En Aquella Orilla...

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Laurana
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En Aquella Orilla...

Mensaje por Laurana » 11 Ene 2006 15:38

Bueno, me animé a escribir un relato un poco más largo, y diferente a lo que había hecho anteriormente, espero les guste.

Besos, Laurana.

***

Esteban se encontraba sentado a la orilla, mirando las olas del mar, sintiendo como llegaban a sus pies hechas espuma, y más allá divisaba como el sol comenzaba a sumergirse en el horizonte, bañándolo tono con cálidos tonos naranjas y ocres. Los últimos rayos acariciaban su joven rostro mientras la brisa marina revolvía sus cabellos, y le regalaba el aroma del salitre, que aspiraba, llenando sus pulmones y dejándolo salir despacio, para saborearlo y disfrutarlo, ya que el mar era su vida. A penas contaba con 17 años, era el hijo único de un viejo pescador al que la vida le había regalado el don de convertirlo en padre demasiado tarde, con una mujer a la que poco le importó entregarlo en sus brazos para que fuera solo el quién se encargara del niño. Era un joven con grandes ojos almendrados, de tez curtida por el sol, hermosa nariz perfilada, cabellos lisos y negros como el azabache, labios finos, un cuerpo que dejaba de ser el de un niño para convertirse en un adulto proporcionado y atlético, uno de los más apuestos jóvenes de la región. Desde chico había aprendido del mar todos sus secretos, tanto que se podría decir que más era el tiempo que pasaba bajo el agua que el que estaba en la superficie. Su padre le enseñó todo lo que sabía del oficio de pescador, lo crió y le enseñó buenas costumbres hasta el día de su muerte, cuando Esteban contaba con tan solo 12 años. Así fue como desde temprana edad había tenido que trabajar para subsistir, pero como era de esos chicos con carácter alegre, que le gustaba servir a todo el que lo necesitara, todos en el pueblo le tenían afecto, así que nunca estuvo demasiado solo.

Esa tarde se quedó allí sentado, dejando que la brisa se llevara sus pensamientos, esperando, porque sabía que ella vendría tarde o temprano. La había conocido hacía muchos años atrás, pues siendo esta una aldea pequeña, todos se conocían entre si, o al menos las caras eran familiares. Su amor había comenzado como algo inocente, que fue creciendo con ellos con forme pasaban los años, hasta que se convirtió en un amor real, que alimentaban con sueños y esperanzas para un futuro juntos.

Al desviar su mirada la vio a lo lejos, caminando con ese andar particularmente altivo, que la hacía resaltar entre todas las jóvenes del lugar, su larga cabellera negra suelta al viento, su piel morena y sus dulces ojos negros, y una sonrisa cristalina enmarcada en unos hermosos labios, ella contaba con 16 años, su nombre era Rebeca. Ese día vestía una falda larga blanca que hacia juego con su blusa, la cual dejaba sus hermosos hombros al descubierto. Se acercaba a el despacio, sonriéndole, así que el se incorporó a prisa para esperarla de pie, y cuando estaba ya frente a el, ambos tuvieron que contener las ganas para no delatarse con algún gesto de cariño, un abrazo, nada, ya que sabían que era costumbre en el pueblo que no ocurriera nada de esto hasta después de que el pidiera su mano oficialmente, hecho que habían pospuesto hasta el día que el cumpliera 18 años.

Ese día ambos se sentaron como lo hacían siempre, ella le contaba con su dulce voz los pormenores de su día, y el la miraba con mucha atención, perdido en el brillo de sus ojos, deseando tomar aquellas delicadas manos que hacían gestos en el aire, mientras ella sonreía solo para el, porque Esteban era todo lo que ella más amaba en el mundo. Ya el momento tan esperado se acercaba, solo faltaban un par de días para que Esteban fuera a Casa del padre de Rebeca, y como todo un hombre siguiera las costumbres y consiguieran la aprobación para unir sus vidas. Mientras seguían sentados en la orilla, el sol ya le había dado paso a las primeras estrellas de la noche, así que viendo que se hacía tarde ella se levanto de prisa, casi al mismo tiempo lo hizo el, y con una dulce mirada se despidió de su amor, pero justo antes de irse el le tomo su mano, y mientras ella se sonrojaba el puso un lindo collar hecho de conchas marinas, todas ellas pequeñas y primorosas, que aunque el hubiese querido darle uno de hecho de perlas, sabía que ella lo apreciaría de igual modo, simplemente por el hecho de que lo hizo para ella con todo el amor que le cabía en el corazón. Ese día se despidieron y el se fue a casa rebosante de alegría, sentía que nada podía opacar su felicidad.

