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 Asunto: Mi contribución a la Historia (I terror) - ooooo 1º jurado
NotaPublicado: Lun Oct 08, 2007 9:49 pm 
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La mamma
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“¡No pude parar desde que me enteré, Echaopalante! (…) ¡ Ya sólo me quedaba juntar el dinero, Cojoneslargos! (…) ¡Y después te busqué, Juansinmiedo!”. Echaopalante, Cojoneslargos, Juansinmiedo y muchos otros motes más era el inuk que aceptó guiar al inglés hasta el viejo barco. El inglés era Henry McAskill, 30 años, orondo, gran bebedor y mejor comedor, parlanchín y montado en un trineo al lado de un inuk indistinguible de cualquier otro inuit para el típico inglés, que en el fondo los considera poco más que animales. El inuk no entendía casi nada de lo que decía, pero aun así McAskill se tiró todo el viaje gritándole cómo había acabado en el ártico, que se puede resumir en lo siguiente.

En 1845 los barcos británicos Erebus y Terror partieron con la misión de encontrar el legendario Paso del Noroeste, o lo que es lo mismo, dar con la forma de llegar a Asia en barco a través del Ártico, un objetivo económico y geoestratégico de primer orden para la Inglaterra victoriana. Al frente de la expedición estaba sir John Franklin, explorador del máximo prestigio y experiencia en la zona ártica, a quien se dotó de cuanto pidió, pues la empresa no podia fallar. Pero lo hizo. Pasaron el estrecho de Hudson, el canal de Foxe, y, a la altura del golfo de Boothid, no se supo más de ellos. Salieron expediciones en su búsqueda, pero en realidad casi todas fingían para hacerse con fondos e intentar ser los primeros en llegar al polo norte. Lo único a lo que aferrarse era lo que los miembros de una tribu inuit dijeron mientras mostraban utensilios de la tripulación: que vieron hundirse uno de los barcos y que encontraron cuerpos mutilados de sus tripulantes. Esto concordaba con los pocos restos encontrados por ingleses, por lo que la prensa insinuó una palabra maldita, canibalismo. “Eso es impensable en súbditos de la Corona Británica”, escribió Charles Dickens, el más renombrado de los innumerables chupatintas incapaces de comprender el significado de la palabra supervivencia.

Finalmente se corrió un conveniente velo sobre una expedición cuyo recuerdo sólo podía traer infamia al país. Para retomar esa historia abortada habría que esperar a finales de 1888, en nochebuena, cuando las lenguas se desatan al calor del vino y se puede enterar uno de datos valiosos. Hay gente que así obtiene información privilegiada para los negocios, no fue el caso de MacAskill, soñador por naturaleza. Así se enteró de que esa expedición se repetía al menos una vez por siglo desde que reinaba Isabel I, y que además del interés pragmático tenía otro oculto, nada más y nada menos que encontrar la Puerta del Inframundo, que sin duda andaba por esos hielos. Este “sin duda” fue pronunciado por John Dee, consejero de la reina, matemático, astrónomo y geógrafo. Pero también astrólogo, adivino, hermético y espía secreto de su majestad, a quien informaba de sus hallazgos en cartas firmadas con la cifra 007, cifra que sería vulgarizada ad nauseam unos siglos después. Al parecer esto último no lo adivinó.

Al conocer esto, McAskill tuvo claro que partiría en busca del barco que no se hundió y que bien podría seguir atrapado en el hielo. Allí esperaba encontrar alguna pista sobre la Puerta del Inframundo. El principal problema era el que le acompañaba desde que nació, el dinero. Tras buscar sin pausa durante parte de 1889, dio con una sociedad ocultista recién creada, la Golden Dawn. No le permitían ingresar en ella, así que se infiltró haciendo un butrón cual ladrón y montó un numerito para que le escucharan. Para su sorpresa, estaban totalmente de acuerdo con él, ya que conocían el tema y sólo les faltaba el valor que sobraba a McAskill. Le financiarían bajo la condición de que fuera solo, así se mantendría el secreto y el montante sería asumible. En menos de una semana, el tarambana de MacAskill ya se había enrolado en un navío para cruzar el atlántico, y después en otros hasta que, en verano de 1889, contactó con la tribu inuit que vió hundirse uno de los barcos, convenció a un inuk de alma aventurera para que le guiara y partieron.

