Segunda historia de tierra

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dualidad101217
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Segunda historia de tierra

Mensaje por dualidad101217 » 05 Jul 2007 22:59

Viejo y lánguido grazna un cuervo sobre la lápida
La piedra está sucia como la tierra que la recibe
Y la tierra es el mundo por el que tú y yo transitamos
Entre las sobras que los demás van dejando descuidadamente.


Los dictados de la sangre, que busca la sangre
El aroma de la atracción que rodea tu piel sudada
La siesta en el cañaveral donde los cantos son presagios
Cuando el calor del aire es idéntico al que se lleva dentro.

Se eleva el miasma dejando en el suelo el resto de cada cuerpo
Lucha etérea, batalla inmóvil concebida en otra mente inconcebible
Fin de la serpiente por la realidad del espíritu de la espiral
Humo y niebla, las nefastas imágenes de lo que fue la muerte.


Un mismo ritmo para dos cuerpos que difieren en la forma
Pero idénticos en el anhelo y el ansia dominada por la sed de fin
En la habitación de madera, bajo el techo que no protege del agua
Sobre el catre blando que rechinando recibe la salinidad del forcejeo.

El viento, verdadero dueño de las hojas, las esparce sin violencia
La de los árboles que han muerto, y la de los libros que ahora duermen
También los antónimos quedaron en algún lugar del camino errado
Todo es lo que queda, la promesa cumplida, la mentira quebrada.


La congoja se filtra por las hendiduras de la vieja puerta
Arrastrándose gana el suelo y emponzoña los alientos ya pausados
Se sospecha que no fue suficiente para aplacar lo que viene
Una parte de la fuerza entregada hace notoria su pérdida, no hay risas.

Peor que un golpe solo lo que fue el martillar continuo de una raza
La tempestad que sigue sus reglas a pesar de la lumbre en la cueva
Todos los a pesar de uno y otro lado del mismo modo de haber existido
Con la pretendida inocencia de haberlo ignorado todo, absolutamente todo.


Aprieta el amenazo, las culebras de dos cabezas emergen sin estruendo
Las rotas ropas vuelven a los cuerpos de rotos sentimientos
El tiempo marca la espera de la cosecha, la tierra calla y así domina
La vuelta está cerca, entre gemidos y machetes no llega, espera.

La palabra fue dada, y ella nombra la existencia de la inexistencia
Y el tiempo diferente en el que ya nadie puede nombrar a ya nada
Porque no hay ya a quién decírselo y porque no hay ya quien lo diga
La otra imagen del tiempo, la prohibida, la que no lo niega, la que lo desconoce.


Y sin embargo, mañana, o quizá pasado
La misma puerta y por muchos años
Cuando de nuevo esté entreabierta
Y el impulso pueda más que la dirección.

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