Más allá del bien y del mal, de Friedrich Nietzsche

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Farsalia
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Más allá del bien y del mal, de Friedrich Nietzsche

Mensaje por Farsalia » 08 Jun 2008 22:27

Más allá del bien y del mal de Friedrich Nietzsche: Es un compendio, un desglose más directo de lo que ya expone en Así habló Zaratustra. Aunque es interesante, es demasiado cansino. Se hace entretenido de leer, no te aburres leyéndolo, pero a parte de ser algo (bastante denso), acaba siendo demasiado reiterativo. Para conocer a Nietzsche sin profundizar, sigo recomendando empezar por: Ecce homo, seguramente el más asequible y recoge la forma de pensar del mostachudo.
Al final, la idea es básicamente la del super hombre, que no es un ser sin moral realmente, sino un ser con una moral superior. Hay algunas dudas que me ha levantado y es que a veces, desentramar la prosa de Nietzsche es demasiado complicado. Cuando habla de organizaciones de gobierno no sé si realmente lo hace literalmente o simbólicamente (imagino que lo segundo) y lo mismo con el asunto del siervo y del dominante.

Me he comprado la edición de Alianza (tengo la mayoría de las obras de Nietsche de esta editorial) y la verdad es que es bastante buena. Vamos, no la he comparado con otras, pero al menos tienen unos prólogos estupendos y muchísimas notas.


Después de éste me merezco un descanso, puede que relea Apología de Sócrates.
Lo que no nos mata, nos hace más fuertes
Recuento 2008

guillermo.cimat
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Re: Más allá del bien y del mal, de Friedrich Nietzsche

Mensaje por guillermo.cimat » 02 Oct 2012 04:12

SUPERACIÓN DEL BIEN Y EL MAL
Guillermo Arriaga García

Nietzsche nos propone comida para adultos.

Cuando fuimos niños, comimos, comúnmente, comida que sabía rico y evitamos comida que sabía feo; al crecer, podemos valorar comida nutritiva que no sabe agradable y, entonces, comenzar a aprovecharla. El esquema de lo agradable y desagradable, cada vez se va superando más y más, el valor del placer va quedando subordinado al valor de la salud: hacemos cosas saludables sean placenteras o no, en vez de hacer cosas placenteras sean saludables o no.

Cuando fuimos pequeños, el premio y el castigo impulsaron nuestra educación; una vez que alcanzamos uso de razón, ese esquema se va superando al hacer lo que hagamos no movidos por buscar un premio o evitar un castigo, sino obrando por amor al arte y, por añadidurá vienen los premios para todos y se evitan los castigos para todos. Ya nuestro obrar no está sometido a algo, como el deber, sino que es motivado por el amor sincero de nuestro corazón. Entonces, saboreamos la gloriosa libertad de los hijos de Dios, obrando no como siervos bajo la ley, sino como personas libres bajo la gracia.

Cuando fuimos pequeños, comúnmente recibimos y aprovechamos subsidios para nuestro crecimiento. Esos subsidios, precisamente, nunca han sido necesarios y siempre han sido parcialmente útiles: hay un tiempo en el que son útiles, luego, hay otro tiempo en que son inútiles, después, está el tiempo en que son contraproducentes y estorbosos. Como los flotadores para nadar; así, si los hemos usado, no nos apeguemos a ellos sino, antes bien, valoremos su utilidad e inutilidad, entonces, seamos capaces de nadar sin ellos, encontrando la belleza de nadar realmente.

De hecho, creernos pequeños por algún tiempo ha sido sólo un paso intermedio, con tendencia a que su vacuidad sea reconocida, pues nunca hemos sido pequeños, en todo caso pensar en ello ha servido para reconocer que somos grandes; reconociéndolo, es inútil pensarnos pequeños, pues vemos que siempre hemos sido grandes. Llegando a la dimensión uno, vemos que es estorboso creernos pequeños, pues nos lleva a creernos grandes, ambas cosas sólo sirvieron para darnos cuenta de lo que está desde antes de su presencia y después de su ausencia en nuestra visión. La idea que tenemos de grande y pequeño está relacionadas, al reconocer el vacío de uno, nos lleva a ver que es vacío pensar en la otra y que, la grandeza descubierta, tiene otro nombre: el reconocimiento de nuestra verdadera naturaleza, que nos lleva a reconocer la verdadera naturaleza de todo. Así, ya no hay grande ni pequeño, sólo algo distinto de lo que antes creíamos; pero algo, distinto que ya lo anterior fué prefigurando, por lo que sigue habiendo buen aprovechamiento de todo lo anterior.

La moral encuentra desde dentro consistencia y persistencia al lograr el aprovechamiento de todo, la comunión de toda tesis con su antítesis en una sabia síntesis, que todo aprovecha y nada desperdicia.

Además, en el tiempo hay un tiempo para todo: hay un tiempo para decir sí y otro para decir no. De esos dos, uno prefigura al que perdura eternamente y otro al que pasa con el tiempo, es decir, aunque 'el sí' sea el que logra persistencia absoluta, 'el no' es parte del proceso vital en movimiento. Así, nuestra mentalidad síntética no deja de lado la parcialidad del no. Es por esto valioso aprender de un perfeccionista, pues comúnmente tiene grandes aciertos en el uso del no, sin embargo, 'sus nuncas' hay que repensarlos.