Allá iban McAskill, el inuk, el trineo y veinte perros, diez tirando y diez atados detrás para darles relevo. El joven nómada inuk era conocedor de buena parte del ártico, cazador de focas, pescador de krill y muchos otros pequeños saberes más que le convertían en un profesional de la supervivencia polar. Esa comida no gustaba a McAskill, quien no hacía más que despotricar sin percatarse de que sus anheladas latas de conservas pesarían mucho, se congelarían y habría que llevar combustible para calentarlas, lo que aseguraría el fracaso de la expedición. También se quejaba del paisaje, monótonamente blanco y mezcla de tierra y mar .Tan pronto se hallaban sobre dunas de nieve apelmazada como en un valle rodeado de colinas de hielo o rodeando una gran zona erizada como si hubieran congelado el mar bajo una tormenta. Pero eso no era lo peor, sino que era cambiante. Los animales y el inuk dormían a pierna suelta, pero McAskill dormía poco y mal porque siempre era de día, y se oía el largo ¡craaaaaaak! del surgimiento de una falla de hielo triturado, o el ¡chooooof! de varias toneladas de hielo que caían al agua convirtiéndose en un pequeño iceberg. Para darse ánimos se imaginaba de vuelta a Inglaterra habiendo conseguido lo que llamaba “mi contribución a la Historia”.

Cuando llevaban unas tres semanas de marcha avistaron el barco. El inuk lo señaló contentísimo, pero McAskill frunció el ceño, apretó los dientes y olvidó su locuacidad para siempre. Llegar hasta el barco no fue fácil, ya que la ventisca polar habitual soplaba allí mucho más fuerte y el barco estaba al final de una cuesta arriba. Tras el navío estaba lo que fue y volvería a ser un titánico iceberg tabular, pero en esa época sólo era una estática meseta que lo protegía y enmarcaba de tal forma que, admitámoslo, daba miedo. Según se acercaban no dejaron de mirar al barco, un velero no demasiado grande, con las velas izadas, la cubierta dividida en tres alturas de proa a popa siendo la central la más baja, y una pequeña chimenea que sobresalía de la cubierta trasera y hacía suponer un motor a vapor poco potente, de unos veinticinco o treinta caballos. El material que más abundaba era madera ya blanquecina tras décadas en el ártico, y fue subiendo con la mirada la madera del mástil principal cuando empezó a torcerse todo.

De la cofa mayor colgaban dos cuerdas, y al final de cada una de ellas un ahorcado se bamboleaba al ritmo que marcaba el viento. MacAskill miró al inuk y éste le devolvió la mirada, franca y extrañamente serena. MacAskill suspiró y el inuk lo imitó. Ambos observaron detenidamente cada metro cuadrado a la vista del barco y ninguno vio nada más del estilo de sus dos nuevos vecinos. MacAskill se señaló a sí mismo, luego al inuk y después al barco. El inuk asintió, lo que desmoronó a MacAskill hasta el punto de abrazar y palmear en la espalda de su compañero con fuerza. El inuk sólo era el guía, no tenía por qué entrar, y menos después de lo que acababan de ver. Habiendo rebajado la tensión, se pertrecharon. El inglés cogió el fusil, municiones, fósforos y un farol de aceite. Al inuk le dió una escala de cuerda con ganchos en un extremo y el hacha de mano, pero ésta última no la quiso, así que se la colgó del cinturón. Luego sacó la botella de ron y le pegó un buen tiento, se la ofreció al inuk, quien la rehusó como hiciera con el hacha. MacAskill se encogió de hombros como hiciera antes de colgarse el hacha, entremetió la botella entre la muda que paseaban en el trineo y abrió la marcha alrededor del barco.

Al llegar al otro costado les sorprendió muchísimo la rampa que había a mitad de eslora. Por ella se subía a un agujero que perforaba el casco a unos dos metros del suelo y por el que sólo se podía pasar de uno en uno y agachado. La rampa había sido improvisada para aprovechar la gran grieta que subía desde el suelo, donde el hielo había destrozado el casco para después fraguarse con él. Si algo había aprendido MacAskill en este viaje es que ciencia y religión son diminutas comparadas con la madre naturaleza. Estaban a punto de penetrar en ese gran pecio varado cuando el inuk salió corriendo haciéndole señas a MacAskill para que esperara. Un minuto después volvía andando y dándole un señor lingotazo a la botella. Su compañero sonrió y pegó otro buen trago, le dió la botella al inuk, cargó el rifle, encendió el farol, se santiguó y se metió por el agujero. Tras él penetró el inuk como alma que lleva el diablo.

