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La creencia común es que el primero que concibió una máquina del tiempo fue H.G.Wells, en 1895. Sin embargo, en El anacronópete, publicada en 1887, el dramaturgo español Enrique Gaspar y el ilustrador Francesc Soler desarrollaron este tema, que se convertiría en uno de los clásicos de la ciencia ficción. De la mano del protagonista viajaremos a la Comuna de París, la China del s.III a C., el último día de Pompeya y el Diluvio Universal, en una novela repleta de aventuras, historias de amor y celos y mucho sentido del humor.
Minotauro nos presenta una edición muy cuidada, con las ilustraciones originales, con la que disfrutaremos leyendo una extraña novela de ciencia ficción a la española. Personalmente, no me ha parecido una gran obra: resulta inverosímil todo el tiempo, al contrario que ocurre con los relatos de Wells, Doyle o Verne, y tiene un final desastroso y cobarde (el peor de los finales que puede elegir un escritor de fantasía para su propia creación), pero estoy convencido de que siempre tendrá un hueco en mi biblioteca por lo que supone en sí mismo. El anacronópete es la máquina del tiempo, o "que vuela hacia atrás en el tiempo" según definición literal, inventada por un español y, aunque poco factible, nos permite compararla con inventos más reales como el submarino de Isaac Peral o el autogiro de La Cierva. Nos dice la Wikipedia:
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Novela en formato de zarzuela, es la primera novela en la que se inventa una máquina para viajar en el tiempo. El anacronópete, una caja enorme de hierro fundido, navega gracias a la electricidad, que mueve cuatro grandes cucharas mecánicas para desplazarse, además de otra maquinaria que incluye la producción del fluido García, que hace que los pasajeros no rejuvenezcan cuando viajan hacia atrás en el tiempo. La máquina también incluye toda clase de comodidades en su interior y, entre otras maravillas, escobas que barren solas.
La máquina sirve de excusa para una historia en tres actos en los que don Sindulfo García, científico de Zaragoza e inventor del ingenio, su amigo y ayudante Benjamín, la sobrina y pupila Clarita, la sirvienta, el capitán Luis, el amor de Clarita, unos cuantos húsares y algunas mujeres francesas de vida alegre se desplazan en el tiempo.
En el primer acto salen de París, de la Exposición Universal y viajan hasta la batalla de Tetuán en 1860. Acaban por regresar a Paris el día anterior de su salida, donde desembarcan unas señoritas francesas rejuvenecidas.
En el segundo acto se vuelve de nuevo a viajar hacia el pasado, parándose en diversos momentos históricos como Granada en 1492 o Rávena en el 690 para avituallamiento. Acaban en la China del siglo III donde sufren algunas aventuras, consiguiendo escapar bajo el mando de Benjamín. Los personajes evolucionan, con Benjamín obsesionado por la vida eterna, don Sindulfo loco de Celos por Clarita, y Clarita enamorada del capitán Luis.
En el tercer acto, con una parada en la Pompeya del Vesubio en el año 79, llegan al siglo XXX a.C., los tiempos de Noé. Allí descubren el secreto de la vida eterna en Dios. Finalmente, don Sindulfo, enloquecido acelera el anacronópete, que estalla al llegar al día de la creación.
La obra se inserta dentro del espíritu de la época, en la que las obras de Julio Verne tenían mucho éxito. Con seguridad está influenciada por Camille Flammarion y su historia Lumen. El anacronópete, escrita en 1881, es anterior a L'historioscope de Eugène Mouton, por lo que no pudo haber sido influenciado por ella.