de los francotiradores de Estalingrado?

Aunque tenía entendido que en Finlandia nieva poco, pero que con el frío dura mucho.

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David Casas
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Re: La muerte viste de blanco (relato propio histórico-milit

Mensaje por David Casas » 01 Dic 2018 01:36

lucia escribió:Buen relato. ¿Basado en hechos reales o inspirado en la historia de los francotiradores de Estalingrado?

Aunque tenía entendido que en Finlandia nieva poco, pero que con el frío dura mucho.
Muchas gracias :402:
Está completamente basado en hechos reales, en la historia de un francotirador finlandés, Simo Häyhä, apodado la muerte blanca. Aunque también me inspiré un poco en la película de Stalingrado, para la parte en la que el francotirador soviético tiene que cazarlo.

Iramesoj
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Re: La muerte viste de blanco (relato propio histórico-milit

Mensaje por Iramesoj » 01 Dic 2018 10:38

No conocía a ese personaje histórico así que te agradezco el relato, que está muy bien escrito.

La única pega que le veo es que creo que tragar nieve ha de ser muy desagradable por lo que me extraña que lo haga como si nada. Por otra parte no comprendo como meterse nieve en la boca haría que no expulsaras vaho. ¿Seguro que es así?

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David Casas
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Re: La muerte viste de blanco (relato propio histórico-milit

Mensaje por David Casas » 01 Dic 2018 15:25

Iramesoj escribió:No conocía a ese personaje histórico así que te agradezco el relato, que está muy bien escrito.

La única pega que le veo es que creo que tragar nieve ha de ser muy desagradable por lo que me extraña que lo haga como si nada. Por otra parte no comprendo como meterse nieve en la boca haría que no expulsaras vaho. ¿Seguro que es así?
Gracias :)

El detalle de la nieve es real, según he leído. Supongo que el aire se enfría al pasar por la boca llena de nieve y así no se forma vaho, aunque sí, tiene pinta de ser un poco desagradable. Eran trucos que tenía para camuflarse en el paisaje nevado y que no lo detectaran los soldados enemigos.

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lucia
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Re: La muerte viste de blanco (relato propio histórico-milit

Mensaje por lucia » 01 Dic 2018 19:24

Iramesoj, durante años los finlandeses han tenido que guardar la frontera con la Unión Soviética, lo que tampoco es agradable, porque pasaban la noche a la intemperie, pero su supervivencia dependía de ello. De hecho, las guardias las hacían en parejas y cada x tiempo se aseguraban de no tener principios de congelación en pies y manos.

Y mira qué ojo tuve con Estalingrado :cunao:

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El Otro
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Re: La muerte viste de blanco (relato propio histórico-milit

Mensaje por El Otro » 03 Dic 2018 03:10

Que relato!... Que relato!!!
No sé por donde empezar, no sobra nada porque todo está en su lugar, las descripciones son precisas y aunque la historia también transcurre "a la tenue luz de la aurora boreal" la escenificación es siempre luminosa... y en las partes truculentas, por estricta necesidad, no están exentas de belleza... en general muchas imágenes están dotadas de una misteriosa efectividad. Las acotaciones internas siempre aportan algo, además encontraste "el tono" para la historia. Y la cadencia justa. Los diálogos son amenos y contundentes fluyen en armonía con todo el relato.

Estoy, y no creo ser el único, esperando que el soldado Erno una vez repuesto, nos siga deleitando con lo que se te ocurra... pero por favor! ya que ha sobrevivido a su herida. Que continúe sus andanzas, glorias o peripecias... Si! El no merece una muerte literaria.

Chapeau!

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David Casas
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Re: La muerte viste de blanco (relato propio histórico-milit

Mensaje por David Casas » 03 Dic 2018 18:27

El Otro escribió:Que relato!... Que relato!!!
No sé por donde empezar, no sobra nada porque todo está en su lugar, las descripciones son precisas y aunque la historia también transcurre "a la tenue luz de la aurora boreal" la escenificación es siempre luminosa... y en las partes truculentas, por estricta necesidad, no están exentas de belleza... en general muchas imágenes están dotadas de una misteriosa efectividad. Las acotaciones internas siempre aportan algo, además encontraste "el tono" para la historia. Y la cadencia justa. Los diálogos son amenos y contundentes fluyen en armonía con todo el relato.

Estoy, y no creo ser el único, esperando que el soldado Erno una vez repuesto, nos siga deleitando con lo que se te ocurra... pero por favor! ya que ha sobrevivido a su herida. Que continúe sus andanzas, glorias o peripecias... Si! El no merece una muerte literaria.

Chapeau!
Muchas gracias, aunque ya no va a haber más aventuras de Erno, es un relato autoconclusivo. Él no es un soldado, sino un granjero que tuvo que sacrificarse por defender su país.

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