Aparecieron dentro de un pasillo que atravesaba las entrañas del barco de babor a estribor, con dos escaleras ascendentes en los extremos de la parte derecha y tres puertas cerradas en la parte izquierda, que daba a popa. Algo intangible le daba muy mala espina a MacAskill y no sabía qué. El inuk sí, y se lo hizo entender pasando los guantes por la juntura de las puertas, señalando los escalones y haciendo un gesto que unía las yemas de los cinco dedos y bajaba la mano. Estalactitas y estalagmitas de hielo. ¡No había ninguna! Todo estaba congelado, sí, pero no había ni rastro de hielo, en ese barco parecía que se había parado el tiempo. Varios marineros le habían dicho que en los polos manda el frío, no el tiempo. Allí no es que no mandara, es que había huido.

No habían hecho el viaje para volverse en el último momento, así que echaron un trago y sorprendieron al miedo entrando en tromba en el primer camarote. Lo que vieron les dejó perplejos, allí les esperaba la tripulación congelada durante sus quehaceres diarios. Parecía un museo de cera, unos cadáveres tumbados en las literas abatidas desde la pared, otros jugando a las cartas y a un diminuto ajedrez, otros sentados alrededor de una ingeniosa mesa invertida que colgaba del techo mediante patas plegables, donde reposaban platos y vasos servidos y botellas a medias. Alrededor había estantes llenos de conservas, candelabros, vajilla, cristalería y algunos libros, una cafetera sobre el hornillo apagado, varios cofres apilados contra la pared y, sobre el más alto, las pipas de la tripulación. Todo ello a duras penas iluminado por los cilindros de luz mortecina que penetraban por tres ojos de buey. Al acercarse a la tripulación perenne vieron que todos tenían, conservado como si se les acabara de realizar, un agujero en el pecho del tamaño de un puño, a través del cual les habían extraído el corazón. También compartían suerte en lo que respecta a un pequeño orificio en el centro de la frente. Un disparo, pensó MacAskill, pero la intuición del inuk volvió a sacarle de dudas al golpear con los nudillos una cabeza y sonar hueco. Les habían sorbido el cerebro. Eso ya era demasiado, MacAskill hizo un gesto con la cabeza y salieron bien ligeros entre las sinuosas sombras producidas por el vaivén del farol. El inuk, siempre atento, cerró la puerta tras de sí.