Más allá del bien que conocemos y el mal que conocemos, está el aprovechamiento de lo favorable y el aprovechamiento de lo adverso; además, desde la fe tenemos la certeza de que el mal que conocemos pasa en el tiempo y lo único que queda es el bien en el que somos eternos. La idea del bien y el mal encuentran su superación en algo así como "el buen uso del bien y el buen uso del mal". Cuando concebimos esto, reconocemos que no hay mejor ni peor, sólo distinto. Entonces, nuestro juicio deja su carácter estático y absolutamente absoluto, para moverse con nosotros en lo absolutamente relativo. Vemos que todo lo podemos aprovechar, nada hay que temer. Sin embargo, la precaución sigue presente pues sólo uno de los dos "opuestos" anteriores es el que va revelando lo que ha de venir. (No sólo el pasado deja su huella en el presente, sino que el presente también tiene la huella del futuro). Entonces, me parece, que todo lo que antes concebíamos como malo sigue reportando utilidad presente: no lo buscamos y no lo rechazamos.

Así, aprovechemos todo lo inevitable y evitemos, hasta justa medida según nuestro desarrollo en la sabiduría, usar flotadores para nadar... si estamos en una balsa, entonces echémonos un clavado y nademos desde el corazón.

Portarnos mal por pura gratuidad despierta nuestra psicología, cosa que también hacemos si nos portamos bien por pura gratuidad. Aquello si acaso es útil e innecesario, esto es útil, básico y sabroso. Aquello nos ayuda a crecer con sufrimiento, esto nos ayuda a consolidar el crecimiento aliviando el sufrimiento. Aquello es un flotador, esto es arte hermoso.

Cuando fuímos pequeños, no estabamos en la condición de exponernos a todo o casi todo, entre más se revela nuestra estatura estamos en condiciones de exponernos a todo o casi todo. La adversidad nos ha fortalecido de modo subsidiario, preparándonos para cosas mayores, la prosperidad nos ha dado motivaciones subsidiarias para seguir avanzando. Juntas, nos brindan un camino en movimiento revulsivo en el que aprovechamos a ambas. Logramos el reflejo en unidad uniente, plenitud plenificante (como un globo que estando lleno, se sigue llenando).

Así, nuestros anteriores esquemas con apariencia de contrariedad y mutua exclusión, aparecen como unidos sin confusión pues uno es, si acaso, ausencia del otro que tiene esencia en revelación revelante. Y aparecen distinguidos sin separación, pues se ve el aprovechamiento de ambos en el movimiento que reportan. Entonces ya no se busca acabar con el mal, sino con el mal uso del mal y el mal uso del bien, la destrucción incoherente ya ha pasado en el tiempo, ahora queda el movimiento constructivo que obra el espíritu autoconciente que está presente aún en el devenir persistente.

Es entonces cuando soboreamos, reconocemos, anunciamos y vivimos la dicha celestial en la tierra. Es entonces cuando superamos en superación superante todos nuestros "flotadores infantiles" e ingresamos en la unidad uniente en la que se reconoce que la idea de superación queda superada por el reconocimiento de nuestra verdadera naturaleza, y continúa actuando la superación como revelación constante latente y patente.

Es entonces cuando todo lo vemos desde una visión renovada, desde un punto de vista absoluto en el que se aprecia la unidad y justo orden de todo, que en el tiempo, siempre tiene su lugar. Es entonces cuando el pasado y el futuro encuentran su expresión perenne en el presente. Es entonces cuando volvemos a casa sin habernos ido de ella. Es entonces cuando nos encontramos sin habernos perdido. Es entonces cuando nuestros afanes encuentran la belleza de su profunda consecución. Es entonces cuando reconocemos que somos humanos y nada de lo humano nos es ajeno, luego nos reconocemos creaturas y nada de lo creado nos es ajeno, luego nos saboreamos en gloriosa intimidad con el motivo de todo, el fundamento de todo y nos vamos saboreando al saborear como él es todo en todos, sin que cada cosa deje de ser percibida en su individualidad, unidos en comunidad, ditinguidos sin separación. Es entonces cuando nadamos cada vez más de modos insospechados y bellos.

Y es entonces cuando reconocemos que ya hemos estado ahí desde siempre, que el proceso vital ha sido proceso de revelación. Que desde niños hemos tenido estas experiencias profundas, aunque, probablemente poco claras, y ahora las apreciamos en claridad clareante. Vemos que el proceso vital no sólo es proceso sino también estado: un ya y un todavía no, un hermoso principio de movimiento. Estado y proceso, don y tarea, fiesta y preparación de la fiesta...

¡¡¡ ¿Dónde está muerte tu aguijón? , ¿dónde están los caminos que nos desvían? , ¿dónde está la exclusión radical? , ¿dónde está el sufrimiento? , ¿dónde está el miedo? , ¿dónde está la preocupación? , ¿dónde está la destrucción y la ira? !!!

¡¡¡ Ama y haz lo que quieras, que de esa raíz sólo brota el bien !!! (s. Agustín)
¡¡¡ Procede con amor a los humanos y odio relativo para con el el error !!! (cf. s. Agustín)


Ya todo ello no lo buscamos y no lo rechazamos. Gracias a ello y también gracias a no ello, confirmamos los bienes eternos... confirmamos lo eterno y promovemos que más y más personas, desde ahora, ya lo saboreen para que juntos nuestro gozo sea completo.

¡¡¡ Que el Amor nos conceda hacer vida todo esto, movidos por la caridad, como enamorados de la belleza espiritual e inflamados por el buen olor de Cristo que emana de nuestro buen trato; no como siervos bajo la ley sino como personas libres bajo la gracia !!! (Cfr. s. Agustín)


Avanzar en santidad, lejos de propiciar tentaciones cada vez menores, propicia tentaciones cada vez mayores, pues con ellas, se aprovecha la fortaleza que Dios quiere que recibamos para vivir en la gloriosa libertad de los hijos de Dios, donde toda nuestra psicología está activada, no dormida, donde experimentamos todas las pasiones humanas de un modo cada vez más fuerte, porque tenemos más sabiduría para canalizarlas a su verdadera realización.

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