La mañana siguiente como siempre ya estaba despierto antes que el alba despuntara en el horizonte, se reunió con los demás pescadores, la mayoría de ellos sus viejos amigos, excepto uno, que tenía algunos años más que el, su nombre era Pascual, el que sin un motivo aparente lo trataba con desprecio, porque aunque Esteban no tenía riquezas, la felicidad que poseía era más envidiada que todo los tesoros del mundo. Esteban le contó a sus amigos que el día siguiente, sin ninguna duda, seria oficial su compromiso con Rebeca; todos se alegraron por el, todos excepto aquel que le envidiaba, porque era justo ese el motivo de sus malos sentimientos, el también deseaba a aquella joven, aunque ella jamás había posado sus ojos en el, y el escuchar las palabras de Esteban entre sus risas de alegría, fue como propinarle un duro golpe a su corazón, a su orgullo, y se fue apartando del grupo, para no tener que seguir haciendo frente a las muestras de alegría de los que estaban allí presentes..

El día pasó sin inconvenientes, la pesca había sido buena, y aunque habían notado la ausencia de Pascual, nadie dijo nada, porque sabían que algunas veces el se quedaba bebiendo en la cantina, y solo era al caer la noche que lo veían caminar trastabillando, dirigiéndose a su casa o quizás a la casa de alguna de las mujeres que lo recibían a cambio de algunas monedas. Así pues nadie se extrañó al no encontrarlo en los alrededores, él había pasado el día embriagándose de odios y malos deseos. Esteban se demoró un poco más que de costumbre asegurando su bote y guardando las redes, al momento en que tuvo todo listo ya había caído la noche, más se apresuro a caminar de prisa porque sabía que su amada lo estaba esperando con ansias, quizás sentada en la orilla de la playa, con la mirada perdida pensando en el. Así pues apuró sus pasos, sintiendo como el corazón latía con fuerzas, y en la penumbra que recién comenzaba a caer vislumbro algo en la lejanía; con forme se iba acercando las figuras cobraban forma; sintió un golpe en su alma, y tuvo que hacer un esfuerzo tremendo para no desfallecer, cuando vio a Pascual encima de su Rebeca, la cual estaba inmóvil, con la mirada perdida en el cielo, y cuando este se dio cuenta que Esteban estaba cerca, se levantó, y fue en ese momento cuando el pudo ver a su amada, que yacía en el suelo con un puñal enterrado en su corazón. Subió la mirada para cruzarse con la de Pascual, que como si recién se acabara de despertar de un sueño lo miraba perplejo, queriendo ser ajeno a ese espectáculo. Trato de correr, huir, pero Esteban que era más ágil y estaba en mejores condiciones, pasó al lado del cuerpo sin vida de Rebeca, saco en cuchillo y corrió tras de aquel que le acababa de arrebatar su vida, su felicidad, todo cuanto poseía, y lo había dejado en el vacío. Le dio alcance, y con la misma frialdad que el otro había cometido el brutal acto, Esteban clavo el mismo cuchillo que segó la vida de rebeca en el corazón de este, dejando a Pascual agonizando a la orilla del mar. Volvió pues a donde estaba el cuerpo de Rebeca, la cual tenía la ropa desgarrada, y las conchas de aquel collar que le había regalado el día anterior esparcidas por el suelo, y se imaginó los últimos momentos de la joven, y con los ojos llenos de lágrimas y el corazón hecho pedazos comprendió que para poseerla tuvieron que matarla, y que sin duda había muerto pensando en el. Si tan solo hubiese llegado unos minutos antes quizás hubiese podido evitar toda su desgracia… Así pues la vio por última vez y comenzó a caminar sin rumbo, sintiendo que con ella se le había ido su vida, con un dolor eterno sobre sus hombros se alejó de todo lo que había sido suyo, sin rumbo, sin destino, queriendo simplemente dejar todo aquello atrás.