De nuevo en el pasillo, que ya no les daba ningún miedo, sino alivio, echaron un trago, se estrecharon absurda, silenciosa y solemnemente la mano mientras se daban fuerzas con la mirada, y se acercaron a la puerta central. De nuevo dudaron frente a la puerta, hasta que el inuk cogió el farol y se agachó gesticulando hacia a MacAskill. Un un minuto y varios gestos después, le entendió. No volverían a arriesgarse a lo loco como en el primer camarote. El inglés giró con cuidado el picaporte y abrió la puerta un milímetro, lo soltó y se sentó en el suelo contra la pared. Revisó supersticiosamente el rifle y, cuando llevaba ya varios segundos apuntando a media altura, hizo una señal a su compañero, quien con una mano empujó la puerta y con la otra envió el farol deslizándose por el suelo. La semiesfera de luz se adentró en la oscuridad hasta dar contra la pata de una silla. En ella se sentaba alguien de espaldas a la puerta y frente a una pesada mesa que dominaba la pequeña estancia. Ninguno de los dos se atrevía a entrar. El inuk golpeó fuerte varias veces en la pared para descargar tensión y MacAskill le imitó. Como funcionó, se fue acercando lentamente a coger el farol mientras apuntaba tembloroso a la cabeza del navegante. Al elevar el farol se vio cómo hombre y silla estaban firmemente atados a las patas de la mesa. La cabeza gacha que se fue desvelando era el principio de una escena digna de un relato de terror. De las cuencas oculares colgaban los nervios ópticos, y de estos, los ojos, a un palmo de las manos, clavadas a la mesa con dos cuchillos con las hojas paralelas a las líneas de las muñecas, ensangrentadas porque estaban serradas. Cuando le serraron no tuvo más remedio que verlo, puesto que le negaron hasta el parpadeo. No tenía más signos de violencia, sólo un chichón, así que murió viendo cómo se desangraba. Trato especial para el capitán, sir John Franklin. Frente a sus manos estaba la carta náutica, a la que atravesada un reguero de sangre seca justo por donde se encontraba varado el barco. En su parte superior estaba la rosa de los vientos, empeñada en guiar a los marinos aunque estén muertos. El resto de la mesa estaba ocupado por tinta, lápices y plumas para retocar constantemente la carta de navegación, un quintante, dos sextantes, un astrolabio, varios mapas, dos brújulas y material variado para orientarse en altamar. A la izquierda había una alacena llena de medicinas, vendas, alcohol y varios tipos de sierras para amputar en caso de gangrena, todas relucientes menos una. Como la habitación era angosta, sólo quedaba por descubrir el cuaderno de bitácora, caído en el suelo y abierto de cualquier manera. MacAskill se emocionó al verlo, si había una explicación a este suceso, y éste sólo podía tener que ver con la Puerta del Inframundo, tenía que estar ahí. Al intentar cogerlo se quedó con una página en la mano, pues estaba congelado y no podría ser consultado a esa temperatura. Esto fue lo que dividió a la pareja. MacAskill salió a por velas al camarote anterior, las cortó muy cerca de la mecha y las colocó en círculo alrededor del cuaderno para lo calentaran. El inuk debía quedarse vigilando para que no se apagaran y reponer las velas si hacía falta. No quería quedarse sólo, pero tampoco quería seguir inspeccionando semejante lugar, así que bebió el trago de ron más largo que pudo y esta vez sí que aceptó el hacha. Cuando MacAskill salió, el inuk se quedó escondido tras la puerta abierta, seguramente para no ser visible si por el pasillo pasaba quién sabe qué. En los últimos minutos le había abandonado el valor que siempre tuvo para adentrarse y cazar en tierras que la tradición inuit consideraba malditas, como lo eran varios kilómetros a la redonda del barco.

El tercer camarote no tenía mucha historia. O sí, según se mire. Era una imagen especular del primero, no sólo por construcción y enseres, también por los muertos, todos en el mismo lugar y postura y compartiendo mutilación con sus homónimos del camarote gemelo. Era escalofriantemente enfermizo, pero a MacAskill le vino bien, eso ya lo había visto y le confirmó que no encontraría nada peor, así que salió y empezó a subir los escalones. ¡Clink! El macabro tañido del choque entre los dos ahorcados congelados fue lo primero que oyó, incluso antes de llegar a cubierta. Aun así tardó en volver a verlos porque su mirada se quedó fija en el puzle humano. Era un tercer ahorcado, inicialmente colgado entre los otros dos, cuya soga se había roto, lo que convirtió al extripulante congelado en un puzle de unas 20 piezas. Había sido reconstruido tumbado en el centro exacto de la embarcación de forma que mantuviera la fanática simetría entre babor y estribor. Una mirada a proa le descubrió al segundo de a bordo atado de arriba a abajo a un mástil, con la cabeza rebanada a la altura de las cejas y una eterna mueca gritando que se lo hicieron en vida. Un vistazo a popa tambien tuvo premio, el timonel congelado arrodillado y agarrado al timón. Su muerte se debió al gran gancho clavado en la espalda, que en su momento llegó a toda velocidad y colgando de una cuerda de la cofa menor. A mirar arriba, alivio, no había más que los dos que ya conocía. Sólo le quedaba encaminarse a la escalera central que bajaba al interior de proa, y eso es lo que hizo.

