Hola, Ciro, soy Olalla García. Buscando cosas en internet llegué ayer hasta tu comentario, y la verdad es que me ha parecido muy interesante. Me gustaría incluir aquí una respuesta a modo de matización.
Tienes toda la razón al decir que el valor de la vida humana difícilmente podría ser el mismo en la Persia sasánida que en la actualidad. Probablemente la muerte era algo cercano a lo que la gente estaba habituada (creo que hay algún comentario al respecto en la escena del funeral, al principio). Pero el protagonista es un sacerdote de una religión para la que cada vida humana es un microcosmos que influye en el desarrollo de la contienda entre el Bien y el Mal que (para el personaje) define el universo. Así que me pareció oportuno que, para alguien profundamente creyente en una religión para la que el ser humano influye en el destino del cosmos y además es la criatura más similar a su Creador, la vida humana tenga un valor especial.
Respecto a la importancia de la mujer, es algo difícil de tratar, porque contamos con bastantes fuentes jurídicas de la época, pero no podemos saber hasta qué punto la letra de la ley se correspondía o no con la posición REAL de la mujer. Lo que sí parece claro es que una mujer de época sasánida tenía muchas más libertades, derechos y privilegios que una de la época arsácida (la anterior) y, aún más, que una de la época musulmana (la siguiente). Es cierto que la ley estipula que una mujer no puede casarse si no da su consentimiento (aunque no sabemos si ellas se negarían en la realidad, o hasta qué punto estaría dispuesta a llegar la familia para obligarlas a aceptar al candidato que les interesaba). También es cierto que el protagonista, como juez que es, respeta la ley y es muy reacio a obligar a una mujer a casarse en contra de su consentimiento; si bien en otro punto del relato él mismo admite que, dentro de una casa, la voluntad del hombre es, para toda su familia, “la única ley”.
(Por cierto, que las disputas sobre la posición de la mujer EXISTÍAN REALMENTE entre las diferentes escuelas jurídicas de épica sasánida, como puede comprobarse al leer las fuentes, y la visión “aperturista” del protagonista está bien documentada entre ciertos sectores del orden judicial).
Y en cuanto a la mujer de la que hablas, la que se niega a casarse... es cierto que resulta absolutamente excepcional, pero es algo que, como puede verse, el propio protagonista, pese a todo su “aperturismo”, es incapaz de comprender... ¡hasta el punto de que le parece que roza el sacrilegio!... y no digo más para no fastidiar a quien no se la haya leído
Ah, una última cosa: estoy terminando una página web personal con la idea de que, si alguien está interesado en el tema, pueda tener información adicional sobre la época de la novela. La página aún no está terminada del todo (hay algún apartado todavía en construcción y algún pequeño problema de diseño que estoy intentando corregir), pero ya puede consultarse, sobre todo en lo relativo a la información histórica. Hay una sección de bibliografía y otra con enlaces a páginas interesantes a las que es posible acceder desde la red (algunas de las cuales están escritas por los mejores especialistas de cada área). Con el tiempo la iré actualizando con información relativa a la segunda novela (que, por cierto, probablemente saldrá publicada en septiembre).
En fin, que te agradezco muchísimo el comentario y la molestia que te has tomado al ponerlo por escrito.
Olalla García
http://www.olallagarcia.com