Muchos años pasaron para que Esteban volviera a caminar por aquella playa, contempló nuevamente aquel lugar que recordaba con el sabor agridulce del amor y la desesperanza; caminó por aquellas arenas que tendrían para siempre las huellas de sus sueños de amor; su vida ya no era la de aquel joven lleno de esperanzas e ilusiones, y recordó como siempre hacía, la dulce sonrisa de Rebeca, y sus sueños de amor.

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felipoween
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Mensaje por felipoween » 12 Ene 2006 00:35

:cry: :cry:

Me ha gustado como describes lo que sentian los dos. Un bonito relato, pero......
Casi me haces llorar,:cry: un final muy triste... Aunque, se trata de eso de hacer sentir al lector diferentes emociones cuando se esta leyendo y tu lo consigues en este relato,,,, Aunque es mi humilde opinion...

un saludo... :wink:

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lucia
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Mensaje por lucia » 12 Ene 2006 10:19

Si, además, aunque se sabe que alguna trastada va a hacer Pascual, no me esperaba la que decidisté al final. Pensé que iba a matar a a Esteban. :shock:

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Laurana
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Mensaje por Laurana » 12 Ene 2006 10:57

Jejeje, es que quise trasmitir otras emociones, como dice Felipe, hacer sentir la felicidad un amor puro e inocente, para luego llevarlo al extremo opuesto, al de la tristeza y la desesperanza, así que me decidí por este relato un poco más dramático que lo que he hecho anteriormente

Gracias chicos por sus comentarios, no se imaginan cuán valiosos son para mi!!!! :wink: :D :wink:

Laurana.

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JANGEL
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Mensaje por JANGEL » 12 Ene 2006 17:03

:cry: ¡Vaya tela con el Pascual! ¡Ojalá se lo hubiera tragado la tierra antes! :cry:
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Fin, de David Monteagudo

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http://www.elautor.com

Korso
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Mensaje por Korso » 16 Ene 2006 17:40

:shock: menos mal que se me ocurrio pasar por este subforo, que buen relato, ahora me tendre que pasar mas por aqui, me gustaron esas descripciones y no me gusto....esteban :lol:

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Laurana
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Mensaje por Laurana » 16 Ene 2006 22:22

:lol: :lol: :lol:
Que bueno que te gustó todo lo demás Korso!!!, jeje, gracias a todos por los comentarios, me animan a seguir haciendo estos intentos (que aún concidero como ensayos) de escribir.

Besos, Laurana

Sashka
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Mensaje por Sashka » 20 Ene 2006 18:31

Uf, Laurana, qué penísima más grande. Se veía venir alguna desgracia, desde luego, pero no suponía que sería eso :( .

Me ha gustado, quizás mucho drama, ¿no? Qué pena, hija. Podías escribir uno con final feliz, please? :) Me encanta los finales felices :)

Nirka
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Mensaje por Nirka » 20 Ene 2006 19:25

ufffffffffff.....un relato un tanto triste, pero a la vez muy bonito y emotivo.
me ha gustado mucho la forma de expresar sus sentimientos,esa inocencia del principio y la amargura final.

enhorabuena por tu relato...ojala pudiera expresar tantas cosas tan solo escribiendo.
Recuento
Leyendo:La tabla de Flandes

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Mensaje por Laurana » 21 Ene 2006 04:21

Jejeje, y si, les prometo que el próximo tendrá un final más feliz, que quizás ahora mi objetivo era hacer llevar al lector a ambos lados de las emociones y sentimientos, y bueno, que a Romeo y Julieta no les fue tan mal con el drama, jejejeje, que han pasado generaciones completas y sigue siendo una historia de amor entre las más grandes, aunque vaya yo a compararme con Shakespeare, que va!!! ni en mil vidas, pero si digo que a veces es bueno leer un poquito de drama de vez en cuando...

Repito las gracias por sus comentarios...

Saludos, Laurana.

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