Paró delante del primer escalón y repitió el ritual recién estrenado frente al tercer camarote: vació un poco más la botella, supervisó rifle y farol, respiró hondo con los ojos cerrados y empezó a adelantar el pie derecho antes de abrirlos. Esperaba encontrar otro pasillo transversal, y lo encontró, pero ciego y mejor iluminado que el anterior. No tenía puertas y sí varios cofres de todos los tamaños arrimados contra las paredes. La luz seguía siendo la del farol de MacAskill, pero iluminaba más porque se reflejaba en los múltiples espejos, incluso de mano, colgados en la mitad superior de las paredes. Como no sabía qué hacer, empezó a abrir cofres, asqueado pero en el fondo nada sorprendido de que hubiera corazones y nada más que corazones salvo en el primer y gran cofre frente a la escalera, en el que había un cerebro. Estaba claro de quién fue. Tanto muerto en tan poco tiempo le había hecho bajar la guardia y no se dió cuenta de que, al final de la parte derecha del pasillo, mientras inspeccionaba los últimos cofres, unos cuantos espejos frente a los que acababa de pasar empezaron a retroceder lentamente.

¡Aaaaahhhhhh! ¡Aggggggggggggggg! oyó el inuk desde su escondrijo. Los testículos se le empequeñecieron y subieron unos centímetros, el corazón latió más rápido que nunca y los ojos se le abrieron tanto que se le desenfocó la visión. Había dado el pequeño paso que separaba el miedo del terror. Un momento después, que a él le pareció eterno, ya había hecho un razonamiento y tomado una decisión: allí no podía quedarse, si mientras salía podía ayudar al inglés, lo haría, si no, huiría en el trineo, que era lo más importante del mundo en ese momento. Salió del camarote hacha en ristre en dirección al hueco por el que habían entrado, pero cuando se agachaba para salir recordó al inglés, primero su cara afable mientras le explicaba de todo aun sabiendo que no le entendía, después su intensa mirada mientras se daban la mano hace unos minutos. Muy a su pesar, comprendió que el inglés no le abandonaría si la situación fuera al revés. Se sintió obligado a corresponderle. Reunió el poco valor que le quedaba y subió a cubierta, echó una mirada rápida alrededor y sólo vio muertos, así que se acercó a la escalera del pasillo ciego y empezó a bajar muy despacio. Al llegar al último escalón miró hacia la derecha, de donde provenían leves ruidos similares a roce de ropas, y vio a MacAskill hecho un ovillo inmóvil delante de una sombra blanca que miraba al inuk fijamente. La silueta era antropomorfa salvo el brazo izquierdo, que acababa en forma de estilete y chorreaba sangre. Al inuk le faltó el tiempo para darse la vuelta y salir corriendo, pero el miedo le hizo correr sin pensar y en lugar de en la entrada acabó acorralándose a sí mismo en proa. Miró a todas partes e intentó la única solución que se le ocurrió, disparar con el cañón el arpón ballenero cerca del trineo y utilizar la cuerda del arpón como improvisada tirolina. El arpón asustó a los perros y empezaron a tirar del trineo, miel sobre hojuelas, pero la cuerda no quedó tensa. Así no podía bajar. No tenía más remedio que jugarse el todo por el todo. Se dio media vuelta y, casi sin mirar, lanzó el hacha a la sombra blanca, que ya aparecía por las escaleras que daban a proa, amarró la cuerda al cañón con el nudo más rápido que conocía y se la jugó sin saber si aguantarían el tirón tanto el nudo como sus brazos.

La sombra blanca intentó hacer lo mismo que el inuk, pero el hachazo había hecho mella y sólo pudo sostenerse de la cuerda un par de metros, luego cayó girando lateralmente y aterrizó apoyando de refilón una mano, que resbaló y no pudo evitar un golpe tremendo al caer todo el peso sobre la parte lateral derecha del cuello. Tumbada, miró al trineo y vio cómo huía solo y cuesta abajo a toda velocidad. Miró alrededor y no había nadie, momento en el que comprendió que el inuk iba agachado en la parte delantera para que no pudiera alcanzarle ningún hipotético proyectil. La sombra no podía mover el cuello, es más, ni lo sentía, así que no se atrevió a ponerse de pie y empezó a arrastrarse hacia la rampa dejando un trazo rojo y desgarrado sobre lienzo blanco. Sangre, evidentemente, pues la sombra no era más que un hombre vestido totalmente de blanco, de tez albina y con pelo y barba totalmente encanecidos. La precaria iluminación y el miedo lo convirtieron en una sombra de ultratumba. Qué hacía allí es tan fácil de explicar como difícil de entender si estás cuerdo. Cuando vió que los años no perdonaban y que la muerte llamaría a su puerta a no mucho tardar, se embarcó rumbo al Erebus para acabar “donde todo comenzó”, pues consideraba esa matanza su verdadero nacimiento.

Al cabo de unos metros dejó de arrastrarse. Se le nublaba la vista y no podía levantarse, le quedaban fuerzas para respirar y poco más. Era el fin. Sentía cierto alivio porque le gustaba morir sangrando y sufriendo, como siempre mató. Sería perfecto si fuera de noche, ya que las muertes de las que se sentía orgulloso siempre fueron de una en una, al amparo de la noche y sin armas de fuego. Muertes artesanas, como debe ser. Al menos moríría al lado del Erebus, nombre del dios primordial de la oscuridad.

Su vida fue muerte tras muerte. Incluso al nacer murió su madre. Después de su segundo nacimiento se enroló en el ejercito británico y mató, mató y mató. Y torturó, torturó y torturó hasta hacía poco más de un año, cuando le obligaron a licenciarse. Pero esas muertes no le llenaban, al ejército se va a matar, no tenían mérito alguno, sólo era su trabajo, lo único que sabía hacer. En realidad sólo se sentía orgulloso de lo que llamaba “mi contribución a la Historia”, por eso pasó los últimos minutos de su vida leyendo como pudo el contenido de los dos sobres que llevaba siempre encima envueltos en tela impermeabilizada. Al abrir el primero sacó varios recortes de periódico muy ajados, el primero de ellos con el titular “Misteriosa desaparición de la expedición de sir John Franklin”. Tras leerlo, abrió el segundo sobre temático, con recortes casi nuevos, en los que resaltaba el enorme titular “Nueva víctima de Jack el destripador”.

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Última edición por julia el Lun Oct 29, 2007 11:44 pm, editado 1 vez en total

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 Asunto: Re: Mi contribución a la Historia (I terror)
NotaPublicado: Lun Oct 29, 2007 9:49 pm 
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GANADOR del III Concurso de relatos

Registrado: Dom Mar 05, 2006 1:19 pm
Mensajes: 5101
Ubicación: Al noreste de Madrid
Enhorabuena al ganador/a
Fue la obra que más me gustó y que la tenía preparada para votar pero el final... el final, los últimos párrafos me echaron para atrás. Me pareció un poco precipitado, un poco oscura la explicación de quién era, qué hacía allí, cuanto tiempo llevaba. Me distrajo muchísimo de la lectura que, hasta ese momento había sido fluida, terrorifica y muy buena. Pero el final, me lo estropeó, le quité un punto y le adelantó "Respira"
No obstante está claro que es la mejor: doble premio del jurado y de los lectores.
Enhorabuena otra vez y esperamos a saber quién eres :wink:


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NotaPublicado: Lun Oct 29, 2007 10:14 pm 
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Inquisidora oficial de primera
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Registrado: Lun Mar 13, 2006 2:25 pm
Mensajes: 7783
Sí, el final flojeó un poco, pero muy poco. Para mí fue la más terrorífica y a la vez amena de leer.
A ver quien es el autor... si no aparece podemos hacer una apuesta, yo tengo un candidato a autor :lengua: pero seguro me equivoco :P

¡ya podemos comentar los relatos! :D

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NotaPublicado: Lun Oct 29, 2007 10:30 pm 
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Foroadicto
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Registrado: Mar Jun 14, 2005 10:28 am
Mensajes: 3076
Ubicación: Canarias, hermosa tierra de guanches, noble patria del teide y el can
Enhorabuena ganador!!
El relato me ha parecido de exiquista factura, tanto de estilo como de ambientación. Se notan maneras de escritor, jeje. Ma parece un relato justamente ganador del concurso.
Sin embargo, debo decir que coincido con takeo en que el final me desconcertó. No me lo esperaba para nada, y quizás precisamente ahí está el mérito. Un desenlace completamente imprevisible. :D

Enhorabuena de nuevo!

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Leyendo: El círculo se abre-La flor de Jade 2 (J. Vilches)
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NotaPublicado: Lun Oct 29, 2007 10:38 pm 
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No puedo evitarlo
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Registrado: Lun Abr 24, 2006 7:03 pm
Mensajes: 15742
Ubicación: Sociedad protectora de animales y barcomaris
Sin duda el mejor relato en cuanto a calidad literaria. No fue el que más terror me produjo y por eso voté a otro.
Pero sin duda, en cuanto a calidad, repito que era la mejor propuesta desde mi punto de vista.

¡Felicidades!

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Nunca discutas con un imbécil, te hará descender a su nivel y allí te ganará por experiencia
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http://elekilibrio.blogspot.com/
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NotaPublicado: Mar Oct 30, 2007 12:16 am 
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Me estoy empezando a viciar
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Registrado: Dom Feb 25, 2007 9:55 pm
Mensajes: 478
Ubicación: Balansiya
Yo voté a este relato como mi favorito (ahora sí, lo digo sin equivocarme).

Enhorabuena al autor

Mi crítica, ahora que ya se puede:

Bien, repito que mi baremo para puntuar se repartía así de 0 a 12 puntos:


Calidad ortográfica y gramatical: de 0 a 3
Calidad narrativa: de 0 a 3
Personajes: de 0 a 3
Originalidad de la historia: de 0 a 1
Final: de 0 a 2

Mi contribución a la historia recibió el máximo de puntos en cada una de mis categorías a excepción de la última: le di un punto al final.

Para mí es muy importante la calidad al escribir y al narrar, y si he puesto un baremo amplio ha sido más para puntuar bajo las faltas de cuidado que para premiar lo que según mis conocimientos y mi modesta opinión está bien escrito; en eso esta historia va sobrada. Siempre según mi punto de vista, claro, he juzgado que el autor del texto escribe con gran claridad y disciplina, sin perderse ni irse por las ramas, usando el lenguaje de forma colorida pero nada recargada. Ya digo, me ha gustado el estilo.

Los personajes están bien descritos, o eso me ha parecido. Y no me refiero al aspecto exterior, que es lo fácil, sino a la forma de pensar y de reaccionar en la situación que se da en la novela. Aunque no encaja en este apartado (en realidad no preparé apartado para ello) la descripción del buque y del paisaje también son muy buenas.

La historia es original, sí. La forma de encadenar la expedición al Paso con el relato de terror, con esos apuntes históricos y esa aderezo de imaginación, están pero que muy bien. De nuevo una muestra de erudición que no empalaga.

Lo único que flojea a mi modo de ver es el final. No es que no esté bien resuelto, pero es que en una historia de terror hay que acojonar un poco. Las descripciones de los cadáveres mutilados están muy logradas, pero he echado de menos un poco de sobresalto en las últimas líneas. Si el concurso no fuera de relatos de terror, mi nota habría sido de 12 puntos en lugar de 11. En fin, es una nota negativa que apenas se ve si la comparo con mi impresión global del relato. Además, creo que el final flojo ha sido una constante en este concurso, empezando por mi propio texto.

De nuevo enhorabuena, seas quien seas.

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NotaPublicado: Mar Oct 30, 2007 11:16 am 
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Foroadicto
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Registrado: Jue Ene 19, 2006 10:36 am
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Enhorabuena al autor/autora :D :D
La verdad es que en este concurso me resultaba muy difícil quedarme con uno para votar. Siempre me pongo los títulos en un papel y según voy leyendo tacho para hacer una primera criba. Esta vez taché muy poquitos :roll: .
Pero como había que decidirse solamente por uno, a fuerza de sacar "pegas" para ir descartando, éste se quedó un poquito atrás por culpa de ese final tan precipitado.
Por lo demás, un relato muy majo :D :D


Para próximos concursos quizás te "copie" el sistema de votación, Lacedemonia. Hasta ahora me guio básicamente por el "gustillo" general que dejan tras su lectura, pero creo que debo empezar a valorar más aspectos.

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Out - Natsuo Kirino
Recuento ***+Otro trasto más+
Como siempre: Lo urgente no deja tiempo para lo importante.
MAFALDA


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NotaPublicado: Mar Oct 30, 2007 9:11 pm 
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Cruela de vil
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Registrado: Vie Dic 26, 2003 7:50 pm
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A mí este me recuerda a Luis Bermer :lol:

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Imagen ¡viva el mal, viva el capital!

¡No a las transcripciones fonéticas inglesas!
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NotaPublicado: Mar Oct 30, 2007 9:56 pm 
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No tengo vida social
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Registrado: Jue Feb 22, 2007 4:46 pm
Mensajes: 2440
Ubicación: en la ciudad del cierzo
Enhorabuena al ganador (que aún no sé quien es...)
Es un relato muy completo y muy bien escrito.
Lo que más me gusta es el ambiente que describe, y cómo lo describe.


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NotaPublicado: Vie Nov 02, 2007 2:32 pm 
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GANADOR del I concurso de terror

Registrado: Lun Ago 07, 2006 7:18 pm
Mensajes: 727
Bueno, pues me alegro de que os haya agustado, y de que me hay avisado Agatha, que desde que he cambiado de trabajo no paso por el foro ni por casi ninguna parte del internerrrrr.

Lo del final ya lo sabía yo, pero bueno, tenía 2 ideas que estaba dispuesto a escribir y esta me parecía cojonuda menos el final, más efectista que otra cosa, mientras que a la otra idea no conseguía sacarle punta. Tampoco me ayudó nada quedarme casi sin espacio, de hecho el asunto ese de la simetría me lo saqué de la manga porque no podía permitirme describir el tercer camarote :lol: Aunque creo que en ese caso me ayudó, con 2 es suficiente.

Lo de que no da miedo es cierto, en realidad yo quería escribir algo atmosférico, por llamarlo de alguna manera, y tampoco creo que sepa escribir nada de miedo porque los libros de terror que he leido nunca me lo han dado.

Luis Bermer no sé quien es, así que me informaré, porque si escribe como yo me deberia gustar :twisted:

A Lacedemonia le agradezco el análisis que se ha currado. No tengo intención de escribir más, fue un reto que me impuse porque en agosto tenía tiempo libre para dar y regalar, pero te agradezco la precisión.

Debería haber leido vuestros relatos :oops: , pero es que el tiempo ahora me tiene cogido del cuello


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NotaPublicado: Vie Nov 02, 2007 3:43 pm 
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Lector voraz
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Registrado: Dom Ene 07, 2007 4:01 pm
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Luis Bermer soy yo :lol:

Enhorabuena por tu relato. Me gustó, sobre todo y como ya se apuntó, por la atmósfera y el escenario (¿por qué el ártico me recordará siempre a la excelente película "La cosa" :lol: ).

El mío era "El ciclo gris", que desde luego no era nada del otro mundo -como reflejan sus resultados :lol: - y que saqué de la reserva "in extremis", por participar -que como reza el dicho es lo importante ¿no? :D -. Si te acercas a lo que escribo, no empieces por éste :lol: ; verás que, en efecto, compartimos gusto por los cuentos entrañables... :twisted:

¡Saludos!

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NotaPublicado: Vie Nov 02, 2007 7:40 pm 
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Inquisidora oficial de primera
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Registrado: Lun Mar 13, 2006 2:25 pm
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¡¡¡¡¡¡Enhorabuena!!!!!!!!! :60: :60: :60: ¡Qué alegría que hayas ganado! :o :D :60:

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NotaPublicado: Vie Nov 02, 2007 8:09 pm 
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GANADOR del I Concurso de relatos
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Registrado: Mié Mar 01, 2006 5:17 pm
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Ubicación: En mi Aula Virtual...
FELICIDADES!!! ENHORABUENA!!!
Luego me lo leo despacio para ver todo lo que se puede aprender :D

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Certamen de Microrrelatos...
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NotaPublicado: Vie Nov 02, 2007 8:32 pm 
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GANADOR del III Concurso de relatos

Registrado: Dom Mar 05, 2006 1:19 pm
Mensajes: 5101
Ubicación: Al noreste de Madrid
Enhorabuena ooooo, buen trabajo sobre todo con esa lucha contra el tiempo y el espacio


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NotaPublicado: Sab Nov 03, 2007 1:12 am 
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Lector voraz
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Registrado: Vie Ago 24, 2007 6:28 pm
Mensajes: 190
Ubicación: +34° 12' 11.15" Norte, 118° 55' 40" Oeste, Planeta Tierra, Sistema Solar, Vía Láctea
¡Felicidades al ganador!

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Raúl

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The God Engines- John Scalzi

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2010


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Traducción al español por Huan Manwë